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Raúl Legnani
El Corto Buscaglia
entró al boliche

Joe

El Corto Buscaglia
entró al boliche

por Joe

Estaban el tape Olmedo y el pardo Santiago apoyados en el mostrador del boliche El Resorte, mirando los agujeros del techo mientras escuchaban el dúo de guitarras y voces que Mateo y Zitarrosa armaban  en la mesa del rincón cerquita de la ventana por donde el payador Molina junaba el interior del boliche con ganas de entrar y bajarse unos litritos de tinto de la casa. El flaco Juceca le hacía punta a un palito. 

La Duvija, en un redepente, se puso a discutir con el Choncho Lazaroff por un asunto de una mancha en el mostrador, que pa la Duvija era de vino y para el Choncho era una especie de pozo tipo aljibe que abría una puerta hacia otra dimensión donde creía haber estado alguna vez cantando canciones que las radios generalmente evitaban difundir. 

El tape Olmedo, que de esas cosas no entendía nada, se puso a chiflar bajito. El Mateo vio la oportunidad y se puso a contarle la historia de su abuela, mientras Zitarrosa pintaba de negro su guitarra y se bajaba unos vasos de ginebra y algunos puchos. 

Estaba así tranquilo el boliche, como envuelto en una niebla azul estaba, azul como las gastadas alpargatas de Rosadito Verdoso, que entró como siempre comiendo unos higos que eran una preciosidad. 

La niebla azul se fue poniendo cargosa y a uno le hacía arder las vistas y zumbar la pantalla de las orejas. Fue ahí cuando vimos entrar por la puerta que era custodiada por el gato barcino de la Duvija, a una figura medio petisa, medio bigotuda, medio con una especie de lentes y una nariz medio como torcida pa un lado. 

Vino el tipo hasta el mostrador y dijo, vino el tipo y dijo... dijo el tipo:

-Buenas tardes...

Fue mismo como que la niebla lo envolvía al tipo, parecía un príncipe azul pero petiso. 

Todos los parroquianos del boliche nos quedamos con la boca abierta y en seguida lo reconocimos.

-¡Don Corto! –dijeron todos a coro- ¿Qué hace usted por aquí? ¿No era que hoy le tocaba dirigir en el teatro? ¿No era que hoy tenía que escribir su “Columna amarilla” en La República y pelearse un poco con los mandamases de la cultura?

-Era –dijo el Corto-, pero ya estaba medio aburrido de patear clavos y decidí venirme un tiempito pal boliche, si es que no molesto y ustedes me aguantan...

-Faltaba más –dijo el Mateo.

Zitarrosa  se puso a cantar una milonga, el Choncho siguió discutiendo con la Duvija, el gato se puso a frotarse contra las piernas del Corto; Molina entró, lo miró fijo a los ojos, fijo lo miró el Molina, hizo una pausa como tomando impulso y va y le dice:

-Don Corto, justo acá a la vuelta del boliche están por abrir un teatro y precisan director... ¿se anima?

Y se animó nomás, y allá anda con su niebla azul alrededor peleando a los actores hasta que los saca buenos... 

De vez en cuando se cae por el Resorte y nos cuenta unos chistes que son una preciosidad. 

(Publicado en suplemento Tio Taba (Nro. 23) del diario
La República, domingo 5 de febrero de 2006)

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