Es ahora

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Quién no recuerda el spot de campaña del actual presidente Lacalle Pou con aquella frase y tonalidad pegadiza? Reclamaban urgentemente el momento de cambiar el rumbo, de ser gobierno para regalarnos (¿?) los mejores 5 años de nuestras vidas. Era ahora, afirmaba quien prometía terminar con los aumentos de impuestos, de combustibles… «Se terminó», vociferaba y una multitud lo aprobaba por aclamación. Es el mismo presidente que se toma su tiempo para acudir a atender la urgencia de una crisis que intenta minimizar con la dilación y, de paso, ganar tiempo para una estrategia comunicacional que lo salve. Pero, esta vez, el «Chapulín blanco» está comprometido por ser parte del problema y no la solución que pudiera salvarlo.

Eso sí, al igual que él, no parece preocuparlo nada tampoco porque se fue a ver una final de fútbol. Todo tranquilo… en Narnia, porque en Uruguay en cambio, tanto para socios multicolores y oposición, es ahora!
¡Caramba, qué coincidencia!

Mientras el escándalo se instala por este rincón del sur, solo el ciclón en curso parece acompañar el clima político imperante, pues la máxima autoridad sigue campante su gira por EEUU. Y lo hace hablando sobre Uruguay como si hoy fuéramos ejemplo para el mundo. A esta altura parece estar aislado en algún búnker y no tener acceso a medios de prensa -no ya nacional sino internacionales- que hablan de la corrupción instalada en las más altas esferas de la otrora y añorada Tacita del Plata.

Es el mismo protagonista que en setiembre de 2017 citó a una conferencia de prensa tras la renuncia del entonces vice-presidente de la República – Raúl Sendic – la tarde previa a su partida hacia el exterior para disfrutar de sus merecidas vacaciones. Una crisis que pintó como un quiebre institucional sin precedentes que, de todas maneras, no le privó de viajar a centroamérica para correr olas y disfrutar de sus -reitero- merecidas vacaciones.

Entonces, a estar por aquel antecedente, resulta hasta lógica la actitud asumida por el presidente Lacalle Pou, pues fiel a los mismos se toma su tiempo para atender problemas que no considera de magnitud suficiente como para interrumpir su gira y seguir regando de conceptos trascendentalmente importantes al resto del planeta y líderes mundiales que le escuchan. Salvo por la incoherencia de su comportamiento, todo lo demás está perfecto (razonando como Cantinflas, claro).

Seguramente si se hubiera tratado de la compra de un colchón usando una tarjeta corporativa, lo tendríamos por acá hace rato. Pero todo parece indicar que la destrucción de documentos oficiales que eran prueba de una investigación fiscal, protagonizada por su más directo y principal asesor en comunicación – Roberto Lafluf- junto con la trama de una estafa procesal (igualita a la que descubrió la fiscal Ghione en el caso Penadés), no le merecen el calificativo de urgente. Y así, vendrá según el cronograma de viaje inicial y cuidando el dinero de todos los uruguayos, porque adelantar el viaje le insumiría sobrecostos que -por supuesto- pagaríamos nosotros, faltaba más!!

Engrampados al sillón

Mientras tanto, solo Bustillo presentó renuncia ante la incómoda exposición en la que quedó tras los audios divulgados por su ex viceministra – Carolina Ache- quien dejó expuesta una estrategia colectiva para, no solo mentirle al Parlamento, sino a la Justicia misma. Una estrategia para ganar tiempo, como hace el presidente ahora (otra coincidencia!).

El murmullo ensordecedor que se instaló a partir de la divulgación de esos audios y la posterior renuncia del Canciller, hizo pensar a todos (incluidos los socios multicolores), que el tiempo de Heber, Maciel y Lafluf, llegó a su fin, esperándose sus renuncias o -lo que reclamó la oposición frenteamplista- la destitución presidencial inmediata… pero no. Siguen atornillados a sus puestos aunque todos presumimos que no por mucho tiempo, y que su salida bien puede ser la respuesta presidencial (y presencial) que hará el primer mandatario como recurso in extremis que minimice su responsabilidad en el asunto.

Eso sería darle un margen de autoridad ante la opinión pública que se contrapone con el retraso y la dilación en darle al punto la importancia que merecía, al no interrumpir su gira por EEUU. Una especie de reducción de daños que no le quita responsabilidad, pero algo es algo. Ahora bien, tampoco le resta importancia a su cuota parte de responsabilidad.

Porque algo está latente en el ambiente y es el juicio político al Presidente de la República, algo que se empieza a manejar no solo por politólogos y formadores de opinión, sino por los propios socios multicolores y sobrevuela en filas de la oposición frenteamplista que se declaró en sesión permanente por esta crisis. Una crisis a la que el presidente contribuyó por acción y por omisión en una sumatoria de eventos que lo tienen como común denominador y que deberá explicar convenientemente.

El crédito parece haberse agotado, y no le alcanzarán las ponderaciones favorables que puedan hacerle en encuestas de dudosa credibilidad.

Es ahora… la gente lo sabe.

el hombre repasaba shingles,
el perro ladraba su desaprobación…

Julio Fernando Gil Díaz
«El Perro Gil» 

 

 

 

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