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Suicidio y comportamiento
Humano
Héctor Valle
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Estudio del Suicidio en el Uruguay
Período 1887 –2000 y Análisis epidemiológico del año 2000
Autor: Doctor Julio Vignolo Ballesteros
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Héctor Valle
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Héctor Valle

Suicidio y comportamiento humano
por Héctor Valle

Introducción
El suicidio como hecho social, o sociológico más bien, no es un tema ni de “los ricos” o “los pobres” o los “viudos y viudas” y menos aun, de los “ateos y agnósticos”, el suicidio, entiendo como persona y como ciudadano, por ende, ser responsable que habita y participa de esta comunidad, es un reflejo de nuestra sociedad. Uno de sus reflejos, mejor dicho. Y el querer angostarlo, achicarlo, encasillarlo, o peor aun etiquetarlo, apenas busca, en quien esto procura, una huida sin resultado a una problemática que anida, está, en nuestra propia identidad y que debemos, a poco que queramos madurar como sociedad plural donde el respeto a la persona humana sea la piedra angular y constitutiva, adentrarnos sin más en su estudio y en su divulgación. 

Estudio y divulgación tan amplio como extenso sea necesario hacerlo, si queremos llegar a los núcleos sensibles de esta compleja situación. 

Menos aun, medicalizar el tema suicidio, entendiendo por tal el acotarlo a patologías de tal o cual grado o magnitud, obviando la dimensión social del tema. Por cierto que mal haríamos en desdeñar la opinión de la psiquiatría, me permito decir de la psiquiatría fenomenológica, como del psicoanálisis y sin duda desde la psicología, en buscar miradas que aproximen percepciones sin duda de especial recibo pero reitero, el tema es de la sociedad y como tal hace tanto al comportamiento humano bien como a la salud mental. 

Expresiones estas, comportamiento humano y salud mental, que buena hora es para que vayamos familiarizándonos con ellas en tanto en cuanto son, así también lo indican el grado de importancia –relevante- con que son abordadas tanto en Europa como en los Estados Unidos, maneras de abordar el estudio del ser humano en sociedad, que día a día se comprueba su pertinencia para un mejor desarrollo de sus capacidades creadoras en todas las áreas de la sociedad que lo congrega. 

Vayamos, pues, en procura de una clarificación de tales conceptos: 

Comportamiento humano
Entendemos debe comenzarse a estudiar sino desde nosotros mismos, como comunidad, como sociedad, que debemos sincerarnos y atrevernos a ahondar en el conocimiento que, desde el amplio campo que ofrece el comportamiento humano, a saber: la sociología, la psicología, como y especialmente la psiquiatría, son áreas que junto a la economía, a la pedagogía –en donde creemos anida la posibilidad de mejora sustancial de la sociedad, esperando ser activada desde una revisión amplia y humanista tanto de sus contenidos como desde sus prácticas pedagógicas-, no dejan de lado sino que se nutren de áreas tales como la lingüística, la antropología, materia que continúa en el debe, si bien en los últimos años ha habido importantes avances en la materia, y ni qué hablar de la historia, la epistemología, sin descartar la  participación de todos aquellos actores sociales contestes en dar de sí lo máximo y lo mejor en procura de un conocimiento de nosotros mismos, que conduzca a esta sociedad a un estadio de madurez y mejora de la condición humana, a todas luces necesaria.

 

Salud mental
Más aun, junto con aquel conocimiento, desde aquella búsqueda sugerida, está, indudablemente, nuestro compromiso con la salud mental en su más basta acepción.

Tomo la siguiente definición por considerarla particularmente clara. Dice que la “Salud Mental es la capacidad cognitiva, afectiva, emocional y relacional de un individuo o un grupo social, que permita enfrentar y autogestionar satisfactoriamente sus procesos vitales y resolver necesidades personales, sociales y culturales”. 

Así, pues, convengamos en que los factores personales son, mayoritariamente, internalizaciones de los factores sociales debiendo pues estudiar a la sociedad, en este caso la uruguaya, en su conjunto. 

Vale también aclarar, algo sabido por los estudiosos del tema, sea desde lo sociológico como desde el campo psi, que en un porcentaje mínimo conocido, el suicidio está presente en todas las sociedades, resultando del caso pensar seriamente en que en su mínima expresión, porcentual me refiero, es algo inherente a la condición humana que, en el transcurso de la vida social, lleva a tal expresión, mínima pero constante en todos los países estudiados. 

De cómo formular el problema
Dice el pensador Karl Popper que los genuinos problemas filosóficos siempre están arraigados en problemas urgentes fuera de la filosofía y mueren si estas raíces se secan. Añadiendo que sus trabajos, especialmente los últimos, estaban dedicados a la lucha contra el irracionalismo y el subjetivismo, citando varias disciplinas pero remarcando su preocupación en lo que hace a las ciencias sociales
[i].
 

Y Popper da una lista de esos problemas, que paso a citar meramente en la enunciación de los mismos, como pauta de trabajo posterior, tanto propia como de quien así lo juzgue del caso hacer: 

  • El problema de la demarcación: Ciencia/ no ciencia; racionalidad/ irracionalidad;

  • El problema de la inducción en todas sus formas, especialmente el relativo al problema de la definición (la imposibilidad del postulado definitorio y la naturaleza no esencial de todas las definiciones);

  • El problema del realismo (contra el positivismo).  La metodología de las ciencias naturales y de las humanidades;

  • Los problemas de la objetividad, el contenido de verdad, la aproximación         a la verdad, entre otros tantos problemas marcados y tratados por el filósofo en cuestión.

A lo que voy, o pretendo ir, es a colocar el tema tratado, el suicidio en el Uruguay, desde una mirada lo más abarcadora posible que a la vez procure en sus respectivas especificidades, un encare que haga que la persona humana, comprendida en su contexto societario, tenga un espacio más relevante para la busca de soluciones puntuales a la angustia que le aqueja. 

Pero todo esfuerzo, este de La ONDA digital incluido, que no propenda al encuentro de medidas puntuales de acercamiento a soluciones específicas, entendidas estas, como modos de atención, maneras de interpretar y dar mayor preponderancia a la persona, en su dimensión existencial, sería vano e inocuo. 

La existencia exiliada
Dice el pensador Jean-Luc Nancy, algo que entiendo por demás relevante y sugestivo: “El hombre moderno es el hombre cuya “humanitas” ya no es identificable, es ese hombre cuya figura se borra o se ha borrado, como decía Foucault, se confunde con su borradura, que no es más que la consecución de la ausencia de respuesta a la pregunta: ¿Qué es el hombre? (Aunque esa ausencia de respuesta es, como saben, la respuesta de Kant a la pregunta). Se borra así el hombre que ya no puede responder a su propia pregunta –o a la pregunta de lo propio-, el hombre es en suma exiliado fuera de sí mismo, fuera de su humanidad.”
[ii] 

Da cuenta Nancy de una dialéctica del exilio, bien como del pasaje por lo negativo o el acto mismo de la negatividad, comprendida ésta como el motor, el recurso a una mediación que garantiza que la expropiación reconvirtiéndose en una reapropiación. 

Y en este exilio nos habla también de el cuerpo que es uno de los nombres del exilio refiriéndose al cuerpo como la exterioridad en la cual la interioridad se ve, sobre todo, alega el francés, y de modo especial, expuesta,  planteada fuera, planteada como fuera. 

Es el lenguaje también un exilio del sentido, vehículo indefinido de significado, recordándonos a aquella Babel que muchas veces suele aparecer, simulación mediante, en tanto la persona al hablar no es escuchada, luego su lenguaje, su vehículo comunicacional por excelencia, sin olvidar el básico, cual es el corporal, no es tenido en cuenta. Es aquel ser que grita y que no puede quebrar el silencio entre los suyos. Al punto que las más de las veces termina por no escuchar sus propios y lastimeros gritos. 

O como dice el doctor Roland Jaccard, “el hombre de la modernidad es en efecto un hombre débil, desarmado, castrado podríamos decir. Y aislado también. Es el hombre de la tecnología fría y los afectos dispersos; el hombre del exilio interior. Esquizoide fuera de los muros del hospital; esquizofrénico dentro de ellos.”[iii] 

A tal sujeto, a tal abordaje es al que invitamos a participar porque lejos de una mera invitación es una exhortación, modesta pero firme, respetuosa pero directa, de llamar a la responsabilidad personal y colectiva que todos y cada uno de nosotros tenemos para con los nuestros. 

La cuestión del otro
Esta manera personal de abordar el tema tratado es, naturalmente, pobre en lo científico, aunque rigurosa en el tratamiento mismo de la problemática del suicidio. Pero lo que digo sin ambages es que hay una ley que no respetamos, o lo hacemos muy poco, cual es la ley del otro. 

Hay una ausencia de compromiso y una presencia tan hipócrita como prescindente de nuestra persona en la sociedad que integramos. 

Este asunto del suicidio es un asunto de nuestra propia condición humana. No son casos extremos o si lo son obedecen, además de a factores personales, principalmente a factores sociales que no están siendo activados en la debida forma para que esta herida que tiene nuestro Uruguay desde tanto tiempo atrás, recrudecida sin duda en los últimos años, deje de sangrar, literalmente y deje, por favor, esa fetidez que surge, que emerge, de la prescindencia de cada uno de nosotros por actuar y por exigir, un compromiso mayor y más humano para con el otro. 

Porque la no escucha del otro, es criminal y degrada tanto al otro como a mí mismo.  Porque el desencanto de los mayores, ante una sociedad que parece no tener nada que ofrecerles, es desgarrador: Porque la falta de perspectivas bien como la ausencia de referentes sociales para con nuestros jóvenes es motivo no menor de angustias, de desequilibrios y, obviamente, de suicidios. Porque nuestros niños y niñas también se están viendo afectados por este flagelo que no es la causa sino la consecuencia de una pobre, muy pobre compenetración social de todos y de cada uno de nosotros. 

Porque no buscamos pontificar ni dogmatizar, empequeñeciendo, reitero, los factores que llevan a que el Uruguay ostente un lugar indigno en las diferentes mediciones de suicidio a nivel internacional como regional,  especialmente;

Porque somos una Nación joven, tiempo es que busquemos –aquello que aun no tenemos-: madurez societaria que nace de una más comprometida presencia en la comunidad. 

Por todo ello y por mucho más, por ti por los tuyos o porque justamente están sin compañía, ha llegado la hora no de la grandilocuencia ni del arrebato. No. Pero sí ha llegado la hora de ser personas. No seamos más, por favor, individuos, meros átomos disociados del tejido social. 

Es posible, siempre es posible, a poco que nos determinemos a ser responsables.

[i] Popper, Karl – En busca de un mundo mejor, Editorial Paidós, Barcelona, año 1994, Págs. 114 y 115.

[ii] Nancy, Jean-Luc, Revista Archipiélago Nrs.26-27, Barcelona, año1996, Págs. 34 a 39.

[iii] Jaccard, Roland – El exilio interior – Editorial Azul, Barcelona, año 1999, Pág. 14. 

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