A nueve largas décadas del inicio de la Guerra Civil Española con su estela de tragedia, de traición y de fascismo golpista y criminal y de una abominable dictadura que duró casi cuarenta años, Cinemateca Uruguaya ofreció una breve pero removedora retrospectiva integrada por diez emblemáticas películas españolas, algunas de ellas en coproducción, que constituyen elocuentes testimonios de resistencia al avasallamiento de las libertades y una plausible resurrección de las utopías transformadoras fermentadas por partidos políticos, sindicatos y movimientos sociales que soñaban con sociedades más justas, sin privilegiados y sin postergados y, por supuesto, sin explotadores ni explotados.
La muestra, denominada 90 Años de la Guerra Civil Española, incluye producciones que analizan un período singularmente turbulento de la historia de la nación ibérica, las cuales ensayan diversas lecturas sobre el fenómeno del autoritarismo y de las diversas estrategias de lucha contra el fascismo. En ese contexto, no se trata de meras recreaciones históricas propiamente dichas, sino de variadas miradas que aterrizan en lo civilizatorio, lo político, lo social, lo cultural, lo antropológico y hasta lo psicológico, sin soslayar algunas apelaciones a la fantasía.
Más que una selección en sí misma, esta propuesta es un variopinto catálogo de miradas, discursos y sensibilidades, con el propósito de rescatar la memoria – en este caso la más trágica- de la peripecia existencial de un país tan lejano al nuestro en el espacio, pero tan cercano en lo genético y lo afectivo, con el cual compartimos lengua, cultura y costumbres. Es que, al margen de la criminal pesadilla del la colonización que avasalló a los pueblos originarios de nuestra América mestiza, las ulteriores corrientes migratorias de españoles nutrieron, durante décadas, la conformación del entramado social vernáculo.

Muchos de estos gallegos, vascos y catalanes eran exiliados que huyeron, en la primera mitad del siglo pasado, precisamente de la terrible dictadura encabezada por el déspota Francisco Franco y adoptaron a Uruguay como su segundo patria, donde se establecieron y generaron descendencia hasta el presente, Incluso, en la segunda mitad del siglo pasado, la migración cambió de dirección y fueron miles de uruguayos los que abandonaron nuestra patria para establecerse en la nación de sus ancestros, buscando nuevos horizontes de desarrollo económico y personal para ellos y sus familias.
Asimismo, el Uruguay de la época no fue ajeno al conflicto que devino en una de las dictaduras más sangrientas de la historia, ya que, según se estima, casi un centenar de uruguayos combatieron en defensa de la Segunda República durante la Guerra Civil (1936-1939) y se integraron a las heroicas Brigadas Internacionales, sumándose a unidades regulares del ejército republicano. Todos eran comunistas, socialistas, anarquistas y progresistas de otras colectividades, que formaron parte de la centuria N° 65 bautizada “Julio César Grauert”, en homenaje al asesinado político batllista, en el marco de la resistencia al golpe de Estado encabezado en 1933 por el presidente colorado Gabriel Terra, luego devenido en dictador.
En un viaje retrospectivo destinado a recuperar la memoria de los acontecimientos, cabe consignar que, en julio de 1936, estalló en Marruecos una sublevación contra la República Española, que pronto se extendió a otras guarniciones de la península ibérica. En octubre de ese año, el general Francisco Franco se puso al frente de la rebelión, que desencadenó una guerra civil que duró tres años, costó la vida de varios centenares de miles de españoles y culminó con el triunfo de las fuerzas franquistas en abril de 1939.

Ese fue el resultado de varios años agitados, iniciados con la proclamación de la II República el 14 de abril de 1931, y la prolongación de conflictos internos dentro del propio bando republicano, en el que había demócratas y totalitarios, reformistas y revolucionarios, conservadores y progresistas, y que abarcó también la oposición de grupos monárquicos y clericales, hasta que en 1936 estalló el conflicto mayor.
Según lo consignado por Cinemateca Uruguaya, este ciclo no pretende agotar lo que el cine hizo con ese conflicto y, si hubiera tiempo, se podría hacer otro con la cantidad de material de noticieros y documentales rodados por ambos bandos. La propuesta se ciñe deliberadamente a la ficción e incluye un solo ejemplos originado fuera de España -“Tierra y libertad”- del cineasta británico Ken Loach.
Por razones obvias, analizaremos sólo algunas de las diez películas que nos parecieron más trascendentes y novedosas, como, por ejemplo, “El laberinto del fauno”, (2006), del realizador mexicano Guillermo del Toro, autor también de las recordadas “Cronos” y “El espinazo del Diablo”, que es también una coproducción entre España y México.
En este film, ambientado en 1944, ya en la España franquista, el realizador observa la tragedia colectiva de un país apabullado por el autoritarismo fascista, desde la óptica de Felia (Ivana Baquero), una niña de 11 años que tiene una familia compleja y, en ese contexto, se refugia en una suerte de submundo de fantasía. La preadolescente viaja con su madre, Carmen (Ariadna Gil), embarazada y enferma, para que Vidal -el marido de ella, que es un militar pero no es el padre de la pequeña protagonista, puede controlar el proceso de gestación de su futuro hijo, además de liderar la represión a un grupo de guerrilleros.
En este caso, el fauno que es un ser mitológico mitad hombre y mitad cabrío, tiene un doble simbolismo, ya que funge como una suerte de protector en el universo imaginario de la pequeña, y también como monstruo de pesadilla, al igual que otros personajes míticos, como hadas y duendes, que sólo habitan en la imaginación de la protagonista. Las alegóricas alusiones al fascismo en esta película son, por supuesto, muy obvias.

Por su parte, “Tierra y libertad” (1995), del cineasta británico Ken Loach, se planta en el territorio del conflicto bélico, entre dos bandos antagónicos: los republicanos y los fascistas y golpistas, son soslayar las movilizaciones y la lucha de la clase obrera por la consecución de la libertad y en defensa de la república y la legalidad democrática. En concreto, la pugna es entre la revolución emancipadora y la contra- revolución conservadora.
En el discurso de esta película, que es muy removedor, queda claro que las transformaciones no pueden esperar, porque de lo contrario, puede suceder lo que sucedió en Alemania, cuando la pereza y la atomización de las fuerzas de izquierda permitieron al avance del nazismo liberticida, tal cual lo advierte un obrero germano en una asamblea.
El film, que está impregnado de un profundo realismo, incluye a actores profesionales pero también a obreros y trabajadores y a meros habitantes de los pueblos españoles donde la película fue rodada, lo cual le confiere una superlativa verosimilitud.
En tanto, “El espíritu de la colmena” (1973) es un elocuente retrato de la pos-guerra civil, ambientado en 1940, en un pequeño pueblo de Castilla. En este caso, al igual que en “El laberinto del fauno”, el contexto es observada a través de la tierna mirada de dos niños. Este ambiente casi bucólico y silencioso es un testimonio de la resignación y también del miedo de las personas a ser reprimidas por el régimen.
El padre de los niños, que es un hombre muy introvertido, es apicultor. Es decir, cría abejas y extrae la miel. Esa es la colmena a la cual alude simbólicamente el título de este filme.

También en este caso aflora la fantasía de naturaleza alegórica, cuando los niños visionan en el cine una película de Frankenstein. de 1936, dirigida por James Whale y se espantan con el monstruo magistralmente interpretado por Boris Karloff. Una visión pesadillesca los induce a reflexionar en torno al miedo, pero también sobre la vida, la muerte, el amor y la compasión. Las alusiones más bien subliminales al régimen dictatorial son elocuentes.
La película fue un testimonio de resistencia cuando la dictadura de Francisco Franco, que falleció en 1975, aún estaba vigente, Incluso, funge, más allá de espantar a las audiencias infantiles, como una suerte de escapismo hacia la fantasía.
Otro valioso título exhibido en esta muestra es “Viva la muerte” (1971), del cineasta español Fernando Arrabal, una suerte de relato autobiográfico sobre la infancia del creador que transcurrió precisamente en la Guerra Civil Española.
Por supuesto, como en otras películas proyectadas en esta propuesta retrospectiva, también en este caso el protagonista es un niño, que padece la violencia de la guerra con otra sensibilidad.
Desafiando al régimen y a la censura, el cineasta plantea temas como el fanatismo religioso, asociado a la Iglesia Católica que apoyó a la dictadura, la sexualidad y la culpa.
Naturalmente, también está presente el autoritarismo, ya que el padre del protagonista es detenido luego de ser denunciando por por comunista por su propia esposa y, en ese marco, el niño debe afrontar el duelo de la desaparición de su progenitor, en un contexto de dolor, crueldad y represión.
Esta película ensaya una mirada bien freudiana, que confronta el fascismo liberticida, con la traición, en este caso de la madre del protagonista a su esposo, y la sexualidad reprimido. Incluso, también parte de la premisa que la dictadura y la violencia del régimen es una suerte de compulsión cuasi pornográfica, que, en este caso, no tiene nada de placentera, porque ultraja e irrumpe en la vida de las personas sin ser invitada.

Ay, Carmela! (1990), del cineasta español Carlos Saura, ensaya una mirada radicalmente diferente sobre la tragedia que, hace noventa años, estremeció a España. A diferencias de los otros títulos que hemos reseñado, esta película, ganadora del Premio Goya, se inspira en la obra teatral homónima de José Sanchis,
El título del filme alude al estribillo de una canción muy popular durante la guerra, Es la historia de Carmela, Paulino y Gustavete, que es mudo, Son tres trovadores y humoristas que actúan para los soldados del bando republicano,
Sin embargo, por error cruzan la línea hacia el territorio controlado por los golpistas nacionalistas, donde son capturados. De todos modos, con su desenfadado arte logran seducir y aplacar a esas bestias sedientas de sangre. Pese que toda la historia está construida en torno a la comicidad y el desenfado, igualmente habilita una profunda reflexión sobre la inteligencia y la astucia para sobrevivir en situaciones límite,
Otro film realmente formidable incluido en esta oportuna retrospectiva es “Las bicicletas son solo para el verano”, (1984), de Jaime Chávarri., inspirada en la obra teatral homónima, La película está precisamente ambientada en el verano de 1936, cuando estalló la Guerra Civil Española, tras el golpe de Estado perpetrado por el franquismo contra la república.
El film narra la historia de una familia, su criada y sus vecinos, durante el cruento conflicto bélico. En ese contexto, uno de los hijos de matrimonio integrado por Luis y Dolores, que se llama Luisito, le pide a su padre que le compre una bicicleta, una aspiración que se verá postergada por la complejidad de la situación.
Una de las grandes virtudes de esta obra es su profundo realismo, al describir el padecimiento de personas comunes en un contexto de violencia fratricida que, en muchos casos, no comprenden.
A diferencia del cine e industria, que suele privilegiar el heroísmo, el verdadero y en muchos casos el apócrifo, el conflicto bélico pone a prueba la fortaleza y el amor a la vida de personas comunes, inmersas en una realidad compleja que se percibe como ajena, porque las motivaciones políticas de fondo les resultan incomprensibles.

No este caso, la bicicleta funge como una metáfora de la inocencia perdida, de un niño que quiere jugar como otros de su misma edad y disfrutar a pleno de la naturaleza y de una estación del año cálida y acogedora junto a su familia. Al postergarse la compra, también está en tela de juicio la libertad de alguien que, por su edad, no logra decodificar la naturaleza de la violencia ni la del autoritarismo liberticida.
La retrospectiva 90 años de la Guerra Civil española incluye un total de diez largometrajes: “Viva la muerte”, “El espíritu de la colmena”.”Las bicicletas son solo para el verano”, “La vaquilla”
“Hay Carmela!”, “Tierra y libertad”, “Libertarias”, “ El laberinto del fauno”, “Pa negre” y “Mientras dure la guerra”. A su modo, todas estas propuestas testimonian diversos rasgos de una guerra que se universalizó, ya que participaron casi 40.000 brigadistas de 50 países que se sumaron al bando republicano para luchar por la libertas de los españoles y contra el fascismo. Sin embargo, el franquismo de ultraderecha triunfó sobre los patriotas ibéricos, gracias al apoyo de la Italia de Benito Mussolini, la Alemania nazi y hasta la dictadura portuguesa encabezada por Antonio de Oliveira Salazar, que apoyaron a los golpistas con ayuda militar, armamentos y logística, con el propósito de derrotar a los patriotas e incorporar a España a un eje fascista que se consolidó en la década del treinta del siglo pasado en Europa.
Luego de las derrotas del fascismo italiano y del nazismo alemán durante la Segunda Guerra Mundial, las dictaduras más longevas de Europa occidental fueron la de Portugal, que fue derrocada y enterada recién en 1974 por la denominada Revolución de las Claveles de talante marxista y la de España, que culminó con la muerte del tirano Francisco Franco en 1975 y el comienzo del proceso de instalación de una monarquía parlamentaria, en el cual participó el rey Juan Carlos de Borbón y Borbón y todos los partidos políticos hasta entonces proscriptos, incluyendo a la izquierda, que se presentaron a las primeras elecciones parlamentarias luego de más de cuatro décadas de ostracismo e iniciaron un largo ciclo democrático que ya abarca más de medio siglo.
Por Hugo Acevedo
Periodista y crítico literario
“Viva la muerte”, “El espíritu de la colmena”.”Las bicicletas son para el verano”, “La vaquilla”“Hay Carmela!”, “Tierra y libertad”, “Libertarias”, “ El laberinto del fauno”, “Pa negre” y “Mientras dure la guerra”.
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.