Kast gobierna Chile con cierta incomodidad

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  /El nuevo presidente de Chile José Antonio Kast cumplió con lo previsible y a poco más de un mes de su asunción el 11 de marzo, la agenda gubernamental hizo un giro hacia la derecha. Aunque no se esperaba tanto y tan rápido, y la nueva posición a la que lo llevan sus promesas electorales no es todo lo cómoda que él puede haber supuesto.

La llegada de Kast significó el cambio ideológico más marcado desde el retorno a la democracia, tras el gobierno de Gabriel Boric. La administración de Kast se presentó como un «gobierno de emergencia» –definición que lo ayuda a ganar tiempo–, centrado en tres prioridades: seguridad, migración y reactivación económica.

La seguridad es el eje dominante de su accionar, con el impulso de medidas que califica de más duras contra el crimen organizado y la inmigración irregular. Entre las iniciativas más destacadas figura la creación de regímenes penitenciarios de alta seguridad inspirados parcialmente en experiencias de otros países, con aislamiento de reclusos considerados de alta peligrosidad y un endurecimiento del control carcelario.

Con el argumento de que recibió una situación fiscal compleja, justificó el inicio de un ajuste fiscal y reformas económicas, que implican la promoción de políticas de austeridad, reducción del gasto público y estímulos a la inversión privada. También ha planteado reformas en áreas como educación, subsidios y administración estatal.

Estas medidas han generado resistencia de sindicatos, estudiantes y sectores de oposición, pero esa resistencia no tiene por ahora la fuerza necesaria para torcerle el rumbo. Es cierto que tiene una relación difícil con la oposición y el Congreso, donde no cuenta con mayoría propia. Sin salirse de los carriles institucionales, Kast necesita acuerdos con partidos de centroderecha y sectores moderados.

Diversas encuestas muestran preocupación ciudadana respecto de su capacidad para negociar y concretar sus promesas electorales, lo que es lógico en la concepción autoritaria que proclama Kast. La situación resultante se expresa en un descenso inicial de popularidad. Apenas tres meses después de asumir, las primeras encuestas nacionales muestran una aprobación relativamente baja y un nivel significativo de desconfianza respecto al cumplimiento de sus promesas. Factores como el costo de vida, la implementación de medidas controvertidas y la dificultad para obtener resultados rápidos en seguridad han afectado su imagen.

Hasta junio de 2026, Chile ha experimentado una brusca transición desde un gobierno progresista (el saliente de Gabriel Boric) hacia uno conservador enfocado en el orden público, el control migratorio y la disciplina fiscal. Sin embargo, la administración Kast enfrenta el desafío de transformar esas prioridades en resultados concretos mientras gobierna sin una mayoría legislativa clara y en un contexto de creciente polarización política.

Cabe señalar que, al ser un gobierno muy reciente (menos de cuatro meses de gestión), todavía es temprano para evaluar sus efectos de largo plazo sobre la economía, la seguridad o las instituciones chilenas.

Los sectores que hoy ven con más optimismo la capacidad de Kast para mejorar la situación chilena no son necesariamente una mayoría, pero sí pueden identificarse con cierta claridad.

El núcleo principal de apoyo está en electores de derecha y centroderecha. En las encuestas, quienes se identifican con la derecha muestran mucha más confianza en el diagnóstico de Kast sobre delincuencia, migración y crecimiento económico que el resto de quienes lo votaron. También son quienes más creen que la situación económica heredada era grave y que se requieren medidas más duras para corregirla.

Aunque existe debate sobre la eficacia de las medidas implementadas, Kast mantiene fortalezas relativas en atributos asociados a «dar seguridad al país» y «enfrentar la delincuencia». Entre quienes consideran que el crimen organizado y la inseguridad son el problema principal, suele haber mayor receptividad a su agenda.

Las encuestas también muestran un endurecimiento de la opinión pública sobre inmigración. Una parte importante de la población asocia inmigración irregular con criminalidad, y por ello valora propuestas de mayor control fronterizo y expulsión de inmigrantes irregulares, temas centrales de la campaña y el gobierno de Kast.

En un espectro más amplio, que no necesariamente son electores de derecha y centroderecha, grupos empresariales, inversionistas y economistas favorables a políticas de mercado ven con buenos ojos iniciativas orientadas a reducir trabas regulatorias, promover la inversión y fortalecer la disciplina fiscal. El gobierno ha destacado la aprobación de proyectos de inversión y reformas para impulsar el crecimiento económico.

Existe también un apoyo menos ideológico: ciudadanos que no necesariamente son conservadores, pero que consideran que Chile lleva años enfrentando problemas persistentes en seguridad, crecimiento económico y gestión pública. Esto ha causado cansancio en la ciudadanía, que no identifica a la derecha como los persistentes promotores de la polarización pese a que terminan beneficiándose electoralmente. Para ellos, Kast representa una alternativa de cambio respecto a los gobiernos recientes.

Es en la amplitud de ese apoyo que las encuestas muestran un matiz importante. Aunque estos sectores ven posibilidades de mejora, las encuestas publicadas en junio de 2026 muestran que la opinión pública general sigue dividida, con un importante núcleo dominado por el escepticismo. La aprobación presidencial se mueve aproximadamente entre un tercio y algo más del 40% según la encuesta considerada, mientras que la desaprobación es mayoritaria o similarmente alta. Además, una mayoría declara tener poca confianza en que cumplirá todas sus promesas. En este panorama, la izquierda, buena parte del centro político y los sindicatos mantienen una evaluación predominantemente crítica de las posibilidades de éxito de Kast.

 

Durante el resto de 2026, los principales desafíos políticos de Kast parecen concentrarse en cuatro frentes: a) Convertir las promesas de seguridad en resultados visibles, en tanto la seguridad fue el eje central de su campaña y de sus primeros meses de gobierno. Ha impulsado medidas como el endurecimiento del régimen penitenciario para miembros del crimen organizado y mayores controles migratorios. Sin embargo, políticamente no basta con anunciar medidas: deberá demostrar una reducción perceptible de delitos violentos y del poder de las bandas criminales. Si la ciudadanía no percibe mejoras concretas, su principal activo político podría debilitarse.

b) Debe recuperar el crecimiento y la creación de puestos de trabajo, en tanto la economía aparece junto con la seguridad como una de las mayores preocupaciones ciudadanas. El gobierno ha planteado una agenda de inversión, empleo y modernización del Estado, pero enfrenta un contexto fiscal complejo y expectativas altas. Además, el aumento de los combustibles y el costo de vida han generado críticas que podrían afectar el respaldo ciudadano.

c) El conseguir acuerdos en un Congreso sin mayoría propia, particularmente en la cámara baja, demanda construir alianzas para aprobar reformas importantes. Esto será especialmente relevante para proyectos de reorganización del Estado, reducción de ministerios y otras reformas estructurales anunciadas en la Cuenta Pública.

d) Sin conocer el análisis de situación del propio mgobierno de Kast, parece razonable que se prepare para manejar controversias y desgaste político temprano. Algunas medidas ya han generado fuerte oposición, como los mecanismos de cobro de deudas estudiantiles y ciertas propuestas vinculadas al orden público y a beneficios sociales. Paralelamente, encuestas recientes muestran que una mayoría de chilenos duda que el gobierno pueda cumplir todas sus promesas, y cuestiona su disposición a negociar con la oposición.

 

El desafío más importante que enfrenta Kast es la combinación de seguridad y credibilidad. Kast llegó al poder con un mandato muy asociado a restaurar el orden y mejorar la gestión del Estado. Si logra mostrar resultados tangibles en seguridad y una recuperación económica moderada, tendrá más margen para enfrentar los demás conflictos. Si esos resultados no aparecen, la presión política sobre su gobierno podría aumentar rápidamente, especialmente considerando que aún está en sus primeros meses de mandato.

 

 

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