Dos Argentinas, un abismo: A propósito de Moria Casán y otros mundos

Tiempo de lectura: 5 minutos

 /¿Existe la posibilidad de qué bajo el mismo cielo, en el mismo tiempo, existan dos mundos, a una distancia infinita? Es el mundo de Moria Casan y la otra Argentina, la de la dictadura, la de los desaparecidos, de la mayoría de los argentinos.

Eso es lo que nos diferencia radicalmente a los dos pueblos, en el Uruguay nunca existió y es posible que nunca exista, pero NOS vamos acercando, dos mundos totalmente distintos y que no se tocan, ni siquiera se rozan.

Vi la serie Moira Casan, tiene un solo mérito, el de mostrar en toda su denudes, de cuerpos y de almas. Son una serie de capítulos que construye prolijamente esa realidad, que hoy pervive con otras formas, otros personajes, pero los dos mundos enfrentados y distintos, que simulan coexistir en el mismo país.

 No se trata solo de distancias geográficas entre los teatros de la Calle Corrientes, el “obelisco con tetas” y la casa rosada, la Escuela de Mecánica del Armada con sus horrores y las villas miserias con sus curas mártires. 

No existe esa realidad en el Uruguay, este país algo parecido, pero diametralmente distinto. No existe esos dos mundos casi sin contacto, pero que viven a unos pocos cientos de metros de distancia, como los hay en Buenos Aires, Mar del Plata, Córdoba y el resto de Argentina.

Me falta un “detalle” además de las avenidas de los teatros de variedades en esas tres ciudades claves en ese mundo, la televisión, ocupada por Moira y Susana Giménez, una inmortal y otra muy rica, y otros nombres conocidos, casi todos cómicos, porque ese es un mundo de cómicos, no de actores, es el mundo del cine de Olmedo y  nunca La Patagonia Rebelde, o El Secreto de sus ojos. Es el mundo de Ricardo Darín y en el medio de los dos mundos cinematográficos el de Adrián Suart.

Es el mundo del obelisco con tetas que menciona Moria directamente, y la sobriedad de los barrios de pobres, de las villas miserias, que en algún caso está cerca de Retiro, al comenzar la avenida 9 de Julio, la “mas ancha del mundo”. Ninguno de los creadores de los obeliscos, desde los egipcios y los ladrones romanos y franceses se imaginaron que habría en algún lugar del mundo un obelisco con tetas. Ni las imitaciones en Washington DC o en Montevideo. ¿Se los imaginan” En Argentina sí. 

Pasan los años y ese decorado cinematográfico o televisivo sigue igual, intocable, con algunos momentos de roces, pero con distancias siderales.

Lo bueno o lo malo es que ellos no se dan cuenta, vienen a compartirlo con nosotros a Uruguay, a Montevideo y sobre todo a Punta del Este. Aquí no tenemos nada parecido y creo que nadie lo quiere. Convivimos a la distancia, aunque finjamos que somos parecidos. Mentira, somos dos sociedades totalmente diferentes. Políticamente, socialmente, culturalmente y también en el teatro de revistas (que no tenemos), la televisión y el cine. Lo consumimos, hace de cuenta que nos transforma, pero seguimos estando a años luz de distancia.

Yo conozco muy bien uno de esos mundos, el de los años en que viví, el golpe de Estado, contra un personaje único en el planeta Juan Domingo Perón, el bombardea de Plaza de mayo por parte de su propia aviación, de un golpe de estado desde los fascistas de la Alianza Nacionalista y el Partido Comunista Argentino. Único caso en el planeta, uno caso único más. 

La Argentina de mi abuelo ferroviario, de un pueblo original de San Juan, progresista, anticlerical y peronista y un hijo, mi padrastro fascista, clerical, peronista y la causa de mis persecuciones cuando niño y de porque me hice de izquierda, en Uruguay cuando vinimos a vivir al Uruguay en 1961. En solo 4 meses me hice comunista. Las causas profundas están en esa contradicción. No fue por mi familia ni paterna ni materna, donde el comunismo nunca se posó ni remotamente fue por una influencia positiva de mi abuelastro y una odiosa y negativa de mi padrastro.

Esos dos mundos chocaron violentamente cuando un mediodía del 24 de diciembre de 1974, una banda de criminales de la Triple A asesinó con decenas de disparos a un muchacho uruguayos Raúl Feldman en un apartamento cercano al Hospital de Clínicas, sin que a nadie en el vecindario se le moviera un pelo, y en ese mismo instante el otro mundo, había operado del corazón a Alberto Altesor un dirigente comunista y ferroviario uruguayo por un gran médico, una gran persona, un gran traicionado por su país, el doctor René Favaloro. Un episodio ensordecedor de esos dos mundos irreconciliables.

l periodo que mas me toca es el del golpe de estado contra Isabelita (otro caso único) sobre todo comparada con una piba de origen pobre Eva Perón. Daria para escribir una larga columna sobre ella y sus circunstancias. El tiempo en que viví casi siempre clandestino, cruzando personas, cosas, falsificando documentos y a un millón de kilómetros de los teatros de revistas y el mundo de Moira y Olmedo. No por falta de tiempo, sino porque ni siquiera los consideraba, me rozaban, me importaban. Como a la mayoría de los uruguayos exiliados. Y la argentina de la locura montonera.

Volví por unos días en 1983, luego del triunfo de Alfonsín, con Rodney Arismendi, y luego de la derrota de los militares en su aventura en las Malvinas. Los derrotaron, y los dos mundos se rozaron algo más intensamente. Si no hubieran sido derrotados hubiéramos tenido 5 a 6 años más de dictadura. Y también en Uruguay. Porque para las porquerías nos influencian.

Digo esto a pesar de los que hicieron campañas apoyando a los militares golpistas e invasores. Con unas pocas excepciones, de aviadores, de marinos, de muchachos de pueblos que murieron en las islas o en el mar, mientras los oficiales se escondían y se rendían. 

Porque desde siempre como decía David Viñas «Hay dos Argentinas: una que quiere ser Europa y otra que no puede dejar de ser Latinoamérica; una que se mira en los espejos de París y otra que sangra en los sótanos de la historia». Parafraseando, una que vive de los crímenes de sus sirvientes de uniforme o sin él y la otra que sobrevine en los conventillos y los muelles del mercado de frutas de El Tigre, como en mi novela “Geranios en la Ventana”.  Las describo desde adentro de mis tripas, porque la sufrí combatiendo dentro de mi alma. No creo que se reencuentren jamás y por ello al gran mayoría de los uruguayos nos cuesta tanto disimulara y mucho más entenderla. 

Da para largo, pero he dicho lo fundamental, lo que tiene directa relación con mi vida, lo que me dicta mi pluma y ninguna Inteligencia Artificial, que jamás podría penetrar ni en contenidos ni en formas con lo que aquí escribo.

Si pueden véanla, es una lección compactada de los dos mundos argentinos, del sexo superficial y como mercancía, del teatro de revistas como síntesis de uno de esos dos mundos y de figuras artísticas que muchos recordamos. 

Las buenas películas son aquellas que logran en dos horas o en varios episodios si son una serie, algo importante para nuestras vidas, sin importar cuando sucedieron. Moria lo logra, aunque en el medio me haya aburrido. Conozco esos mundos desde demasiado cerca. 

  1. La corrección ortográfica está hecha con IA, los que me conocen saben que soy bastante flojo en la materia y son las 11.30 horas del viernes, y Moira todavía no terminó.Estoy para desnudar cualquier cosa que haga con IA de manera explicita y clara. Porque me tengo más confianza que a cualquiera IA.

 

(Síganos en TwitterFacebook)
INGRESE AQUÍ POR MÁS CONTENIDOS EN PORTADA

Las notas aquí firmadas reflejan exclusivamente la opinión de los autores.