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CINE
Decíamos en
nuestro anterior análisis que la acción base de Frecuencia
mortal está en tragicomedia -quiere decir aventura-, en
tanto que la acción subordinada principal se sostiene en la
comedia: téngase en cuenta en este último caso que la compulsión
del hermano del protagonista, la tendencia a la realización
personal a través de la burla a los demás, es lo que le da
característica, debido a que resulta el mal que se evoluciona en
la historia, que hace a la situación reversible y edificante. Esta mezcla de géneros
que desde el renacimiento llena de vida el espectáculo
dramatizado, presenta el serio inconveniente de la posible falla
en la selección de los que se van a acompañar para contarnos una
historia. En Frecuencia
mortal, insistimos, tenemos la acción base en tragicomedia, género
no realista que impone un héroe protagónico sobresaliente,
alguien que, al contrario de lo que sucede en este filme, no se
deje manipular por un hermano medio delincuente y, principalmente,
que sepa defender a su amada.
Estas imprescindibles características de la aventura se
ven dañadas por la compañía de la comedia; género que, al ser
realista, es decir, más fuerte, impone, además de su tono, la
levedad de una acción que se prepara para un final reversible,
edificante y feliz. Resultado:
ambigüedad en la acción base por el desdibujo de un protagonista
que no alcanza la altura necesaria de un héroe. Sucede todo lo
contrario en Ni una palabra. En la acción base
de este filme tenemos a un grupo de delincuentes que asaltan un
banco con el objetivo de hacerse de una joya valorada en diez
millones de dólares. Lo
logran, pero quien abre la caja de seguridad engaña al jefe de
los ladrones y se apodera del botín.
Luego sabremos que el grupo ajustició al traidor, que
cumplieron diez años en prisión por ello, y que la única que
sabe donde está el botín es la hija del ladrón muerto. ¿Podrá haber dudas sobre el carácter no realista del género
de la acción principal de este filme?
Veámosla aún más en detalles: Lo
que causa el conflicto, el detonante,
es el robo de la prenda; pero la intención y la oposición
giran alrededor del interés de Patricth, el jefe de los ladrones,
por recuperar la valiosa joya y el secreto de su escondite que lo
guarda la paciente del doctor Conrad; más tarde el conflicto se
desenlaza cuando, en buena lid, el galeno entierra con la prenda
al delincuente. Lo fácil
del robo (se obvian los esfuerzos), el engaño, el cambio del
estuche de la joya, la persecución, la traición, la venganza.
Todos son elementos que tuvieron soluciones de aventura.
Pura tragicomedia: estereotipos que por serlo carecen de matices
psicológicos, encarnaciones del concepto de la maldad, amén de
los recursos de las venganzas
y las persecuciones. Fleder logra entretenernos con una fórmula
que siempre da resultado: la búsqueda de un tesoro. Pero el personaje que
inconscientemente oculta la joya es paciente del doctor Conrad, y
con el secuestro de la hija de este último por parte del maleante
el conflicto adquiere las complejidades de la psicología.
Si Patricth es un tipo,
y por lo tanto sólo encarna un concepto -en este caso la
maldad-, los avatares y la solución del conflicto del médico lo
diseñan como todo un personaje tridimensional.
La solución produjo un cambio conductual que va más allá
de las ideas del bien o del mal; la circunstancia así lo ha
querido, por ella fue capaz de matar. De modo que estamos en
presencia de hechos y conductas sólo posibles en un género
realista, en una tragedia, específicamente por la muerte psicológica
que ha tenido lugar en la figura paterna, quien jamás podrá ser
el mismo después de lo que le ha sucedido a su hija, así como en
el hombre pacífico que le ha dado muerte a un ser humano. Contrario a Frecuencia
mortal, donde la comedia como acompañante de la aventura
debilitó al protagonista, acá la tragedia permitió una
creíble curva de transformación en la figura central, un
crecimiento que fue desde el hombre común hasta las
circunstancias en las que el miedo, el sentimiento filial y la cólera
dan lugar a la actuación heroica. En la principal acción
subordinada tenemos al mismo doctor Conrad, pero ahora ya no tan sólo
interesado en la paciente, sino con el empeño de sacarle la
información para salvar a su hija secuestrada.
Finalmente obtiene la confesión. Dicha acción también
maneja elementos de la psicología, característica del ser humano
que entorpecen la ligereza y sencillez necesaria a la aventura, y
las motivaciones y recursos de manipulación son reales.
De modo que también en esta acción subordinada estamos en
presencia de la tragedia. A pesar de que el elemento de la muñeca de trapo hace algo
melodramática la solución, pues interviene la casualidad de que
el doctor empleara el regalo de una similar muñeca a la que luego
vamos a saber es donde está escondida la joya que buscan. Sin embargo, en la siguiente
acción si estamos de plano en la aventura que requiere el género
de la tragicomedia: Aggie Conrad, la mujer del doctor y madre de
la niña que los delincuentes han secuestrado, está
en la cama con una pierna enyesada.
Obstáculo socorrido que hace más meritorio su esfuerzo
por tratar de rescatar a su hija, quien se ha comunicado con ella
a través de las instalaciones de la calefacción, pues la niña
ha estado en un apartamento del mismo edificio.
Pero antes de que lo logre, los secuestradores trasladan a
la presa codiciada. Una investigación puede ser
muy realista, pero aquí median los obstáculos, y las
complicaciones para hacerla aventurera: Cassidy, la detective que
interviene en el caso, evidentemente está llamada al fracaso o al
menos sólo a una colaboración oportuna, pues, luego de que
asocia los datos que la llevan al mismo lugar donde está la joya
y se desarrolla el combate final, únicamente es el protagonista
quien debe vencer a los malos. Antes de que la oficial pueda hacer
algo más, una bala la hiere para dar oportunidad de lucimiento al
sencillo padre de familia doctor Conrad. Es decir, de ninguna
manera Cassody podía darle solución definitiva al conflicto. Quedaría por reflejar la
inicial acción del también doctor Lois, quien engañosamente
involucra a Conrad en el caso de la paciente catatónica por el
también secuestro y posterior sacrificio de su novia, igualmente
a manos de los bandidos. Genéricamente también con solución de
tragicomedia. En fin, una curva de
transformación del protagonista que va del hombre común al héroe;
un ritmo, un tempo
stacatto, apropiado al género que se impone como acompañante de
la tragedia, que tal vez a la altura del preclimax se debilitó
por devaneo de la composición –muchas veces reflejo de la falta
de una meta clara antes de empezar a escribir-, pero que casi
logra ocultar una excelente y moderna edición.
Eficaz fotografía, actuaciones por debajo de lo que le
conocemos a actores como Michael Douglas, pero que pueden
catalogarse como funcionales.
De la música cabe
decirse que no se nota, que es como darle un calificativo de
perfección en su tarea de marco emotivo. En suma, si es útil dedicarle un tiempo al análisis estructural y genérico de Ni una palabra, es para demostrar que su mezcla de tragedia -en la acción central-, con tragicomedia -en la acción subordinada principal-, es mucho más funcional que la liga de la aventura con la comedia, como hizo Frecuencia mortal, siempre que hablemos de “thrillers”. LA ONDA® DIGITAL |
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