Juan Raúl el embajador uruguayo en el Vaticano de León XIV

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El 29.12.2025 en el Palacio Apostólico Vaticano, el Santo Padre León XIV ha recibido en audiencia a S.E. al señor Juan Raúl Ferreira Sienra, nuevo embajador de Uruguay ante la Santa Sede, con motivo de la presentación de sus cartas credenciales.

A continuacion María José Pastorino comunicadora de la publicación: «Entre Todos»  comparte algunas reflexiones con Juan Raúl Ferreira, sobre sus primeros meses de servicio en el Vaticano.

¿Cómo recibió la propuesta de ser embajador de Uruguay ante la Santa Sede?, ¿qué fue lo primero que pensó? 
-Me sorprendió, no me lo imaginaba. Me pareció un lindo desafío el demostrar que la diplomacia de la Santa Sede es muy importante, más allá de credos. Me sorprendió también la cantidad de señales a lo largo de la vida que parecían preparar mi llegada a este sitio.

En su momento no reparé en ellas. Pen saba en cómo conocí al papa Francisco, siendo sacerdote, en el día más trágico de mi vida, con 23 años, tras la muerte de Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Recordé nuestro reencuentro en Buenos Aires, cuando siendo yo embajador, él asumió como arzobispo.

Mi segundo exilio en Estados Unidos, trabajando en WOLA, por el cese de la ayuda militar a Uruguay, auspiciado por la Conferencia Episcopal de dicho país.

Mi amistad por aquellos años con el “Relaciónense bien con la Santa Sede, pero, sobre todo, relaciónense bien entre ustedes”

El embajador uruguayo ante la Santa Sede, Juan Raúl Ferreira, comparte reflexiones de sus primeros meses de servicio en el Vaticano hoy san Romero de América. El bautismo de mi hijo en la nunciatura, en los años de Mons. Francesco de Nittis; por esos tiempos daba sus primeros pasos diplomáticos el actual secretario para las Relaciones con los Estados y las Organizaciones Internacionales de la Santa Sede, Mons. Gallagher.

Representar a un país con una fuerte tradición laica en el Vaticano supone un desafío particular. Desde su perspectiva, ¿cuáles son hoy los principales retos y qué oportunidades abre esta singularidad para el diálogo?
-Ser católico y representar un país laico ante la diplomacia de la Santa Sede exige cuidados muy especiales. Hay muchos aspectos de las relaciones con el Vaticano que la mayoría de los uruguayos desconoce.

Acá hay embajadores acreditados de países como Cuba, Rusia, Irán, Palestina, Israel. Muchos de ellos con intereses en contra dos y ninguno de ellos es Estado confesional cristiano. 

En momento de crisis del multilateralismo, la Santa Sede se ha
transformado en una instancia de negociación bilateral y multilateral, donde se apunta a lograr un triunfo del diálogo y la razón sobre la guerra y la fuerza.

Siempre nos lo recuerdan diciendo: “relaciónense bien con la Santa Sede, pero, sobre todo, relaciónense bien entre ustedes”.

En la discusión pública uruguaya, el fenómeno religioso suele generar miradas polarizadas. ¿Cómo cree que se puede avanzar hacia un abordaje más sereno y plural de lo religioso?
-Carlos Julio Pereyra, un laico militante, solía decir: laicidad no es actitud antirreligiosa, si no sería laicidad. Cuando uno ve la pluralidad religiosa que desfila por el Vaticano, se da cuenta de que muchos tienen una visión anticuada o confundida. Muchos creen que laicidad debe significar anticlericalismo o anticatolicismo, y eso es un gran error. 

¿Qué considera que puede aportar la Iglesia católica a la realidad actual de la sociedad uruguaya?
– Confianza en que el esfuerzo vale la pena. Evitar que Uruguay sucumba ante una grieta parecida a la del resto de América Latina de hoy. Tolerancia y respeto. Luego tendrá obviamente su propia misión y visión, teológica y religiosa. Pero no nos olvidemos que el papa León ha sido muy ecuménico, y reclama en todos los países —no solo donde se persigue a los cristianos— la libertad religiosa como un valor fundamental para la humanidad.

En lo personal, ¿vivió alguna experiencia de fe que lo haya marcado y que hoy influya en la manera de comprender este servicio diplomático?
-Sí. Trato siempre de no confundir la fe con la gestión diplomática, pero nunca podré dejar de ser un hombre de fe. Esos recuerdos de vida que hoy aparecen, los siento como una señal muy fuerte. Soy un modesto parroquiano de la parroquia de San Romero, en la Cruz de Carrasco, pero reconozco que mi venida a Roma, aun antes de llegar, fue haciéndome sentir mi vida religiosa con más intensidad.

Una anécdota pequeña de este último tiempo: hace muchos años que mi señora y yo somos devotos de la Virgen de Guadalupe. Muchas veces antes de dormirnos escuchamos su canción cantada por mariachis, en una mezcla de oración y reminiscencia del exilio. Yo llegué el 8 de diciembre, y la primera vez que vi al papa fue en una misa el 12 del mismo mes, por Nuestra Señora de Guadalupe. Me hizo sentir en casa.

En sus primeros días en Roma, ¿qué le llamó más la atención del clima diplomático y del modo en que la Santa Sede se vincula con los Estados?
– Las lecturas del protocolo. A veces, superficialmente y sin conocimiento de causa, creemos que está lleno de cosas innecesarias y antiguas, pero hay que saber leer en entrelíneas, percibir los mensajes implícitos. Siempre hay una lección detrás. A veces en diplomacia es más importante lo que se transmite por otras vías que lo que se dice.

En enero, el papa León XIV pronunció un discurso al cuerpo diplomático en el que afirmó que la diplomacia no puede limitarse a la gestión de intereses, sino que debe estar al servicio de la dignidad humana, la verdad y la paz.

¿Cómo interpreta este mensaje desde su rol de embajador?
-Una diplomacia que no busca cultivar la dignidad humana no sirve. Fue el eje de su discurso en aquel encuentro. Lo que más me impresionó de aquel día fue el nivel de información detallada sobre las realidades más desafiantes del mundo en el que vivimos en el mensaje del papa.

También lo había sentido en los primeros días de diciembre en el informe semestral de monseñor Gallagher y en la conversación personal con el cardenal Parolin.

El santo padre advirtió allí sobre un mundo marcado por la fragmentación, la desconfianza y la polarización. ¿Qué papel cree que puede desempeñar Uruguay, país pequeño, en este contexto?
-Uruguay es un país que ha incidido en las relaciones internacionales, más allá de su tamaño geográfico, de su peso económico, etcétera.

Ha presidido varias veces el Consejo de Seguridad en Naciones Unidas, muchas de ellas en medio de crisis internacionales importantes, como la del peñón de Gibraltar, la intervención americana en Santo Domingo y ni que hablar, la resolución de 1948, creando dos estados en territorio palestino. Todo ello, por su apego a la ley internacional, la solución pacífica de las controversias y el principio de no intervención.

Si abandonamos alguno de estos pilares, el papel de Uruguay se reduciría a la nada. Acá en mi misión, siempre reitero la voluntad de Uruguay de mediar y prestarse para el diálogo. Recordemos que la primera visita del papa Juan Pablo II no fue pastoral, sino diplomática al cumplirse un año de la firma de los tratados del Beagle, entre Chile y Argentina; en ella actuó Uruguay como anfitrión y la Santa Sede como mediadora.

El santo padre advirtió allí sobre un mundo marcado por la fragmentación, la desconfianza y la polarización.

¿Qué papel cree que puede desempeñar Uruguay, país pequeño, en este contexto?
-Uruguay es un país que ha incidido en las relaciones internacionales, más allá de su tamaño geográfico, de su peso económico, etcétera.

Ha presidido varias veces el Consejo de Seguridad en Naciones Unidas,

muchas de ellas en medio de crisis internacionales importantes, como la del peñón de Gibraltar, la intervención americana en Santo Domingo y ni que hablar, la resolución de 1948, creando dos estados en territorio palestino. Todo ello, por su apego a la ley internacional, la solución pacífica de las controversias y el principio de no intervención. Si abandonamos alguno de estos pilares, el papel de Uruguay se reduciría a la nada.

Acá en mi misión, siempre reitero la voluntad de Uruguay de mediar y prestarse para el diálogo. Recordemos que la primera visita del papa Juan Pablo II no fue pastoral, sino diplomática al cumplirse un año de la firma de los tratados del Beagle, entre Chile y Argentina; en ella actuó Uruguay como anfitrión y la Santa Sede como mediadora.

En el mismo mensaje de este enero, el papa sostuvo que la paz no es solo ausencia de guerra, sino una construcción que exige justicia social, atención a los más vulnerables y diálogo entre culturas.
¿Encuentra afinidades entre esta visión y las prioridades históricas de la política exterior uruguaya?
-Totalmente. Un alto al fuego implica ausencia de la guerra, pero está muy lejos de la paz. Viniendo del papa, tiene un profundo sentido religioso. Sobre todo, de boca de un pontífice que eligió el mismo nombre que León XIII, el primer papa con encíclicas como Rerum Novarum, que abrió el paso a otras como Mater et Magistra de Juan XXIII, Populorum Progressio de Paulo VI, abriendo el camino del compromiso postconciliar de la Iglesia en la que me formé.

León XIV insiste: “siempre del lado de los más vulnerables”. Mirando hacia adelante, ¿qué expectativas tiene respecto a la próxima visita del papa al Uruguay y qué cree que podría significar para la sociedad uruguaya, tanto creyentes como no creyentes?
-Repito, constantemente recibo muestras de interés desde diversos sectores religiosos sobre la visita del papa León. Yo creo que hay mensajes que ayudarán mucho al Uruguay de hoy.

Los problemas de las adicciones como comienzo a un tránsito de criminalidad, los problemas de la juventud y adolescencia. La tolerancia… Seguramente sus palabras puedan iluminar y sembrar esperanza.

 

 

 

 

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