Gracias, democracia. Vai embora, Bolsonaro II

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Gracias, democracia. Vai embora, Bolsonaro II:

​Resiste la democracia, ganó Lula. Fluyen los ríos, los pájaros afinan y el sol perdura en el continente. La samba se refresca con alegría, pero los nubarrones quedan.

​En un mundo cada vez más complejo y violento, donde la ultraderecha a nivel global parece ser una opción clara para los votantes del planeta, la victoria de Lula es para rescatarla y festejarla, pero no para descansar sobre ella.

​Lula ganó, al igual que en las elecciones del año 2022, por muy poco margen. Un margen que no es representativo de los logros obtenidos para una sociedad con mayor equidad, desarrollo y justicia social en Brasil, siendo un país históricamente sumergido en el hambre y castigado por los grandes poderes económicos del capitalismo salvaje.

​Sigue siendo imperioso preguntarse y desentrañar por qué políticas de izquierda que apuntan al bien común no calan hondo en la satisfacción política de los habitantes.

​Hoy en Brasil hay 60.000.000 de votantes que no están a favor de Lula, que prefieren la cultura y las políticas reaccionarias como las de Flávio Bolsonaro, proveniente de una dinastía familiar políticamente complicada.

​Su padre fue condenado por el Supremo Tribunal Federal a más de 27 años de cárcel por su participación en el intento de golpe de Estado e invasión a las sedes de los poderes públicos en Brasilia.

​Su hermano, Eduardo Bolsonaro, tiene una orden de detención emitida por el Supremo Tribunal Federal. Eduardo fue condenado a 4 años de prisión por realizar gestiones y lobby en EE. UU. promoviendo sanciones contra Brasil durante los juicios a su padre.

​Flávio, que enfrenta varios frentes judiciales por lavado de activos y corrupción, al fugarse de Brasil junto a su familia, hoy puede encontrarse con su hermano en Estados Unidos gracias al Departamento de Estado de EE. UU., que responde directamente del Poder Ejecutivo encabezado por la administración de Donald Trump.

​Tal vez las izquierdas democráticas, responsables y progresistas —dentro del pragmatismo macroeconómico que las caracteriza, con un fuerte intervencionismo estatal orientado a la justicia social y al fortalecimiento del mercado interno cuando la magnitud del mercado lo permite— deberían replantearse cómo lograr no quedarse únicamente en actuar como un «alumno obediente» del modelo capitalista y poder avanzar en cambios estructurales que permitan políticas que inyecte soluciones más urgentes a los problemas exponenciales que se presentan.

​Es claro que las distintas reivindicaciones en las calles, en especial en Europa, no solo responden en contra de un modelo capitalista que no da respuesta a las necesidades del bien común de la gente, sino que responden también a que la gente siente que ya no puede esperar por partidos políticos que la deberían representar como alternativas. Francia es hoy, Francia es mañana.

​La cuestión que me queda es: ¿ganó solo Lula o ganó también la izquierda en Brasil? Cualquier proyecto de izquierda debe ser a largo plazo, construyendo en sintonía con su pueblo. En la discrepancia también, no solo en la muerte.

Por Andrés Legnani

 

 

 

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