/El II Congreso Mundial de Estudios Clásicos, celebrado en Atenas del 9 al 11 de junio, puso de relieve con impresionante claridad una de las grandes preguntas de nuestro tiempo: ¿qué tipo de educación necesita el ser humano en un mundo donde la tecnología evoluciona a una velocidad que a menudo supera nuestra capacidad de reflexionar sobre sus consecuencias?
La China de los algoritmos se remonta a Platón. Cuando un país con el poder económico y tecnológico y el alcance internacional de China dedica instituciones, energía académica e interés público a los estudios clásicos y humanísticos, el evento adquiere una importancia que trasciende los límites de una conferencia académica.
También asistí al primer evento en Pekín, en 2024, y aún recuerdo la sorpresa que me produjo la seriedad con la que la comunidad académica y cultural china abordó a Platón, Aristóteles, Homero, Tucídides, Confucio, Lao Tse y las grandes tradiciones de Oriente y Occidente. En la era de la inteligencia artificial, la automatización, la competencia global y la inimaginable producción de información, China recurre a la sabiduría antigua para debatir sobre la armonía, la justicia, la responsabilidad, el pensamiento político y la relación entre el ser humano, la sociedad y la naturaleza.
En Atenas, este diálogo adquirió aún mayor fuerza simbólica. Grecia, lugar donde la filosofía se convirtió en un ejercicio de la mente, la tragedia reveló la profundidad del destino humano, la democracia moldeó el concepto de ciudadanía y la educación se vinculó al desarrollo integral del ser humano, dialogó con otra gran civilización, con una larga tradición, una profunda conciencia histórica y un firme compromiso con el conocimiento. Este encuentro, de Pekín a Atenas, demostró que los estudios clásicos pueden funcionar como un lenguaje común entre civilizaciones que buscan reflexionar sobre el futuro con profundidad histórica y responsabilidad espiritual.
Un lugar destacado en este contexto fue la iniciativa de Maratón, titulada «Semillas de Cultura», donde jóvenes de Grecia y China dialogaron a través de cartas, mitos y símbolos, en torno al trigo, la tierra y el cultivo. En el mismo evento, se presentó por primera vez el tráiler del documental «El trigo, la semilla de la civilización», en el que participo, y tuve la oportunidad de hablar sobre Deméter, la diosa de la fertilidad, la tierra cultivada y la transición del hombre de la naturaleza salvaje a la comunidad organizada, en paralelo con Shen Nong, el Divino Agricultor de la tradición china, asociado con la agricultura, las hierbas, el conocimiento terapéutico y los inicios del cultivo humano.
Allí, en Maratón, la semilla se convirtió en una imagen de memoria, nutrición, continuidad y creación. Deméter y Shen Nong, dos figuras de civilizaciones distantes, iluminaron la misma verdad humana: el cultivo de la tierra era simultáneamente el cultivo de la comunidad, el conocimiento, el ritual y la relación del hombre con el mundo. A través de esta convergencia, quedó claro cómo la antigüedad puede acercarse a los jóvenes de una manera directa, poética y pedagógicamente fructífera.
Este es el camino que hemos seguido durante años en la educación griega. La antigua Grecia, su mitología, filosofía, historia y arte se convierten para los niños en una forma de pensar, un ejercicio de juicio, cultivo lingüístico, imaginación y educación para la era de la inteligencia artificial, cuando se les enseña con vivacidad, precisión y conexión con su mundo. Este encuentro greco-chino nos recuerda que la educación clásica adquiere nueva fuerza cuando hay diálogo, participación, memoria y creación.
China, con la determinación de un país que planifica su futuro, recurre a la sabiduría clásica para humanizar su poder tecnológico. Grecia, cuna de palabras, conceptos, mitos e ideas con influencia global, está llamada hoy a hacer algo igualmente audaz: devolver este legado a los niños como lenguaje del pensamiento, como educación del juicio, como fuerza para la libertad, como luz que aún irradia. Porque la civilización clásica griega pertenece a la humanidad, pero la responsabilidad de mantenerla viva comienza con nosotros.
Por Eugenia Manolidou (protothema)
Directora de la Escuela de Antigua Grecia «Educación Helénica».
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