La mala entraña saliente

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 / El gobierno en retirada viene de elecciones en las que no debió hacerse cargo de su prontuario. La multiplicidad de hechos reprochables hasta lo penal de su gestión no fueron argumento de debate para el Frente Amplio, lo que hubiera dejado a la coalición sin respuesta. Es más, tampoco lo fueron temas que se planteaban en la primera línea de urgencia antes de la campaña electoral, como la niñez mal alimentada, mal instruida y sin ser dotada por el Estado de capacidades para un mejor futuro. También la pobreza, la ausencia de vivienda digna para quienes no la tienen, los salarios impagos durante tres años por acuerdo forzado por el gobierno en nombre de la necesidad, los cientos de miles que ganan menos de 25.000 pesos, los parece que 2,6 millones de dólares de pagos comprometidos por el gobierno saliente y no contabilizados en la deuda presupuestal que deja. En fin: el regalo del puerto, la joya de la corona por el cual se fundó Montevideo, y mucho más.

Ocupados en hacer esos desaguisados, no leyeron la escena en términos políticos. Dada la situación en que está el país, es claro que el gobierno electo eligió abonar el terreno para construir políticas de Estado en una serie de temas; que eran y son una necesidad, dada la dimensión de los problemas que el FA ahora asume para enfrentar.

Fue una clara señal de esto la excelente interpelación de la senadora Silvia Nane al INAU y Mides, tras la muerte de una joven de 16 años en un parto, captada por una red de explotación sexual, que había estado internada en el INAU y de la cual el INAU seguía seguía siendo responsable. Les habló Nane desde la honestidad y la humildad para habilitar el tratamiento por el Estado de un asunto de Estado. Si se recuerda, Nane recorrió la historia del tratamiento estatal a los temas de la niñez, para plantear que el Estado todo debía hacerse cargo. Fue en vano. El tema de la niñez maltratada, dañada, lacerada por el Estado sigue sin entrar en la agenda política del gobierno saliente.

La coalición no solo firmó en los descuentos el anticonstitucional contrato de Arazatí, ruinoso para el Estado, los productores y los habitantes de la zona. Ignoró la fuerza política de la sociedad civil organizada que se expresó una y otra vez, junto con la academia y la clara oposición del FA; ignoró el sentido común y la misma idea de continuidad democrática. Ignoró la política. Y sigue haciendo desaguisados. No sólo resultó de la transición que la deuda del Estado superaba el nivel que se manejaba, sino que a los pocos días de saberse esto, el gobierno accede a un préstamo de 690 millones de dólares y luego emite bonos en pesos, más deuda, por otros 400 millones de dólares. En total, unos 1.100 millones de dólares más de deuda.

Es fin de fiesta para el gobierno saliente. Si pasaron tres décadas desde el anterior gobierno blanco, el de Lacalle Herrera, hasta éste, ahora se preparan para un largo, muy largo acampe en el llano de la política.

El gobierno saliente debería preguntarse por qué en campaña electoral el Frente Amplio no le hizo responder ante el ciudadano por hechos que parece que tienen que ser recordados. No se lo cuestionó por el pasaporte a Marset, por la intendencia paralela que montó en Salto Grande para recuperar la autoridad política sobre el departamento, y que mantuvo en su puesto a los ñoquis pese a que se deschavó el asunto. Tampoco por las muchas implicancias del caso Astesiano que no están debidamente formalizadas; empezando por sus chats con el presidente Luis Lacalle Pou y particularmente lo que éste decía en ellos. La lista es muy larga, y toda la coalición saliente es responsable de lo hecho por Lacalle Pou. Se le pueden poner muchos nombretes a lo hecho, pero no es política.

Si la intención hubiese sido transformar la realidad con la política, el gobierno saliente, monocorde él, tendría que no haber acusado al Frente Amplio de ser Frente Amplio durante toda su gestión: parece que la centro derecha de este país llora aún hoy la caída del muro porque debilitó su anticomunismo. En cambio, deberían haber encarado el hecho de que el FA obtuvo lo que obtuvo en las elecciones porque el sentido común del ciudadano es más sensato ante la realidad que el propio FA. Los votos que se le suman, una y otra vez, en la segunda vuelta, le están indicando al FA un rumbo a cuya altura debe ponerse. Se quiere suponer que hacia allí se va. Los solo hoy gobernantes no lograron entender que el FA está aprendiendo cada vez más a encontrar su fortaleza en la coincidencia, y habilitar así una discrepancia que no lacera.

Hoy, el FA ganó las elecciones por una conciencia popular generalizada a la que se le pone el nombre de batllismo, a falta de una realidad que todavía no se plasma en la contundencia política necesaria para tener nombre propio. El número de senadores logrado por el FA fue una sorpresa para el propio FA, por ejemplo. La moraleja es obvia: hay que conocer mejor a la diversidad de los propios votantes para hacer realidad ese potencial y transformarlo en acción a largo plazo.

En sus orígenes, cuando chocaban la derecha y el MLN, Líber Seregni hacía un acto en la calle, siempre en la calle, y decía lo necesario en el momento adecuado para ser parte de la situación política. Hoy, el gobierno electo del FA dejó pasar sin motivos consistentes y ni siquiera comentarlo el que el presidente electo, Orsi se reuniera con el nacionalista Álvaro Delgado el mismo día en que se firma el contrato de Arazatí, por más que aproveche Orsi la presencia de periodistas y reitere los argumentos del gobierno sobre el cuestionado «proyecto». Ya se reencontrará Orsi con el tema cuando Lacalle exhiba el proyecto Neptuno como «uno de los principales logros de mi gestión». Y habría que decretar que los políticos de la coalición sólo tomen el agua de Arazatí.

El FA ignora la fuerza cultural y política que tienen en lo social los hechos de gobierno, como este de reunirse con el perdedor de las elecciones el mismo día en que se firma Arazatí. Ignora el FA el hecho vinculante de que Lacalle no estuvo presente en la firma, tras haber estado presente en la firma de hechos de mucha menor jerarquía en este último tramo de su gobierno. Ni siquiera pasó «a saludar», como hizo en su momento ante la reunión convocada para la destrucción de documentos del Estado. Se le pueden adjudicar razones a su ausencia, pero «ustedes me conocen» es una frase de Lacalle Pou –en conferencia de prensa por el caso Astesiano– que no se puede olvidar.

Lo que hoy importa es ese desafío llamado futuro. Y hacia él, el FA está ignorando la trascendencia de lo simbólico, lo cultural, la comunicación, para consolidar su discurso y acción, desconociendo la pesada herencia que le están dejando, con cuentas a pagar por tres puntos del PIB y obras públicas cuya calidad habría que examinar. El propósito de la coalición ésta es claro: dificultar lo más posible al gobierno del FA en el hacer imprescindible.

Que examine el FA su propio accionar en el gigantesco caso de defraudación de ahorristas con bonos ganaderos que se está desarrollando: no basta con informar, sino que hay que entender y accionar. No basta con que el Banco Central informe (en julio 2022) qué es un ‘esquema Ponzi’ y lo califiquen de estafa. Hoy se oficializa que la situación con los fondos ganaderos es “asimilable a la crisis bancaria de 2002”, en la declaración del presidente de la Bolsa de Valores de Montevideo. Y no es razonable pensar que el gobierno saliente no sabía esto antes de las elecciones. La información hoy disponible demuestra que los hechos en progreso eran conocidos.

Curiosamente, hay pertenencia al mismo sector social de los estafados y de los que medraron en él. Y a este tipo de conductas se debe oponer el FA a voz en cuello, sin que interese su pertenencia social pero sí su conducta. A esto se suma ahora el techo que se pone el propio FA para crecer hacia la mayoría propia, indiscutible y fundante, en base a una cultura progresista que trascienda a esta derecha y vaya hacia un destino propio. Como se sabe, se necesita forjar políticas de Estado en varios temas; tantos, que en definitiva se caerá en la cuenta de que se debe ir hacia un nuevo Contrato Social que establezca las necesarias, tal como propuso Jean-Jacques Rousseau y publicó en 1762. No es que se vaya hacia una nueva revolución francesa. Pero no sólo es necesario un FA que se permita crecer en el sentido que la ciudadanía sugiere y necesita que crezca, sino que desde otras filas se haga carne que lo que está terminando de suceder hubiera podido ser de otra manera. Y que es parte del escenario actual que los gobernantes no hayan logrado entender que el FA está aprendiendo cada vez más a encontrar su fortaleza en la coincidencia, y habilitar así una discrepancia que no lacera.

Hay espacio y necesidad de que lo sea, por más ultraderecha que asome entre las piedras. Eso requiere de fuerza política y no de agua de borrajas, y no es un tema de mayorías parlamentarias sino de la república: tiene que haber una parte sana de la oposición que se decida a hacer patria.

Y como apéndice cabe recordarle al Partido Frente Amplio que la campaña electoral no terminó con las nacionales de noviembre, que para un mejor gobernar están los resultados de las municipales de mayo y que le sería oportuno considerar alguno de los hechos aquí expuestos.

Por Pablo de Muller

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