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"Un referente fundamental"
Rodney Arismendi
por
Esteban Valenti
El otro día, cuando leía los
resultados electorales del departamento de Cerro
Largo me acordé del "flaco" Arismendi. ¡Qué cambio!
Blancos y colorados juntos nos ganaron por algo más
de dos mil votos, y les ganamos en Melo.
Una revolución electoral y
cultural. Puede haber muchos episodios que nos
recuerden a Arismendi, pero siempre el más fiel
estará vinculado a la política, a su aporte, sus
ideas y sus acciones relacionadas con el Partido
Comunista, actuando en la sociedad y la política
uruguaya.
En el mes de diciembre de 1989,
pocos días después de ser electo senador por primera
vez en su larga vida de parlamentario, de que un
médico de izquierda, socialista, ganara las
elecciones municipales de Montevideo y que la 1001 y
su PCU obtuvieran un extraordinario resultado
electoral, murió Rodney Arismendi. En ese momento
era el presidente del partido, pero su nombre estará
siempre asociado a la secretaría general y a los
cambios iniciados en 1955.
Fue un gran dirigente, en la
acepción que ese concepto tenía y tiene para la
izquierda y para los uruguayos. Sus camaradas,
compañeros y adversarios siempre le reconocieron
aún en medio de duras y severas polémicas su nivel
político e intelectual, su sentido de la
responsabilidad con el país y su fidelidad sin
límites a sus ideas, profunda y radicalmente
comunistas.
Su vida fue el comunismo. Desde
que se vino de su Río Branco natal y dejó atrás
aquel bastión blanco y llegó a la capital, sus
prioridades fueron la lucha política por sus ideas y
la defensa ideológica y cultural del marxismo
leninismo. Lo hizo con seriedad, con pasión y con
gran inteligencia. Me resulta imposible hablar de
Arismendi a partir de una supuesta objetividad. Lo
intento él lo merece y lo necesita la izquierda y
la historia política de cuarenta años del Uruguay.
Esta es una época donde la
unidad de la izquierda es la gran bandera distintiva
de nuestras victorias, de nuestro gobierno, de la
nueva victoria obtenida en estas elecciones. Es un
rasgo distintivo de la izquierda uruguaya. En el
largo y complejo proceso que nos llevó a la unidad
está el aporte más importante de Arismendi, junto a
otros grandes dirigentes populares de nuestro país.
La unidad sin exclusiones no
fue una batalla sencilla, fuera del PCU y dentro del
partido, como no lo fue el proceso unitario que la
precedió en el movimiento sindical. Y por eso creo
que es importante recordarla. En particular, en sus
momentos más complejos. Fue Arismendi quien asumió
la responsabilidad del apoyo que el PCU le dio al
voto en blanco en 1982, de acuerdo a las posiciones
que adoptó Líber Seregni. Fue un tema que exigió
toda la visión estratégica y el respeto que le tenía
a Seregni, considerando las complejas situaciones
que nos imponía a todos la dictadura. Para Arismendi
la unidad estaba por encima de todo.
Hay otro tema espinoso que
quiero tratar, el de la relación entre los
comunistas y los tupamaros. En pocas semanas
tendremos a un tupamaro como presidente de la
República. ¿Tiene eso algo que ver con Arismendi?
Directamente nada, pero me
recuerda la actitud de principios que utilizó
Arismendi en medio de las más duras polémicas, de
las diferencias profundas que desde el punto de
vista ideológico, político y práctico tuvimos con el
MLN. Nunca utilizó el cálculo, la especulación sobre
temas que implicaban serios peligros y riesgos para
el propio partido e incluso para él personalmente.
Visto en perspectiva y con visión histórica, esa
relación tensa y polémica es parte de las mejores
tradiciones de la izquierda uruguaya. Y ésa sí que
era una actitud de principios e implicaba incluso
para él que era el líder indiscutido de los
comunistas, una dura batalla interna.
Si hay algo que recriminarnos,
a nosotros, a sus camaradas de esos años, es
precisamente el haber sido "indiscutido". Era el
jefe en todo lo positivo, en las seguridades y
firmezas que nos transmitía pero también en el
bloqueo del sentido crítico que siempre debe existir
en la izquierda y cuya ausencia la pagamos muy caro.
Hace 20 años se fue y la crisis
profunda que vivió el PCU tuvo notorias causas
externas, pero no creo decir ninguna novedad si
afirmo que muchas cosas hubieran sido diferentes con
Arismendi. Esta afirmación es también el
reconocimiento de nuestras dependencias, de nuestras
limitaciones y debilidades. Asumamos nuestra
identidad en todos sus matices y para ello tratemos
de situar con una mirada laica y crítica a nuestros
propios referentes políticos y humanos.
Además de la política,
Arismendi fue para generaciones de comunistas y de
luchadores de izquierda, en el acuerdo y en la
discrepancia, un referente fundamental. Para mí lo
fue desde el punto de vista humano, además de
camarada fue un entrañable amigo, que muchas veces
recuerdo en las anécdotas y en las dudas y
preocupaciones actuales.
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