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El marzo francés
II - Francia y la libertad

por Héctor Valle

La falacia neoliberal por esta vez y en un caso determinado no corre en suelo francés. El Contrato del Primer Empleo (CPE) ha sido oficialmente enterrado por el presidente galo.

El burdo intento de introducir una cuña en el sistema de seguridad social francés, por vía de este instrumento llevado adelante por el Primer Ministro Dominique De Villepin, ha fracasado por la propia impericia, nacida de una terquedad a todas luces refractaria de la más elemental reflexión social y hasta utilitaria del por ahora líder galo.

Así y todo, dista mucho de zanjar diferendos que en lo laboral perviven en Francia como en el resto de Europa: imposibilidad práctica de acceder a empleos decentes –en dinero como en prestaciones sociales- sumado a la sorda pero inocultable pugna entre los “verdaderos” franceses y los otros, los hijos de inmigrantes, los inmigrantes mismos y todos aquellos que tienen por desgracia contar con una apellido que “suene” raro o bien que vivan, esto es sus direcciones coincidan, con zonas donde usualmente se entiende habitan marginales.

Ciertamente pues, falta mucho por hacer pero este paso, a no dudarlo, ha sido inocultablemente importante para el movimiento social que busca una mejora real de la justicia distributiva y el acallar las voces que pregonan el sermón neoliberal y que sólo buscan acodarse con ese mínimo de gentes que dominan las finanzas y los vericuetos burocráticos donde el embate contra el ciudadano en pro del consumidor, cada vez se hace más vehemente pues cada vez más, digámoslo, la mentira se vuelve inocultable, flagrante, escandalosa.

Están intentando cosificar al hombre. Y lo están logrando. Incluso con ellos mismos.

Basta decir que Francia, la tercer economía del continente, corre “peligro” si no toma “el camino de los cambios INDISPENSABLES”. Repito, la tercer economía del continente que, en las cifras mundiales de intrarregional e interregional de mercancías, con datos al año 2004, ostenta, la Unión Europea repito, el 45,3 por ciento del total!

Lo que sucede, como ya expusiera en anteriores notas, es que no se permite considerar en el día a día de las cuestiones comerciales, el menor criterio que rebaje o ponga en riesgo el plus que las corporaciones entienden elemental como base de ganancia.

Luego, repito, se trata de bregar por una nueva lectura y su práctica de lo que justicia distributiva es y representa: para nosotros, la mejora específica de las condiciones de vida digna en los ciudadanos de a pie, en sus naciones, en sus regiones y en el mundo todo.

La globalización no es tal, sino que vivimos la mundialización de las corporaciones que, oh casualidad, tienen casi todas sus casas centrales en la Nueva Roma o responden en su integración societaria mayoritariamente a capitales provenientes de igual origen.

Por ahora digamos que la libertad del hombre ha prevalecido pero resta aun un largo camino, que sin duda también pasa, en el caso específico galo por una revisión de los beneficios que algunos bolsones tienen -sin duda en el funcionariado público- en detrimento de otros sectores de la actividad económica de aquel país.

La propia unión de estudiantes y trabajadores para dar por tierra, y conseguirlo, de este instrumento, merece ser visitada no ya para formar listas de cara a las elecciones sino para repensar el movimiento social.

Lo que es dable hacer por nuestra propia cuenta y en nuestras propias realidades. La tarea del hombre que pretenda ser libre hoy por hoy pasa, ineludiblemente, por la asunción de su responsabilidad social, la conjunción de esfuerzos con otros sectores sociales y la búsqueda inteligente de factores de cambio que nos lleven a un contrato social donde el centro sea la dignidad y a partir de ahí la prosecución de nuevas realizaciones en la mejora de las condiciones de vida de los desposeídos de siempre.

Dejemos a los buitres ir por despojos. Nosotros, siquiera, tengamos el valor de saber qué es lo central y qué lo anecdótico en la vida. Y luchar por ello. En democracia, con la fuerza de nuestra voz y las armas que sin duda encontramos en nuestras respectivas Cartas y leyes que nos rigen, aventando así toda proximidad con neofascismos y sincerando en lo inmediato nuestras propias y pasajeras vidas. Y si mañana lejos de lograrlo, fracasamos, tener el coraje de levantarnos del piso y proseguir la marcha, con serenidad, con resolución y sin manos crispadas. Que otros vendrás detrás nuestros. Pero por ahora y hasta entonces, luchemos. Es posible vencer y, en todo caso, hacerlo resulta éticamente ineludible.

Paginas Vinculantes:
www.uruguay2030.com/LaOnda/LaOnda/281/B3.htm (1º Parte)
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