La integración y su hoja de ruta,
después de Córdoba
por
Alfredo López
Hace poco tiempo
atrás relamamos la necesidad de realizar un debate republicano
sobre nuestra inserción externa, tanto regional como
extra-regional.
Y si algo nuevo
confirma esa premisa, el acicate proviene esta vez de lo
acontecido en la reciente cumbre presidencial de Córdoba,
Argentina.
Dicho evento
resultó verdaderamente paradigmático de como no debe
funcionar un proceso de integración, sumado a la
ausencia de una hoja de ruta que signifique ir consolidando las
sucesivas etapa del proyecto, para avanzar con solidez y
perspectiva.
Pero convengamos
que la realidad de este Mercosur no es algo surgido por azar en
la previa de la reciente cumbre, sino que representa la lenta
sumatoria de incongruencias que se vienen dando bajo la
responsabilidad de los distintos gobiernos mercosurianos, por lo
menos desde fines de la década pasada.
Más allá del
estreno del nuevo miembro venezolano, la reunión de Córdoba no
demostró certidumbre de avance en materia de contenido en lo que
hace a la integración y su proyecto, como tampoco en cuanto a
definir las prioridades de relacionamiento con el resto del
mundo.
Toda la retórica
empleada en la cumbre no alcanzó para disimular los graves
problemas que aquejan, política y economicamente, al bloque
regional.
Es más, resulta casi
un axioma concordar en que todo se ha tornado difuso y agravado
por los conflictos y recelos que se manifiestan entre los
actores del proceso.
El tema enérgetico
en lo puntual en cuanto a abastecimiento y precios, enfrenta a
varios gobiernos (Bolivia, Brasil, Argentina y Chile); en el
tema económico gravita la falta de soluciones que contraresten
las asimetrias de escala entre sus integrantes; en el plano
comercial se manfiestan trabas como las que soportamos de parte
de nuestros dos grandes vecinos; en el capítulo de las
inversiones es notoria la inexistencia de una política común de
bloque para su captación, lo que favorece individualemente a los
grandes y perjudica a los chicos; en el terreno de la
institucionalidad superior de la conducción del proceso,
confluyen la falta de supranacionalidad y el ejemplo de la
mirada hacia el costado del miembro mayor ante la agresión
desatada por Argentina contra Uruguay; en cuanto a lo operativo
lo notorio es la bipolaridad brasileño-argentina haciendo pesar
sus propios intereses; y finalmente en materia de
relacionamiento extra-bloque, el ejemplo de la reciente cumbre
no pudo ser más patético: en lugar de privilegiar los objetivos
de negociación con los dos principales polos de la economía
mundial como son los EE.UU. y Europa, celebramos el acuerdo con
Pakistán y Cuba.
Seguramente no
faltarán opiniones que aseguren que estos son problemas
normales de parto, cuya entidad no afectará la consecusión de
las metas del proyecto de integración.
Sin embargo lo
cierto es que los problemas representan, a esta altura,
crecientes escollos que tienen su rémora en el desinterés de
coordinar políticas macroeconómicas y sectoriales, de
complementación productiva y de fortalecimiento de las
relaciones fraternas que debería primar entre los miembros.
La posición
uruguaya en la cumbre
En dicho evento
Uruguay jugó su carta más conveniente, transmitiendo la
necesidad de abrirse comercialmente al mundo a través del camino
de la bilateridad en materia de negociaciones, de modo de
alcanzar un horizonte de perspectiva, desarrollo y crecimiento
que el Mercosur en los hechos le niega.
Fue un planteo
soberano y digno, además de constituir una decisión política
acertada y respaldada por la mayoría de los uruguayos.
En esa dirección se
ubican en el corto plazo las negociaciones con los EE.UU.,
procurando acceder al principal mercado del mundo, en
condiciones más favorables.
Los mecanismos
posibles de acuerdo son varios y la opción dependerá de la
voluntad política de las partes y los beneficios que puedan
resultar de las negociaciones, en particular para una economía
extremadamente pequeña como la uruguaya.
No han faltado
tampoco a la cita las voces que demonizan la posibilidad de un
TLC, luego del acuerdo de protección de inversiones aprobado por
nuestro país con los EE.UU..
Sin duda que no es
un desafío fácil abordar la empresa de negociación de un
instrumento de ese tipo con la economía más grande del planeta,
teniendo en cuenta que el mismo se basa en la apertura recíproca
con efectos obligatorios para las partes y la necesidad de
sopesar, en especial para nuestra economía, los diferentes
impactos, la flexibilización y salvaguadias de la negociación y
la solución de controversias. No obstante, la experiencia y los
errores aprendidos del Mercosur permitirá encarar un manejo
más apropiado de las negociaciones.
Asimismo del menú
instrumental surge también la alternativa acotada al
establecimiento de acuerdos sectoriales para determinados
productos, el cual si bien no configura el formato jurídico y
comercial de un TLC, se orienta en términos selectivo y
específico al acceso de mercado.
En definitiva y
luego de arribar al actual estado del Mercosur, sintetizaremos
varios de los fundamentos para desarrollar la negociación
extra-regional:
1) Desde su
creación el Mercosur no contempló las asimetrías de tamaño entre
los países.
2) A su vez las
economías grandes de la región impusieron condiciones de
reciprocidad para desenvolver la integración, contrario a lo que
fue la propia experiencia previa del Cauce y el PEC.
3) Uruguay
debió haber revisado su situación frente al Mercosur al padecer
duramente los efectos de la crisis en el período 1999-2002.
4) Luego de esa
crisis entró a operar nuevamente el bilateralismo
brasileño-argentino, mediante acuerdos y exclusión de los socios
menores.
5) En 15 años
fracasó la coordinación de políticas macroeonómicas, pese a
estar prevista en el propio Tratado fundacional de Asunción.
6) Tampoco se
alcanzó la complementación productiva y menos la coordinación
comercial hacia la extraregión.
7) Tampoco se
elaboró un plan común para atraer inversiones que beneficiará en
común a los países miembros.
8) Uruguay continúa
soportando trabas comerciales que impiden el libre acceso de
algunos de sus productos en lo mercados vecinos.
9) Las economías
grandes, en particular la estrategia del Brasil, impidieron la
instalación de una institucionalidad del Mercosur expresada en
el funcionamiento de un órgano supranacional.
10) La crisis por
las plantas de celulosa en el Uruguay mostró descarnadamente la
prepotencia política y el daño económico ocasionado por la
Argentina, violentando toda la normativa del Mercosur.
11) Poco queda de
los objetivos fundacionales del Merosur, ya que tampoco se
alcanzó el objetivo de la unión aduanera, calificada on el
eufemismo de "imperfecta", a raíz de sus múltiples perforaciones
y los niveles arancelarios funcionales a los intereses de
Brasil.
12) Uruguay necesita
abrirse al mundo y gestionar todos los instrumentos de acuerdos
y tratados que le sean posible y beneficiosos para su
inserción internacional, en particular con las economías más
desarrolladas y aquellas dinámicas en vía de desarrollo.
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