El cachivache se nos ríe cual bufón

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  Reirse de la realidad es demostrativo de un ciudadano sano e inteligente. El mismo nivel de sarcasmo acompañando los hechos cotidianos son también síntomas de un paciente en buen estado. Cuando es la realidad la que se ríe del que la construye con su sufragio porque de tanto adherir a la burla ha convertido en un bufón a quien lo gobierna ya cambian las cosas.

El Uruguay de tradición política ha destacado por su sobriedad y conservadurismo en la toma de decisiones. Los vientos epocales han arrastrado hasta estas penillanuras el discurso de odio y la idea de que podemos aplicar el humor ácido en todos los terrenos y emular los ejemplos externos para irnos perdiendo el respeto al divertirnos. Este ejercicio no tendría un destino venturoso y abundan los ejemplos que por ser muchos no significa que lleguen al registro cotidiano.

Pensar en un cachivache como presidente en el país del batllismo fundacional y del progresismo disruptivo sería rebajarnos a colocar la corona al bufón en un país sin reyes ni cortes.

Aquí surge la duda de cuánto puede contaminar la época al viento de serranías y humedales. Es un momento donde en apariencia algunas caretas se van cayendo desafortunadamente no por la deducción colectiva sino más bien por las fuerza de los hechos.Pasó en Estados unidos, Brasil y ahora en Paraguay.

Como una cortina de muchos cristales que sólo tenían su resistencia en el discurso de odio y las acciones bélicas apostando en época de timbas a la endeble memoria colectiva venían sobreviviendo al amparo de los grandes capitales globales; en definitiva los verdaderos dueños del mundo. Como en una explosión cinematográfica esos cristales van derrumbándose en cámara lenta ante nuestros ojos y los bufones van quedando desnudos y algunos huyen como ratas a que otros de su misma especie los amparen.

No hay -en tanto- que descansar la tarea de avivar las mentes populares, son tiempos de reflexión colectiva, de levantarnos las miradas, vernos en tanto muchos otros y construir por fuera de la burbuja fascista que arman los verdaderos dueños del mundo los mega millonarios tan bien representados en la película Mountainhead.

En la trama de esa “ficción” se sigue a cuatro magnates de la tecnología y «tech bros» que se reúnen para un fin de semana de póker en un lujoso y aislado refugio en una montaña nevada. Mientras están encerrados, el mundo exterior empieza a colapsar y a sumirse en el caos debido a una crisis internacional provocada por sus propias herramientas tecnológicas (como la Inteligencia Artificial y la desinformación masiva a través de deepfakes). En lugar de intentar salvar a la humanidad, estos millonarios sin escrúpulos empiezan a conspirar y a competir entre sí para ver cómo pueden usar la crisis global en su propio beneficio y tomar el control del «nuevo mundo».

En síntesis un grupo de idiotas sí, pero con Poder. Los algoritmos son los nuevos enemigos invisibles de esta época, sólo se pueden combatir con la movilización y el diálogo sin mediadores electrónicos, de lo contrario el paisito cotidiano se irá pareciendo al mundo alienado que lagrimea al son de un capitalismo voraz. Los bufones están en todas partes, parecen paridos por la pandemia y al momento de votar hay que saber elegir entre las listas aquellas donde no abunden los cachivaches.

Según la academia de la lengua española: Un cachivache es una cosa rota, inservible o de poco valor, y de forma despectiva también se puede usar para referirse a una persona ridícula o extravagante.
El Bufón es un personaje cómico que se encargaba de divertir a reyes, nobles y cortesanos mediante bromas, gestos exagerados, sátira, música y acrobacias.

Si en un momento del día te has sentido parte de estas definiciones puede ser momento de abandonar el grupo por cuestiones de salud mental.

El cachivache se nos ríe cual bufón.
Por José “Pepe” Correa Oviedo / Periodista y Docente

 

 

 

 

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