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Barreras a las mujeres en la Universidad, se
esta estudiando el tema en relación con los hombres
Entrevista a la licenciada Ana
Buti
Recientes
investigaciones revelan que aun cuando es un
fenómeno en evolución, existen diversas situaciones
en la academia uruguaya, donde se pospone a la mujer
en función del hombre, a la hora de que cada uno
pueda cumplir el rol que le corresponde. En el
diálogo que La ONDA digital mantuvo con la
licenciada en Antropología Social y Cultural Ana
Buti, quien viene investigando el tema, se reconoce
que existen diversas causas que le dan origen, entre
estos la maternidad y la autovaloración como
fenómenos propios de la mujer, junto a fenómenos
históricos y culturales. A continuación los aspectos
más significativos de este diálogo.
- ¿Qué sentido tiene
estudiar la ubicación de la mujer uruguaya en la
ciencia y en la academia?
- Es una necesidad en
tanto lo que configura el campo científico está
constituido por hombres y por mujeres. Entonces se
estudia cuáles son las posibilidades, las
características y los problemas que tienen las
mujeres en relación con el acceso a la Universidad,
a los estudios, a las investigaciones. Por eso está
un poco como "de moda" estudiar el tema de las
problemáticas, de las barreras, qué es lo que les
pasa a las mujeres, siempre en relación con el
hombre. Yo no soy feminista, quiero aclarar, y
siempre me parece mejor tener una visión más
objetiva. No soy feminista, pero siento que las
mujeres -como soy mujer, trabajo y soy madre-,
tenemos ciertas postergaciones frente a los hombres
y el tema es cómo revertir esa situación.
- ¿Pero se parte de
una situación patológica, de que la mujer está
pospuesta en la ciencia en el Uruguay?
- Nosotros lo que
primero hicimos, a pedido de la UNESCO, fue un
proyecto como diagnóstico de estado de situación de
la mujer en la Academia, la mujer en la Universidad.
A pedido de las propias mujeres, del área
básico-tecnológica, reclamando en cierto modo por su
situación ante los compañeros, ante la Universidad,
ante la ubicación de sus cargos. En ese diagnóstico
el resultado fue que las mujeres generalmente
estaban representadas en los cargos de más bajo
nivel académico docente. Ahí estaban más
representadas. Y que los hombres eran mayoría en los
lugares de más prestigio como pueden ser los grados
4 y 5 y en la dirección de departamentos. También en
ese estudio lo que nos llamó la atención fue que en
aquellas carreras que eran feminizadas, es decir,
donde había un gran porcentaje de mujeres, sobre
todo en biología, química, computación, los hombres
ocupaban un lugar de mando o de ejercicio de
dirección de departamento mucho menor
proporcionalmente a las mujeres que tenían
representación en la escala docente. Eso fue un
llamado de atención.
Obviamente las
mujeres pasan por situaciones diferenciales, más
allá de que hoy se comparte y hay una preocupación
por parte de la Universidad y de la Academia en el
sentido de que tengan su lugar de trabajo, las
mujeres tienen un proceso en el que muchas deben
optar ente tener hijos siendo jóvenes, o postergar
el tener hijos para poder mantener al menos el ritmo
de los hombres. Indudablemente la maternidad genera
un comportamiento, tanto familiar como
profesionalmente. Ahí se marcan las diferencias y
después se ven los resultados que aparecen en estos
datos estadísticos.
- Este fenómeno que
usted me indica de la maternidad ¿es el único que
juega inherente a la mujer?
- No, creo que no es
el único.
Si abstraemos los
fenómenos sociales. ¿Hay algún otro fenómeno de este
tipo que juegue en la mujer?
- Yo creo que la
mujer en sí misma, por un problema quizás de
autovaloración se ha postergado un poco, le cuesta
pelear sus lugares.
- ¿Culturalmente
hablando?
- Culturalmente
también. Yo creo que está muy enrabado el tema
cultural. No podemos separar lo académico de lo
cultural o lo social. Nosotros somos personas
pensantes, que vamos a la escuela, recibimos de
nuestra familia pautas de comportamiento y
replicamos eso en nosotros, en nuestros hijos y en
nuestro lugar de trabajo. Ahora, por supuesto, hay
mujeres que han llegado a situaciones de mucho
prestigio pero han negociado generalmente. Lo digo
porque se evidenció en la investigación, que no fue
sólo estadística sino que estuvo acompañada por
entrevistas. Las mujeres nos contaban que aquellas
que logran tener un lugar importante dentro de la
Academia es porque han tenido arreglos familiares, o
porque el marido está dentro de la Academia y
deciden apoyarlas a ellas e impulsarlas. Es decir,
ha habido otras instancias de negociación propia que
hacen que las mujeres tiendan a tener un lugar más
preponderante.
- Usted me decía lo
de la maternidad y ciertos fenómenos culturales. A
esto habría que agregarle los fenómenos sociales.
- Las pautas de
comportamiento, a las que nosotras no somos ajenas.
Estamos en un mundo que nos marca pautas de
comportamiento y muchas veces, por más que tratemos
de estar dentro de la Academia, de tener una
posición y luchar por proyectarnos como mujeres
diferentes a otras que optan por otro tipo de vida,
estamos pautadas por una sociedad que nos hace
pensar y tomar caminos diferentes.
- Hay otro plano que
es luego de estar dentro de la Academia, donde
también se ve el fenómeno de posponer a la mujer o
por lo menos no se la ve jugar el mismo rol que el
hombre. Por ejemplo, muy tardíamente ha habido
decanas en la Universidad uruguaya. ¿Eso tiene
alguna explicación también dentro de este
razonamiento?
- Creo que la
explicación también es histórica. Se acompaña del
tema de cómo ha surgido toda la historia de la mujer
y su incorporación a todos los aspectos de la vida,
tanto a nivel público como legislativo, es decir, no
solamente en el ámbito académico. No son rectoras,
han sido decanas recientemente y en la vida pública
también recién ahora hay ministras. Todo eso tiene
que ver con un acompañamiento histórico que acompaña
la sociedad y que hace que vayan dejando lugares a
esas mujeres y se las vaya respetando en su
formación, en su quehacer y en su actividad
profesional. Eso es algo que se lo ha ganado la
mujer, con ayuda sí de los hombres, pero yo diría
que muy "a pulmón". Obviamente muy tardío, porque
más allá nuestra sociedad es bastante conservadora.
Nosotros pensamos que teníamos una sociedad muy
liberal, hemos tenido el divorcio temprano, las
mujeres han salido a trabajar, el voto, una cantidad
de cosas. Pero es una sociedad conservadora de
alguna manera.
- ¿En este tema o en
general?
- En general, pero en
este tema también repercute, porque las
profesionales o las académicas no están aisladas. Y
ahora están tomando un lugar que también está
acompañado a nivel internacional. Porque esto que
nos pasa a nosotros les pasa a otros países
latinoamericanos...
- Eso le iba a
preguntar... Este razonamiento, comparado con
América Latina, por ejemplo, ¿cómo se ve?
- Es igual.
Justamente, nosotros en una primera etapa con Andrea
Bielli y Miguel Izcardi, y después seguimos con
Andrea Bielli, hicimos un estudio comparado de la
UNESCO con todos los países iberoamericanos y con
España y los mismos fenómenos que encontramos acá
se dan en América Latina y también en España.
Hay un retraso de la mujer en la incorporación a la
vida académica y un retraso de la mujer en los
puestos de poder de decisión. El tiempo dirá qué
pasa, si esto se revierte. Las mujeres me parece que
tenemos que ser de las primeras en revertir este
posicionamiento o este lugar que toma la mujer,
porque nosotras transmitimos las pautas de
comportamiento. Pero este es un fenómeno que se da
en toda América Latina, quizás por una cultura más
latina, o por otras circunstancias que en este
momento no me animo a decir.
- ¿Cómo se puede
proyectar la situación? ¿Cómo sería la Universidad,
la Academia, si la mujer en el Uruguay tuviera otra
gravitación? ¿En qué se modificaría la Academia?
- Hay estudios acerca
de cómo trabajan las mujeres y cómo trabajan los
hombres. Yo creo que los hombres y las mujeres son
diferentes y se complementan y esa forma de
complementarse le haría muy bien a la Academia.
Creo que ahí está el quid de la cuestión,
poder trabajar hombres y mujeres a la par y que cada
uno pueda involucrarse y dar sus experiencias, hasta
en la mirada por ejemplo en un laboratorio, de cómo
ven las cosas en la investigación. Me parece que esa
complementación es clave para que la Academia pueda
desarrollarse de otra manera. O sea, no lo planteo
de modo confrontativo entre hombres y mujeres. Por
el contrario, me parece que se da un enriquecimiento
aportando cada uno sus experiencias, desde la manera
de pensar. Por ejemplo, hay teóricos que dicen que a
las mujeres, desde chiquitas, nos han acostumbrado a
trabajar y a jugar de una manera, y a los hombres de
otra. Son maneras que nos van quedando y constituyen
formas de reflexionar frente al trabajo académico.
Creo que por eso es muy importante que se le dé el
lugar a las mujeres, que son muy negociadoras, están
acostumbradas a negociar de alguna manera diferente
que los hombres. Es importante que se complementen.
- Ya que usted
hablaba de los niños, de la formación desde
pequeños, en el caso de la escuela, de la enseñanza
en el Uruguay, ¿hay que hacerle modificaciones en
vista a este diagnóstico?
- Yo creo que sí. Por
ejemplo a mí me pasó que mi hijo un día trajo unos
ejercicios que le había mandado la maestra. El padre
de mis hijos era historiador y trabajaba en casa
permanentemente. Y yo trabajaba fuera de casa, en la
Universidad. Mi hijo tenía que completar, en su
ejercicio, quién lavaba, quién planchaba, quién
cocinaba en la casa y entonces me dijo: "voy a tener
que mentir mamá, porque vos ni lavás, ni planchás ni
cocinás". Eso les marca y hasta hoy estoy peleando
porque no cocino bien, me lo hacen sentir. Esas son
las pautas que marca la escuela, en los libros se
ve, y en los ejercicios. Si uno mira los libros de
escuela lo puede analizar. Yo no sé muy bien ahora
los cambios que se están dando, supongo que estos
temas se están hablando porque hay un interés mayor,
pero la generación de nuestros hijos está pautada
así. Ellos mismos se están dando cuenta y están
cambiando las pautas de comportamiento.
- ¿Cómo es en la
Universidad la discusión de este tema? En primer
lugar, ¿hay discusión?
- Sí, hay discusión,
existe una red de género que discute el tema, hay
diferentes posiciones como sucede en todos lados...
- ¿Hay posiciones que
defienden como buena la situación actual de la
mujer?
- No, creo que
actualmente están todos de acuerdo en que la mujer
tenga mayor participación y que se están buscando
las vías para que las mujeres puedan tener mejores
accesos a los trabajos y se eliminen las barreras.
No creo que en este momento la Universidad esté
planteando un lugar menos prestigioso para la mujer
en lo académico. Al contrario; se están pensando
políticas -que no sé hasta dónde van a llegar-, de
promocionar y de volver, de esa etapa que fue un
retroceso para la mujer, a un punto en que la mujer
pueda seguir con su carrera universitaria. Porque lo
que le pasa a la Universidad es que cada día tiene
más cantidad de mujeres y también los hombres se
están yendo fuera de la Universidad en tanto se paga
más en otro lado.
- ¿Pagan más a los
hombres dentro de la Universidad?
- No, la Universidad
paga lo mismo a hombres y mujeres. En otras
universidades en el mundo existe esa diferencia,
pero no en el Uruguay. Las diferencias que hay son
en cuanto a las barreras, en cuanto a los concursos.
Al concursar, la mujer por ejemplo quizás tuvo hijos
y su producción fue menor que la de un hombre, que
también tuvo hijos pero no ha debido concentrar
tanta atención, en períodos de lactancia o en
general períodos más cercanos en el tema de los
hijos. Lo que se está tratando es de igualar esas
situaciones; eso la Universidad lo está pensando.
Tener en cuenta esas situaciones va a llevar su
tiempo, no se produce de un día para el otro. En
otros casos las mujeres que deciden optar por una
carrera sin problemas que posterguen su vida
profesional, trasladan para después su desarrollo
como madres o en otros terrenos. Eso también se ve
como fenómeno. Tanto acá como en Europa, donde
muchas veces las mujeres tienen hijos después de los
40 años; con las ayudas de las nuevas tecnologías
hay más posibilidades en ese sentido.
- Después que han
consolidado su rol profesional...
- Después que han
consolidado su rol y no se sienten tan en desventaja
con los hombres, porque obviamente tienen que estar
luchando mucho más. Después que consiguen eso
deciden formar una pareja y tener hijos. Eso se está
viendo acá y se está viendo mucho en España.
- ¿Cómo ve el rol de
las organizaciones de mujeres en el Uruguay en torno
a este tema?
- Yo creo que están
luchando por un lugar que les parece que es justo
para las mujeres, pero como ya le dije yo no soy
feminista.
- Lo pregunto porque
hay organizaciones que no son feministas sino
organizaciones de mujeres que reivindican cosas.
- Yo creo que la
reivindicación de la mujer es importante pero
siempre en la forma de relación con el hombre, y no
antagónica. Si no entendemos eso, la mujer queda
aislada y pierde la lucha a nivel de la Universidad
y a nivel de sus espacios. Yo creo que esta lucha
tiene que ser en conjunto, de hombres y mujeres,
entendiendo el lugar que a cada uno le corresponde.
Es una visión muy personal, pero me parece que no
lleva a nada y se da también a nivel de la
literatura una autorreflexión sobre lo que ha pasado
en los últimos años con los movimientos feministas.
Al principio la mujer tuvo que salir a pelear con
todo. Nos pasamos para el otro lado. Volvemos a
pensar en relación con el hombre, y ese camino hay
que hacerlo en conjunto, no separado. Quizás hay
mujeres que piensan que sí, que se puede llegar.
Pero a mí me parece que esta es una lucha en
conjunto. Y que hay que aprovechar las oportunidades
que nos ha dado el país.
- Para usted, como
antropóloga, ¿hay alguna línea de razonamiento
histórico en el caso uruguayo, en el caso de esta
zona de América, que lleve a pensar que estos
fenómenos los arrastramos desde hace mucho tiempo?
Sí, hay estudios
históricos.
- ¿Pero desde la
conquista o desde antes?
- Tiene que ver con
todo lo que le explicaba: por nuestra ideología, por
nuestra religión. Quizás si fuéramos luteranos
tendríamos otra concepción, eso lo arrastramos.
- No tenemos casi
indígenas, para poder comparar...
- No, nosotros somos
pueblos trasplantados, como decía Darcy Ribeiro.
Somos españoles, italianos, judíos, de todo.
Heredamos toda una tradición que ellos trajeron al
país, que fue diferente según los movimientos
migratorios. Pero de avanzada porque por algo
tuvimos momentos de prácticas y gestiones, en el
sentido de Batlle, el voto de la mujer, el divorcio.
Muchas cosas se han dado. Pero a la vez somos una
sociedad conservadora, somos muy pequeños y eso
también hace que la mirada del otro importe.
- En esas pautas de conservadurismo
que usted menciona
¿integra la visión social
que hay del aborto?
- Sí, obviamente que
sí. No me quiero meter en ese tema del aborto porque
no estoy en él, pero indudablemente somos
conservadores en ese sentido. Los peligros que trae
el tema, tratado de otra manera podrían dar
resultados mucho mejores. Creo que eso se arrastra
de una tradición cristiana que es pujante en nuestra
sociedad.
- A nivel de la
investigación que usted ha hecho con otras colegas
¿esto se repite desde otros ángulos dentro de la
Universidad?
- Hay gente que se
dedica al estudio de género con distintas posiciones
muy respetables, por eso le dije que hay una red de
mujeres...
- ...Pero las veía
más bien preocupadas por el tema aunque no
investigando, estudiando...
- Han hecho
investigaciones diversas desde los campos de la
sociología, la política, la historia. En el caso
nuestro, lo que pasa es que hemos partido de un
estudio puntual que nos pidieron y ahí nos empezamos
a involucrar con el tema de género. Fue al
revés: nosotros no estábamos preocupados por el tema
de género, nos hicieron un pedido y a partir de ahí,
más de lo personal y de nuestras vidas familiares,
profesionales tuvimos que tener una mirada y
enfrentarnos a un problema que era nuevo para
nosotros pero palpable y que a gritos estaba
pidiendo que se cambiara de alguna manera.
Hay otros estudios,
hay mujeres que tienen otras posiciones muy
radicales, que son importantes porque impulsan estos
movimientos y estos cambios. De alguna manera ellas
son las que luchan y están logrando avances. Todo
esto conlleva a tener un campo de estudios
diversos de género desde los cuales se pueden
sacar conclusiones para las políticas
universitarias, a nivel de gobierno, de la sociedad
civil, de los grupos de trabajo.
- En cuanto a la división clásica que
se hace entre las ciencias sociales y las ciencias
duras
¿cómo juega este tema en el
caso uruguayo?
- Es diverso. Porque
depende de las disciplinas. Hay disciplinas, como
las ingenierías, en que hay muchísimo mayor
representación de hombres y ahí no se ve que las
mujeres estén tan discriminadas. En el caso de la
biología se ve una discriminación mucho mayor de la
mujer. En las ciencias sociales hay más paridad
entre el hombre y la mujer.
- ¿Se podría decir
que está más avanzado el proceso de integración?
- No, yo creo que
también hay factores externos. Lo que le ha pasado a
la Universidad es que en tanto los sueldos son muy
bajos las mujeres se han incorporado y los hombres
se han retirado, en algunas disciplinas, sobre todo
en las de tipo profesionalista, a los lugares
privados porque les pagan más. Entonces eso también
influye en cómo están ubicados los hombres y las
mujeres y el relacionamiento que hay de porcentajes
entre unos y otros. Por ejemplo, en las Humanidades
es mitad y mitad la situación. En Derecho también se
vuelve a repetir un poco el hecho de que más allá de
que son muchas mujeres, los que tienen los lugares
de mayor prestigio (grado 5, dirección de cátedra,
decanos), a pesar de que en Derecho tuvieron una
decana son los hombres los que ocupan lugares
preponderantes. El comportamiento es según la
disciplina, el contexto, la historia de la
disciplina, cuándo se formó. Hay otras variables que
también hay que pensarlas a la hora de analizar y
comparar el tema de género.
¿Le gustaría agregar
algo que no hayan contenido mis preguntas?
Como información le
hablaría de otro trabajo que yo hice sobre la
movilidad de los investigadores.
¿Qué quiere decir
movilidad de los investigadores?
Se diferencia
movilidad de migración. Movilidad se refiere a
personas que salen del país con intención de
retornar. No quiere decir que después efectivamente
vuelvan, pero por lo menos tienen la intención de
hacerlo. La migración la constituyen aquellas
personas que se van del país, lo que se llama la
"fuga de cerebros".
Yo hice un estudio
sobre la movilidad y me concentré en el tema género,
porque mi tutora es feminista y me pidió que
analizara la situación de la mujer en cuanto a la
movilidad. Y me dio un resultado significativo:
que las mujeres universitarias, académicas, se
mueven por ejemplo en la región. Y aquellas
mujeres que se van a Europa, a Estados Unidos, a
centros más prestigiosos, es porque sus maridos
eligen los lugares a donde ir y ellas los acompañan.
Son muy pocas las que hacen una ruptura y dicen
"yo elijo el lugar y me voy". Las otras, que
negocian con sus familias, prefieren mantenerse en
la región.
Otra diferencia
importante es el período por el que se van estas
mujeres. Las más jóvenes, y que no tienen hijos,
deciden hacer estudios más largos. Las que tienen
hijos y una vida familiar concreta, establecida acá,
eligen períodos más cortos, doctorados tipo sándwich
y retornar permanentemente para contemplar las dos
situaciones.
- ¿Y hay algún número
significativo de mujeres que rompan con su pareja
teniendo como objetivo la parte académica?
Sí, es significativo
el número. No tengo cifras exactas pero sí en las
entrevistas se han notado los casos en que la mujer
opta y al no ser acompañada en esa opción se produce
la ruptura y la modificación familiar.
Para conocer más sobre el tema ingrese
Aquí
Ana Buti:
Licenciada en Antropología Social y Cultural de la
Universidad de la República, con Maestría en
Estudios Fronterizos y Uruguay; Profesora Asistente
de la CSIC y Estudiante del programa de doctorado en
“Filosofía, Ciencia, Tecnología, Sociedad” de la
Universidad del País Vasco.
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