Argentina / El relato oficial y un gobierno lleno de desconfianzas

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  La escena política y económica de la Argentina en este tramo de 2026 ofrece la puesta en escena de una compleja paradoja de gestión. Por un lado, el Ministerio de Economía intenta sostener lo que los análisis macroeconómicos definen como un trinidad imposible, la búsqueda simultánea de contener la inflación, sostener el dólar pisado y reactivar la economía real. Por el otro, en los despachos del Poder Ejecutivo se libra una contienda subterránea donde la narrativa oficial, plagada de mentiras, exageraciones y parcialidades choca contra los límites de sus propios resultados, configurando un escenario donde el mayor rival del presidente Javier Milei es su propia administración.

El principal activo del plan económico continúa siendo la desaceleración del índice de precios. El dato de inflación de agosto, ubicado en el 1,7% mensual, representa la cifra más baja en 14 meses y es exhibido por el Gobierno como la bandera central de su consenso social. Sin embargo, al desglosar la masa estadística, los analistas señalan que la inflación núcleo permanece resistente en el 1,8%, impulsada por contratos inerciales y la dolarización del proceso inflacionario.

El enfriamiento que ahoga a la industria

La brecha entre la calma financiera y la economía cotidiana ha comenzado a encender alarmas en el propio establishment económico. Consultores que durante meses proyectaron brotes verdes coinciden hoy en que el nivel de actividad ha pasado del amesetamiento a una fase de enfriamiento directo.

El Índice Nacional de Estadística y Censos (INDEC) consignó caídas mensuales desestacionalizadas del 5,0% en la industria manufacturera y del 4,6% en la construcción, dos motores centrales para la generación de empleo y el consumo masivo. En sectores específicos como la producción de maquinaria agrícola, el retroceso alcanzó el 46,6%.

Esta contracción responde en buena medida al atraso cambiario. La pérdida de competitividad ahoga a la industria nacional frente a las importaciones y encarece los costos de producción local. Sin embargo, el Ministerio de Economía evita realizar correcciones en la paridad del dólar mayorista ante el riesgo latente de un traspaso directo a precios (pass-through) que destruya el principal pilar del relato oficial.

La mora empresaria triplica el promedio histórico 

El impacto del freno económico comienza a cristalizarse en los balances del sistema financiero. Según datos de la consultora Equilibra, la morosidad en los créditos concedidos a empresas trepó del 0,7% a fines de 2024 al 3,7% al cierre del segundo semestre de 2026, alcanzando registros que triplican el promedio de las últimas dos décadas.

La apertura del indicador muestra con claridad la dualidad del modelo:

Sectores dinámicos: La minería, la energía y las finanzas registran niveles de mora inferiores al 0,5%, beneficiadas por la demanda externa y el ingreso de divisas de Vaca Muerta o el agro.

Sectores del mercado interno: La construcción exhibe un 7,7% de irregularidad, mientras que en la industria del cuero y textil la mora trepa al 14,6%.

Malvinas: la contradicción libertaria

En el plano político, el Gobierno intenta compensar el desgaste económico mediante maniobras comunicacionales y el uso estratégico de la agenda soberana. La reciente tensión diplomática en torno a las Islas Malvinas y la actividad de licencias petroleras fue utilizada como una oportunidad para recomponer el eje de su relato en la opinión pública, una jugada coordinada desde el núcleo duro de asesores presidenciales liderado por Santiago Caputo.

No obstante, esta estrategia nacionalista debió moderarse cuando amenazó con colisionar con intereses económicos inmediatos. La Procuración del Tesoro debió recalibrar denuncias contra empresas internacionales vinculadas a servicios petroleros como Bluewater, debido a que la misma firma resulta indispensable para el desarrollo logístico e infraestructura de transporte en Vaca Muerta.

Paralelamente, la interna de La Libertad Avanza se profundiza en las estructuras operativas del Estado. Mientras la Secretaría General de la Presidencia —encabezada por Karina Milei— busca consolidar listas propias en el armado electoral de cara a las legislativas y mantener el control sobre la Justicia y el Consejo de la Magistratura, el sector de Santiago Caputo amplía su influencia territorial sin nombramientos formales, desplegando presencia directa sobre áreas críticas como la administración del PAMI y el control aduanero en Ezeiza.

El laberinto del superávit y las perspectivas de mercado

El último ancla que sostiene la confianza del capital financiero es el superávit fiscal. Sin embargo, el excedente financiero se ha tornado cada vez más estrecho —ubicándose en niveles cercanos al 0,1% del PBI— debido al resentimiento de la recaudación tributaria provocado por la recesión. A esto se le suma el debate sobre la sostenibilidad del resultado caja, presionado por deudas acumuladas con productoras de gas que superan los 350 millones de dólares y el diferimiento de compromisos corrientes.

El programa económico navega así sobre un equilibrio delicado. Liberar el dólar para recuperar competitividad industrial dispararía la inflación; mantenerlo pisado castiga la recaudación y profundiza la morosidad; y ajustar el gasto para sostener el superávit fiscal acentúa el enfriamiento de la calle. El desafío libertario no reside solo en enfrentar a una oposición en reorganización, sino en resolver las contradicciones internas de su propio esquema macroeconómico antes de que la tensión entre precios, dólar y recesión quiebre el tejido productivo.

Andrés Correa

 

 

 

 

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