/Las monarquías son regímenes decadentes y corruptos. Es posible que desaparezcan con todo su cortejo de escándalos e intrigas, problemas de alcoba y perversiones, tontos chismorreos y fastuosos desfiles, gigantescos negociados y espejismos rutilantes. Son un decorado, un telón carcomido por el tiempo que con mayor o menor rapidez viene cayéndose a pedazos.
Hace unos días dimos cuenta de la aparición del último libro de Edzard Ernst, el científico germanobritánico, que refiere una historia de su familia que ayuda a comprender cómo el abismo del siglo pasado repercutió sobre la humanidad y cómo gravita en el convulso presente en que vivimos (Ein Fräulein aus guten Hause: Im Schalten des Dritten Reich; Una muchacha de buena familia: a la sombra del Tercer Reich).
Esta obra de Ernst difiere de lo que ha sido su tema central de investigación y divulgación: el análisis y la denuncia de las pseudociencias y en especial del abuso y el fraude perpetrado por la llamada medicina alternativa, en especial por la homeopatía (5.500 millones de dólares anuales por venta de productos en Estados Unidos y Europa; dato del 2018).
A nivel mundial, Ernst es considerado como el mayor experto en el desenmascaramiento de los abusos de la fe pública y los negociados que implica el abanico de ofertas alternativas, es decir las que pretenden reemplazar a la medicina basada en evidencias.
Al repasar la extensa obra del Dr. Ernst nos encontramos con su cruce con un personaje, entonces de segunda fila, que desde hace algo más de tres años ha pasado a ocupar un lugar algo más notorio. Carlos, el Príncipe de Gales, entronizado como Carlos III del Reino Unido de quien se dice que podría ser el último exponente de la monarquía británica (no por extinción dinástica porque tiene media docena de hijos y nietos esperando la oportunidad de asentar sus posaderas en el trono de
Buckingham sino por una transformación del sistema de gobierno que no habría sido vista desde Oliver Cromwell y la república a mediados del siglo XVII).
La prolongada y extensa trayectoria de Edzard Ernst comenzó en Alemania y Austria. Se graduó como médico en 1978 pero estudió detenidamente la homeopatía, la acupuntura, la masoterapia, el entrenamiento autógeno y la manipulación espinal.
Concluyó que no era posible practicar medicina alternativa o complementaria de manera ética. Con más de 700 artículos científicos publicados, decenas de libros, conferencias y artículos periodísticos en The Guardian, Ernst sostuvo que solamente un 5% de las prácticas alternativas tenían cierto respaldo en evidencia y en lo fundamental como placebo.
En el 2008 señaló que unos pocos tratamientos alternativos eran capaces de producir “más bien que mal”, entre ellos la acupuntura para la osteoartritis y las náuseas, la aromaterapia para un tratamiento paliativo del cáncer, la hipnosis para los dolores del parto y algunos extractos vegetales para la depresión y la insuficiencia cardíaca congestiva.
Desde 1993 había establecido el Departamento de Medicina Complementaria de la Universidad de Exeter. Allí desarrolló un gran trabajo como especialista en la revisión sistemática de prácticas médicas, que abarca desde las pruebas de laboratorio y en animales pasando por los controles cruzados y el estudio de casos, los estudios en grandes grupos, los estudios al azar (el llamado “doble ciego”) y finalmente los metanálisis. Ernst hizo una contribución sustancial a la medicina basada en evidencia, es decir la que optimiza las decisiones apoyándose en pruebas científicas provenientes de la investigación.
Entre tanto, Carlos de Inglaterra, heredero al trono que ocupó su madre por más de 70 años, fue consagrado como Príncipe de Gales desde 1958 (cuando cumplió diez años de edad). Después de algunos estudios y estadías variopintas, incluyendo su pasaje por distintas
ramas de las fuerzas armadas se dedicó a cultivar una imagen pública como príncipe filantrópico, ambientalista y conservador arquitectónico. En 1976, fundó la organización benéfica juvenil The Prince’s Trust. Además, patrocina The Prince’s Charities y se presentó como un defensor de más de otras cuatrocientas organizaciones benéficas.
Carlos fue un ferviente defensor de la conservación de edificios históricos y ha destacado la importancia de la arquitectura en la sociedad. Criticando el enfoque modernista, dedicó esfuerzos significativos en la creación de Poundbury, una ciudad experimental que refleja sus preferencias arquitectónicas.

Además de su trabajo filantrópico y arquitectónico, es autor y coautor de más de 20 libros. Su compromiso con el medio ambiente se refleja en su apoyo a la agricultura orgánica y su activismo en la lucha contra el cambio climático durante su gestión como administrador de las propiedades de su Ducado de Cornualles.
Junto con esta imagen pública cuidadosamente cultivada, el Príncipe de Gales tuvo facetas mucho más oscuras, algunas poco conocidas y a eso nos referiremos enseguida. Es preciso aclarar que nunca fue muy popular en Gran Bretaña e inclusive los conservadores y monárquicos recalcitrantes han llegado a opinar que no era el más apto para ser rey.

Esos partidarios se avergonzaban de la faceta más mediática del Príncipe y sus amoríos, sus disputas y el intenso intercambio de infidelidades que durante años fue el gran chismorreo británico, en torno a Lady Di (la malograda Diana Spencer) y Camila Shand (la actual Reina de Inglaterra), el “tampongate” (los vergonzosos diálogos eróticos entre Carlos y Camila, en los que él pretendía transformarse en un tampón para estar permanentemente con ella, mientras esta prefería que fuese una caja de tampones).
El montaje de la imagen principesca empezó a desmoronarse en el año 2005. Una actividad fundamental del Príncipe quedó al descubierto a raíz del Informe Smallwood. Este pretendía promover la inclusión de la homeopatía en el Sistema Nacional de Salud británico. Había sido encargado personalmente por el Príncipe de Gales a Christopher Smallwood, un contador público que no sabía nada de salud pública o
medicina, pero que afirmaba que la relación costo/beneficio de la homeopatía era muy importante y que debía ser una prestación incluida en el National Health System (el progresista sistema de cobertura sanitaria universal establecido en Gran Bretaña desde 1948).
El sistema británico se basa en que la atención médica apunta a la necesidad de la misma y no a la capacidad de pago de cada persona por lo que la financiación proviene del presupuesto nacional. La atención de la salud por el NHS es gratuita, comprensiva, equitativa e igualitaria y como tal ha sido atacada sistemáticamente por los conservadores y los gobiernos de derecha con la intención de desmantelarla a través de su mercantilización.
Aunque la Thatcher y algunos otros han intentado liquidar el sistema, este es uno de los pocos asuntos que han desatado grandes manifestaciones populares para detener las privatizaciones impulsadas por la derecha. Sin embargo, hay otro tipo de intentos por perforar el NHS. Estos son más arteros y en ellos el Príncipe de Gales ha jugado un papel fundamental: se trata de introducir prácticas de medicina alternativa entre las prestaciones del sistema.
Ese esfuerzo se ha concentrado en la inclusión de la homeopatía, la creación de hospitales homeopáticos financiados con fondos públicos y el suministro de “medicamentos homeopáticos” con la misma financiación. El Informe Smallwood pretendía justificar ante el Parlamento la modificación del sistema de salud para incluir charlatanerías y fraudes como tratamientos aceptables y costearlos restando recursos a la medicina basada en evidencia.
Edzard Ernst había sido incluido como uno de los colaboradores en la redacción del informe pero no le habían pedido autorización para hacerlo y en verdad no había tenido participación alguna en el trabajo. Cuando vio un borrador del texto que estaba a punto de hacerse público, Ernst solicitó que su nombre fuera eliminado de la nómina de colaboradores sin explicar las razones que lo llevaron a hacerlo.
Entonces se desató una campaña fulminante contra el científico, encabezada por un cortesano (que también era contador público,
administrador de la fortuna y secretario personal del Príncipe de Gales). Le acusaron de haber violado la confidencialidad que supuestamente amparaba al informe. Ante el ataque, Ernst hizo públicas sus razones: el informe pretendía dar por buena a la homeopatía que el científico consideraba una dañina pseudociencia y un tratamiento fraudulento que solamente podía considerarse una charlatanería que no debía ser financiada por el erario público.
La Universidad de Exeter, presionada por los cortesanos de la monarquía británica, suspendió a Ernst de sus cargos y cátedra y llevó a cabo una investigación que demoró más de un año. Al cabo de la misma la Universidad declaró que Ernst no había cometido irregularidad alguna pero su Departamento y su cátedra habían sido despojados de su presupuesto (lo que equivalía a una clausura y al despido de sus quince integrantes) y el científico fue obligado a jubilarse dos años antes del plazo legal. Se vio obligado a contratar abogados para defenderse de su propia universidad y debió enfrentar todo tipo de presiones y maniobras para que no recurriera a los medios de comunicación o se comunicara con periodistas de investigación.

El 1º de enero del 2006, Ernst hizo una crítica pormenorizada de los dislates de Smallwood en un artículo publicado en el British Journal of General Practice. El científico recibió el apoyo de sus colegas y en el año 2008, junto con Simon Singh, un físico británico de origen hindú, publicaron Trick or Treatment? Alternative Medicine on Trial (¿Trampa o tratamiento? la medicina alternativa en el banquillo). Los autores le dedicaron el libro al Príncipe de Gales y le desafiaron a controvertir sus afirmaciones, en el sentido de que la Fundación del Príncipe para la Salud Integrativa tergiversaba las evidencias científicas para promover fraudes como la homeopatía, la acupuntura y la reflexología. Denunciaban que, en aquel entonces, en Gran Bretaña se gastaban más de 500 millones de libras en terapias alternativas ineficaces o sencillamente dañinas.
Desde luego, Carlos se hizo el bobo pero siguió intentando que la medicina alternativa fuera incluida en el Sistema Nacional de Salud. Esa actitud fue además criticada por politólogos, sociólogos, médicos y
parlamentarios que señalaban que los intentos del Príncipe por incidir sobre el Parlamento eran una violación de su estatus constitucional, una intervención indebida en la política. Eso fue una intervención que realizó en Ginebra, ante la Organización Mundial de la Salud, promoviendo las terapias homeopáticas.
En noviembre del 2013, cuando Carlos Felipe Arturo Jorge Windsor cumplió 65 años, Ernst publicó “A Tribute to Prince Charles, Champion of Anti-science, on his 65th birthday”. En ese texto señala que el hecho de que sea el más tenaz, elocuente e influyente en promover medicinas alternativas y en ser enemigo de la ciencia, es razón más que suficiente para unir a la celebración de su cumpleaños una cronología de su relación amorosa con la charlatanería.
Los orígenes de la pasión de Carlos por todo lo alternativo no son difíciles de rastrear. La familia real británica es famosa por utilizar la homeopatía y otros tratamientos de dudosa eficacia mientras están sanos y por emplear lo mejor que la medicina convencional ofrece tan pronto como se enferman. Esto mismo parece estar sucediendo ahora, desde que el Rey Carlos III ha sido diagnosticado con un cáncer no especificado (2024) está siendo sometido a los tratamientos convencionales más avanzados con resultados satisfactorios.
Jorge VI, el abuelo materno de Carlos, era como otros de sus antecesores un entusiasta de la homeopatía y la Reina Madre de Isabel II también lo era aunque debió de ser colostomizada en 1960. El médico homeópata de Isabel II era Director del Real Hospital Homeopático de Londres que para disimular su descrédito fue denominado como Real Hospital Londinense para Medicina Integrada a partir del 2010.
El joven Príncipe Carlos hizo un viaje de “descubrimiento espiritual” a la jungla del norte de Kenia (1977). Su gurú y guía fue Laurens van der Post (1906-1996) (el sudafricano que después quedó en evidencia como farsante, mentiroso compulsivo y violador por haber engendrado un hijo con una muchacha de 14 años, que estaba a su cuidado, durante un viaje por mar). El escritor J. D. F. Jones, quien, en su biografía autorizada, Teller of Many Tales: The Lives of Laurens van der Post
(2001), afirmó que era un fraude, un fantaseador, un mentiroso, un adúltero en serie y un paternalista. Falsificó su historial militar e infló su propia importancia en todo momento.
Van der Post pretendía “despertar la mente intuitiva” del joven Carlos y sintonizarla con las ideas de Carl Jung y el “inconsciente colectivo” que presuntamente nos une a través de una fuerza vital común. Esta creencia en el “vitalismo” es el vínculo clave con la medicina alternativa. Las diversas medicinas alternativas, que pueden parecer muy diferentes, se apoyan en la idea de que existe una fuerza vital o energía. La influencia de van der Post sobre el Príncipe fue tan grande que, después de su muerte, en 1996, estableció una conferencia anual en su honor.
En la década de 1980, el Príncipe parece haberse dedicado al lobby para conseguir “legalizar” a los quiroprácticos y osteópatas, cosa que finalmente consiguió en 1993. La realeza británica siempre mantuvo fuertes vínculos con la osteopatía. El Príncipe de Gales y la Princesa Diana presidían organizaciones de osteópatas y también lo hizo la tía de Carlos, la Princesa Ana. En 1982 Carlos fue elegido presidente de la British Medical Association (BMA) y desde su discurso inaugural se dedicó a promover a chamanes y curanderos.
En 1993, fundó una organización dedicada al lobby, que cambió de nombre muchas veces y terminó llamándose Fundación para la Salud Integrada. En el año 2010, gran escándalo y la fundación fue clausurada en medio de acusaciones de estafa y lavado de activos. Su auditor y director general fue a prisión por el desfalco de más de 300.000 libras. Carlos tomó distancia pero unos cuantos años después, en el 2019, volvió a patrocinar una organización similar, llamada Colegio Médico, para promover las medicinas alternativas, que estableció sucursal en la India.

En el 2001, el Príncipe de Gales se aplicó a los planes para construir un hospital modelo en terapias alternativas. La iniciativa encantaba a los grupos promotores de medicinas alternativas. Teresa Hale, fundadora de una clínica en Londres, dijo que antes la gente les decía charlatanes
pero que ahora tenían varias ramas con reconocimiento oficial: homeopatía, acupuntura, osteopatía. Sin embargo, el hospital propuesto nunca se concretó, sus supervisores, los hermanos Musraf e Imran Alí cayeron en descrédito por escándalos de negligencia médica que resultaron en amputaciones.
En el 2004, Carlos apoyó públicamente la controvertida Dieta Gerson para el tratamiento del cáncer (que hacía especial hincapié en los enemas de café) y los más prestigiosos oncólogos de Gran Bretaña le aconsejaron ejercer su poder con suma cautela al promover tratamientos que hacen peligrar la vida de los pacientes.
Sin ánimo de detallar todos los episodios y la incansable actividad del príncipe charlatán, es preciso destacar algunos asuntos. Por ejemplo, la versión oficial es que Carlos fue un prolífico autor con varios libros publicados. La gran mayoría son textos promocionales de ideas fantasiosas y las más absurdas formas de charlatanería. Es el caso de su título Harmony del 2010.
Por otra parte, el Príncipe siempre fue un activo hombre de negocios. En el 2011 lanzó una línea de tinturas vegetales Duchy Herbals (después Duchy Originals acusada de vender medicamentos truchos). Por esos curalotodo fue calificado públicamente como “vendedor de aceite de serpiente”. La Autoridad de Normas de Publicidad del Reino Unido dijo, que la promoción que la empresa hacía de Echina-Relief, Hyperi-Lift y Detox Tinctures era engañosa.
En ese entonces Carlos escribió siete cartas sucesivas a la Agencia Reguladora de Medicamentos para que desactivara las reglamentaciones que regían el etiquetado de productos a base de hierbas. Esas acciones provocaron fuertes críticas de la academia y las organizaciones científicas.
Al año siguiente fue nominado para The Golden Duck Award (un premio a los promotores de las charlatanerías más llamativas); el Pato Dorado lo ganó Andrew Wakefield pero el príncipe adoptó un perfil un poco menos comercial.
Wakefield es un médico y estafador británico al que se le retiró la licencia para ejercer; es el autor de una falsa investigación que pretendía probar la vinculación entre las vacunas y el autismo.
Las andanzas del Príncipe de Gales lo destacaban como abogado de disparates inofensivos que se transformaban en disparates peligrosos. El heredero al trono aparecía entonces rodeado de dobladores de cucharas, promotores de tratamientos absurdos y adivinos por el agua. Nunca dejó de decir disparates.
En una conferencia dijo que la homeopatía habría salvado a la Princesa Diana si se le hubiera aplicado homeopatía enseguida del accidente automovilístico que le provocó la muerte en agosto de 1997. “Diana estaría con nosotros si alguien hubiera sabido aplicarle St. John’s Wort (hierba de San Juan) que es una cura probada para los problemas cardíacos”. Estas fueron las palabras de Carlos. A consecuencia del impacto Lady Di había sufrido un desplazamiento de su corazón del lado izquierdo al lado derecho del tórax que destrozó la vena pulmonar y el pericardio en forma irreparable.
Pero Carlos no se quedó en ese dislate y a continuación dijo que aún después de muerta Diana podría haber sido resucitada con una porción de Nux Vómica (una semilla que contiene estricnina) y Apis Mellifica (miel). Es claro que semejante disparate es un intento muy bajo, intelectual y emotivamente, de capitalizar el trágico fin de Diana Spencer en su beneficio y en el de su charlatanería. Según Carlos, la homeopatía ya había ayudado antes a la princesa a mantenerse joven y a combatir la calvicie total que la afectaba.
El público británico pensaba que las concepciones medicinales del Príncipe eran una broma pero el verdadero problema radicaba en que utilizó su influencia para que se las tome en serio. No es cuestión de falta de educación sino que sus ideas datan de siglos pasados y no ha perdido oportunidad para explotar su posición privilegiada para promoverlas.
Carlos ya era multimillonario como Príncipe de Gales y naturalmente lo es ahora como Rey de Inglaterra pero su promoción de las terapias alternativas ha perseguido y persigue un propósito económico. No es cuestión de fe o de prestigio sino de dinero. Aparte de las rentas que recibió y recibe como monarca ha obtenido grandes sumas de fondos públicos para sus iniciativas terapéuticas. Por ejemplo, recibió de la Cámara de los Lores 37.000 libras para editar un guía de tratamientos alternativos y nada menos que 900.000 libras para instalar el Concejo de Atención Sanitaria Complementaria y Natural (Complementary and Natural Healthcare Council) en el 2008 (este es un organismo independiente que pretende registrar a los practicantes de medicina alternativa en forma unificada).
La Farmacia Homeopática Ainsworth era patrocinada por Carlos y su madre la Reina Isabel II y sigue vendiendo “vacunas homeopáticas” contra la meningitis, la rubeola, el sarampión y la tos convulsa. Todas han sido condenadas como peligrosas para la salud y carentes de cualquier efecto benéfico.
En el año 2017, la Reina Isabel II y su hijo Carlos resultaron expuestos en los Paradise Papers (más de 13 millones de documentos relativos a inversiones en paraísos fiscales). Los periodistas de investigación descubrieron enormes inversiones de la Reina en paraísos fiscales mediante el Ducado de Lancaster y, en el caso de Carlos, apareció como beneficiario de una cuantiosa inversión ofrecida por una empresa de Bermudas en la protección de bosques tropicales. La inversión la hizo el Ducado de Cornualles (53.000 hectáreas en 23 países) que es la propiedad patrimonial del Príncipe de Gales. Compró 89.000 euros en acciones que vendió al año en 290.000 euros.
En noviembre del 2021 se produjo otra baja en el entorno más estrecho del Príncipe Carlos. Michael Fawcett dimitió cuando quedaron al descubierto donaciones multimillonarias que la Fundación Caritativa del Príncipe de Gales había recibido de un jeque qatarí, Hamad ibn Jassim al Thani.
Más recientemente, en febrero del 2022 (cuando todavía era Príncipe de Gales) Ernst publicó Charles, the Alternative Prince: An Unauthorized Biography, donde evalúa críticamente el interés de Carlos por la medicina alternativa y descubre sus lucrativas charlatanerías. Cuando pocos meses después el Príncipe se transformó en Carlos III de Inglaterra, Ernst dijo que a pesar de los esfuerzos que este había hecho como príncipe al perseguirle, él no se había afiliado al movimiento republicano en Gran Bretaña (Republic, que lo apoyó públicamente). Sin embargo – agregó – dudaba que Carlos fuera un buen Rey y pensaba que su reinado podría ser el fin de la monarquía en su país. En fin: un rey alternativo.
Por el Lic. Fernando Britos V.
(Síganos en Twitter y Facebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA
Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.