¿Por qué vuelan los aviones?

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“Qué falsa invulnerabilidad la felicidad”
Silvia Pérez Cruz

Me había negado a escuchar a Jakub Jozef Orliński con detenimiento hasta que una madrugada, mientras mi avión volaba entre el cielo y un río ancho, puse su interpretación del Stabat Mater de Vivaldi y empecé a sentirme mal a 30 mil pies de altura. El sentimiento era de desprotección. La lentitud y el dolor de su voz se mezclaron con la rapidez y la alegría de aquel viaje; y en la desnudez del cielo, por una cuestión física, no pude terminar de escucharlo. Estaba siendo un viaje hermoso y uno suele jurar que la felicidad es un blindaje. Ese fue el único momento en el que sentí la fragilidad respirándome en la nuca, sentí miedo de que el artefacto explotara. Era lo último que necesitaba. Todas las fragilidades comenzaron a caer de golpe. Sobre la pequeña cruz tatuada de mi pecho, puse la mano.

 …Iuxta crucem lacrimosa…

Prefería volar escuchando el Stabat Mater de Pergolesi, que es ciertamente bellísimo. Apagué el reproductor. Su voz todavía me lleva a aquella carcasa metálica protegiéndome de la presión atmosférica. Orliński no es un producto. No es una pieza de ingeniería de marketing. Un producto -por más cuidada que sea su estética- no te volvería vulnerable, no arrancaría un fuselaje sólido, no te dispararía en pleno vuelo con la precisión de un francotirador. Un producto haría el simulacro, pero no el incendio.


Hay cierta gracia en volar, en atravesar el cielo bajo protecciones físicas, en creer que se entienden las cuatro fuerzas que permiten el avance. Sustentación. Peso. Empuje. Resistencia. 

Es el mismo mecanismo del dolor, son las mismas fuerzas que se producen bajo ciertas músicas. Por eso sentimos que el cuerpo se va, se sustenta, pesa, se resiste, que algo rompe limpiamente el aire. Sentir se vuelve un ejercicio aerodinámico. Si una voz cumple con las cuatro fuerzas, es propicia para el vuelo. Tendemos a creer que solo lo sacro merece atravesar el aire.

La voz de Orliński no es una oración en latín, es el acto de persignarse antes de subir a los aviones. Su voz entendió -si es que la voz entiende- que la felicidad no es protección suficiente, que no hay manera amable de sufrir. La virgen lloraba en aquel canto casi dulce, y entonces fue más frágil que santísima

 …dum pendebat filius…

Por eso apagué el reproductor.

Orliński no canta desde lo inmaculado, ni desde la pulcritud, ni desde dolor poético. 

Ningún dolor fue nunca poético.

El principio de Bernoulli

 And no one knows how wild the wind blows

Molly Drake

[-Papá, ¿por qué vuelan los aviones?

Mi padre sopló un pedazo de papel, una especie de origami de unos 10 centímetros de largo por 3 de ancho. Me explicó muy tiernamente el principio de Bernoulli. Mis ojos de niña se iluminaron sin entender muy bien la aerodinámica detrás del avión partiendo el viento. Entendí que vuelan porque algo se sobrepone. Una fuerza. Algo grande. Vuelan porque el metal no es más ligero que el aire, pero aprendió la destreza de los origamis].

El viento no nace por capricho; es la atmósfera intentando equilibrarse. Hay algo de esa física implacable en la forma en que Jakub aborda el Barroco. Cuando se plantó en el escenario del Teatro Solís a resucitar al Seicento, sentimos la respiración de Netti y de Barbara Strozzi resurgiendo por una especie de mediumnidad física y sonora. Estamos tan amaestrados en el ejercicio de vivir la liturgia íntima de las salas de concierto que la más mínima disonancia visual nos hace cuestionarnos lo escuchado; de ahí que el intérprete, en sus primeros años, haya sido recibido con recelo por el sector más conservador de la crítica. La solemnidad acartonada de la ópera clásica nos ha hecho mucho daño y tendemos a dudar cuando vemos unos sneakers en la alfombra roja o un espectáculo donde el cuerpo y la voz se entregan en la misma medida. Pensé en Vivaldi nuevamente. Alguien me preguntó hace años por qué su Verano no sonaba a verano. Y esa es la misma razón por la que Orlisnki causa una disonancia estética. Vivaldi no escribió su verano desde el divertimiento cortesano, no lo escribió desde la perspectiva de un duque vienés, sino desde los ojos de los jornaleros: la hambruna, el agobio, la ruina, la cosecha destruida. Jakub incomoda por el mismo motivo: no aborda el Barroco desde la mansedumbre esperada; su cuerpo habla, se mueve, su proyección es irreverente, no le importa caminar descalzo mientras en su pecho nace la dulzura de Moratelli.

El Barroco temprano-medio italiano fue una época muy intensa, de mucha experimentación. L’amante consolato de Barbara Strozzi es una rareza, la propia Strozzi es una rareza en un mundo diseñado para la interpretación y la composición masculinas. Es hermoso cuando la música se subordina a la palabra, cuando crece contra todo pronóstico y hace que el intérprete se deje caer y consolar. Cuando Orliński canta, nos deja la sensación de estar en un confesionario, sabe abordar cada pieza con una respiración que se repliega sobre sí misma hasta dejar al aire sin nombre. También nosotros quedamos sin nombre y sin amparo, porque él nos vuelve amantes y culpables según se le antoje a su repertorio. Interpretar a Strozzi requiere de una emoción que desafíe las reglas de la ópera tradicional, por eso me parece una compositora especialmente peligrosa, una de las más desafiantes de Beyond, donde Orliński y el ensamble Il Pomo d´Oro tuvieron el hermoso capricho de traer al Seicento hasta este siglo e interpretarlo desde la desnudez del espíritu. Lo lograron.

La Tercera Ley

Nos dejó con cierta orfandad cuando terminó el concierto. Se volvió a sentir el frío de Montevideo, la gente se disipó con los los afectos más hondos de la condición humana destrozados. Las conversaciones en los pasillos eran absolutamente surreales: señoras enamoradas de su encanto, jóvenes músicos deslumbrados por su voz, gente procesando la experiencia con exaltación. Lo cierto es que desafió los límites del purismo clásico, bajó al Barroco de su pedestal, lo volvió corpóreo, se convirtió en anciana y en joven, y en nadie. Rompió algo, lo rompió todo, y eso es relevante en esta escena moderna donde primero se sienta el purismo y luego la audiencia.

Al final del concierto, noté una gracia en su manera de hablar, una gracia únicamente comparable con la de un niño. Me reí porque sé que le da absolutamente igual lo que el sector conservador piense sobre Beyond, sé que bailaría breakdance sobre el escritorio de más de un crítico de clausura. No hay rigidez en su voz y tampoco la hay en su manera de relacionarse con el mundo. Su capacidad para pasar de notas frágiles a melismas ágiles es la misma con la que pasa de la silla al suelo, la misma con la que personifica una capa y la abraza tendido frente a un ensamble que respira como un pulmón antiguo y también resucitado.

Para cambiar el tiempo verbal necesitas otra redacción. Ej: Barroco temprano. De hecho, me enfurezco..

Probablemente me hierva la sangre si algún ensamble moderno le añade castañuelas a una pieza del Barroco temprano, me enfurezco mucho cuando noto una velocidad ridícula en un allegro de interpretación pretenciosa, y por supuesto que salgo gritando que se ensució la claridad del contrapunto. Pero no me molesta que se reestructure nuestra visión anticuada del Barroco, ni que la intención resurja y se mezcle con este siglo. Me gusta de Orliński y de Il Pomo d´Oro que respetan lo respetable; es decir, los ornamentos sirven a la emoción. Orliński traiciona la solemnidad de los tiempos pasados, pero no traiciona al Affektenlehre

Todavía tengo de aquel rencor de los aviones cuando lo escucho. La geografía del viento fragmentada es una cosa seria. Pero con tanta transparencia, a tantas millas de casa, sentí una calidez que, a decir de Carlos Fuentes, me situó en la región más transparente del aire

Ciertamente Orliński no canta desde lo inmaculado ni desde la pulcritud ni desde dolor poético. Canta desde un principio semejando un dolor aerodinámico. Sustentación. Peso. Empuje. Resistencia. Si eso levanta un avión, puede levantar el polvo de un Barroco olvidado.

[-Entonces, ¿vuelan gracias al aire?

-No precisamente.

La conversación -lo entiendo ahora- nunca fue sobre aviones. La ley de acción y reacción es perfectamente aplicable al escenario, y el principio de Bernoulli con sus cuatro fuerzas].

Orliński canta con la destreza de los origamis. 

Y eso es todo lo que sé sobre aerodinámica. 

Por Wendy Martínez

 

 

 

 

 

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