Agencia-Uypress/ Hoy muchos de sus familiares, sus 5 hijos, sus nietos y sobre todo sus compañeros de militancia desde hace casi seis décadas, desbordaban el 3er piso de ese local donde despedimos a tantos entrañables militantes de la izquierda, del Frente Amplio y del Partido Comunista.
Ayer, cuando murió por una enfermedad cruel, pero sobre todo de tristeza, de dolor por ver en que estaba quedando el fruto de casi toda su vida adulta, nos morimos una vez más muchos de nosotros.
Perder a cualquier altura de este camino a uno de los nuestros, en el profundo sentido de la palabra, no tener con quien compartir discusiones, recuerdos y con nuestra edad a cuestas, nuestras esperanzas, nuestros proyectos, nuestra moral de hierro, es muy duro. Son partes de nuestras vidas irremplazables.
Hacía tiempo que no lloraba de tristeza, profunda, honda, irrecuperable, desde un martes 13 que murió mi hijo Pablo. Debe ser la edad, debe ser la amargura porque se fue un constructor de la unidad de la izquierda, de la resistencia contra la dictadura, un imbatible combatiente por las ideas de izquierda, desde Vadenuevo, junto a mi hermano Fernando Olivari,
Él no iba a estar ausente en esta nueva etapa, tan dura, tan desoladora, tan inimaginable que afronta la izquierda uruguaya, este rinconcito rodeado de derechas que se mantiene en pie, resistiendo junto a nuestros compañeros del PT de Lula los embates que vienen desde el norte, el mismo norte de siempre, que sembró tantas veces de dolor nuestras patrias. Y no se había rendido ni se rendiría nunca.

En todas esas batallas estuvo el «Flaco» Federico, durante la dictadura cívico-militar, sufrió la persecución política, incluyendo la clandestinidad, la tortura y la cárcel, y también el exilio en Buenos Aires. El fue la encarnación personalizada de esas vertientes fundamentales de la lucha contra el régimen: clandestino, preso, torturado y exiliado.
En esa como en otras etapas políticas de su vida, nos demostró a todos, su inteligencia, su sagacidad, su valentía y su capacidad de resistencia. Fue unitario no solo en sus discursos, en el Comité Universitario, previo incluso a la formación del Frente Amplio, lo fue durante toda la forja del Frente, en la construcción de su estructura orgánica y en lo más importante, en la promoción en la forja de la unidad como un concepto patriótico que va mucho más allá de sus 55 años de existencia, que es la única experiencia en el mundo de un Frente con estas características.
Fue parte esencial de ese proceso, junto al General Seregni, junto a todos los fundadores del Frente Amplio y en ese proceso forjó de la única manera posible la unidad de la izquierda uruguaya, desde el pueblo y desde la pluralidad que nunca se quedó estancada, que creció hasta forjar una identidad diferente para todos, una identidad frenteamplista.
Pero no fue obsecuente de nadie, representó al PCU en los organismos del FA, luego de haberse integrado al Partido Comunista, con criterio creador, con sensibilidad y nadie lo recordará, pero a pesar de mis años lo tengo bien presente, fue fundamental para que Tabaré Vázquez fuera electo candidato para Intendente de Montevideo, fue esencial para que Danilo Astori fuera el 1er candidato al senado en todas las listas del FA, pero todos sabíamos que el que tendría que pagar con sus votos y con ese cargo era la lista 1001. En la que jugó un papel extraordinario.
Todos los de nuestra generación recuerdan la campaña de la Paradoja de la lista 1001, pero no le dan la misma importancia a la política unitaria al extremo de la lista 1001, con Tabaré Vázquez y con Danilo Astori y todos sus suplentes.
Lo hicieron posible, Jaime Pérez, Rodney Arismendi, Leopoldo Bruera y Federico en la dirección del PCU. Otros nos sumamos.
Cuando el PCU se fracturó, y él se fue con nosotros, pero recuerdo perfectamente sus relatos de la ayuda que le brindó a varios comunistas que se integraban a la estructura del FA. Fue siempre generoso, incluso cuando es más difícil serlo.
Los que mueren marcan el camino de la historia, pero depende de nosotros de los que seguimos aquí, aunque sea por un tiempo limitado, recordar esas páginas. Si son de todos, pero no existe unan historia de masas, sin una historia de individuos que hacen su aporte para construir las mayorías nacionales. Federico hizo aportes fundamentales.
Federico Martínez, conocido afectuosamente como «el Flaco», «el Fede» o «el Maragato», fue un histórico militante y dirigente que se provenía del Comité Universitario, y cuando el tiempo rugió de «Morgan» él estaba afiliado al Partido Comunista del Uruguay .
Fue un incansable militante desde los años sesenta, participando en el Comité de Solidaridad con la Revolución Cubana, el Comité Universitario y el Frente Izquierda de Liberación (FIDEL). Fue uno de los firmantes del Acta Fundacional del Frente Amplio.
Tras el retorno a la democracia, y luego de la fractura del PCU se mantuvo vinculado al debate político y a la creación de espacios de pensamiento. Fue un impulsor de la revista digital «Vadenuevo», que buscaba tender puentes, fomentar el espíritu crítico y promover el debate dentro de la izquierda uruguaya. También coescribió el libro «Nos habíamos amado tanto» junto a Fernando Olivari y Juan Pedro Ciganda.
En esta época que costó tanto sacrificio y esfuerzo como los de Federico, los cargos gubernamentales asumen la importancia fundamental, donde la supuesta renovación expulsa a cuadros que acumularon experiencia, honestidad, capacidad intelectual, conviene recordar que quien mide no es el poder del dedo, de haber compartido una pedacito de militancia en un departamento, lo que juzga es el pueblo, si el pueblo, esa palabra que nos negamos a utilizar.
Juzga no solo a través de las encuestas de opinión, sino de los cambios, de la capacidad de cumplir con el objetivo de que los más débiles sean los más privilegiados; que no tengamos 21% de niños pobres; que no convivamos casi en silencio con un gobierno de derecha que hizo de la inmoralidad una forma de existencia. Y mucho menos que un gobierno de izquierda, esté rodeado por los errores, por las lentitudes, por los fracasos y por pequeñas inmoralidades que nos dejan a todos intranquilos sobre los que se podrá encontrar. Eso amargaba a Federico los días previos a su muerte. Y eso me deja más triste que todo, porque nadie tiene el derecho desde lo alto del poder de conducirnos a esta tragedia.
Federico es de los que no reclamó un cargo, que continuó luchando desde el duro suelo de la militancia.
Por eso ayer se murió una parte grande de nuestras vidas, muchos militantes como él.
Por Esteban Valenti
(Militante político, periodista, escritor, director de Bitácora)
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