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2da. Parte Al abordar el tema de la muerte por sí mismo, suicidio o, como Jaspers recuerda llaman los alemanes –auto asesinato-, desde la filosofía en unión a la psiquiatría que el propio pensador alemán ejercía, no hacemos más que plantearnos las preguntas fundamentales que el hombre de todos los tiempos tiene en su pecho y en su mirada. Ahora bien, respecto de las posibles respuestas o ausencia de las mismas, a la luz del asunto aquí tratado, sentimos grandemente cómo el hombre de hoy ha relegado, consciente o inconscientemente, el sentido de la trascendencia de su vida cotidiana. Cómo y cuánto solemos abrazar lo ilusorio tomándolo por lo seguro, lo material por lo firme, haciendo a un costado lo intangible por inexistente y los valores como excesos de un mal predicador que nada tiene que hacer en el mundo de lo concreto. Nos falta, creo yo, el poder de síntesis, la suficiente calma para saber si la prisa es velocidad adecuada o mero signo de la huida de nosotros mismos y, en este aspecto, tal velocidad lleva a ir un paso más delante de los acontecimientos con lo cual no pocas veces nosotros mismos nos apartamos de nuestro propio camino, desfasándonos de nuestra circunstancia de vida y con ello, oficiando de nuestro principal obstáculo en la prosecución de aquellos objetivos de aquellos logros que una vez entendimos imprescindibles para crecer. Pero ¿qué es crecer? ¿Respecto de qué crecemos y para qué o en aras de qué? ¿Es acaso un crecimiento interior? ¿Puede ser visto como un mejoramiento en nuestra calidad de vida, tomando por tal la armonía entre la materia y el espíritu?
Una experiencia personal Fue Karl Jaspers el maestro de aquella hora. Y como todo maestro –y me precio de haber tenido varios, a cuál más cercano al corazón y a la razón- el alemán me dio una guía breve, práctica y evolutiva de cómo andar por tal sendero. Así lo comprendí al leer con particular avidez, su ensayo “La Filosofía”, publicado inicialmente en el año de 1949 y que a modo de resumen trae, en relación a la duda que entonces tenía, el siguiente consejo que paso a transcribir: “... Al lector que busque hilos conductores para su reflexión filosófica, le doy en lo que sigue una orientación más amplia acerca de sus estudios: 1 – sobre el estudio de la Filosofía: Primero , el tomar parte en la investigación científica; 2 – el estudio de grandes filósofos; 3 – el vivir a conciencia diariamente, la seriedad de las resoluciones decisivas y la responsabilidad de lo hecho y experimentado”. Y dice Jaspers en otro pasaje. “...El requisito de pensar consigo mismo en todo momento pone en guardia contra la tentación de entregarse, ante el espectáculo de lo pintoresco, a la avidez de novedades y al goce de la contemplación por demasiado tiempo. Lo que se recoge históricamente debe ser un estímulo; debe o bien llamarnos la atención y despertarnos o bien hacernos poner en cuestión.” Que es de lo que se trata, de ponernos en cuestión. Pero agrega, y con esto finalizo esta cita aparentemente desconectada del asunto principal aquí tratado: “ ...No debe pasar por delante indiferentemente. Aquello que no ha entrado en relación y trueque recíproco realmente en la historia, debemos confrontarlo entre sí nosotros mismos. Lo más extraño entre sí debe cobrar una referencia mutua.”[i] De tal suerte que una vez establecida esta puntualización, retornamos a su texto sobre auto asesinato[ii], respetando visitar los tres últimos numerales por él asignados a este tema:
4 – Insoportabilidad de la vida Añade el pensador alemán que un suicidio podría ser una acción incondicionada bajo estas condiciones, no dirigida con absoluta intención contra la existencia empírica en general, sino como destino personal que se abraza en circunstancias especiales. En consecuencia, alega, es posible otra construcción intelectual, que paso a detallar: “En completo desamparo, en la conciencia de la nada, la desaparición voluntaria es para el solitario como un retorno a sí mismo. Apesadumbrado del mundo, impotente para proseguir el combate consigo mismo y con el mundo, expuesto a hundirse en la pobreza por la enfermedad o la vejez, amenazado de caer por debajo del nivel del propio ser, el poder quitarse la vida es un pensamiento consolador porque entonces la muerte aparece como una salvación. Cuando coinciden una enfermedad física incurable, la falta de medios y el completo aislamiento del mundo, puede negarse, con suma claridad, sin incurrir en nihilismo, no la propia existencia empírica en general, sino aquello que todavía pudiera quedar.” Y dice más, Jaspers: “ Hay un límite donde la continuación de la vida ya no puede ser obligación: cuando ya no es posible llegar a ser sí mismo, cuando el sufrimiento físico y las exigencias del mundo son tan aniquiladoras que no puedo seguir siendo el que soy; cuando, aunque subsista el valor para vivir, desaparece con la fuerza la posibilidad física; y cuando no hay nadie en el mundo que por amor sujete mi vida. Al dolor más profundo se le puede poner fin, aunque y porque la disposición a la vida y a la comunicación es la más completa.” Devastadora argumentación la empleada por Jaspers para situaciones que en su mayor parte están comprendidas dentro de lo que hoy sigue siendo materia de discusión: la eutanasia, dando para ello distintos ejemplos siendo que para ninguno tiene ni tenemos la justa solución pues cada uno y cada cual pasa por el tamiz intransferible de cada ser individual. Pero, ciertamente, exige valentía y coraje, que el filósofo muestra, para presentar situaciones tan complejas y no pocas veces atendibles. Es nuestra obligación y deseo el presentar literalmente muchos pasajes de esta reflexión singularmente profunda que realiza el alemán, a la luz de un tema que muchas veces se “medicaliza”, se reduce a tales o cuales aspectos de orden “sanitario”, dejando o salteándose groseramente la “existencia” simple, llana y profunda, de la persona humana enfrentada a realidades o pretendidas realidades como las aquí expuestas por parte de Jaspers y compartidas por quien esto escribe. Advierte también que el solitario absoluto, al que sus más próximos en la realidad empírica aun le hacen ver que ellos viven en otro mundo, aquel a quien toda realización le está impedida, aquel que en sí mismo no puede ya alcanzar la pureza de la conciencia del ser, el que se ve resbalar cuando, ya sin consuelo –así lo establece Jaspers-, se quita serenamente la vida después de haber ordenado sus asuntos, puede acaso hacerlo como si se ofreciera al sacrificio; el suicidio es entonces la última libertad de la vida. Agrega Jaspers que en él, en esa persona determinada, hay confianza; la pureza y la creencia quedan salvadas, no lastima a ningún hombre vivo, no rompe ninguna comunicación, no se traiciona a nadie. Está, culmina diciendo Jaspers, en el límite de la impotencia de realización y nadie pierde nada. Nadie pierde nada. ¿Hemos escuchado? Nadie. Y esto, recuerdo, fue escrito en el año 1932, qué decir de estos años, de este siglo XXI con tanta presencia de hogares donde vive un solo ser, de comidas que nos son presentadas en envases individuales. Hablo de las marcas de nuestro paso por la historia en donde podemos apreciar a la persona humana cada vez más aislada, supuestamente más libre, pero tantas veces no escuchada por el otro. Tecnificando la vida con tantos aparatos de comunicación, repito aquello de que ni el teléfono suena ni el e.mail trae novedades a no ser los insufribles mensajes spam, o bien el celular no se enciende más allá que para recordar la hora o una tarea por hacer. ¿No hará falta serenar la marcha y mirar a los costados? Pues ¿qué se puede alegar a determinaciones como las antes expuestas? Si la persona quisiera vivir, anhelaría hacerlo en un marco de comunicación y empatía humana dignos pero que vaya uno a saber por qué motivos –y, por favor, no comencemos buscando al culpable, esa tara de nuestra civilización (la culpabilidad)- no logrados y por ende sufrida su carencia como una herida abierta. Ahora bien, Jaspers en cuanto a aquello, termina diciendo algo que resulta esencial para comprender su posición ante tal situación: “Tampoco esta construcción intelectual de un suicidio en una situación insoportable significa verdadero conocimiento. No obstante, sobre su fundamento puede explicarse el hecho de soportar la vida en la miseria más profunda por la inescrutabilidad de la trascendencia que exige la vida y sus experiencias posibles en cada caso”. Vuelve él a lo que comenzáramos manifestando, a la trascendencia y a cómo cada uno de nosotros se para ante ella o a espaldas de ella, confirmándola o rechazándola o, si bien contestes en que lo trascendente está presente en uno, la propia vastedad de la cuestión lleva a que la persona pierda pie en la vida, abandonándose a instancias de renuncia a la misma. Nos falta aun tratar otros aspectos del auto asesinato, del selbstmord, según lo estudiado por Karl Jaspers, pero nos permitiremos una pausa para reflexionar sobre lo aquí expuesto de forma tal de poder encarar lo que aun resta por decir que no es ni poco ni vano. Por ahora volvamos al silencio que de pie a un respirar más pausado, trayendo abundando oxígeno a esta nuestra vida que a no dudar, merece ser vivida, pero con responsabilidad. Y cuando decimos responsabilidad, estamos relacionándola con el otro, con el aun no llegado. Ética de la hospitalidad imprescindible para el tránsito digno por esta nuestra existencia humana. [i] Jaspers, Karl – La Filosofía – Fondo de Cultura Económica/Breviarios, México, año 1988, Págs. 121 a 124. [ii] Jaspers, Karl – Filosofía, II Tomo, Madrid, año 1958, Págs. 187 a 208.
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