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“Agencia Nacional de Innovación”
del Poder Ejecutivo, enfrenta a los
decanos en el CDC universitario
Las Actas de la polémica |
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Autonomía e innovación:
Varios consejeros (universitarios)
se ofuscan
Profesor Roberto
Markarian |
Autonomía e innovación:
Varios consejeros (universitarios)
se ofuscan
por Roberto Markarian
Profesor del Instituto de
Matemática (IMERL) de la
Facultad de Ingeniería, Universidad de la República
En la sesión del 1ro de noviembre próximo pasado el Consejo
Directivo Central (CDC) de la Universidad de la República (UdelaR)
trató una nota elevada por la Asamblea General del Claustro (AGC)
respecto de la creación de una “Agencia Nacional de
Innovación”. La Agencia se crea, sin exposición de motivos,
a través de un artículo único de la Ley de Presupuesto.
Dado que una nota periodística
reciente da información incompleta y hace algunas
interpretaciones rebuscadas sobre los contenidos de la polémica,
me ha parecido útil y necesario agregar algunos otros datos
sobre el asunto y rastrear sobre las posibles razones del
ofuscamiento manifestado por algunos Consejeros en esa sesión.
La nota referida (fechada 20 de
octubre, dirigida al Rector y firmada por el Presidente de la
AGC) dice muy brevemente:
“La Asamblea General del Claustro, reunida en el día de ayer,
resolvió poner en su conocimiento, y por su intermedio al CDC,
la preocupación por el contenido del Art. 236 (antes Art. 223)
del Proyecto de Ley de Presupuesto sobre la creación de una
“Agencia Nacional de Innovación”.
La iniciativa, en principio, no se compadece con las
consideraciones que sobre la ICTI elaboró la AGC, las que se
dieron a conocer al CDC en su oportunidad.
Por otro lado, le informamos que
la Asamblea de 10.09.05 resolvió solicitar la opinión de la
Dirección General Jurídica respecto a este tema.”
El Decano de la Facultad de Arquitectura (Arq.
Schelotto) abre la discusión manifestando preocupación por
“la manera de posicionarse que en esta instancia
ha tomado la Asamblea General del Claustro” dado que en la
"coyuntura tan especial del país y de elaboración presupuestal
cualquier señal externa que emita la Universidad debe ser
considerada cuidadamente”.
Poco después, el Decano de la
Facultad de Ciencias Sociales (Dr. Bértola) opina que esa nota
“es bastante críptica, es un poco indescifrable y muy escueta.
No se sabe muy bien en concreto a qué aspectos alude de esta
propuesta de creación de una Agencia Nacional de Innovación”, y
el mismo Schelotto dice que "la propia consulta jurídica me
suena un poco ya a un sentido casi inquisitorio”.
Así una comunicación del máximo
organismo deliberativo de la Universidad, en lugar de merecer
plácemes por la preocupación manifestada ante temas de notorio
interés universitario, genera el enojo y expresiones exageradas
de varios consejeros: lo del título.
La AGC, cumpliendo con
requerimientos constitucionales y legales, se había pronunciado
en febrero de 2005 sobre tres proyectos de Ley presentados en la
anterior legislatura que modificaban el régimen del Consejo
Nacional de Innovación, Ciencia y Tecnología (CONICYT), y más en
general, se referían a las políticas de ciencia, tecnología e
innovación. Las solicitudes de asesoría habían sido recibidas
entre diciembre de 2003 y agosto de 2004. Y poco después (marzo
de 2005) tomó una resolución ampliamente propositiva sobre “la
urgente necesidad de contar con un sistema nacional para el
desarrollo de la Investigación, Ciencia, Tecnología e Innovación
(ICTI), que se transcribe más adelante. Luego, en su resolución
del 20 de julio, relativa a “orientar el desarrollo de la
institución a mediano y largo plazo”, la AGC vuelve a ocuparse
de dicho sistema.
El artículo del proyecto de Ley de Presupuesto
que preocupa a la AGC expresa que la “Agencia
tendrá como cometido, organizar y administrar instrumentos y
medidas para la promoción y el fomento de la innovación, la
ciencia y la tecnología, promoviendo la coordinación
interinstitucional en forma transversal, articulando las
necesidades sociales y productivas con las capacidades
científicas, tecnológicas y de innovación.”
Parece pues muy natural que un
cuerpo que discute, se expresa y propone reiteradamente sobre
esos temas, se interese y manifieste preocupación ante el
tratamiento en LEY PRESUPUESTAL de un asunto de tal envergadura,
sobre el cual el país tiene una inmensa falencia doctrinaria.
Los dos Consejeros ya mencionados, y un poco más
adelante el Decano de la Facultad de Química (Dr. Nieto),
expresan que las resoluciones de la AGC han generado malestar en
distintos ámbitos de la vida nacional y universitaria. Estas
aseveraciones, que aparecen como un leit motiv de los consejeros
ofuscados, no se compadecen con el tono propositivo de la
segunda resolución de la AGC (ya mencionada, del
16 de
marzo de 2005)
deliberadamente ignorada (quizás desconocida) por
gran parte de los participantes en este asunto. Por ello me ha
parecido correcto transcribirla in extenso:
“1.
Toda elaboración de un sistema nacional para el desarrollo de
la investigación, ciencia, tecnología e innovación en el país
(ICTI), deberá ajustarse a la Constitución de la República. En
este entendido, se considera que los siguientes puntos
constituyen una primera base no exhaustiva de elementos a
incorporar a dicho sistema:
a.
Claras y adecuadas definiciones de
ICTI, así como de los objetivos y cometidos del sistema.
b.
Diseño e implementación de un
sistema sencillo, de fácil y clara administración, articulador
de las distintas competencias de los organismos e instituciones
actuantes, tanto públicas como privadas.
c.
Modalidades de vinculación del
sistema con la sociedad toda, tomando en cuenta aquellos
aspectos que refieran a la percepción de la ICTI por parte de la
misma, contemplando los cambios necesarios a implementar en el
plano de la educación en todos sus niveles para coadyuvar al
cumplimiento de sus objetivos; y en el plano de la transferencia
de resultados obtenidos en los procesos de desarrollo y
bienestar social.
d.
Dirección del sistema a cargo de un
órgano ejecutivo de un número reducido de miembros, en el que se
reconozca la incidencia histórica y actual de la Universidad de
la República en el desarrollo de la ICTI. Dicha dirección podrá
ser asesorada por un consejo consultivo integrado con
representantes de los órganos e instituciones y de la sociedad
civil, con competencia y/o relación con el desarrollo de la ICTI.
e.
Mecanismos de evaluación y control
de calidad de lo que los diferentes órganos del sistema
realicen.
f.
Creación de un fondo de
financiamiento o, en su caso, la definición de fuentes de
financiamiento incluyendo “fondos sectoriales” del Sistema, así
como la definición de mecanismos de administración,
coordinación, control y seguimiento de la asignación y
utilización de esos recursos.
g.
Medidas de promoción y/o retención
de recursos humanos capacitados en ICTI y de los conocimientos
generados.
h.
Inserción del sistema en el
contexto del desarrollo de la ICTI a nivel internacional y
regional, en los campos de la cooperación e intercambios, y del
registro de los conocimientos generados (patentes, etc.).
i.
Inclusión en el sistema, de otros
aspectos como: preferencia por el origen nacional de bienes y
servicios generados a través del mismo, tanto a nivel público
como privado; eliminación de trabas a los insumos necesarios
para el desarrollo de la ICTI; previsión de fondos especiales
para la adquisición y actualización de equipamiento destinado a
la ICTI; puesta en práctica y mejoramiento de programas de
calidad vinculados al desarrollo de la ICTI contemplando normas
internacionales.
2.
Sugerir al Consejo Directivo Central la constitución de un Grupo
de Trabajo para la elaboración de una propuesta de sistema
nacional para el desarrollo de la ICTI en el país y manifestar
el interés de esta Asamblea de participar en dicho Grupo a
través de delegados propuestos por los diferentes órdenes. Esta
Asamblea cree a su vez indispensable en el trabajo de este
grupo, el implementar un diálogo permanente sobre la materia,
con los actores sociales y políticos que correspondan, como
asimismo, revisar las experiencias anteriores de la Universidad
de la República en este sentido.”
Poco después el CDC decide formar
el Grupo de Trabajo sugerido, y en junio la AGC designa sus
representantes, que comienzan a trabajar en el sentido sugerido.
El CDC no ha designado aún a los suyos. Es claro pues que quien
está omisa en este asunto no es la vapuleada (en la sesión del
CDC que motiva esta nota) Asamblea del Claustro; por el
contrario, sin ningún fin espurio, ni críptico, ni inquisitorio,
está tratando con jerarquía, rigor y dinamismo un tema del
máximo interés nacional.
Eso sí, lo que parece estar
sucediendo, en atención al ofuscamiento manifestado, es que la
AGC se está metiendo en terreno vedado, por donde sólo pretenden
transitar ciertos especialistas y teóricos de la innovación y el
desarrollo a través del conocimiento, dejando de lado otras
opiniones igualmente válidas y bien intencionadas.
Caso contrario, cómo puede ser
que el tratamiento de una nota de menos de 10 renglones,
manifestando preocupación por un artículo de la Ley de
Presupuesto motive estas palabras del Decano Nieto:
“Quisiera parar por ahí porque
este documento [se refiere genéricamente a los de la AGC] que
leí rápidamente me cayó muy mal. [...] Nosotros no podemos tener
la soberbia de creer que somos los que debemos definir estas
cosas. No, el pueblo votó a otra gente que está en el Parlamento
para definir esto. Nosotros, dentro del contexto de nuestra
Institución, debemos ver cómo hacemos para que la Universidad
cumpla el rol que debe tener. Debemos definir el cómo, porque el
qué, lo define el pueblo y el pueblo votó a determinada gente
para que defina ese tema y a esta gente que votó esta vez, lo
hizo sabiendo que esa gente proponía un modelo de país que
incluía al conocimiento como un elemento fundamental. Cuando
organiza instrumentos para eso no está engañando a nadie, no
está haciendo algo que no avisó que iba a hacer, sino haciendo
lo que avisó que iba a hacer. Si el Parlamento se equivoca, lo
criticaremos como ciudadanos, pero no es función de la
Universidad de la República enmendarle la plana al Parlamento.
Eso es lo que pienso. De repente jurídicamente es así, pero
políticamente no lo veo lógico. [...] Cuando aparece una
política de estado no podemos decir que la tenemos que hacer
nosotros. Hay que tener menos soberbia. ¿Quiénes somos nosotros
para enmendarle la plana al Parlamento que fue votado por todo
el pueblo? Es una postura soberbia que a mí me parece que es
incorrecta.”
En aras de la brevedad de esta
nota me concentraré ahora en dar otras muestras del extraño
estado de espíritu que la breve nota generó en algunos
consejeros.
Nuevas formas de la autonomía y
del estado jurídico
Las siguientes palabras del
Decano Nieto, al comienzo de la sesión, introducen una novísima
y original teoría sobre los alcances (restringidos) de la
autonomía de los organismos de enseñanza e investigación del
estado uruguayo, que está reñida no sólo con la jurisprudencia,
sino con el carácter libre e innovador (en su auténtico sentido)
del hacer y el pensar de las universidades. Las políticas de
“innovación” –nos indica la nueva teoría- son potestad del
estado (aún más restringidamente, del Poder Ejecutivo) y una vez
resueltas, ¡a cumplir! El trozo final de la intervención que se
transcribe es uno de las mejores textos que pueden fundamentar
la modificación del Artículo 2. “Fines de la Universidad”, de
la Ley Orgánica de la UdelaR, donde se expresa que: “Le incumbe
asimismo [...]impulsar y proteger la investigación científica y
las actividades artísticas, y contribuir al estudio de los
problemas de interés general y propender a su comprensión
pública.” Dijo Nieto:
“En este momento francamente no
me importa demasiado la parte jurídica. Voy a hacer una
argumentación política que me parece que hay que
aclarar.
Para mí quien define en un estado
cuál es la política de innovación son los organismos del estado
a tal fin y para eso está el Parlamento y los Ministerios. Que
el estado haya sido omiso en estos temas y que los científicos
incluso como corporación muchas veces reclamamos una política de
estado al respecto y nunca la hubo, hizo que por omisión la
Universidad asumiera un rol que no es suyo. Es el estado el que
dice qué hay que hacer y la Universidad usa su autonomía para
ver cómo ella hace la parte que le toca de eso que hay que
hacer. El pueblo uruguayo no nos vota a nosotros, vota a los
parlamentarios, al jefe del Poder Ejecutivo y por vía
representativa se designan los Ministros. El pueblo uruguayo
define una visión de país, el Presidente dijo que es un país que
integra al conocimiento y algunos Ministros han dicho que
quieren un país productivo que use la inteligencia. Eso estaba
escrito en uno de los cinco documentos que se presentaron en el
período electoral y el gobierno está acá porque lo votó más de
la mitad de la población. Parece que no nos damos cuenta que el
gobierno no somos nosotros. El gobierno y el Parlamento son los
que deben definir qué hay que hacer con la enseñanza primaria,
secundaria, con la investigación y con lo que sea. A mí me
parece muy legítimo que los señores docentes, estudiantes y
egresados universitarios que integran el Claustro expresen su
opinión como ciudadanos, pero esta Institución, que es la
Universidad de la República y que forma parte del estado sólo
tiene autonomía para decidir cómo hace lo que tiene que hacer,
no para definir qué cosas tiene que hacer el estado uruguayo por
ejemplo en los temas de innovación. Ahí se confunde autonomía
con independencia. No somos una isla independiente del resto del
estado, somos un organismo del estado y como tal tenemos
autonomía del poder político para ver cómo hacemos lo que
tenemos que hacer, pero no qué tiene que hacer el país en
términos de innovación.”
Una nueva forma de validación de posiciones
El Decano Bértola fue coordinador
de un equipo privado, que incluyó a varios no universitarios,
que con la financiación del BID, elaboró en 2004 un informe con
el título “Ciencia, Tecnología e Innovación en Uruguay:
Diagnóstico, Prospectiva y Políticas”. Este informe incluye
datos muy parciales del accionar universitario en la materia.
Una versión modificada (incluyendo más información sobre la
UdelaR) fue editada por el Rectorado. Las referencias al sector
privado, a las ventajas para la Universidad, etc. de las que
Bértola habla al final del trozo que se transcribe, no están
mencionadas en ninguna parte del texto que preocupa a la AGC: un
artículo de la Ley de Presupuesto. Los dichos de Bértola:
“Quiero
manifestar mi total respaldo [a la creación de la Agencia],
porque también es una iniciativa que responde a recomendaciones
realizadas por equipos de esta Universidad de la República, con
iniciativas que están plasmadas. No digo que sean resolución del
Consejo Directivo Central, ni nada por el estilo, pero están
plasmadas en documentos editados por el Rectorado de la
Universidad de la República, que señalan que justamente hay que
propender a una fuerte interacción entre distintos componentes
del cuerpo social y evidentemente uno de ellos es la
Universidad, pero también el sector privado de todas las
categorías, incluyendo también al estado. La importancia que
tiene el hecho de promover estas asociaciones y que el sector
privado invierta es muy grande. En este sentido, que el estado,
que largamente ha subestimado y dado poca importancia a este
aspecto de las políticas científico-tecnológicas, hoy esté
resuelto a crear una Agencia Nacional de Innovación, que
promueva mecanismos que están destinados a estimular la
interacción entre los actores y que promuevan la inversión y el
desarrollo de la innovación en el sector privado, de manera
articulada con el sector público y con la propia Universidad
puede llevar a enormes beneficios para la propia Universidad,
porque es política de esta Universidad promover ese tipo de
actividades.”
En otra intervención el Decano
Bértola acciona la inversión del sentido (la flecha) del
tiempo:
“Cuanto más leo la resolución del
Claustro más que convenzo que es una resolución poco feliz.
En primer lugar porque creo que
los universitarios debemos ser rigurosos e investigar. Leemos un
artículo de la ley de presupuesto y sobre ello enseguida vemos
que dice que van a hacer algunas cosas y reaccionamos. ¿Cómo
reaccionamos? Sin temor diría que de forma corporativa. [...]
La Asamblea General del Claustro
parece no registrar que en este país se creó un Gabinete de la
Innovación y que ese Gabinete de la Innovación tomó una serie de
decisiones estratégicas y programáticas. ¡Se creó el Gabinete de
la Innovación! ¡Gran logro!”
El método riguroso e
investigativo del Decano no le permite distinguir que la
resolución de la AGC a la que alude es del 23 febrero (cuando el
nuevo gobierno no había tomado posesión) y el Gabinete fue
formado por abril de 2005. Sólo en un esfuerzo extremo de
prospectiva o invirtiendo la flecha, podía el Claustro haber
opinado sobre el Gabinete. Incluso, en un segundo acto de
inversión temporal, las “decisiones estratégicas” que se habrían
tomado, están por ser tomadas por el Gabinete. Por ahora tenemos
una Agencia cuyos organismos quieren integrar, una página de
ideas (“Bases para un Plan
Estratégico Nacional....”) propagandeadas casi simultáneamente
con la instalación del Gabinete, y
varios informes de un Equipo Operativo que va pergeñando
diversos sub-organismos, casi ignorando los ya existentes.
Definiendo la innovación
El Rector (Dr. Guarga) incursiona en un terreno
muy interesante haciendo un paralelismo entre el desarrollo de
la investigación y el de la innovación. Se retrotrae a una época
en que parece que no había investigación, y entra a caracterizar
a la innovación. Este es un punto crucial, que debería haber
sido previo a la creación de una Agencia para promoverla. Es
más, en todas las leyes sobre estos temas, incluyendo uno de los
proyectos nacionales (me refiero al presentado por los Senadores
Rubio y Pou en la anterior legislatura), se dedica un buen
espacio a definir cada uno de los conceptos, cuya
caracterización es polémica y no universal.
Dijo el Rector:
“Hoy dentro de la Universidad la
innovación es tan desconocida como era la investigación hace
cuarenta años. ¿Por qué? Porque se dice innovación, se dice
creación, se dice invención, como si todo fuera lo mismo e
innovación tiene una acepción técnica [...], que es el vínculo
entre la invención, entre la creación y un producto material que
es la aplicación social. Ése proceso es lo que se llama
innovación y claramente --entiendo-- no es tarea de esta
Universidad la innovación, salvo en un aspecto. ¿En qué aspecto
podemos decir que esta Universidad puede decir que es tarea de
ella también la innovación? En la salud. ¿Por qué? Porque esta
Universidad por ley tiene el cometido de producir salud. ¿Dónde?
En el Hospital. No es porque sea una tarea inherente a las
universidades producir salud. No es porque la Ley Orgánica le
cometa a esta Universidad producir salud. Se lo comete la ley
que le entregó el Hospital y es función de esta Universidad
producir salud. Entonces, en el ámbito de la salud,
efectivamente, la Universidad tiene las dos tareas, la tarea de
crear la idea y una tarea de producir que le podría habilitar a
los efectos de que la idea se convierta en un elemento material.
Es decir, podríamos inventar un respirador y hacer de ese
respirador un objeto de aplicación social. ¿Dónde? En el
Hospital.
Entonces, en el ámbito de la
salud efectivamente la innovación entra como competencia
absolutamente accesoria, de hecho no la hacemos, pero podríamos
hacerla. Podríamos invertir dinero de la Universidad en el
Hospital a los efectos de que esa tarea innovadora se produjera.
En el resto no. Si nosotros pensamos en generar una idea que se
aplique a las técnicas de la arquitectura, la Facultad de
Arquitectura no puede poner como cometido el materializar esa
idea generando una empresa de construcción. No es tarea de la
Facultad de Arquitectura hacer eso.
Quiere decir que efectivamente
del punto de vista de los cometidos de la Universidad es un
cometido central hacer ciencia. Podríamos decir que es también
un cometido trabajar en materia de ciencia aplicada, pero no es
cometido de la Universidad, salvo en el estrecho espectro de la
vida productiva que es la salud, hacer innovación.”
Corresponde aclarar que inmediatamente después,
el Decano Nieto manifiesta no estar de acuerdo con el Rector en
ese tema:
“El punto que quiero discutir señor Rector es que entiendo
tácticamente útil su postura pero no es correcta, porque la
innovación, la ciencia y la tecnología en ningún lugar se pueden
separar.”
El artículo en votación en el Parlamento
establece un plazo de 180 días para que el Poder Ejecutivo
remita ”una iniciativa legislativa, que establecerá la
naturaleza jurídica de la Agencia Nacional de Innovación y
regulará las bases de su funcionamiento orgánico.”
Parecería que en ese momento sí corresponderá
opinar. Ahora que se crea la Agencia, no. Según fundamenta el
Rector y vota el CDC, ahora
corresponde elevar el Acta al Ministerio
(de Educación y Cultura) “donde hay una persona obviamente
receptiva a lo que se dice” (esto es también del Acta del CDC),
aunque el tema está en la órbita parlamentaria y el Poder
Ejecutivo afirmó categóricamente que no habría Mensaje
Complementario. O sea, ahora lo que corresponde es no opinar.
No empieza bien el asunto,
creando una Agencia, muy poderosa, con la participación
exclusiva de 4 ministros y la OPP,
“o por quienes ellos designen”, la
cual además notoriamente mezcla sus finalidades con las del
CONICYT y otros organismos competentes.
Con Agencia o sin ella este país
debe discutir sus políticas de investigación e innovación. En
esta discusión no pueden quedar afuera los interesados, que no
es sólo el gobierno, que no son sólo los investigadores, que no
son sólo los empresarios innovadores. Pero no se puede sustituir
una discusión, que está propuesta en diversos documentos y había
empezado bien con el proyecto de Pou y Rubio, por un mecanismo
de descalificación de opiniones, confusión de términos y marcos
de competencia. Y por una notoria preocupación excesiva por las
tareas a distribuir.
El CDC debiera abrir el terreno
de la discusión en lugar de desacreditar e ignorar de hecho lo
que otros cuerpos universitarios aportan. En esa tarea
encontrarán a todos los que queremos que el conocimiento y las
políticas científicas (que claramente existieron, con sentido
progresista nacional) vuelvan a permear el entramado social,
tecnológico y productivo del país.
LA
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