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La educación es un bien social, lo que El profesor Carlos Piedra Cueva, ex inspector de Filosofía del Consejo de Enseñanza Secundaria, propuesto por el Consejo Directivo Central de la ANEP para integrar la Comisión Organizadora del Debate Educativo, fue entrevistado por La ONDA digital sobre la reforma educativa y la política para la formación docente. - En las últimas décadas casi todas las administraciones de Gobierno promovieron una reforma de la educación y la enseñanza. ¿Por qué es necesaria ahora una nueva reforma en la enseñanza y la educación? - Creo necesario, en primer lugar, establecer algún tipo de distinción entre los términos “enseñanza” y “educación”. Por el primero, debe entenderse especialmente el conjunto de técnicas referidas a la transmisión de conocimientos, tanto desde el punto de vista del emisor, el docente, como del receptor, el alumno; es decir, todo lo relativo a la eficacia con la que los saberes pasan de uno al otro. En cambio, la educación tiene una referencia más amplia, que comprende todas las modificaciones, intelectuales, emotivas y conductuales que se espera operar en los alumnos; en este aspecto, los conocimientos impartidos a través de la enseñanza resultan uno de los medios para ello, pero no los únicos. Mientras los saberes operan al nivel del conocimiento, la educación propiamente tal hunde sus raíces en la totalidad de la persona, para lograr la autointernalización de valores, pautas de conducta, emociones y motivaciones que operen desde adentro hacia fuera.
Es, en esencia, ni más ni menos, que una ayuda, un estímulo, una orientación, un empuje para el crecimiento interior de los niños y jóvenes. Respondiendo concretamente la pregunta, es verdad que en casi todas las últimas administraciones de la educación se hicieron reformas. Pero éstas tenían las características de ser:
a) parciales, es decir, referidas mayormente a modificaciones curriculares de planes y programas, y a determinados segmentos del ciclo educativo.
b) burocráticas, es decir, implementadas desde la burocracia técnica, sin consultas ni participación de los docentes.
c) por eso mismo, verticales, es decir, impuestas desde la “autoridad”. Por el contrario, el actual debate educativo parte de una concepción filosófica completamente distinta: que la educación compete a toda la ciudadanía; que ésta tiene derecho a participar, a opinar, a proponer; que los padres, tanto como los docentes y los alumnos, deben ser oídos e incorporados a la problemática y sus opiniones deben ser tenidas en cuenta; en fin que todas las organizaciones significativas para el país, – y no sólo las constituidas por los grupos profesionales de docentes - tienen derecho a expresarse sobre un problema que interesa vivamente para construir el país que queremos.
- ¿Cómo definiría conceptualmente la reforma educativa que necesita el Uruguay contemporáneo? - Ante todo, debo aclarar que me expreso a título personal, exclusivamente; mis opiniones no comprometen en nada a la Comisión que integro. Pienso que resulta muy urgente:
a) ir a una democratización de la educación, término complejo pero que se refiere concretamente, desde el exterior, a una participación ciudadana amplia, plural, apartidaria, abierta y competente en el gobierno de los entes educativos. Desde el interior, democratizar la educación significa crear condiciones de efectiva igualdad social y educativa para que todos los niños, jóvenes e inclusive adultos, puedan acceder a los mismos niveles educativos de idéntica calidad. Cuidar el acceso y el egreso de todos los educandos en igualdad de condiciones a idénticos niveles educativos. La educación es un bien social, lo que obliga al Estado a desarrollarla, y es un derecho de cada persona, que debe encontrar la posibilidad efectiva de alcanzarla.
b) En segundo lugar, y siendo las características más notorias de estos tiempos el cambio y la incertidumbre, los sistemas que se implementen deben ser flexibles, dinámicos, abiertos, para que tengan la virtud de autoreformarse y autoadaptarse los cambios.-
c) En tercer lugar, como exigencia ineludible para superar la anomia ética que se viene instalando cada vez con mayor fuerza en la sociedad, la educación deberá enfrentar la formación moral, la internalización de valores, la conducta ética, honesta, solidaria, como condiciones para revalorizar la convivencia social.- Junto a ello, deberá ocupar lugar destacado la formación del carácter, el elogio del esfuerzo, del trabajo y la responsabilidad, como los únicos recursos válidos para lograr el éxito.-
- ¿Conoce alguna experiencia contemporánea de bases educativas que podamos tomar como referencia al pensar nuestra reforma? - Como la organización jurídico-institucional de nuestra educación es obsoleta, perimida y muy atrasada, valen como ejemplo muchas legislaciones más actualizadas en diferentes países; en nuestra tradición escolar siempre han pesado bastante los modelos franceses y españoles, por ejemplo. En cuanto a reformas educativas funcionando actualmente, - que siempre resulta difícil trasladar “in totum”, ya que cada país tiene su idiosincrasia y sus antecedentes culturales exclusivos - , parecen exitosas algunas experiencias de la República de El Salvador, en cuanto a logros eficaces en la participación de los padres. Al interior de técnicas de organización pedagógica, existen muy buenos ejemplos en el Brasil, en Chile y en Costa Rica.
- ¿Qué características a su entender debiera tener la formación de maestros y profesores para llevar adelante los nuevos contenidos de la enseñanza? - En muchos países este problema es el nudo central a resolver. En el Uruguay, estamos conformes con los niveles técnicos de los maestros de Primaria. En Secundaria, trabaja todavía un alto porcentaje de docentes sin titulación, lo mismo que en la Educación Técnica. A todos los niveles- incluida la Universidad de la República - constituyen un serio problema las instancias superiores: la formación de los profesores de los profesores , los postgrados, la alta capacitación de técnicos en educación. En consecuencia, las políticas a implementarse para la formación de maestros y profesores deberán tender, prioritariamente, a universalizar la exigencia técnica de título para ejercer la enseñanza; en segundo lugar, deberá evaluarse la calidad de los docentes en forma permanente, con posibilidades de reciclaje y actualización en todas las áreas y en todo momento, dado que el saber avanza y cambia constantemente; en tercer lugar, cuando logre superarse esta etapa de déficit de docentes, y en un horizonte largoplacista, deberá repensarse toda la formación de los profesores y maestros; desde ellos se obtiene, en casi todos los casos, - pero no únicamente - la superación de los déficit cualitativos de la educación.-
- ¿Es aconsejable un único centro de formación docente para los distintos niveles de la educación uruguaya? ¿Debe pensarse en un organismo universitario dedicado a la formación docente? - Parece muy aconsejable que la formación de todos los docentes, para todos los niveles y todas las modalidades educativas, esté centralizada en un único organismo. Por supuesto esto no puede tomarse como único lugar físico; la descentralización, sobre todo hacia el interior del país, es altamente deseable y muy necesaria.
La unificación está referida a una única administración y gobierno. Pero bajo la ineludible condición de que la flexibilidad de planes y programas, de egresos legítimos según las modalidades y niveles, de movilidad horizontal y vertical dentro de la Institución, deberá ser satisfactoriamente reglamentada. Una única administración garantizará la calidad de programas y uniformizará niveles exigentes de egreso. Una única administración permitirá la contratación de expertos extranjeros para toda la población estudiantil, la adquisición de materiales bibliográficos específicos, caros y escasos, que circulen en el exterior, la administración de becas, semibecas, internados, etc. con criterios igualitarios.- Pero insisto que deben aprobarse planes muy flexibles para las distintas categorías de docentes, secuencias racionales para pasajes verticales, egresos titulados para los distintos niveles y toda forma de estímulos aconsejables; que deben instalarse en el interior del país los institutos de formación docente de acuerdo con criterios racionales para facilitar la asistencia, la permanencia y la calidad de los estudios realizados.
Finalmente, pienso que, aunque en nuestro país no existe la experiencia de que estos niveles de formación técnica estén radicados en la Universidad de la República, debería plantearse – para su resolución entre todos los estamentos involucrados en la cuestión – la posibilidad de la creación – en la Universidad – de una Facultad de Ciencias de la Educación y Formación Docente – como solución óptima a este problema. También pienso que – con Universidad o sin Universidad – la carrera profesional de docente debe prolongarse a un mínimo de cinco años de estudio.
- El que permanezcan diferencias grandes y problemas en la implementación de un presupuesto dedicado a la educación y la enseñanza, ¿no agrega un riesgo de una nueva frustración sobre las reales posibilidades de éxito de esta próxima reforma de la enseñanza? - Vayamos por partes. En el momento actual, el presupuesto global destinado a la educación, alrededor del 3% del PBI, - incluida la Universidad – es notoriamente insuficiente. Se advierte claramente en el déficit de buenos edificios escolares, en la falta de aulas para recibir a los alumnos por un período pedagógico más amplio, en la carencia de equipamientos tecnológicos indispensables, y sobre todo, en los muy magros salarios de los docentes.
El Gobierno ha prometido elevar los recursos destinados a la educación hasta el 4.5% del PBI al término de este período de gobierno. Es lento y seguirá siendo poco. Si bien es cierto que toda la problemática de nuestra educación no se explica “únicamente” por falta de recursos, la escasez de dinero ha producido consecuencias altamente indeseables para una sociedad democrática: la desigualdad y la inequidad.
Se ha instalado entre nosotros una doble educación: la de los muy pobres, en zonas carenciadas y marginadas, barrios de indudable “riesgo social”, aquellos que no están siendo “contenidos” en instituciones escolares, de tiempo completo, que deberían tener instalaciones completas, amplias, totales, modernas, para atender todas las necesidades, emocionales, sociales, culturales, deportivas, etc.- de esos niños, por una parte.- La que se brinda en situaciones más o normales, por otra. En la primera situación, los niños no retenidos, pasan a integrar el mundo de los malabaristas de las esquinas y calles montevideanas. Es una situación inaceptable de todo punto de vista.
Pero en segundo lugar, también es cierto, que no es realista ni correcto pensar que todo esfuerzo educativo, todo intento reformista, y en nuestro caso, todo el esfuerzo y el resultado del debate educativo, naufragarán por presupuesto escaso. Felizmente, no todo es dinero; también existe la imaginación creadora, la voluntad tenaz, la conjunción de esfuerzos, la búsqueda solidaria, y la proyección entusiasta, virtudes todas de que han dado muestras los educadores uruguayos en repetidas ocasiones.
- Los organismos actuales del gobierno de la enseñanza y la educación ¿son adecuados como están pensados o deben tener otras características para llevar adelante estas reformas? - Ya expresamos más atrás nuestro concepto sobre la forma actual de gobierno de nuestra educación. También dijimos algo sobre la democratización de las instancias de mando. Tal como están establecidas las normas de la ley 15.739, completadas por la ley 16.115, la integración del Consejo Directivo Central de la ANEP, por un lado, y de los Consejos Desconcentrados, por otro, obedece a la lógica política del resultado eleccionario.
Esto debe cesar con urgencia y lo será por la reforma que se piensa implementar. La educación “no pertenece” al partido ganador de las elecciones. Los niños y jóvenes uruguayos no pueden estar asimilados a “teléfonos” o “energía eléctrica”, tal como lo es hoy, por cuanto los entes de la educación se nombran a través de los mismos procedimientos y con las mismas garantías partidarias que la UTE y la ANTEL. La educación es un bien nacional, su implementación supone políticas de Estado, los niños y jóvenes no pertenecen a nadie, sino a sí mismos.
- ¿Cómo concibe la participación estudiantil en el gobierno de la enseñanza? - La modernización y actualización de nuestras leyes de educación, deberán, sin duda alguna, contemplar la participación de los docentes, de los padres y de los alumnos mayores en el gobierno y administración de los entes de enseñanza. En otros trabajos que he publicado, llamo a esto “la autonomía participativa”. Porque son dos conceptos que deberán unirse: la autonomía, como forma independiente de gobierno, y la participación, como modo democrático de inclusión. Los tres estamentos, profesores, padres y alumnos, han de constituir una voz insustituible y necesaria.
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