Mediterráneas (La passione italiana)

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En el inicio fue el viaje y el descubrimiento. Después la investigación. Y finalmente la escritura.
Hay veces que nos toca leer obras que por su originalidad nos ofrecen una mirada singular sobre el mundo. Es el caso de los dos libros de Gabriel Arias publicados en estos dos últimos años: Mar de los romanos y Relatos de un mundo incontable.

El autor, pedrense, Licenciado en Informática, que cuenta con una Maestría en Administración y que trabaja en torno a las tecnologías de la información, se interesó en conocer sobre sus orígenes y estos lo llevaron a Italia y, sobre todo, a su amada Sicilia, que es uno de los territorios donde centra sus “historias”. Con ánimo didáctico y lenguaje ameno y sencillo, complementado con imágenes alusivas, va desarrollando distintos relatos que, al ponerlos en foco, iluminan un mundo nuevo por descubrir.

Por eso, después de la investigación sobre los distintos tópicos y temas, desde las más variadas fuentes (que no siempre son explicitadas, aunque hay otras que se incluyen en el mismo texto), Arias pone en orden sus pensamientos, ya que todo lo anterior ha sucedido bajo el imperio de la pasión: es la Italia, la zona mediterránea y Sicilia, la influencia de dos pueblos navegantes. También estará la Umbría, Toscana, Liguria…, principalmente durante la época de la baja Edad Media que, debemos anotar de entrada, lejos de ser oscura, se nos la muestra –y lo es, por supuesto– sumamente luminosa.

Las presentaciones de los libros, que comenzaron con la proyección de un video representativo, con imágenes de obras de arte y símbolos de una época, y un acompañamiento musical del cantautor siciliano Alessio Bondi, estuvo a cargo de la profesora de Geografía, comunicadora y escritora María García Marichal, quien señaló el marco geográfico, la variedad de temas: economía, ciencia y antropología, así como que el relato de estas historias se inscriben dentro de la Historia, con anécdotas, leyendas y mitos, desde la etimología y la genealogía, en un cruzamiento entre el pasado y el presente.

Quiso la causalidad, que en la segunda exposición de Relatos de un mundo incontable, realizada en el Ateneo de Montevideo el 10 de setiembre de 2026, coincidiera (a propósito) con la presentación del libro Volver a las raíces, de Paola Ceraolo, su esposa y compañera, que destacó al viaje como “motor de la historia”. Ambos están imbuidos de la misma pasión por conocer sus orígenes, porque, como dijo Ceraolo en esa ocasión: “cada uno tiene una Ítaca a la que regresar”, y por ello se debe “escribir, para no olvidar”.

Así que tanto Arias como Ceraolo continúan regresando, y nosotros podemos recorrer, desde sus páginas escritas, ese itinerario vital de una pasión que no cesa.

Piezas del caleidoscopio

En el prólogo de Mar de los romanos se nos presenta los hilos de la urdimbre del libro: “Aquí encontraremos viajes luego del viaje que, tomando la forma del estudio y la investigación geográfica e historiográfica, tienen como punto de partida y fuente de inspiración los lugares visitados”. Porque el haber estado in situ en la zona mediterránea es lo que le despierta el interés histórico, y no al revés, aunque ya desde antes de haber viajado Arias tiene, evidentemente, conocimientos, por distintas vías, incluso familiares, del lugar. De esa manera, es historia viva, re-creada a partir de la arquitectura y de lo que ha perdurado: dibujos y cuadros, documentos y cartas, ruinas y objetos del pasado, relatos históricos y leyendas. Y expresamente, dice: “Partamos de saber que se trata ciertamente de lugares visitados por el autor en más de una oportunidad y, de entre ellos, se trata de los lugares a los que está vinculado por un legado familiar y de afectos”.

Visto el objeto de estudio, veamos ahora, en un repaso rápido, las distintas historias que cuenta nuestro autor. Tenemos, en orden correlativo:

La resistencia, la lucha y las condiciones geográficas de la caída de Siracusa, narrada en varias secciones, con apoyo documental de fragmentos poéticos o de canciones, crónicas y diversas fuentes.

Después el libro del geógrafo Ruggero, el Atlas Geográfico de la Edad Media, el más importante y completo, “geografía humana, descripción de ciudades, accidentes topográficos, ríos, cabos y penínsulas, golfos, islas menores, montañas, volcanes, llanuras”, e incluso con datos sobre la economía y la producción relacionada. Se trata de la conquista normanda de Sicilia, entre 1061 y 1086, que expulsa a los bizantinos. Es allí que surge Ruggero II, con sus esfuerzos para “la formación de un estado y la promoción de la ciencia y el arte”. Este, integró todo los conocimientos que andaban en la vuelta, “elementos árabo-musulmanes, bizantinos” y normandos latinizados. De allí surgirá “el estupor del mundo”, Federico II de Svevia, que fue “un intelectual que hablaba varios idiomas: siciliano, árabe, latín, griego, alemán y se dice que alguno más, amante y promotor de las artes y la ciencia, quien tenía una concepción moderna de Estado, fundador de una universidad laica, cultor de una escuela poética, amigo de sultanes y opuesto a los desbordes papales, [que] se encargó de vincular a su corte con distintos intelectuales, científicos, juristas, poetas y artistas”. Tras la consolidación territorial y la paz social gracias a la integración cultural, buscará generar la prosperidad económica. “Es en la arquitectura donde más se expresó esa mezcla maravillosa que se dio a conocer como estilo normanno, en el cual los elementos bizantinos con sus arcos de medio punto, sus mosaicos y su característica iconografía religiosa, se materializan en la construcción llevada adelante por arquitectos y constructores árabes, quienes aportan sus detalles estilísticos, sus técnicas y concepciones en el uso del volumen y el espacio”. Muhammad al-Idrisi, nacido en Ceuta (1099-1165), compiló, durante quince años, la información geográfica. Envió equipos al lugar, tuvo informantes calificados, hizo entrevistas a navegantes, basándose en las fuentes escritas disponibles. También afirmó que la Tierra era una esfera.

Luego le toca el turno al genial matemático Leonardo Bonacci, más conocido como Fibonacci, que adopta la numeración indo-arábiga, desarrollando el álgebra y la geometría así como la sucesión que “guarda relación con la regla áurea y la divina proporción”. Federico II lo conoció y trabó amistad con él. Practica Geometriae, escrito en el año 1220 (aproximadamente), es un trabajo de geometría, y Liber Quadratorum, realizado en 1225, “responde a dos problemas” matemáticos. Hay que señalar que gracias a que dejó obra escrita, es que lo conocemos hoy.

Una de las curiosidades que Arias nos muestra, tanto en este libro como en el segundo que ha publicado, es el de consignar relatos sobre la cultura culinaria que, por supuesto, hace parte de la identidad de una región o de un pueblo. En este caso es la historia de la creación de la fainá que, como muchas veces ocurre, se debió a circunstancias fortuitas. En el Canto X de la Divina Comedia, cuando Virgilio y el poeta están en el sexto círculo del Infierno, el de los Herejes, se encuentran con Farinata degli Uberti, líder Ghibellino de Florencia que derrota a los ejércitos Güelfos, en 1260, en la batalla de Montaperti. “Farinata se apoda como tal por su cabellera, extremadamente rubia cual “farinata”, esa especie de tortilla o pan finito hecho harina de garbanzos, agua, sal, aceite de oliva y pimienta, cocida al horno”. Quiso el destino poner en el camino de los pisanos, derrotados y hambrientos, sendas provisiones de harina de garbanzo hecha un pasta por el agua del mar. El sol hizo el resto. Luego viajó entre los emigrantes al Río de la Plata, sobre todo entre los genoveses, a mediados del siglo XIX y principios del siglo XX. Lo demás es historia conocida.

Haremos, de la mano del autor, un viaje por Perugia, por su historia, “por sus medievales y estrechas calles”, arcos, callejones oscuros, interminables y empinadas escalinatas, la muralla, y luego la narración se desborda en actividades culturales, la vida universitaria y las tradiciones enogastronómicas. “Son cuatro los centros universitarios de referencia para una misma ciudad: dos Universidades, una de ellas generalista y entre las más antiguas de Europa, mientras que la otra está específicamente dedicada a la difusión de la Cultura y la Lengua italiana en el mundo, una escuela de Bellas Artes y otra dedicada especialmente al mundo de la Música, además de centros privados que complementan conocimientos vinculados como el Diseño y la Creación Artística”. Está la Università degli Studi di Perugia, creada en 1308. Perugia es una ciudad de arte: Pietro Vanucci, Raffaelo Sanzio, Michelangelo Buonarroti y Leonardo da Vinci. Esta entrada está escrita en un tono de crónica nostálgica, poética, hablando sobre algunos personajes singulares y acerca del alzamiento, la revolución, de “los Ciompi”, “trabajadores asalariados y pequeños artesanos cuentapropistas, que trabajaban en la cadena industrial textil de la Lana, en la Firenze del siglo XIV”, que llegan a tomar el poder.

La boda roja de los Baglioni tiene todos los condimentos novelescos de un drama que, como una puesta en escena, devela el misterio, el secreto y la acción al modo policial, que se desarrolla en varias partes y termina trágicamente. Lo que hay en esta historia es la conjura para adueñarse del poder, asesinando a varios miembros de la familia Baglioni y la posterior venganza de uno de los hermanos que se salva y encabeza la “faida” (venganza).

La última de las historias de este libro, trata sobre la epopeya de Federico II, que comienza con un viaje del autor por la arquitectura siciliana hasta detenerse en la tumba del rey de Sicilia y emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que siempre tiene una flor como ofrenda, y luego da paso a su semblanza. ¿Quién fue realmente?, “¿el monarca que no iba a ser?, ¿el emperador moderno?, ¿el enemigo del poder papal?, ¿el estadista y gobernante cuasiprogresista?, ¿el “anticristo” excomulgado por los papas?, ¿el cruzado sin batallas ni derramamiento de sangre?, ¿el amigo de musulmanes y laicos?, ¿el poeta?, ¿el escritor de tratados?, ¿el reformador económico?, ¿el intelectual conocedor de siete idiomas y fundador de universidades..?, ¿o todo eso junto?”. Eso es lo que intentará dilucidar, enumerando “de manera más o menos sistemática algunos hechos, acciones y curiosidades del genio de Federico II”.

Los territorios de la Italia

Relatos de un mundo incontable está escrita con un esquema similar al libro anterior, y es, de alguna forma, su continuación, aunque nos remonta a distintas épocas. Comienza por el medioevo, en la ciudad-estado de Firenze (Florencia), para hablarnos de la práctica de premios y castigos (a lo Pávlov), la actividad financiera, la prosperidad económica y su agotamiento, la crisis y, como un castigo divino, la peste, primero, y luego las guerras. El tema principal gira en torno a la banca, que suplantó al prestamista individual y que no estaba regulada ni se tenía ningún control sobre sus operaciones –la de los Bardi y Peruzzi–, la cesación de pagos de Eduardo III de Inglaterra, la bancarrota total, a pesar de las maniobras financieras, con el alza de precios, la escasez de productos y el aumento de la desigualdad subsecuentes.

En “Todo el poder a los montes”, comienza con una cita de Aristóteles, según la Ética para Nicómaco (siglo IV a. C, que es un tratado sobre ética y moral para alcanzar la felicidad, eudaimonia, llevando una vida guiada por la virtud y el equilibrio): “el dinero no engendra dinero”, máxima desmentida por la historia. Los instrumentos de las instituciones financieras surgieron en la baja Edad Media, siglos XII al XIV, con los primeros bancos, el cambio de moneda, la custodia de valores y el préstamo. De este modo aquí veremos la historia de los prestamistas, la mención que hace de ellos la Biblia y la condena de la usura. Como una reacción a estas instituciones, nacen las casas de empeño, el Monte della Pietà.

Veremos, ahora, a un personaje que existió durante el Renacimiento, Giordano Bruno, su trágico final, sus ideas heliocentristas (que venían desde Copérnico), de un universo infinito, el libre pensamiento como contrario a la ortodoxia y las doctrinas religiosas, dogmáticas, que le costaron la vida. Primero dará cuenta del peregrinar por varias ciudades, dando clases y escribiendo, siendo excomulgado por las cuatro interpretaciones del cristianismo: católicos, calvinistas, protestantes luteranos y anglicanos, denunciado en la Inquisición por “discursos heréticos”, prisionero durante ocho años y luego sentenciado: “tembláis acaso más vosotros al anunciar esta sentencia que yo al recibirla”, dirá. No se retractará, como ya lo sabemos, y terminará en la hoguera. Pero el mundo, y eso también lo sabemos, se mueve. Y no hay tutía.

Una de las historias menos conocidas, es lo relativo al invento de los anteojos (siglo XIII) y la paternidad de dicho invento que se sustenta en el estudio de la óptica desde Ibn al-Haytham (Alhazer o Alhacer, árabe del siglo XI), el descubrimiento, casual, del vidrio, sus usos y técnicas (el soplado), y su composición química.

Durante el barroco tardío, la vida de Vivaldi saldrá a relucir, sobre todo la creación más recordada, las Cuatro estaciones, que estaban acompañadas de “un soneto para cada uno de los conciertos que la componen”. Nos enteraremos, por ejemplo, que enseñó distintos instrumentos a niñas huérfanas o abandonadas de L´Ospedale della Pietà y “creó con ellas una orquesta estable y compuso obras y arreglos para esta”. Los notables, monarcas y figuras de la época asistían a esos eventos. Recuperadas del olvido sus partituras por el musicólogo Alberto Gentili en el siglo XX, sus creaciones nos llegan hasta hoy. Del primer movimiento del Concierto l´inverno: “No importa cuantas veces se resbale y se caiga y luego se vuelva a levantar, cuanto se tenga cuidado de que el frío hielo no se rompa bajo los pies, de todas formas en algún momento los bravíos vientos de guerra romperán sus cadenas y escapando nos recordarán que, de las cuatro estaciones del olvido, esto es el invierno y que de todas maneras, finalmente gozo y alegría nos traerá”. Uno más de los ejemplos de un hombre que obtiene fama y muere en la pobreza.

Todas las culturas, todos los pueblos, tienen su leyenda de horror y espanto. El monstruo U Sugghiu es el terror del torrente Iannelo, y la cita de Edgard Allan Poe nos lo recuerda: “Los monstruos más temibles son los que se esconden en nuestras almas”, porque lo que se proyecta exteriormente tiene, indudablemente, una conexión con nuestros propios temores y miedos. En este caso, avistado en una zona pantanosa, es “un híbrido, mitad humano, mitad reptil, con el cuerpo cubierto de escamas y de color verdoso oliva. Con rostro –y este es un dato curiosísimo– de hombre-niño. Otros dicen que similar al rostro de un roedor, con una pequeña clin [melena] en la cabeza y ojos feroces propios de un depredador”, las víctimas son animales salvajes o de cría y también humanos. Su grito es una “mezcla de aullido característico de un depredador con el tono agudo de un grito de cerdo cuando es agredido…”. U Sugghiu “es una cosa misteriosa y muy, muy fea de mirar”.

Frente a las costas de Messina, en Sicilia, hay siete islas en el mar Tirreno, y el autor nos da un panorama como de recorrida turística, geográfica, diciéndonos que la vida, aquí, “tiene un ritmo slow-life, con pintorescos toques de anarquía e impronta punk”, que nos da la idea del renunciar a todo, como dice un grafiti: “Dejo todo, vivo en las Eolie”. Allí está Lipari con Vulcano, un volcán “aún activo pero dormido”, o Stromboli que tiene, también, un volcán, pero este muy activo, lugar de estudio para los vulcanólogos. Todas estas islas tienen su belleza y son lugares aptos para el turismo, contando con todos los servicios. Son conocidas como las Islas Eolie, nombradas desde la mitología griega.

El siguiente relato nos remite al título del libro: “Navegantes de un mundo incontable. La aventura del encuentro de Púnicos y Sicilotas”, porque de la guerra entre los púnicos, los fenicios cartagineses, y los sicilotas, que son los griegos de Sicilia, es que se van armando las distintas tramas de la historia de esta región. La cita –fragmento del poema “Mundo”, de Mario Benedetti–, que dice: “No vayas a creer lo que te cuentan del mundo en realidad el mundo es incontable”, nos da la pista de la intención del autor, y nos abre las puertas a la necesidad de conocer otros mundos –otros cuentos y otras cuentas sobre las cosas–. “Pueblos, culturas, sensibilidades, que al igual de cómo nos advierte de manera magistral Benedetti en su poema, tampoco creyeron lo que les contaban del mundo, sino que salieron a descubrirlo, verificando con sus propios ojos que, en definitiva, era y sigue siendo, incontable”. Aquí estarán los fenicios y los griegos, sobre el Mediterráneo, y la navegación y el comercio, con la expansión de las poblaciones y las ciudades, que llevarán consigo sus culturas sobre los distintos territorios. De los fenicios nos viene la escritura (habrá una breve historia del alfabeto). Además, hablará sobre la emigración o colonización griega, en dos periodos, debida, entre otros factores, por “la presión demográfica por aumento de la población, escasez de alimentos, dificultades geográficas vinculadas con la agricultura, revueltas, disturbios y alzamientos al interno de las polis griegas…”, que está relacionada, y se la menciona expresamente, con la guerra de Troya. Y mencionará algo sobre aspectos y condiciones para fundar nuevas ciudades, dando algunos ejemplos, así como una mención a Empédocles de Agrigento, que estableció los cuatro elementos: agua, tierra, aire, fuego. Y no faltará la guerra entre Atenas y Siracusa, Segesta y Solinunte (Cartago), con sus idas y vueltas.

Del mismo modo que en el libro anterior, se abre, ante nosotros, el capítulo gastronómico con la historia del tomate, p´aak tomatl, y su trasplante a Europa, su entrada probable por Sevilla y su uso posterior en las pastas y la piza. Porque éste es originario de América, en sus dos variantes, de la zona andina y amazónica, y la del norte de Centroamérica y el sur de México. Del náhuatl nos viene “Tomatl” (del quiché “P´aak” o “P´ak” en yucateco). Y, de paso, nos hablará sobre la creación, el Popol Vuh, la numeración, que incluye la noción del cero, el calendario y su uso práctico en la agricultura, y la astronomía maya.

Por último, no nos podemos olvidar de Arquímedes y su historia, ubicándolo en el cuadro de la Segunda Guerra Púnica, entre Roma y Cartago. La mejora tecnológica, naval, de los quin querremes (que contaba con cinco niveles de remeros) a partir de los trirremes, se complementó con los inventos del genial inventor, el “rayo de calor” y la “garra”, aplicados a la defensa de Siracusa, que conduce Arquímedes con cierto éxito.

En suma, dos libros originales que nos ofrecen otra forma de entrar en la Historia y que, de seguro, se continuará con otros relatos futuros que nos van a asombrar tanto como los que hemos leído.

Porque en el inicio fue el viaje y el descubrimiento. Después la investigación. Y finalmente la escritura.
(Mar de los romanos, de Gabriel Arias, Ginkgo Editora, 2025, Montevideo, 126 páginas)
(Relatos de un mundo incontable, de Gabriel Arias, Ginkgo Editora, 2026, Montevideo, 260 páginas)

Por Sergio Schvarz

 

 

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