Andrés Alsina
Lacalle Pou subía al estrado de plaza Matriz el 9 de agosto mientras le coreaban «presidente, presidente». Y él respondió con la gran verdad que lo llevó allí: «No es tan fácil, no es tan fácil». No lo es porque para llegar necesita de los votos del centro político, que no tiene y que la debilidad actual del wilsonismo no le va a aportar a su lema.
Si hay algo difícil en política, es cambiar no sólo de vía sino de tren y de trocha. Y curiosamente le va en contra el que Lacalle Pou ya sea candidato presidencial, aunque no haya elecciones. Así que no recolectará voluntades ciudadanas «para ver si llega» a ser un candidato presidencial indiscutido, porque ya lo es. Pero sí es el momento de reconocerse debilidades y hasta admitir algunas, porque es la hora de construir una fuerza que lo lleve realmente a la presidencia. De por sí, el Partido Nacional hoy no la tiene.
Esta vuelta electoral de 2029 no lo tendrá a Ernesto Talvi como ejemplo centrista, y la promoción de intereses que tuvo y tiene de cuando no lo preocupaba el centro, lo llevaron a auspiciar la defunción como centrista de Jorge Gandini, hombre con capacidades de operador político que Lacalle Pou
necesitó para consumar el negociado de la terminal de contenedores del puerto de Montevideo: primero desde el Senado y ahora desde el injustificable puesto de director de Terminal Cuenca del Plata por ANP.
Para llegar a esa situación de ‘todo por algo de poder’, Gandini fue el gran traidor de los wilsonistas y el candidato con votación insignificante en octubre 2024. Las dos situaciones hablan de la disponibilidad con la que emergió de aquellas elecciones.
Lo que Lacalle Pou tiene hoy es un elenco de nueve senadores, de los cuales la mitad se ha construído para sí un perfil radical y agresivo, sin otra razón aparente que la de obstaculizar al FA y molestar el funcionamiento institucional del país. Ellos son Graciela Bianchi, Javier García, Sergio Botana, Sebastián Da Silva, y puede incluírse a Martín Lema en este listado. Cuatro o cinco de nueve, a tres años de las elecciones.
Sus expresiones políticas, tanto cuando eran gobierno como ahora, se basan en criticar al Frente Amplio: no parece ser una propuesta programática, pero fungió como tal. Eso es lo que haría la ultraderecha, si la tuviéramos en Uruguay. Por suerte no la hay, y es lo que menos quisiera hoy Lacalle Pou, que se enfrenta a la necesidad de refrescar al Partido Nacional con un largo chapuzón. Y solo tiene tres años escasos hasta las elecciones.
Aún después del acto en Plaza Matriz, del Partido Nacional partieron críticas hacia el FA y Cabildo por haber acordado votar en general el tratamiento de la Rendición de Cuentas y Ajuste Presupuestal. No pueden imaginar un mundo sin el Frente Amplio.
Y, señalado sea de paso, el FA viene exhibiendo como una virtud su ausencia de capacidad en material de alianzas parlamentarias. En el periódico Semanario, de Libertad, San José, editado el 11 de este mes, hay una nota al diputado nacionalista Sergio Valverde, quien se reintegró a la banca el 4 de agosto luego de una licencia por enfermedad, adecuadamente a tiempo para votar el tratamiento o no de la rendición de cuentas, fijada para el 17 de agosto. Del palo del senador José Luis Falero, ‘luisista’, si cabe la expresión, declara en esa nota que no estaba de acuerdo con no votar la rendición de cuentas. «Desde mi casa pensaba que cuando te presentan algo, de entrada no le podés decir que no lo vas a acompañar si no lo estudiaste.»
Reconoció Valverde que si por él fuera –recoge el semanario– no hubiera tomado la decisión de no acompañar en general la rendición. Y agregó: «pero creo que va a haber responsabilidad política y muchas cosas se van a acompañar». Como ejemplo de otro tema a acompañar, «estamos totalmente de acuerdo con el transporte metropolitano».
Las debilidades del FA son harina de otro costal. El cambio de perfil que pretendería el Partido Nacional, si este análisis no le erra, le implicará otro encare de la realidad que el que sostuvo en su gobierno y en este trecho de la oposición. Los costos políticos del brusco cambio necesario deben hacerse en la lectura de la realidad que causen. Los cambios en sí, si se admite el resumen que sigue, son elocuentes.
Ellos implican en general tesituras políticas propias del centro político: evitar tanto el ajuste severo como el gasto sin control, defensa del mercado como motor de crecimiento, pero con regulación estatal en sectores estratégicos como energía, salud y educación. También gradualismo en las reformas: cambios incrementales antes que transformaciones abruptas, ya sea desde la izquierda o la derecha. Y una apertura comercial moderada, con integración con mercados internacionales sin abandonar cierta protección a sectores sensibles.
El ‘centro político’ es un concepto muy general que admite muchos matices. Pero no en materia institucional. Es imprescindible la independencia de los poderes del Estado y el fortalecimiento de contrapesos institucionales, y tener en el diálogo y negociación política el método preferido a la confrontación. La imposibilidad de consenso en el reciente episodio de la rendición de cuentas es un ejemplo claramente negativo de sus posibilidades.
Demandas sociales en las que la seguridad ciudadana esté combinada con garantías procesales: ni «mano dura», ni permisividad total. Las políticas sociales deben ser focalizadas, con apoyo a sectores vulnerables sin un universalismo excesivo que —según esta visión— podría ser fiscalmente insostenible. La movilidad social se apoyaría en la meritocracia y ésta se logra mediante educación y empleo, más que con redistribución directa.
Las razones por las que el polarizado Partido Nacional, el partido Partido Colorado y el solitario Partido Independiente decidieron no votar el tratamiento de la rendición de cuentas pareció querer demostrar que el partido en la presidencia de la república no tiene el gobierno. Queda a cargo del FA demostrar que eso no es así. Mientras tanto, el Partido Nacional con Lacalle Pou a la cabeza debe encarar una transformación que si la logra, hará historia, y si no la logra, también.
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