Sergio Ramirez ante Nicaragua sin elecciones

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   De su columna en El País -//- Aunque por ahora los opositores especulan sobre el modelo que Daniel Ortega puede imponer, como lo hizo antes con la figura de la “copresidencia” para repartirse el poder y asegurar la sucesión junto a su esposa, lo cierto es que esta pretensión choca de frente con la política que Washington ha sostenido hacia Nicaragua durante los últimos años. Desde el estallido de la crisis sociopolítica de 2018, Estados Unidos ha insistido en que cualquier salida pasa por el restablecimiento de la democracia y la celebración de elecciones libres, competitivas y con observación internacional.

En marzo pasado, el Departamento de Estado dijo que su estrategia hacia la “dictadura Murillo-Ortega” busca restaurar el Estado de derecho y propiciar “un cambio de comportamiento”. Washington no precisó entonces qué nuevas medidas contemplaba, pero enmarcó su advertencia en el monitoreo de los apoyos internacionales que recibe el régimen y en el uso de sus herramientas diplomáticas para aumentar la presión.

Estados Unidos recordó que desde 2018 ha impuesto sanciones financieras contra decenas de funcionarios y entidades vinculadas al poder, mientras mantiene abiertas otras vías de presión política, económica y migratoria. “Todas las opciones siguen sobre la mesa”, advirtió el portavoz, una fórmula deliberadamente amplia con la que evitó descartar nuevas sanciones, restricciones de visado u otras acciones contra el régimen.

Por su parte, el analista político en el exilio Eliseo Núñez interpreta el anuncio como una maniobra para modificar las reglas de cualquier eventual negociación futura. “Ortega juega a los hechos consumados”, sostiene. “Si en algún momento las presiones lo obligan a negociar, ya no partirá del punto de que en Nicaragua existen elecciones que deben ser libres y competitivas. Ahora el punto de partida será que simplemente no hay elecciones”.

Núñez coincide con Chamorro en la idea del “centralismo democrático” chino. Sin embargo, advierte de que, incluso si ese modelo queda plasmado en las reformas anunciadas, las decisiones seguirán dependiendo exclusivamente de Ortega y Murillo. “Ortega da este paso convencido de que mantiene el control interno gracias a la estabilidad económica y la represión, mientras percibe que la atención de Estados Unidos está concentrada en otras prioridades”, concluyó.

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