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Julio Rodríguez: “No me
hagan recordar la historia
que confirma cuanto digo” |
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Julio: pienso, luego existo
Raúl
Legnani |
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Un gran intelectual del
barrio de La Mondiola
Esteban Valenti |
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Julio: pienso, luego existo
por Raúl Legnani
Julio me habló hace dos meses y me dijo sin presentarse: “Te
llamo para que sepas que no estoy muerto”. Con eso me estaba
diciendo que hacía tiempo que no lo visitaba, lo que era
absolutamente verdad.
Ese mismo día fui a verlo. Fui corriendo a verlo. Lo encontré
viejo, pero más optimista que nunca, porque Julio en los últimos
años no se caracterizaba por el optimismo.
Lo otro que me sorprendió fue que estaba realmente satisfecho
con el gobierno, además de que reconoció que yo le había ganado
una. “Vos tenías razón, lo importante era ganar”, me dijo,
recordando que él siempre había sido muy crítico con la
izquierda de la última década y que no creía en mucho en sus
potencialidades. Ahora tenía otra opinión.
Como siempre hablamos de política, de la vida y de fútbol, como
no podía ser de otra manera. Es que Julio había jugado en
Nacional, creo que en divisiones inferiores. Fue compañero de
escuela de Santa María y del Pichón Nuñez. Hace unos años
supimos ir juntos a ver varios partidos: era la época de Fabián
O'Neill, quien en uno de esos partidos dejó chiquita la pelota.
“Este se va a ir por el túnel y de ahí directo al aeropuerto, es
un fenómeno”, me dijo mirando a la cancha. O´Neill terminó en
Italia a las pocas semanas.
Julio me enseñó también a defenderme, particularmente de
aquellos políticos que se ensañan con los periodistas. “Cuando
tengas que defender tu verdad, hacé una cronología que siempre
es lo más parecido a la realidad”, me dijo muchas veces.
Recomendación que sigo practicando.
Si rescato estas vivencias humanas, es porque siento que no
estoy a la altura de describir sus cualidades intelectuales, de
este profesor e historiador marxista que junto a otros
intelectuales cambió la memoria colectiva de los uruguayos,
cuyo nombre fue sencillo como su vida: Julio Rodríguez..
Junto a Lucía Sala y a Nelson de la Torre, que ayer estaba en el
velorio, descubrieron al Artigas radical, a ese líder que no
solo atendió los valores de la democracia, sino que los conjugó
con la justicia social. Un avanzado de la época que no fue
monárquico, pero que bregó para que los “más infelices sean los
más privilegiados”, mientras que los otros caudillos de
Latinoamérica se sentían virreyes y se preocupaban poco de los
más humildes. Este pensamiento artiguista, democrático, radical
y avanzado, estuvo en la base del talante y el programa del FA
en 1971.
Esos tres historiadores fueron a los documentos para conocer en
concreto el reparto de tierras artiguista, pero también para
conocer como los traidores de las clases dominantes comenzaron a
entregar las tierras de los pobres a los que después serían los
latifundistas.
De Julio hay que destacar su polémica dentro del PCU,
demostrando que la plusvalía seguía concretándose en el
socialismo real, aporte teórico que hay que rescatar para
entender la etapa que vive hoy el país en materia del
relacionamiento de las clases sociales.
Su pasión fue el hombre, por eso a veces para explicar una cosa
sencilla se iba a los orígenes de la humanidad, lo que daba para
bromas por lo extenso de su argumentación.
La otra pasión fue la revolución rusa, tanto como el momento
del asalto al poder como el principio y fin de la misma. Sobre
esto hay un trabajo inconcluso que mantuvo en relativa reserva,
pero sobre el cual iba dando partes diarios.
Estoy seguro que el día que el disco duro de su computadora
hable, que conozcamos sus apuntes ya impresos, puede pasar que
nos volvamos a encontrar y a charlar sobre fútbol, Lenin,
Arismendi, la URSS, el barrio La Mondiola, las nuevas formas de
propiedad en el capitalismo y el socialismo. Quizás, en ese
momento, se vuelva a escuchar su voz diciéndonos: “Te llamo para
que sepas que no estoy muerto”.
LA
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