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1ra. Parte
El nombre, lo incondicional y el por
qué de vivir Palabras más, palabras menos, así lo expresa el filósofo alemán Karl Jaspers, en su obra Filosofía, allá por el año de 1932[i], y uno queda absorto ante la complejidad del tema o, mejor aun, ante lo insondable que no pocas veces resulta la acción de quitarse la vida, el auto-asesinato en una persona. Vale pues, recordar que el término suicidio es un latinismo, originado en expresiones tales como “sui” y “occidere”, que lo traducen como matarse a sí mismo, pero que en comparación con la acepción alemana, objetivan el hecho, reitero, restando una mirada primera y más aguda a lo insondable del abismo en el que yacen, o no, las causas que motivaran tal acción. Luego se debería distinguir de lo que es suicidio del intento de suicidio, bien como de la tentativa de suicidio. Es decir, la idea o de la duda o fase de ambivalencia a la toma de decisión en la que el sujeto pasa a la acción, con o sin éxito, lo que a su vez abre otra gradación a estudiar y tratar, según cada caso. Por considerarlo de interés, en este seguimiento que realizamos a esta problemática tal aguda y vital en todo ser, en todo lugar pero claramente abarcable en nuestra circunstancia de vida: nuestro Uruguay, parece del caso visitar las diferentes miradas que Jaspers realiza, tanto filósofo cuanto como psiquiatra especialmente dedicado en su tiempo al estudio de temas afines a su especialidad como a la condición de pensador en la que lo insondable es el primer tema a abordar en la compleja aproximación a lo humano. 1 – El suicidio como hecho Lo primero que destaca el alemán es que la acción del suicidio, que como tal no es necesariamente incondicionada, nunca puede ser conocida como incondicionada en tanto que es objeto de investigación estadística y casuística desde los puntos de vista de la psicología. Agrega que sólo en el límite del conocimiento objetivo que investiga empíricamente se presenta el suicidio como problema filosófico. Ciertamente que lo más sencillo, advertimos junto con Jaspers, parece ser admitir una “enfermedad mental” como asimismo considerar “loco” al suicida. Con esto lo que cesa es la pregunta por los motivos quedando el problema despachado al ponerlo fuera del mundo cuerdo. Aunque, por cierto, no es así. El suicidio no es la consecuencia de la enfermedad mental y si bien no pocas veces la causalidad psicótica nos parezca suficiente, en otras, el enfermo mental puede reaccionar a su enfermedad con un verdadero ser-sí-mismo, aduce Jaspers, que en el suicidio se conserva. El suicidio no se explica meramente por la anormalidad de una persona ni tampoco por la enfermedad mental. Ambas, anormalidad y enfermedad mental, son peculiares condiciones causales para la “existencia” en la realidad empírica, según Jaspers las define. Luego, todo conocimiento empírico del hombre lleva en sí el interrogar a la “existencia” en comunicación con lo real o posible. Toda esta indagación que Jaspers realiza, promediando su máxima obra como filósofo, conduce o busca conducir a una interrogación respecto de la existencia del hombre, en cada caso, tan necesaria como imperiosa para un tratamiento verdaderamente humano del tema, desmitificándolo que es en suma quitarle las trampas que nosotros mismos colocamos –por ejemplo en el nombre- para no mirar al otro desde un prisma en el que quizá podríamos estar encontrando nuestro propio rostro como respuesta. 2 – La pregunta por lo incondicionado En este apartado, Jaspers explora, o presenta, no sólo lo comprensible que es, a su entender, y en cuanto pensado, tan sólo el esbozo de una posibilidad, pero nunca la realidad entera, sino que también abre la posibilidad de estudiar lo incomprensible. Y sostiene que lo comprensible es real tan sólo junto con lo incomprensible, puesto que no sólo son incomprensibles las condiciones “causales” de la vida anímica, sino también –y aquí viene un término que merecerá un mayor estudio y análisis de nuestra parte, sea en este encare como en futuros- la “incondicionalidad” de la “existencia” que se expresa en lo comprensible pero que es libre origen y en tanto tal, un misterio para toda inteligencia. Y es que el suicidio individual como acción “incondicionada” no puede concebirse enteramente por una ley causal de carácter general ni tampoco por un tipo comprensible, sino que, como acción “incondicionada”, enseña Jaspers, sería la absoluta “irrepetibilidad” de una “existencia” que en él se cumple y satisface. El velo que el suicidio corre es difícil de descorrer pudiendo, tan sólo, intentar construir mediante el intelecto, las posibilidades del suicidio a efectos que al esclarecer lo comprensible, logremos atisbar lo vasto de la incondicionalidad latente en el sujeto tratado. Lo insondable no pierde su carácter, toda vez lo resguarda, si pretendemos aproximarnos, medicalizando la cuestión, angostándola hacia un lado con lo cual descuidamos la complejidad del caso. Hasta ahora no hemos abordado el tema de la libertad, presente en todo momento y cómo, en este asunto tan conmovedor porque quizá y como ningún otro nos acerque al abismo de nuestro ser o a la bóveda celeste de nuestra existencia. ¿Acaso buscamos –al indagar supuestamente su naturaleza- erradicar el suicidio? ¿O es que al cuestionarnos el para qué del suicidio, en realidad la cuestión estriba en por qué seguir viviendo? Es decir, ¿ la respuesta está “allá” en el otro, o “aquí”, en mí mismo? 3 - ¿Por qué seguir viviendo? Sin duda por el placer innegable que el vivir conlleva. Pero tampoco podemos ocultar ni ocultarnos la diversidad de opiniones que hay en torno a una cuestión tan vital.
Dice Jaspers que la existencia
empírica tiene su carácter simbólico en virtud de la auto
certidumbre de nuestros actos de libertad, puesto que en la vida
no nos sostiene un sentido conocido en el mundo como fin último,
sino, en los fines de la vida, que nos llenan, la presencia de
la trascendencia. Apelo, otra vez, a Jaspers para esclarecer este punto. Dice el maestro que sólo el carácter simbólico dela realidad empírica permite, sin ser engañado por la armonía del mundo, decir en la relatividad: “sea como sea, la vida es buena”. Frase que puede resultar verdadera solamente, agrega, en una mirada retrospectiva, pero que nos basta con su posibilidad para abrazar la vida. Y añade algo sustantivo y que, confieso, está en lo subterráneo del tratamiento de esta cuestión: la resolución de vivir. Porque la resolución de vivir, en palabras del filósofo, es esencialmente distinta de la resolución de quitarse la vida. Mientras que el suicidio es una acción activa que afecta a la totalidad del vivir, toda actividad en la vida es particular, y el quedar en la vida en vista de la posibilidad de suicidio tan sólo, agrega, es un “omitir”. Y aquí viene lo sustantivo: “Puesto que yo no me he dado la vida a mí mismo, no hago más que dejar que siga existiendo lo que ya existe.” Esto es, el suicidio traspasa la frontera en donde ya no accede saber alguno. Es un acto, el suicidio, que corta abruptamente con otro acto no producido por nosotros: la vida. Falta, en el contexto del estudio que Jaspers presentara, tratar temas tan vitales y ríspidos como la insoportabilidad de la vida, las complicaciones y la actitud existencial respecto al suicidio en el socorro y en el juicio. Aspectos de esta problemática a tratar próximamente, dándonos tiempo y espacio para poder ahora reflexionar en torno a lo hasta aquí tratado, que en general, reitero, buscan ni más ni menos que adentrarnos en el otro, en su mirada y en su escucha, que es abordar una mirada a nosotros mismos, a mí mismo y al conocimiento mismo del hombre. Hombre y mujer, persona humana que, hasta donde yo alcanzo a percibir y sentir, se define EN relación con otro. Por tanto, como esta mirada debe ser todo lo franca y abierta posible, pongamos un “tempo” en el tratamiento de este tema, porque lo que no cabe en esto es la prisa, esa forma de huida, sino la visita honesta, serena y lo más abarcadora posible, a nuestra interioridad bien como a lo insondable de la vida misma pero que en lo simbólico de la existencia encuentra, justamente, espejo donde el hombre mirarse y ser.
hectorvalle@adinet.com.uy
[i] Jaspers, Karl – Filosofía, II
Tomo, Madrid, año 1958, Págs. 187 a 208.
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