Octavio Rodriguez y Marco Aurelio García

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2017 ha sido un año muy difícil que he tenido que sufrir y soportar por el fallecimiento de tres queridos amigos: Alejando Atchugarry en febrero de este año, Octavio Rodriguez el 29 de mayo de este año y el 20 de julio del brasileño Marco Aurelio García. Sobre Atchugarry escribí una nota en la República en febrero. Fue un amigo real y leal, tan difícil de alcanzar en la vida política. Máxime si se trata de un político de un partido adversario. En mi exposición de despedida del Senado fue al único político que cité con nombre propio.

Octavio Rodriguez fue un gran amigo de toda la vida. Estuvimos muy cerca en los últimos 54 años. En Montevideo, en Santiago de Chile, en Lima, en México y en Buenos Aires. Abogado, pero sobretodo economista e intelectual de extraordinario nivel. Culto, le gustaba recitar a Borges. Muy conocido en América Latina por sus libros, generalmente vinculados al pensamiento de Prebisch y la Cepal. Seguramente, en los ámbitos académicos e intelectuales, es el economista uruguayo más conocido en el exterior junto a Enrique Iglesias.

Compartimos trabajos en el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas. Participamos juntos en el libro “El proceso económico del Uruguay” donde aportó en la parte teórica, especialmente sobre la concepción de la dependencia y yo redacté el capítulo de coyuntura económica. Esto es en1969, donde Octavio era el Profesor de Economía I, de la Facultad de Ciencias Económicas, que ganó por concurso de oposición y méritos. Compartimos casa en Lima, Santiago de Chile y México en mi época de exilio. A partir del segundo semestre de 1984, cuando retornamos a Uruguay trabajamos juntos en el CINVE y publicamos “Concertación y relaciones de dependencia: algunas notas sobre el caso uruguayo” en el libro Uruguay y Democracia. Era un texto más trabajado por Octavio, pero él quería ayudarme para que yo iniciara una carrera política.

A veces caminaba conmigo por 18 de julio para analizar mi grado de popularidad. Siempre me acompañó como amigo en mi actividad política, me impulsaba y se ponía muy contento cuando yo alcanzaba algunos logros. Firme con sus convicciones, la primera vez que fui candidato al parlamento, me llamó por teléfono para contarme que no me iba a votar, porque el siempre había votado al partido Socialista y quería continuar con dicha tradición.

Nos teníamos mucha confianza y podíamos abarcar cualquier tema, por más íntimo que fuera. Era un economista de muy alto nivel, más cercano a la teoría que a la política económica. De gran rigurosidad, con capacidad de transformar en modelo teórico el pensamiento de la Cepal. Era muy modesto y nunca hablaba de sus enormes méritos. Con amplia cultura, inclusive escribió un texto sobre la cultura en el pensamiento de Celso Furtado.

Recibía múltiples condecoraciones y era tan sencillo que nunca las contaba., ni las mostraba. Su humildad y honestidad intelectual la refleja también Gabriel Porcile, en nota reciente en homenaje a Octavio y sus aportes al estructuralismo.

Un gran amigo, de total lealtad y absoluta honestidad. Tres días antes de morir me dijo es el final. Y yo recién puedo escribir sobre Octavio. Se nos fue un intelectual, más que de la primera división, de la selección latinoamericana. Vaya también el saludo para su compañera de más de 30 años. Nenona Sanguinetti, una gran mujer y mejor compañera.

Marco Aurelio García fue un intelectual de altísimo nivel y un político con mucha claridad e inteligencia. Estuvo muy pegado a las presidencias de Lula y de Roussef, como asesor de asuntos internacionales, especialmente de América Latina. Lo conocí en una reunión del Foro de San Pablo, en Lima y tuvimos mucha afinidad inmediata. La cercanía fue de tal naturaleza que de noche hacíamos esfuerzos por cantar tangos conjuntamente. Marco Aurelio estuvo exiliado en varios países, entre ellos en Uruguay y en Santiago de Chile. Recuerdo siempre la anécdota con mi señora chilena Clara Fassler.

Cuando volví a mi casa del viaje a Lima, le conté a mi señora que había conocido un brasileño de determinadas características, que le señalé. Y ella me contestó: “ Yo también conocí a un brasileño que tenía las mismas características que señalas. Hace como 20 años y se llamaba Marco Aurelio García”. Luis Dolci, secretario de la Presidencia de Lula, decía que Alberto Couriel era para los brasileños lo que Marco Aurelio García era para los uruguayos. Sin duda era una extremada exageración, seguramente inventada por Marco Aurelio. La amistad profunda se reflejaba en la confianza que nos teníamos mutuamente. Yo podía contarle noticias no públicas, confiando plenamente en Marco Aurelio. El me podía contar conversaciones no públicas y así me enteré porque Brasil tenía dificultades para intervenir en el conflicto entre Argentina y Uruguay que terminó en el Tribunal de
La Haya.

Tenía una gran capacidad política y un extraordinario conocimiento de la realidad latinoamericana. Era un lujo y un gran privilegio conversar con Marco Aurelio por sus conocimientos, por la profundidad de sus ideas, que generalmente compartíamos. También compartíamos el humor sano, el que es necesario, sobretodo en la vida de los políticos.

Se nos fue un gran amigo, un confidente, con confianza mutua, del cual aprendimos ideas y mecanismos de hacer política. Se nos fue un intelectual de fuste.

La amistad se caracteriza por la lealtad, la cercanía, los apoyos en los momentos difíciles, la confianza mutua, compartir ilusiones y, a veces, hasta utopías. Son grandes pérdidas, pero la vida continúa.

Por Alberto Couriel
Economista y ex senador

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