Leer artículo

Entrevista a Luis Echave,
mentor de que el Che Guevara
hablara en el Paraninfo

Homenaje mínimo (Al Che)
Fernando Gallardo
 

Homenaje mínimo
(Al Che)

por Fernando Gallardo

Relato de un joven ex preso político de los años de la dictadura (1973´1985), que muestra el odio de los represores

contre el Che Guevara.

 

¿Usted sabe qué día es hoy? preguntó, irónico, mirándome a los ojos.

- Sí, sabía, claro. Pero, abrazado a mi colchón, y sosteniendo a duras penas la bolsa de nylon con mis escasas pertenencias, recurriendo por enésima vez a mi innata vocación de actor, mentí.

 

–¿Miércoles?¿Jueves?

–¡La fecha!¡La fecha! –insistió golpeteando la lapicera sobre el escritorio.

El funcionario vivía sus minutos de gloria. Era Dios. Desde ese oscuro cuartucho, donde alguna vez el humor de algún superior lo había arrumbado, y por escasos  instantes de esa olvidada existencia, el funcionario era Dios.

 

–Ah... la fecha... Y... debe ser como...

- Levanté la mirada, como pensando, por aquella pared sucia, amarillenta, plagada de cuadritos, fotos, banderines, todos pertenecientes a grupos políticos y sindicales, que, a manera de trofeos, pretendían intimidar.

 

–... como 5 o 6 de octubre, más o menos, no sé...

- Dios se puso de pié, con lentitud, afirmado en  la pretendida fiereza de su mirada, que yo, sin embargo, traducía en impotencia y en cierta forma de envidia, quizás. Yo me iría. Pocos minutos mas tarde caminaría en libertad por las  calles de Montevideo. Elegiría. Elegiría tomar un taxi por la calle San José o tal vez, si soportaba el reencuentro con su ruido, por 18 de Julio. El quedaría allí. Libre pero preso. Hundido en aquella mierda. Olvidado para siempre.

 

–Vos tenés ganas de quedarte un  tiempito más, ¿verdad? –dijo, depositando la lapicera y levantando un papel que se interponía entre nosotros, sobre el escritorio. –¿Vos sabés qué es esto?

–No.

 

–No ¿qué?

–No, señor –“tampoco la pavada”, pensé.

–Tu libertad. Si la firmo: te vas. Si no la firmo: te quedás. ¿Entendiste ahora?

–Si.

 

–Si ¿qué?

–Si, señor.

 

–Bueno, nos vamos entendiendo. Ahora voy a repetir la pregunta.¿Qué-fecha-es-hoy? dijo marcando cada palabra con un golpecito de puño (¿y con cierto rasgo femenino?) sobre la madera gastada.

–Ocho de octubre de 1976 –dije, preciso, firme– señor.

 

–¿Qué pasó?¿Te avivaste de golpe?¡ Me estabas tomando el pelo, pichi de mierda!

–Hay un calendario detrás suyo, en la pared. Señor, –dije, conteniendo la tentación a duras penas.

–¡Ah! ¡Qué inteligente!¡Qué inteligente!¿Y no se te ocurre nada más?

–...

–¡¿Qué mierda pasó un ocho de octubre?!

–Seguro algo importante. Hasta hay una avenida y todo...

 

Abalanzándose sobre mi me cortó la frase con un empujón contra la pared. Me apretó el cuello, fuerte. Me asfixiaba. Yo me reía. No lo podía evitar. Era una risa nerviosa, pero respondía a la certeza de que nadie, y menos este cero a la izquierda, podía impedir lo que ya el juez había decretado. Yo saldría de aquella cueva. Dejaría atrás todas las cuevas. A los golpes. A los tumbos por escaleras y corredores oscuros, con zancadillas “casuales”y trompadas por equivocación (pedían disculpas). Pero saldría. En cambio el funcionario restaría preso. Bien preso de su musgo, de su impotencia, de su cobardía. Pobre. Hasta me daba lástima.

 

–¡Todos van a terminar como él! ¿Oíste?¡Todos! ¡Y vos vas a ser el primero!¿Oíste?¡Todos como el argentino de mierda ése! –gesticulaba desde lo alto de la escalinata de la Jefatura de Policía.

 

Yo me alejaba, lento, abrazado a mi colchón y a mi bolsa, los ojos entrecerrados, con el peso de la luz y de todas las cosas del mundo que  pasaban en ese instante por la calle y mi cabeza.

Y sonreía.

Como el Ché.

LA ONDA® DIGITAL

© Copyright 
Revista
LA ONDA digital