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Reflexiones
Los jóvenes como victimas

por Dr. Santiago C. Besuschio

Las recientes circunstancias lamentables que llevaron a la muerte a un gran número de jóvenes, ya previamente fue realidad en otros hechos similares, mortales, diferentes solamente en su magnitud. Estas muertes inútiles que segaron a seres con larga expectativa de vida, despertaron reflexiones diversas pero en ningún caso he escuchado la búsqueda de un camino hacia la solución de esta cadena de penurias, que puede calificarse de epidemia.

Los adolescentes y aún los niños, son conducidos a supuestas “expansiones” por una adecuada mediatización de una forma de vida exclusivamente instintiva, dirigida por quienes usufructúan del “negocio”, quienes ven progresar el mismo a medida que la juventud es sojuzgada por una rutina de expansiones mediocres o degradantes en los así llamados “boliches”.

Lejos está este estilo de vida de una aspiración hacia ideales superiores que, a mi juicio pueden ofrecer una posible solución hacia el futuro para esas edades que deben encerrar nuestros anhelos de esperanza de un país mejor.

Este nuevo sentido que invierte la dirección anterior que llevaban los hábitos de vida juveniles, requiere de la sociedad una tarea de gran magnitud, pues las circunstancias actuales hacen difícil esa realidad. No están ya los grandes maestros y profesores de las escuelas primarias y media, que debían nutrirnos de curiosidades e inquietudes de “noble ciencia”, el saber por el saber mismo.

En las diversas disciplinas de la escuela media, supieron conducir al alumnado de acuerdo a sus inclinaciones hacia la belleza, la práctica de las artes, letras, música, plástica; ciencias duras: física, química, astronomía; ciencias biológicas y médicas; estas sugerencias apoyadas por las familias convencidas del efecto de mejoramiento humano del conocimiento, generaban una pléyade de hombres y mujeres optimistas y laboriosos, la “aristocracia natural” de que hablaba José Ingenieros.

Hoy existen también muchos maestros y profesores frustrados en sus intentos, que siempre perduran, de promover el progreso intelectual y moral del alumnado, y también los padres, bloqueados y reemplazados por la opinión omnímoda de los medios, que consumen abundantes horas diarias de la actividad de las mentes infantiles y juveniles y que deben obrar sobre la masa video-oyente sugiriéndole una vida de placeres materiales, un presente que no finaliza nunca, haciendo olvidar la perspectiva de futuro, de crear valores, condición perenne en el espíritu en esas edades tempranas de la vida, en cualquier ciudad o país. Son los diamantes sin tallar, y para lograr tallarlos y ofrecerles una nueva visión de la vida se requieren en la sociedad voluntades que pongan en su camino las oportunidades y motivaciones para frecuentar e interiorizar gratuitamente la belleza de la buena música, las expresiones plásticas de la pintura y escultura, la lectura de libros clásicos (esos amigos silenciosos que siempre nos esperan y nunca nos reclaman nada) sobre todo de nuestros grandes valores literarios, o de las disciplinas acordes con las inclinaciones del niño y del adolescente, la práctica de los deportes que conducen a lograr una mente sana en un cuerpo sano, dentro de una amistosa camaradería (evitando así la pobre rutina de asistir al deporte espectáculo, otra fuente de degradación y violencia).

Existen aislados emprendimiento, acciones bien intencionadas dispersas en la promoción de esa vida superior para la infancia y la juventud, pero es como una valla de apariencia infranqueable que se debe sortear para lograr un espacio de silencio en los hogares para evitar la deletérea acción de la publicidad y los medios y lograr paralelamente una posibilidad de diálogo familiar tan necesario.

Los dirigentes de los medios audiovisuales saben que en las mentes irreflexivas, el sujeto receptor de la imagen pasa de esta a la acción, si no tiene un espacio de silencio, una pausa para la reflexión serena, que lo aleje de esa imagen dominante de su conciencia. De no ser así, asesinatos y violencia de todo tipo, que por otra parte afectan a nuestra sociedad gravemente, con el posible cortejo preparatorio de alcohol y drogas, se va instalando en el sujeto receptor del mensaje de forma tal que puede este llegar a ver en la realidad (ya no en la pantalla) una matanza de inocentes sin producirle ninguna reacción.

Esta gran tarea de toda la sociedad responsable debe ser emprendida como una emergencia si queremos cambiar el destino de muchos de nuestros niños y jóvenes.

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