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Batlle pidió la palabra: va al parlamento a brindar una conferencia sobre laicidad

por Juan Carlos Golfarini

Antes de que culmine la primera quincena de mayo, el Presidente de la República doctor Jorge Batlle brindará una conferencia en el Palacio Legislativo sobre el polémico tema de la laicidad y el laicismo.

La ONDA está en conocimiento que en la Cámara de Diputados los cuatro partidos políticos ya tienen agendada esta iniciativa presidencial.

La conferencia se dará en medio de una generalizada polémica que se ha desatado en el país sobre el papel de la enseñanza de la religión en los centros educativos públicos.

La polémica la abrió el propio Batlle cuando el pasado 7 de marzo dijo, en la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas, que había llegado la hora de profundizar “en como transmitimos a los jóvenes desde la enseñanza primaria los valores éticos  a los cuales, sea quien sea y de la religión que sea, todo el mundo tiene que ajustarse para vivir”.

Para el primer mandatario el concepto de laicidad llevado al extremo impide el desarrollo de una sociedad “liberal, espiritualista, y armónica”. “El laicismo nos ha llevado a decir lo que el laicismo no quiere decir, nos ha llevado a decir que como no podemos ser hinchas de Penarlo, Nacional, Wanderers y Bella Vista, el fútbol no existe, entonces la bolilla de fútbol no existe por que somos laicos. Grave error. Los valores morales tienen que estar en la base de la enseñanza de los seres humanos”.

Con esa imagen futbolística Batlle logró, en pocos días, despertar pasiones de liberales y católicos, de laicos y confesionales, que permanecían adormecidos, aunque la semilla ya había sido puesta con anterioridad a Batlle.

En 1998, el 11 de noviembre, en el documento de los Obispos sobre el 50 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos, se estampó la tesis de la Iglesia Católica sobre la laicidad:  "Sigue siendo todavía desconocido en nuestro país el derecho de los padres a elegir la enseñanza que deseen para sus hijos. Es evidente que el Estado financia la enseñanza laicista y continúa marginando otras filosofías dignas de consideración. Lo democrático sería que hubiese escuela gratuita laicista para los laicistas, católica para los católicos, y así para todas las convicciones. Esto sería respetar la igualdad ante la ley. Es indigno del Uruguay entrar al Tercer Milenio con un sistema antidemocrático y anticonstitucional (Art. 68 de la Constitución) en el manejo de dinero público de la enseñanza".

 Posteriormente el arzobispo de Montevideo, Nicolás Cotugno polemizó en un programa televisivo con el entonces senador del Foro Batllista Luis Brezzo, sobre el papel de José Pedro Varela en la construcción de la escuela laica. A su vez Cotugno lanzó en esos días y desde el diario La República una severa crítica al batllismo como ideología, comparándolo en su ateísmo con las concepciones marxistas.

La campaña electoral de 1999 aquietó las aguas sobre ésta polémica, pero el 1 de marzo de 2000, cuando Batlle asumió la Presidencia de la República sorprendió dos veces a la Asamblea General. Una vez fue cuando adelantó que preocuparía lograr la reconciliación de los uruguayos que se habían enfrentado durante la dictadura. Pero la segunda, con mucho menos repercusión inmediata que la primera, fue cuando recogió del pensamiento artiguista la idea de que iba a defender la libertad religiosa en toda su extensión imaginable. Muy pocos entendieron el mensaje, pero quien si lo comprendió fue Nicolás Cotugno que esbozó desde el palco una sonrisa.

 El pasado viernes 27 de abril, la Iglesia Católica retomó su ofensiva, luego de haber presenciado desde una cierta lejanía el debate civil entre quienes quieren una laicidad como la de hoy y otros que buscan revisarla. La Asamblea de Obispos de la Conferencia Episcopal Uruguaya que se reunió  en Florida, afirma que la reforma educativa de José Pedro Varela de fines del siglo XIX "no excluye a Dios de la escuela estatal, ni la religión, ni la enseñanza de la religión positiva". Y agrega que "la instrucción debe servir para desarrollar sentimientos morales y religiosos", principios comunes a todas las creencias. El documento de la asamblea Episcopal, concluye que "la mejor solución" sería incluir la enseñanza de religión en la escuela estatal.

Este debate ha hecho vibrar los pilares de nuestra escuela pública, teniendo a dos bloques que no logran zonas en común. Por un lado se ha ubicado la profesora Carmen Tornaría, consejera de la ANEP y con vínculos complejos con la izquierda nacional, quien ha defendido en los medios de comunicación la idea de que el actual concepto de laicidad debe mantenerse en tanto es el pilar fundamental del Estado laico y el que permite crear el mejor clima de tolerancia en los centros educativos y en la sociedad misma.

 En el otro polo se encuentra el herrerista doctor Antonio Mercader, ministro de Educación y Cultura, quien sostienen que no se viola al laicismo si se abren los programas educativos a la enseñanza de las religiones positivas. Mercader ha contado con el apoyo explícito del doctor Ramón Díaz, uno de los intelectuales mas claros del liberalismo económico y reconocido practicante católico.

En relación a los partidos políticos esta polémica también ha ingresado a ellos, aunque algunos parecen llevarla con alguna dificultad.

El Foro Batllista, sector donde confluyen liberales y masones, que lidera el agnóstico ex presidente de la República, doctor Julio María Sanguinetti, se ha ubicado en defensa de la actual laicidad, teniendo como vocero fundamental al ex presidente de la Cámara de Diputados el doctor Washington Abdala. En tanto que desde el sector de la Lista 15, el agrupamiento de Batlle, no se han escuchado voces parlamentarias.

El Partido Nacional, de firme tradición católica,  aparece claramente alineado con la postura de Batlle, aunque aún no ha dado su opinión el siempre polémico senador Carlos Julio Pereyra, quien junto a su hermano Rasalío, fue un activo dirigente de los sectores gremiales de la enseñanza del interior del país, hace ya varias décadas.

 Donde el silencio es total, con la excepción del diputado oficialista y maESTRO de Soriano, Roque Arregui, es en el Encuentro Progresista Frente Amplio. Su líder Tabaré Vázquez, un socialista que algunas veces ha dicho que “hay momentos en que me gustaría creer en Dios” y que está familiarmente vinculado a la Iglesia Católica, se ha limitado a señalar que el debate de la laicidad “son fuegos de artificio” inventados por el Presidente de la República para no discutir “los problemas reales de los uruguayos”.

Pero el tema de fondo de la izquierda y el progresismo es que dentro de sus filas, entre otros factores, se encuentra el Partido Demócrata Cristiano, con definidos vínculos históricos con la Iglesia Católica, así como hay legisladores de otros sectores de ese conglomerado que están en una misma situación, muchos de ellos en la Vertiente Artiguista y en Asambleas Uruguay, donde su líder, el senador Danilo Astori, es un católico confeso, al igual que el ex presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Baráibar.

Incluso el principal actor ideológico de este movimiento a favor del ingreso de la religión a las aulas, el filósofo Pablo Da Silveira,  ha presentado un libro sobre una nueva reforma educativa dirigida en ese sentido en inspirado en Milton Friedman y ha tenido como corrector de ese trabajo al profesor Pablo Cayota, dirigente y edil por Montevideo del PDC.

Otro dato significativo a sido el cuasi silencio de las gremiales de la enseñanza, solo roto por el dirigente de la Federación Uruguaya del Magisterio, Héctor Florit, quien desde un programa televisivo reivindicó la laicidad actual.

Esa conferencia de Batlle, si no se suspendiera por la crítica situación que vive el país por la aftosa, se daría en un escenario de primer nivel, colocando al Presidente de la República  por encima de los cuerpos partidarios, debatiendo sobre filosofía, cosa que el país no hace desde la década del 60 con la irrupción del marxismo en las nuevas generaciones.

Creer que está ante un simple intento reflexivo como hacían los viejos filósofos de la antigüedad, sería un grave error de apreciación. El Presidente Batlle ha salido a dar una batalla en el corazón mismo de la identidad nacional, lo que va a acarrear consecuencias políticos partidarias y de futuro para el país. De prosperar la tesis presidencial a favor del revisionismo, se estaría ante el nacimiento de una nuevo pacto filosófico y valores en la sociedad uruguaya, muy distinto al que se creó entre el fin de la guerra civil de 1904 y 1992, cuando se cayó el muro de Berlin.

La conferencia de Batlle estaría, entonces, generalizando un debate que no partió de abajo y que no ha logrado involucrar a la ciudadanía, a pesar de que el umbandismo ya dio su palabra a favor de la laicidad. Falta escuchar las voces de otras iglesias y grupos religiosos.

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