La mayor y más compleja jurisdicción policial del país es la capital sin ninguna duda, Montevideo concentra los problemas más acuciantes en seguridad y hacen que el cordón metropolitano tenga una atención mayor al del resto del país. Lógicamente, la mayor densidad poblacional hace parte de esta circunstancia, sin perjuicio de reconocer que los problemas de inseguridad – en los que la violencia incide de manera sustancial – contaminan a todo el territorio nacional, sin excepciones. Es cierto que Montevideo se lleva la mayor parte de los recursos en razón que tiene, también, la mayor parte de los problemas. Con la savia nueva que le imprime el novel jefe departamental, vienen cambios necesarios y rematadamente lógicos en lugares estratégicos de la ciudad. Una reestructura imperiosamente necesaria…
Ciudad Vieja Segura
Si el viejo portal institucional del Ministerio del Interior estuviera activo, cualquiera podría encontrar abundante información sobre las medidas de seguridad que dispuso en su momento el fallecido Eduardo Bonomi para la península capitalina. Las nuevas tecnologías desembarcaron en la Ciudad Vieja como una experiencia piloto, (inspirada en Puerto Madero de la ciudad de Buenos Aires, Argentina), instalando un sistema de circuito de videovigilancia por saturación en las calles de nuestro rincón antiguo.
La Ciudad Vieja de Montevideo, una península urbana que constituye una circunscripción más que ideal para instalar un sistema de monitoreo con cámaras que saturan sus calles sin dejar rincón sin visualizar, sería el principio de una herramienta que aprobó con luces aquella prueba.
A poco de instalarse, con un centro de monitoreo con visualizadores que oteaban sus entornos en tiempo real, fue un antes y un después más que notorio para todos los vecinos del casco antiguo de la ciudad. Y lo fue porque se notó a poco de comenzar a funcionar que las cámaras disuadían, que la visualización en tiempo real permitía prevenir hechos delictivos o, en su defecto, dar una respuesta útil y a tiempo para la emergencia. Además de optimizar los recursos humanos tan escasos usando al patrullaje virtual como instrumento principal y disponer unidades de rápida respuesta a su requerimiento.
Al propio Bonomi se lo pudo ver y escuchar sobre el funcionamiento de aquel sistema de videovigilancia que daba una pronta respuesta ante un hecho o permitía disuadirlo. El por entonces ministro del Interior explicaba que las cámaras ya eran una señal de lugar protegido, pero eso solo no alcanzaba; por eso, cuando los visualizadores veían alguna situación sospechosa o a un viejo conocido de la zona, daban cuenta a los móviles desplegados en el territorio para que fueran a identificarlos. Sin necesidad de ser invasivos ni violentos, con esas mínimas acciones se les advertía que estaban siendo observados.
La videovigilancia por saturación permite el monitoreo completo de la zona intervenida, con lo cual se traduce en una reducción del patrullaje tradicional sustituyéndolo por el virtual que puede tener asociado – también – analíticas precargadas. Estas últimas son determinadas señales o conductas que se cargan al sistema para que emita una alerta en caso que detecten alguna (tránsito peatonal congestionado; corridas; accidentes de tránsito; bultos abandonados; entre otras).
Las tecnologías no siempre atentan contra la mano de obra sino que la complementan muchas veces y, en casos como la cartera del Interior, que acusa faltante notorio de recursos humanos, permite un mejor aprovechamiento de los existentes.
Recalculando el lujo de la miseria
Las nuevas medidas anunciadas para la Jefatura de Montevideo vienen de la mano de un hombre que representa la Nueva Policía de la era Bonomi. – Crio Gral. Alfredo Clavijo. Un policía formado bajo la escuela de los Julio Guarteche y Mario Layera, y que sabe interpretar los tiempos que corren. Alguien que conoce la realidad porque la patea a diario y que interpreta muy bien que por algún lado hay que empezar a cambiar la percepción de la gente.
Y nada mejor que empezar por el principio. Por el rincón antiguo de nuestra capital – puerta de entrada de todo turista que llega por el puerto- y donde empezó toda esta historia de la videovigilancia como herramienta de seguridad. Un lugar donde se supo cultivar una percepción positiva de la Policía en tiempos en que el instrumento se instaló y se usó conforme a lo proyectado.
Lamentablemente luego vino una administración que pretendió borrar todo vestigio de la era Bonomi – por eso usted lector aún no accede al viejo portal institucional de la cartera – pero todavía queda gente que vivió esos cambios y que apela a los mismos para restablecer algo que nunca debió dejar de desarrollarse. Porque es un lujo miserablemente abandonado el no haber desarrollado aquel rincón videovigilado y dejar que sucumbiera al olvido y al deterioro. Dejaron de verse las cámaras en tiempo real y con ello se deprimió aquel rincón seguro que mereció el elogio de los vecinos y visitantes del momento.
Empezar a cambiar un rincón tan significativo para los montevideanos como ese es un buen principio que, además, no requiere de mucho más recurso que la voluntad política de hacerlo. Lejos de significar algún gasto con los mismos recursos es posible economizar en aspectos que hoy se duplican. Porque un lugar que se puede ver por completo, solo requiere de una respuesta en tiempo real que permita sacar su mejor provecho. En cambio, si ese sistema desplegado se lo usa como mero reservorio de prueba para hechos consumados, el dolor social del delito seguirá siendo el mismo o peor, porque pudiendo no se evitó.
Al tiempo de ese esperado cambio, se suman nuevos ingresos policiales que reforzarán el patrullaje en las zonas y horarios que sean necesarios según los mapas de calor que reportan el clima criminal de los barrios de la capital. Mapas de calor que también son de la era Bonomi, por cierto.
Devolverle la dignidad a la atención ciudadana en las comisarías no tiene nada de novedoso, es algo que se empezó a cambiar con el programa MiComisaría. Un programa que supo tener a la actual subsecretaria- Gabriela Valverde – en su instrumentación y que incorporaba la figura de los becarios para atender los reclamos de los vecinos, destinando al personal policial a su función principal para la que fueron formados: la seguridad.
Estas medidas forman parte de un paquete que iremos conociendo a razón que se vayan aplicando. Forman parte de un cronograma de servicio que seguramente tiene en mente el nuevo jefe, alguien que apela a lo que ya se probó y funcionó pero que se interrumpió por mezquindad política.
Los cambios son necesarios y empiezan a darse en la jurisdicción más cascoteada por el delito y la criminalidad. Son tiempos violentos a los que hay que responder con inteligencia y apelando a las tecnologías para no exponer innecesariamente a nadie ya que el riesgo puede advertirse de forma remota usando cámaras o drones, por ejemplo.
Son tiempos para confiar en dar vuelta una triste página de deterioro social y violencia criminal asociada.
Son tiempos de cambiar…
el hombre hacía memoria,
el perro ladraba por un portal…
Julio Fernando Gil Díaz
«El Perro Gil»
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