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ANTECEDENTES
DE UN DIAGNÓSTICO
por Por María Quinteros
Mtra. especializada
Nicolás
tiene 10 años. Forma parte de una familia compuesta por su padre,
madre y tres hermanas ocupando el 3er. lugar de ellos.
Concurre
a un Colegio privado
por la tarde. Académicamente no es considerado buen alumno. En el
horario matutino tiene actividades deportivas a las cuales asiste,
tiene éxito y las
disfruta.
Sus
hermanas concurren al mismo Colegio y son buenas estudiantes. Es
común escuchar sus quejas con respecto a su hermano:
“Fui
a llevar la lista de mi clase y Nicolás estaba en la dirección”.
“Me
deja pegada, a la hora del recreo
lo pusieron en penitencia”.
“Ya
no lo aguanto, a mí no me hace caso”.
Nicolás,
desde que cursaba 1er. año, pasaba muchas veces fuera del salón,
¿los motivos?
Molestaba,
se reía, no atendía, jugaba permanentemente.
Frecuentemente
perdía u olvidaba sus útiles escolares o sus pertenencias.
Las
tareas de clase aparecían siempre incompletas o sin hacer. No tenía
gran deseo de cumplir con los deberes y de estudiar, ni hablar.
Sus padres con frecuencia debían llamar a algún compañero para
saber que había al otro día.
Jugar
un juego de caja le resultaba aburrido.
Había
algo que lo atrapaba, eran los juegos de la computadora; esa máquina
hacía que por un
buen rato pareciera que Nicolás no estuviera en su casa.
Todos
sus maestros coincidían “Tiene buena capacidad, pero no rinde.
Es inquieto,
no atiende y parece no escuchar lo que se le dice”.
¿Porqué
estaba fracasando en el Colegio si era considerado un chico
inteligente?
¿Sería
una cuestión de límites?
Varias fueron las penitencias, los premios e intentos por
organizar su comportamiento. Pero todo resultaba en vano.
Sus
padres se dieron cuenta de que no era que él no quería que le
fuera bien.
El
hecho era que no podía hacerlo, le era imposible concentrarse,
atender a sus maestros, u organizarse para emprender una tarea.
Fueron
varias las hipótesis manejadas sobre lo que le podía estar
ocurriendo a este niño.
La
última evaluación del Colegio
hizo reaccionar a los padres y comprender que había que
darle una oportunidad a Nicolás, sabiendo realmente que ocurría
para encontrar así
la manera de ayudarlo.
Fue
una etapa difícil pero muy esperanzadora.
Luego
de pasar por un equipo formado por Neuropediatra y Psiquiatra
Infantil - entre otros técnicos-, los padres obtuvieron una
primera hipótesis: su hijo tendría un Trastorno por déficit atencional con hiperactividad.
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