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Entrevista Oribe
Irigoyen (III)
“Yo soy el melancólico desilusionado
que pelea por un mundo mejor"
“Yo soy el melancólico desilusionado que pelea por
un mundo mejor. No soy exultante. Lo soy cuando
quiero convencer a alguien porque soy tímido y
entonces digo las frases con un énfasis que parece
que soy un tipo agresivo, pero no lo soy”.
-Cuando la experiencia del exilio
terminó, tú regresaste a Montevideo. Y seguiste
vinculado al cine.
-Sí. Al principio no. Porque yo
tenía mucha responsabilidad con la revista Estudios.
Pero después volví al periodismo, trabajando primero
en el semanario El Popular, que no hacía comentarios
de cine salvo excepcionalmente y después en el
diario La Hora.
-¿Cómo encontraste ese Uruguay
del cine en expansión, a pleno, que tú habías
dejado?
-No es así. La crisis del cine
viene a partir del 53 en todo el planeta, cuando
aparece un instrumento como la televisión que
comienza a restarle público. Es una larga y
complicada historia. Pero sintéticamente, la
televisión empieza a hacer retirar al público del
cine.
-También en el Uruguay de los 60
entonces.
-Empieza la crisis. Se va
sucesivamente agudizando a medida que la televisión
se instala en cada hogar, en la cocina, el comedor o
el dormitorio. Y el hombre, que es un animal
bastante proclive a la óptica empieza a sentir la
comodidad de tener imágenes que lo entretienen o le
dan cultura -se supone- en su casa. Ahí empieza
todo. Después viene un proceso muy complicado en el
cual no sólo la televisión le resta público al cine
sino que empiezan a aparecer y desarrollarse una
cantidad de opciones acerca del ocio del ciudadano.
Excursiones, cacerías... Otras opciones. Los años 60
y 70 tienen ese peculiar acento. A un tipo le sobran
horas o días en que no trabaja, ¿qué hace? ¿Va a la
rambla, va a pescar, sale de excursión a Piriápolis?
-No tiene sólo la opción del
cine...
-Y eso va sumado al hecho de que
sin embargo el hombre cada vez más, hasta hoy,
consume imágenes.
-Pero ya desde otro lugar.
-Desde otro lugar, otros
formatos, celular, computadora, lo que sea. Pero son
siempre imágenes. Incluso con el video, con el DVD,
el cine tiene más espectadores que antes.
Lo que pasa es que la gente está
perdiendo la costumbre de ir a encerrarse en una
sala amplísima -que cada vez son más chiquitas- para
hacer una especie de comunión colectiva, que es lo
que se está perdiendo sucesivamente en relación con
el cine. Ya no hay esa gran complicidad de salas
oscuras repletas, comulgando con Charles Chaplin o
con Marilyn Monroe.
-Eso tú percibiste que se daba
antes de la dictadura. ¿Y cuando regresaste?
-Cuando regresé debo confesar que
-por razones personales de trabajo, de escasez
económica cuando estaba en Madrid, y de
imposibilidad cuando estaba en Moscú-, yo me había
perdido once años de cine, particularmente
norteamericano. Vamos a dejarnos de cuentos del tío,
cuando a alguien le dicen cine piensa en Hollywood,
en Francia o Italia. Me perdí once años, en Moscú
por razones de cartelera pero también por razones de
idioma. Yo soy capaz de decir sin entender los
diálogos -si se me perdona esta inmodestia-, ,
"esta película es buena".
-Tú acabas de hacer un juicio.
Que en la visión de la gente cuando se habla de cine
es el norteamericano. ¿Qué diferencia, además de la
producción abrumadora, tiene en realidad el cine
norteamericano respecto del resto del cine?
-El cine norteamericano, como es
norteamericano, fue creado para hacer negocio. Y
para hacer negocio hay que crear sistemas de fácil
comunicación. Hollywood creó uno de los elementos
más importantes de la historia del cine incluso
hasta hoy: los géneros. La película de aventuras, la
de cowboy (que hoy está perdida por ahí), la
comedia: bufa (de la época muda, Chaplin, Keaton,
Laurel y Hardy); la comedia sofisticada que es una
marca de fábrica de Hollywood de los años 30,
estupenda, con Cary Grant, Gary Cooper. Y un
ingrediente esencial: todas las películas de
Hollywood en el fondo tienen el tema del amor. Eso
con un lenguaje que al mismo tiempo que se basa en
poner el ojo en la taquilla, también mira a aquel
creador inquieto -como Orson Welles- para ver si ese
tipo que trae cosas nuevas entra por el carril de la
estructura de Hollywood. Hollywood creó el sistema
de estrellas. Las primeras estrellas salen de
California.
-Promueve a su gente.
-Se promueve a sí mismo. Crea una
de las ceremonias más importantes del planeta
entregando los Óscares. La entrega de los Óscares es
un autobombo diciendo "miren lo que hacemos año a
año".
-Hay un lenguaje que lo
distingue. Es el cine más rápido. Esa sucesión de
cuadros. ¿Eso tiene algo que ver en la incidencia en
el espectador?
-En parte sí, desde luego.
Responde a un ingrediente que creo yo es esencial
desde el punto de vista de la psicología social, que
es la acción. Porque una de las características de
la cultura y las tradiciones de Estados Unidos es el
pragmatismo. El pragmatismo si se pone en batas y
pantuflas es la acción.
El cine norteamericano es eso: un
lenguaje que, jugando a dos puntas, como la Iglesia
Católica, hace experiencias de avanzada y lenguaje
convencional y los combina. Siempre está jugando
así. Cuanto gran realizador en el sentido de
creador, aparece en el mundo, Hollywood le da la
chance. Si no tiene público, lo tira para afuera.
Pero si llega a tener público, así camina. El gran
talento Eisenstein tuvo la oportunidad de filmar en
Hollywood y según dicen -creo que tienen razón- en
realidad no pudo filmar por dos razones. Por
provenir de la URSS (hay que decir que desde 1917 y
mucho antes de la guerra fría aquello había que
aislarlo). Y segundo porque tuvo grandes problemas
con los productores independientes que le pagaron el
rodaje en México, por orden de Stalin. El cine
norteamericano llega a todo el mundo.
-Pero también hay actualmente
problemas de distribución. Es un tema de Estado, en
el sentido de que trasciende al propio cine, ¿no?
-Es que el conjunto de la
producción de Hollywood es el cuarto o quinto factor
de divisas que tiene Estados Unidos. Siempre tuvo
una cierta atención oficial de desarrollo. Y
Hollywood se valió de las dos guerras mundiales para
conquistar mercados.
Cuando viene la primera guerra
mundial, uno de los grandes rivales que tuvo era la
UFA, el cine alemán. La guerra le permitió a Estados
Unidos expandirse por América Latina, donde había
industrias nacientes incluso algunas muy
desarrolladas como la argentina y la mexicana.
Con la segunda guerra mundial
comenzó la ofensiva estadounidense de hegemonía
mundial. Y cuando llegan las últimas décadas a
partir de los años 70-80, se consolida esa hegemonía
por dos razones: el poderío brutal, imperialista
que tiene Hollywood, usando un viejo término que no
por ser viejo ha dejado de existir.
Por otro lado, creó los modelos
perfectos de comunicación de imágenes con el
público, los géneros, que los otros, sobre todo los
europeos, intentaron copiar, pero los
norteamericanos por razones económicas y de
publicidad dominan a todo el mundo.
-¿Y no será también una crisis de
argumentos, de conceptos?
-Estás hablando de la crisis del
cine.
-No sé si de la crisis del cine,
pero sí de una forma de promover temas culturales.
-Hollywood no promueve el tema.
-Sí, pero tampoco Francia ni
Italia tienen el sello cultural que tuvieron. Sin
embargo, el mundo hoy tiene el sello cultural de
Hollywood.
-Eso es verdad. Es el famoso
proceso de globalización.
-Esa introspección, ese hurgar en
el hombre que hacía Bergman, algunas películas
italianas o francesas de los años 60 o 70, no es
preocupación de Hollywood pero tampoco de Francia o
Italia.
-Bueno, no es fácil contestar
porque uno de los ingredientes que ocurren hoy día
es el control de la distribución que tiene Hollywood,
por lo menos en todo el mundo occidental.
Yo pensaba hasta hace muy poco,
dos meses, que en Italia había una crisis de cine
muy fuerte. No se veía cine italiano, de vez en
cuando llegaba alguna película que podía ser buena o
mala. Entonces a través de Cinemateca Uruguaya vino
un bloque de películas agenciadas a través de la
Embajada italiana. Y tienen un nivel muy
interesante. Sin llegar a las culminaciones, -que
ese es otro gran capítulo, el de cómo desaparecieron
los grandes maestros- tenían un nivel interesante.
La pregunta es: ¿ese cine
italiano bueno que yo vi en un festival es el que ve
el público italiano? No. El problema es que hay
inquietudes, hay realizadores personales, creativos,
pero no acceden a los circuitos más importantes.
Porque los circuitos de los festivales tienen una
interesante magnitud masiva pero de elites. Esas
elites son masivas en el cine pero no lo suficiente
para hacer rentable y conocible a un realizador o un
creador.
Por eso el tema es complicado y
complejo, porque el dominio de Hollywood está
cayendo en la tecnologización de los temas.
-¿A qué le llamás crisis del
cine?
-A la pérdida del factor cultura
en relación con el factor espectáculo del cine o con
el factor meramente entretenido del cine.
-Parece que ese es un fenómeno
más amplio, porque los pintores también se quejan de
que hoy la pintura se convierte en espectáculo y no
en arte.
-Bueno es probablemente verdad y
es el proceso que está viviendo la sociedad actual:
la pérdida de referentes intelectuales, pero sobre
todo una pérdida de referentes de valor.
-¿No será que se está ignorando
la cultura de la humanidad, o por lo menos de esta
parte?
-Puede ser, no está descartado.
Pero el camino es bastante desalentador. Es posible
que haya un cambio, una mutación de la cultura en
general. Pero qué signo tiene, no tengo la menor
noción concreta. Puedo suponer que hay cosas muy
negativas, que a pesar de todo hay poros por donde
puede salir otra cosa. Es un momento de inflexión.
-Pero puede ser que los soportes
estén contribuyendo a ello. Así como me decías que
el cine cambió cuando apareció la televisión, ahora
que aparece internet, los teléfonos móviles... Esos
soportes, ¿pueden estar incidiendo?
-Yo creo que están incidiendo sin
ninguna duda. Lo que desalienta un poco es que todo
lo que se percibe es para abajo. Todo es pérdida de
concepto. Aquello que llamaba Lúkacs "todo es ataque
a la razón, al intelecto". Todo es de una tendencia
adrenalínica o tegumentaria, todo es superficie
espectacular, epidermis.
Volviste a Montevideo, diste
algunas vueltas durante un tiempo pero hoy tu vida
gira en torno a la crítica de cine. Aun con estas
innovaciones que tú anotás.
-Menos salas, menos películas,
mucho bodrio, mucha cosa reiterativa, mucho
convencionalismo y mucho material descartable,
incluso como entretenimiento.
-Sin embargo tú y tus propios
colegas no hacen crítica de cine en televisión. ¿Por
qué?
-¿Qué quiere decir eso de cine en
televisión?
-La televisión da películas,
incluso nuevas. No sé si en la televisión abierta,
pero sí en los cables.
-En algunos casos hay críticos
que lo hacen. Yo no lo hago. Digamos que porque no
tengo espacio, o porque... ¿cómo decir?.... no tengo
ganas, lisa y llanamente. Yo creo en el cine, fui
formado en el cine. En ese rebaño, si vos querés, de
los que iban a las grandes salas, rodeados de gente
que parloteaba, comía maníes y otras cosas, tiraba
naranjas de la tertulia a la platea. Pero era una
comunicación colectiva. Hoy la gente habla en el
cine porque está delante del televisor. La gente
come maíz acaramelado que ahora se llama no me
acuerdo cómo y que a mí no me gusta. Se mantienen
las mismas costumbres, pero ahora la conversación en
el cine es más notoria y molesta porque hay mucho
menos gente.
-Pero Montevideo tuvo en los
últimos tres o cuatro años una especie de
reactivación del cine porque se hicieron o se
renovaron salas.
-No, se creó un sistema adecuado
a la crisis. Pequeñas salas, conjuntos de varios
minicines que configuran la posibilidad de que el
espectador vaya a uno de esos conglomerados y tenga
varias opciones: dos, tres, o más.
-La prensa ¿le dedica el mismo
espacio?
-No. La prensa no sólo le dedica
menos espacio a lo que antes era una fermentación de
la crítica, sino que le quita cada vez más la
jerarquía del juicio crítico. Un ejemplo es la
página de hoy día en El País. El País ha tenido
magníficos críticos siempre. De cultura amplia, de
conocimiento del cine, y que sabían escribir. Hoy es
espeluznante porque se limitan a pequeñas notas
cuando hay que analizar una obra de arte.
-O sea, menos análisis y
simplemente divulgación.
-Divulgación, publicidad. Y eso
se opone a otro elemento que hoy es absolutamente
notorio. A nadie le importa lo que diga un crítico a
la hora de ir al cine. A nadie.
-Es un juicio demasiado duro.
-Es duro, pero lo que pasa es que
la crítica cinematográfica es un animal en
extinción. A nadie le interesa. Estoy hablando del
público. Por supuesto, hay una pequeña cantidad de
gente, digamos diez mil o doce mil en un millón, a
los que les interesa qué opina Mengano o Perengano
sobre tal película. Desde luego que yo voy por la
calle y alguien me dice "Oribe, ¿qué le pareció tal
película?" Pero es una galantería de alguien que
quiere confirmar si lo que él piensa es lo correcto.
Esa misma persona no es capaz de leer la crítica de
cine, aunque le ofrezcan el diario en el boliche,
tomando un café y leyendo de garrón el diario. No le
interesa.
-La contrapartida de eso es que
parece que se está haciendo cine uruguayo en mayor
cantidad.
-Eso habla muy bien de dos o tres
cosas.
Hay algo obvio de lo que hay que
hablar bien. Son las posibilidades que ofrece la
tecnología en materia de abatir los costos de una
película: el video, el video digital, todo eso.
Permite a mucha gente interesarse en el cine como
creación. Por otra parte Montevideo consiguió, por
esos elementos tecnológicos fundamentales y cada vez
más populares, algo que no consiguió cuando el cine
era el gran espectáculo popular: producir cine en el
Uruguay. Por la sencilla razón de que es un arte
colectivo muy caro. Tan caro que, o bien es
producido por el Estado -en los países socialistas
por ejemplo- o bien por la cantidad de habitantes,
en el sentido de que toda película, aun hoy, tiene
su mayor base de producción en el número de entradas
vendidas. Entonces un país que tiene 40 millones de
habitantes puede tener un cine nacional desde el
punto de vista de la industria. Porque el mercado
interno puede solventar gran parte o totalmente los
costos. El Uruguay no puede. La película uruguaya
más vista por los uruguayos se llama "En la puta
vida" de Beatriz Flores Silva. Llevó cerca de 120 o
130.000 espectadores por año, cifra que en el
Uruguay está destinada a películas como "El hombre
araña", las grandes películas taquilleras de
Hollywood.
- Entonces, se abaratan los
costos por la tecnología.
- El Uruguay no tiene todavía una
ley de apoyo, de fomento del cine. Tiene un escalón
para pegar el salto, la creación del Fondo para la
producción audiovisual, el FONA, desde la
Intendencia de Montevideo y en parte desde el
Ministerio de Cultura. Alcanza para decir "tengo
40.000 dólares para una película que vale 400.000",
o sea, una pequeña base. Con la cual el talento, la
capacidad negociadora, y la madurez técnica de los
uruguayos jóvenes hace posible que con esos 40.000
empiecen a hacer películas para después terminar de
financiarlas en el exterior.
En realidad, el cine uruguayo
está hecho para el exterior, está hecho para los
festivales. Cuando digo que el cine uruguayo está
hecho para los festivales, para ganar premios -y los
ha ganado- no estoy diciendo que se deforme la
identidad. Porque una de las grandes habilidades de
los uruguayos es su honestidad identitaria y la
capacidad de crear un universo de imágenes que
interese a todo el mundo y a los uruguayos quizás
menos. Pero todos los pueblos del mundo, salvo el
hindú y ese es un tema aparte, no gustan del cine
nacional. El neorrealismo italiano, que fue
maravilloso, no le gustaba al público italiano.
-¿Tú decís que no gustaba?
-No gustaba. Consideraban que el
neorrealismo era ventilar las intimidades de la casa
fuera de ella.
-No nos gusta vernos en el cine.
-Sí, sin embargo cualquier
público del mundo gusta de verse a sí mismo, pero no
gusta de verse a sí mismo en chancletas.
Esa habilidad, para mí
maravillosa, de los jóvenes creadores uruguayos, de
ser buenos negociantes -porque si no, estás frito-,
creativos, tecnológicamente capaces, hace que el
cine uruguayo sea una realidad, aunque la industria
uruguaya de cine no sea ninguna realidad.
-Hay un hecho llamativo, y es que
no hurgan en la historia uruguaya para hacer
argumento.
-Salvo dos o tres películas. La
más conocida es la que produjo Cinemateca, que se
llamaba "Mataron a Venancio Flores".
-El Exodo no ha estado presente,
tampoco la batalla de Las Piedras. Ahora parece que
están preparando una película sobre la muerte de
Michelini y Gutiérrez Ruiz.
-Yo no sé si lo que digo es justo
o es una guitarreada. Lo que pasa es que el cine de
época es muy costoso. Si es costoso filmar un
"25watt", que es un grupo de chiquilines, en la
calle generalmente, es decir, no hay que pagar por
los sets; si es costoso reconquistar esos 400.000
dólares, imaginate que para filmar el Exodo
necesitás no menos de 50 a 100 extras vestidos de
época. Es muy complicado. Yo no sé si ese es un
factor decisivo o lo es que a los jóvenes uruguayos
no les interesa la historia uruguaya sino el
presente uruguayo.
-Puede ser que la materia prima
para ellos sea otra. ¿Conociste grandes actores
directamente? Gassman estuvo en el Uruguay, ¿lo
llegaste a ver?
-Lo vi desde la platea. El único
gran actor que yo llegué a entrevistar fue Jean
Louis Barrault cuando vino a hacer teatro, por los
años 60, o un poco antes. Y lo entrevisté cinco
minutos en el aeropuerto, cuando El Popular
intentaba tener la primicia, y la única posibilidad
era pescarlo en el aeropuerto.
Sí he asistido a muchas
conferencias de prensa con realizadores. Por ejemplo
cuando volví del exilio estuvo acá un maravilloso
actor que se llamaba Gian Maria Volonté. Yo asistí a
la conferencia de prensa, pero eso no es
entrevistar. Siempre fui mal entrevistador en el
sentido de que soy muy tímido para proponer una
entrevista.
-Si tuvieras que
elegir o emitir un juicio, ¿cuál sería para ti el
actor más atractivo? Todos tenemos preferencias.
-En una época, para mí, en los
años 70, los tres máximos actores, antojadizamente
eran Innokenti Semotunovski ruso; Marcello
Mastroianni italiano y Rod Steiger, estadounidense.
Hoy, la verdad que hay muchos. Te puedo nombrar de
los actuales un español formidable, Javier Guardén.
Después están los otros que te atraen, no porque
sean los mejores sino porque te gusta la
personalidad, por ejemplo Clint Eastwoor, que además
es un gran realizador clásico en el estilo del
maestro Ford o Burt Reynolds y James Gardner.
-Están los ingleses también.
-Los ingleses son lo más grande,
en su conjunto. No sé si tienen el carisma... Ah,
sí, el que tiene el carsima y todo es Michael Caine.
Un actor que no sé si es grande pero que veo con
placer es Bud Reynolds.
-Y de las actrices qué decís.
-La actriz que siempre me hizo
soñar era Hildegarde Neff, una alemana grandota,
hermosa, que además de buena actriz era cantante.
Eso en la juventud. Después aparecen Simona Signoret,
Vanesa Redgrave, Ana Magnani, Ingrid Thulin y otras
que surgen ahora en mi memoria.
-A las norteamericanas no las
ponés en el casillero.
-No, hay, sí. Marylin Monroe-
-¿Pero era actriz o era un
símbolo?
-Las dos cosas. Yo pienso que era
buena actriz, no sé si una gran actriz, y un
símbolo, sí, indudable, de aquí a Maroñas.
-Eso lo había convertido el
poder.
-Sí, claro.
-Tienen muchas, pero buscan
convertirlas en estrellas, en prototipos.
-No, pero en Hollywood hay
prototipos pero también grandes actrices. Como
Katherine Hepburn que era un monstruo. Pero de las
nuevas... no me vienen los nombres. Me vienen
inglesas como Maggie Smith, Helen Mirren, que es un
placer verla. Ah!, sí están Meryl Strrep, Michelle
Ppeiper, Glenn Close, todas ellas norteamericanas y
grandes actrices.
-¿Cómo te llevás con la música?
-Con la música me llevo bien,
pero muy bien, cuando la escucho.
-Tenés preferencias...
-Tengo sí, pero con la música me
pasa una cosa que no me pasa con el cine que me
gusta tanto. La música me desarma. Me produce, no
melancolía, pero me desarma, me deja sin aptitud
crítica. Probablemente me hubiera gustado ser
músico. Pero yo escucho música, y puedo escuchar
desde los clásicos, los modernos, lo popular y de
pronto me siento conmovido a grados extremos. Voy en
un ómnibus y un tipo canta una canción de Sabina,
que es buena poesía... y me desarma. Los Beatles a
mí me dejan por el piso.
-Y será que te llegan más al
corazón que a la razón.
-Exactamente. Pero yo soy un tipo
medio cascarudo y no me gusta eso.
-Te obligás a pensar.
-No me gusta quedar tan inerme
frente a instrumentos de comunicación. Porque no
tengo juicio.
-¿No será que la música tiene esa
impronta?
-Puede ser. Tanto es así que un
pasaje breve de esa canción "No llores por mí
Argentina", ¡ya me deshizo el día! Por eso soy
demasiado precavido frente a la música.
-Y ¿cómo ha sido tu vida
afectiva?
-Bien, bien. Como dijera Burt
Lancaster en "De aquí a la eternidad": "Un hombre en
su vida tiene cuatro o cinco grandes amores y con
eso está cumplido".
-¿Tú decís cuatro o cinco
mujeres?
-Sí, sí. Grandes amores. Lo demás
es lo de menos.
-¿Seguís siendo librepensador
como a los 20 años?
-Sí, trato por lo menos.
-¿Reivindicás esa personalidad?
-Sí. Los mejores momentos de mi
vida fueron anárquicos. De espíritu. Yo soy un tipo
muy dado a la disciplina. Yo creo que lo que me
salvó a mí en definitiva como ser humano más o menos
estructurado, con los agujeros que todo el mundo
tiene, fue la disciplina. Y la disciplina la aprendí
en el PCU. Uno de los grandes aportes que me hizo el
Partido fue la disciplina. Yo soy haragán y soy
puntual. Ser puntual en el Uruguay es un delito
grave, muy grave. Tener conciencia de que existe el
otro, que el otro tiene tanto derecho como vos me
hace ser puntual. Pero eso lo aprendí con el
Partido.
-Como volvemos a este tema te voy
a preguntar algunas cosas desde otro ángulo.
Hablaste de que estuviste cerca de Arismendi y diste
algunos juicios. Porque los comunistas lo
consideraban un gran hombre.
-Sin ninguna duda. En el campo de
la izquierda, de trascendencia internacional.
-¿Pero ese juicio se sustentaba
con su personalidad?
-Si, sin duda. Pero lo más
característico de él era su conocimiento. Era un
tipo de una enorme amplitud intelectual, que lo
hacía de enorme cultura. Hay dos cosas que para mí
son esenciales, a pesar de todo: la inteligencia,
incluso del enemigo, y la cultura. Un tipo culto es
un individuo naturalmente gregario. Quiero decir que
es un individuo que con el tiempo la sucesión de
generaciones va a transformar esa cosa interna del
ser humano que todavía nos es bastante desconocida.
Esa es mi opinión.
Se habla del corazón. El corazón
es muy importante, pero es bastante traicionero. En
mi opinión... Traicionero en el sentido de que te
apasionás y perdés las nociones, los puntos de
referencia y salen las barras bravas, los
fundamentalistas. Todos esos salen del corazón, no
salen de la cabeza.
-Mucha gente que también conoció
a Arismendi dice que se autoconstruía.
-Sin ningún género de duda. Era
una persona que siempre estaba tratando, con su
dominante política por supuesto, de mejorar, saber
más, de conocer. Tenía sus defectos, como todos.
-Era cascarrabias, a veces...
-Sí, de mal humor.
-Excelente a veces.
-No, excelente era siempre. Sobre
todo para quien trabajaba junto a él. Pero sabía una
cosa que es muy difícil en todos lados pero en el
Uruguay en particular: mandar. Saber dar órdenes,
saber ejercer el poder. Porque conociendo la
estructura del Partido Comunista, Arismendi tenía
mucho poder. Curiosamente en el período de Arismendi
no se echó a nadie por disidente. Ningún disidente
fue echado del Partido Comunista uruguayo. Habrá
personas expulsadas pero por otro tipo de razones.
-Pero no estrictamente por pensar
distinto.
-Por supuesto. Un tipo estaba en
contra de las ideas generales o de la política,
tenía sus problemas, no le era el campo orégano, y a
veces problemas muy graves porque estaba rodeado de
seres humanos. Algunos medio brutos, otros medio
sectarios, otros medio bandidos.
-Pero no era esa la impronta.
-No, no lo era.
-Eso coincidía un poco con la
personalidad de Arismendi, entusiasta de discutir
hasta la muerte.
-Claro. Y había que argumentar
muy bien para convencerlo.
-Tú conociste a otros también,
porque en esa época en que estabas en El Popular
había muchos de los viejos comunistas como Reyes
Daglio.
-Reyes Daglio era un gran
comunista. De buena cultura y a la vez capacidad de
ver al otro, y argumentar, con propiedad o sin ella,
pero respetando al otro.
-¿Lo llegaste a ver en la Unión
Soviética?
-Sí. Estaba muy viejito. Y
disidente.
-Tenía opiniones duras contra la
URSS. Y sin embargo hacía años que vivía ahí. Tal
vez por eso.
-Sí, conocía más que yo.
-Reyes Daglio tuvo una historia
bastante pintoresca, porque fue a la Unión Soviética
cuando se iniciaba como deportista. Después fue
como dirigente.
-Otra persona entrañable a pesar
de su aspecto era Alberto Suárez. Parecía el malo
de la película y era el bueno de la película.
Demasiado bueno diría yo. Gran persona.
-Culto también aunque no parecía,
pero era un gran lector.
-Lector y otras cosas. Tenía
cultura.
-Parecía que había toda una
generación allí, no sé si numerosa, de gente culta.
-Había, sí. Otra persona
entrañable era Silva Rehermann.
-Entre los hombres de la
literatura uruguaya ¿tenés preferencia?
-Sí, cómo no. La vaca sagrada de
Onetti.
-No ha sido llevado al cine ¿no?
-Sí, dieron hace poco una
película no lograda, que se llama "El astillero",
basada en la novela de Onetti. Onetti maneja un
mundo machista, áspero, pero de una gran raigambre
humana. Y tiene un lenguaje muy decantado. Es un
grande. Morosoli, un poco olvidado. Es lo opuesto a
Onetti, absolutamente campero. Espínola.
-Otro gauchesco.
-Otro gauchesco de un gran
énfasis humano.
-Hurga en el alma.
-Fue para mí, que asistí a
algunas de sus clases en la Facultad de Humanidades,
el tipo que más me maravilló oyéndolo hablar. Daba
clases sobre el Quijote de Cervantes y tenía una
capacidad increíble para que durante la disertación
se te aparecieran allí, vivos, los personajes de
Cervantes.
-Si hubiera sido en la época del
video, se hubiera podido filmar.
-Debe haber imágenes de él. Esas
clases eran increíbles. Porque hablaba como un
hombre campero y tenía una capacidad increíble para
dar el detalle sutil de un trozo de literatura. Yo
me acuerdo de una clase, hablando del Quijote, en
que aparece un conde y le da una palmada en el
hombro a Don Quijote, y la clase versó en el
significado de esa palmada. Yo creo que más que un
crítico de Cervantes o un profesor de Literatura era
un recreador de Cervantes.
-Sí, hay gente que dice que la
maravilla de Espínola era el ser cuentista en el
mejor sentido de esa palabra. Incluso la invención.
-Sí, porque la palabra iba
acompañada de una voz particular, aguardentosa y una
postura física muy acorde con el cuento que estaba
haciendo. ¡Nos estaba metiendo la mula pero
genialmente! Dicho con el mayor de los respetos,
desde luego.
-Entonces te llevás bien con la
literatura.
-Soy un lector voraz.
-¿Y de los universales?
-Hay muchos. Hay uno que lo
nombro aunque no es conocido, un escritor inglés que
me llega muy particularmente por el humor y la
fineza para la pintura psicológica que se llama
Evelyn Waugh. Es el autor de una novela que se llama
"Nuestros seres queridos". Es contemporáneo de
Aldous Huxley. Es un gran escritor. Pero no es el
único de los que a mí me gustan. Uno de mis
preferidos -otra inmodestia. que lo leo en francés
porque es fácil leerlo-, es Alejandro Dumas. Releo
cada tanto "Los tres mosqueteros" para mantener un
poco el francés pero también para gozar de la
capacidad literaria de un best seller del siglo XIX.
También soy lector de grandes escritores modernos y
actuales, como Faulkner, por ejemplo, Saramago,
Proust que leo de a trozos, y si cuadra algún
clásico, La Ilíada, Shakespeare o El Quijote.
-Dicen que Dumas tiene una novela
sobre Uruguay.
-Sí, pero es muy mala. Se llama
"La nueva Troya".
-¿A qué se refiere?
-Se refiere al sitio de
Montevideo por Manuel Oribe en la lucha entre Rosas
y el Directorio uruguayo. Salió un artículo en estos
días, en El País cultural, donde dice que Dumas hace
una novela sobre Uruguay por las versiones que le
cuenta un enviado por el gobierno de Montevideo
sitiado a Europa a hacer propaganda y obtener ayuda.
Era Pacheco y Obes, que le habló del Uruguay, de lo
que era la guerra, que pasó por ella Garibaldi y
Dumas escribió "La nueva Troya".
¿Hay algun autor clasico con el
que no pudiste o quisiste leer?
- No pude con el Dante que tiene
hermosísimos versos tomados aisladamente y a mí me
encantan, la sátira, "lasciate ogni speranza voi che
entrate" pero que nunca lo pude leer. Pude con el
Ulises de Joyce, uno de los que me gustan, que es un
experimento literario bastante complicado, sobre
todo en la época en que yo lo leí. Me gusta
Cortázar. Borges, un señor escritor, pese a todo lo
que se pueda pensar de él como hombre político. Una
maravilla, porque Borges tiene el don de educarte
con sus textos, sobre todo si sos periodista. Te
enseña la síntesis. Es un tipo muy ceñido, apretado
y lleno de sugerencia. Y las novelas policiales.
Corresponde dar dos vicios personales míos: las
novelas policiales que las leo viejas, nuevas, las
que haya. Y los crucigramas. Son dos pasiones que
yo tengo además del cine.
-La Divina Comedia nunca se llevó
al cine.
-Debe haber alguna muda. Es muy
difícil.
-Pero ahora que hay tanta
ficción...
-Que yo haya visto, ficción bien
llevada, está Hamlet por Olivier y la versión del
ruso Kosinsev.
-Cualquiera de las dos versiones
es buena.
-La rusa tiene versos en ruso
traducidos del inglés por Boris Pasternak.
-El autor de "Dr. Zhivago", que
fue llevada al cine. Una película que provocó un
revuelo bárbaro.
-Una película de uno de los
grandes realizadores, David Lean, que tiene esa
película pero sobre todo "Lawrence de Arabia", una
maravilla. Junto a John Ford, el maestro, (irlandés
afincado en Estados Unidos), David Lean fue uno de
los grandes narradores del cine. El cine en que una
de sus virtudes mayores es la narración tiene en
David Lean a uno de los grandes.
-Leyendo la novela de Boris
Pasternak, allí había elementos para leer la
historia contemporánea.
-Sí, era muy bueno.
Y menciono, por una asociación
de ideas un poco bastarda en relación con Pasternak,
la novela "La casa rusa" del maestro de la novela de
espionaje que es John Le Carré, donde a través de
una incidencia recrea el mundo de la Unión Soviética
que hace acordar a Dr. Zhivago, sobre todo por el
clima que logra.
-Allí hay en la novela y en la
película también un hurgamiento importante en el
alma de la gente.
-Sí, sobre todo los personajes
centrales, el inglés, esa suerte de anarquista,
humanista, librepensador. Claro…, tu te refieres a
Dr. Zhivago y yo estoy hablando de le Carré
-Está también el factor de la
mujer, porque Lara tiene un alma muy compleja.
-Muy compleja pero romántica. En
el Dr. Zhivago, que está bien captado en la
película, hay dos personajes que son bien
interesantes: el jerarca de la policía política, que
lo hace Alec Guinnes y el personaje que une toda la
historia que es la hija de Lara. Son personajes que
están muy bien, no para hacer una visión
propagandística de un sistema, sí crítica de un
sistema pero no disidente.
-Ahí estaba la sutileza, incluso
en la novela.
-Los jerarcas allá dijeron "ésta
es una novela anticomunista" y plam.
-Cortaron grueso.
-Sí. La burocracia cultural es
temible, y está en todas partes.
-Cerrando este diálogo. El
Uruguay vive una realidad política especial,
distinta. Tú que fuiste un hombre que estuviste
siempre cerca de la izquierda y de los cambios
políticos, hoy el Uruguay llega a un gobierno de
izquierda. ¿Qué es lo que percibís en la sociedad
uruguaya, en la cultura? No te hablo de plata, ni de
presupuestos sino de factores distintos.
-Yo creo que todavía hoy el
político uruguayo no le da la importancia que tiene
a la cultura. Pienso que subraya la importancia que
tiene la educación olvidándose del paso superior que
es el de la cultura. Todavía no hay, en un gobierno
de izquierda -que parece milagroso que pueda hacer
algo con toda la barahúnda de mangueras que hay de
todos pidiendo todo ya hoy, hoy; con cierta justicia
pero también con cierta trivialidad de aprovecharse
de un gobierno que sin duda no va a reprimir. Esto
lo digo con la mala intención de Oribe Irigoyen.
Pero en síntesis, ha habido
avances en cuanto a premiaciones y cosas por el
estilo, pero todavía no ha cuajado una política
cultural de un gobierno que debe tener, por lo menos
en el horizonte intelectual que la cultura es el
ingrediente esencial del futuro. Cuando hablo de
cultura hablo del conjunto que incluye ciencia,
tecnología y arte. No lo veo eso. Ahí pongo puntos
suspensivos. En un gobierno que para mí todavía, con
algunos avances significativos, está administrando
mejor que blancos y colorados el capitalismo
uruguayo. Y si me apurás, con dos años y algo más de
gobierno ya es demasiado en un país que está
aferrado a las cosas viejas; que está todavía hoy
soñando con conseguir el empleo público que era
fenomenal en los años 50. Todavía hoy el Uruguay
quiere cambiar, pero "no a mí".
-¿Pero le das mérito entonces?
-Por supuesto que sí. Imaginate
todo lo que ha tenido que enfrentar este gobierno.
La Argentina. No voy a mencionar ese asunto.
-Bueno, pero todos los gobiernos
tienen que enfrentar cosas.
-Sí, pero estos son muchos. Está
solo el gobierno. Tiene el apoyo de la gente para
votarlo. Pero luego, está solo en muchos planos.
-Ya lo votó el 50%.
-Sí, y lo va a volver a votar.
Pero en el juego diario... es "dame la mía hoy".
-Pero la sociedad está castigada.
Pide porque está entre otras cosas con hambre una
buena parte.
-Sí pero también este concepto
que voy a decir con maldad: "aprovechemos porque son
de izquierda". Porque muchísimos que se mueven hoy
no se movían ni con Sanguinetti ni con Batlle. Se
mueven hoy porque el campo es de orégano. Dicho con
el mayor respeto por el pueblo uruguayo, faltaba
más. No me gusta el uruguayo, en algunas cosas no me
gusta nada. En otras es maravilloso.
-Bueno, algún defecto teníamos
que tener.
-Sí, pero hay algunos defectos
demasiado generalizados, demasiado.
-¿Qué más falta para completar tu
vida en este relato?
-Falta mucho...
-Después de aquel libro,
¿intentaste escribir otros?
-La verdad que no. Porque a mí me
ocurre una cosa que me ha marcado de alguna manera.
La he perdido a veces. Yo no creo en lo que hago.
Siempre me da la sensación de dos cosas: una, que yo
hago las cosas porque me las ordenan. Si yo puedo no
hacerlas no las hago. Tengo que tener un impulso
exterior por un lado y también un impulso interior
para esforzarme a escribir una nota para La ONDA y
entonces para escribir en La ONDA dejo pasar los
días, no pienso nada, ya voy a resolver. Y cuando
llega el jueves y llamo para decir "tengo la nota"
tengo que encontrar el tema... Yo trabajo
contrarreloj, una por la deformación típica de los
periodistas que trabajan a rigor del tiempo. Por lo
menos era así antes, no sé ahora. Y la otra es que
yo soy un creído perfeccionista. Creído en el mal
sentido de creer que yo soy mucho más capaz de lo
que hago.
-Pero entonces tenés que estar
conforme contigo mismo.
-No, jamás he logrado eso. Tanto
es así que a veces me ocurre lo siguiente: Yo no
tengo archivo de lo que hago, nunca lo tuve, nunca
me interesó.
-Es una vida de episodios
entonces.
-Seguro, como si eso ya pasó, no
le interesa a nadie. Me ocurre a veces, que alguien
con buena voluntad me trae una vieja crítica y
entonces digo: "¿yo escribí esta cosa tan buena"?
-En eso te salva la historia. No
tenés de qué arrepentirte.
-No, de arrepentirme tengo
carradas como tiene todo el mundo. Pero nunca pude
superar ese elemento que hace que yo persista, por
ejemplo en hacer cine. Si hubiera sido un real
cineasta, un tipo que realmente cree en el cine y
cree en la creación del cine hubiera optado por el
cine y no por el Partido. ¿Es así o no es así?
-O por lo menos le hubieras dado
al cine más tiempo.
-Soy dogmático en las elecciones.
Sí o no. Y quizás ese dogmatismo psicológico me hizo
aceptar barbaridades como la invasión de los tanques
en Checoslovaquia. Estuve de acuerdo. Además pienso
lo siguiente, con la perspectiva del tiempo, la
intervención en Hungría estuvo muy bien porque lo
que se venía en Hungría era el fascismo viejo, pero
en Checoslovaquia no era lo mismo. Aunque hubiera
intervenido el capitalismo, desde luego.
-Eso aparecía como una propuesta
dentro del socialismo.
-Seguro. Y era. Podía haberse
desviado, yo que sé, pero la perspectiva era buena.
Otra cosa es que mis vocaciones
personales no son lo suficientemente fuertes como
para romper la rutina. Yo soy un tipo encantado de
la rutina. Más aún, no sólo estoy encantado de la
rutina sino que creo que la verdadera libertad del
ser humano cae en la rutina. Es decir, cuando se
termina de dominar la rutina de tal manera que se la
rompe, esa cosa dialéctica, para mí es fundamental.
Eso soy yo.
-Dicen que la rutina permite
rendir.
-Sí, rendir, pero liberarse. Eso
lo dice de una manera bastante sutil una película
que vino hace poco que es la historia de un chico
joven judío húngaro que en la adolescencia es
internado en un campo de concentración. Cuando es
liberado, después de una lucha espantosa por la
sobrevivencia en materia de sed, hambre y
enfermedad, no consigue reintegrarse en la sociedad
húngara libre. Y entonces llega a la conclusión de
que los momentos de éxtasis, de felicidad, de
libertad, estaban cuando luchaba por un pedazo de
pan o un trago de líquido en los campos de
concentración. Esa cosa que es tan monstruosa es tan
humana al mismo tiempo. Yo entiendo ese ser humano.
Como entiendo a Petronio, esa cosa ladina,
canceriana -yo soy de cáncer- que no enfrenta. Yo no
soy de enfrentar.
-Sos un librepensador pero no
para la pelea frontal.
-No me gusta la violencia. La
padecí e intervine en algún acto de violencia a
pesar mío. A mí la violencia me parece que por lo
menos no hay que hacer propaganda por ella como hace
todo el mundo por todos los medios de comunicación
publicitándola. Creo que la violencia es un hecho
humano, de todos los hombres, pero vamos a no darle
manija. Creo. Y yo soy eso.
Me identifico por ejemplo, que no
sé si lo conocés, con el agente Smiley de Le Carré,
que es un gordito culto. Yo no soy un gordito,
pretendo ser culto, que con melancolía, desencanto y
lucidez, lucha contra el enemigo. Yo soy el
melancólico desilusionado que pelea por un mundo
mejor. Esa contradicción es Oribe hoy. No soy
exultante. Lo soy cuando quiero convencer a alguien
porque soy tímido y entonces digo las frases con un
énfasis que parece que soy un tipo agresivo, pero no
lo soy.
-Además sos enfático también en
el razonamiento, en la agudeza.
-Sí, cuando le emboco.
-Pero la creación es eso, el
contradictorio, también es el errar.
-Claro. Popper dice que la
historia de la humanidad es la historia de los
errores corregidos. Y yo soy eso, error tras error,
paso a paso. Es muy uruguayo además.
-Esa es una vieja impronta de la
cultura. Los diálogos de Sócrates eran buscando
demostrar a sus alumnos que los errores podían
transformarse. Creo que ahí hay una impronta humana
que a veces es consciente y a veces no.
-Pero yo pienso que el hombre
tiene otro modelo: la verdad la tengo en el puño. No
me vengan con historias, la tengo aquí, aferrada. Y
con ella, para adelante. Yo no creo en esa
propiedad privada de la verdad.
-Parecería que eso es más bien el
poder, pero no la cultura del hombre.
-No, la cultura es una síntesis
muy compleja.
-Yo creo que eso del puño que tú
decís tiene más que ver con el poder.
-Bueno, a mí no me gusta el
poder, nunca me gustó. Ni siquiera el poder
socialista. Es malo. No creo en esa síntesis que se
ha hecho de que el poder corrompe. No es eso, es
otra cosa. El poder es una suerte de abismo que los
grandes líderes de cualquier actividad son capaces
de asomarse a él. El poder de Picasso para plasmar
pinturas; el poder de Lenin para imponer una
revolución en un país que... pobrecito.
-Pero parecería que esos poderes
ejercidos así, son los que han movido a la
humanidad. Porque sin Picasso no existiría la
pintura moderna.
-Sí, es verdad. Pero también es
verdad que sin Picasso hay pintores. De pronto
pintores que andan cerca.
-La pregunta entonces es si es
necesario que esa gente exista.
-Absolutamente sí. Porque en
definitiva, yo creo que la humanidad es la historia
de los menos. Que empiezan encontrándose con un
muro, empiezan a horadar el muro como la gota de
agua o como el cataclismo. Hay tipos que rompen y
saltan; otros horadan.
-Y también saltan.
-También saltan. Esa es la
historia de la humanidad, por usar un término más
simpático que masas, va entrando de a poco en ese
mundo, trayendo la tradición que es la depuración
histórica de los valores que el hombre ha creado o
trayendo el lastre de lo viejo. Ahí está todo el
juego. El lastre ¿es tradición? No sé. La cuestión
siempre la trae el futuro, un futuro que nosotros no
podemos determinar.
-Si te dieran ahora la
posibilidad de hacer una película ¿sobre qué la
harías?
-La película que yo haría sería
la historia de la tercera edad como padecimiento y
como futuro. Viejos como yo diciendo su discurso
bueno, malo o regular y proyectado hacia el futuro.
Porque soy un viejo.
-¿Te pesa?
-No, no. Bueno, físicamente me
pesa, me tiene harto.
-En otros sentidos.
-Lo que pasa es que cuando uno
llega a viejo piensa que debería tener veinte años.
Y utilizar todo eso que trajo para proyectarse pero
lamentablemente cuando uno llega a viejo no puede.
-¿No será que uno piensa como
viejo cuando es viejo?
-No. Hay una enorme cantidad de
gente que es viejo, en el sentido de que piensa como
viejo siendo viejo.
-Quiero decir que uno al llegar a
viejo piensa en términos de fin de la existencia.
¿No será por ahí?
-No en mi caso. Eso sí debe estar
porque soy viejo, pero en mí está ¡la puta lo que me
voy a perder! Yo siempre pienso en lo que me voy a
perder. Porque a pesar de todos los pesares, que
esta no es una década por lo menos hasta ahora más o
menos brillante en términos generales...
-Pero el mundo va mejorando…
-El mundo va cambiando. Pero ¿qué
es mejorar? ¿Es cambiar según mis cánones o según
los de ahora?
-Hay cánones universales. Por
ejemplo, la comunicación, ya que estamos contigo que
sos un hombre de cine. Es pensable que en el mundo
del futuro haya más comunicación.
-Todo indica que sí, que hay las
posibilidades. Lo que yo no sé es si hay las
realidades. Porque todo proceso trae eso, la
apertura y el cierre. Por ahora no está claro que
toda esa maravilla que hay desde internet hasta el
teléfono celular (que en mi opinión incomunica a la
gente más que antes), aunque es una gran ayuda. Pero
hoy la gente se comunica por el celular y aprovecha
porque es más barato, los mensajes esos...
-¿No será que la gente se
comunica menos intimistamente?
-Puede ser.
-Es mayor el número de
comunicandos pero en todo el planeta la parte
intimista de la comunicación es menor.
-No, tiende a desaparecer.
-En el caso uruguayo el
intimismo, por lo menos para una parte importante,
estaba por ejemplo en los cafés. Eso no se da. Pero
hay varios millones de llamadas de uruguayos por
teléfono.
-El problema al comunicarse en
forma millonaria, es si le dice "estoy en el
ómnibus, llego en diez minutos" o le dice "el
problema de Eugides es éste, éste o éste". ¿Cuál es
la comunicación verdadera? Todo depende. Yo no he
oído ninguna conversación digital que vaya más allá
de esas menudencias (por idioteces) o decir "mirá,
vendé", que puede ser importante, claro.
En la barra de café había
conceptos. Buenos, malos, falsos, verdaderos, pero
había. Había controversia, debate. Había tiempo para
la controversia y el debate. No es para ir en el
ómnibus hablando cinco minutos. No lo sé. Yo me
pregunto. Creo que es un instrumento, como todo
instrumento, válido según el uso. Como la
televisión, que es un desastre universal. Pero ese
soporte no tiene la culpa, tienen la culpa los
dueños.
-¿No será que los intelectuales
la usan poco también?
-Puede ser.
-Porque imaginate a Espínola
pasado por una cadena universal.
-Puede ser. Te doy la chance de
la esperanza. Yo no la tengo.
- Hoy cuando te falta plata
¿sentís que tu vida pudo haber sido distinta?
-
Desde luego
que puede haber sido distinta y de muchos modos. En
ese aspecto, estoy con Sastre en que la vida humana
es sucesiva y larga una larga serie de opciones que
van definiendo e incluso determinando una
existencia. Muchas de ellas son opciones no más,
cotidianas que no hacen a lo esencial, otras, las
menos son fundamentales o capitales, condicionan
años o décadas de una vida por o a ella misma. En el
acierto o el error, a veces esencial, esas opciones
constituyen un apasionante juego de libertad y
determinismo. Con el agregado no menos apasionante
del azar- y buena salud, si no todo inútil-, Digo
yo, no sé, estoy apostando un full contra una
escalera real.
- ¿Valió la pena toda tu vida?
-
Desde luego que
valió la pena, no me lo habría perdido por nada del
mundo. Y no es que no hubiera podido ser otra, como
yo dije, pero viví durante uno de los siglos más
ricos de la historia de la humanidad, eso pienso, lo
hice con bastante intensidad y pasión, arrancándole
cosas a los hechos y lo bien que hice.
- ¿Qué te faltó?
- ¿Qué me faltó?
Muchas cosas, falta de voracidad existencial, mayor
conocimiento, apenas conozco una isla pequeña del
océano; mayor lucidez para no tropezar siete veces
con la misma piedra; no haber tenido una vocación
decisiva para el arte, la ciencia o la haraganería.
Con la política creo estar cumplido. También me
falto un poquito de ambición y eficacia económica
para vivir. Y sobre todo saber quien soy. Todavía me
estoy buscando, con algo de fe y poca esperanza.
Pero buscando.
LA
ONDA®
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