La selección uruguaya de fútbol quedó eliminada en la fase de grupos luego de empatar con Arabia Saudita y Cabo Verde, y perder con España ajustadamente en la Copa del Mundo USA 2026.
todo el proceso de Tabárez, eliminó todo rastro del camino transitado con el Maestro.Es claro que el corazón del poder político de la derecha de este país nunca quiso a Tabárez. Tal es así que, antes del Mundial de 2010, cuando los frutos del proceso todavía no se hacían notar, el asedio, la cizaña y el embate contra su dirección eran continuos, no solo por móviles políticos sino también por parte de un sector importante del periodismo. No pudieron porque en el período de los sucesivos gobiernos de izquierda, en los pasillos o en la cocina del poder, principalmente en las gestiones del Dr. Tabaré Vázquez, siempre se lo respaldó.
Alguien podrá decir: ¿qué tienen que ver la política y el fútbol? En Uruguay, mucho; su relación es directa y lineal. Desde el Mundial de 1930 la política lo utilizó para afianzar el sentimiento nacional de una única República sobre la heterogeneidad de los inmigrantes que estructuraban su sociedad, fortaleciendo la imagen del General José Gervasio Artigas como héroe patriótico y libertario del Uruguay. También se usó al fútbol como escalón para el posicionamiento social de los políticos de turno, pasando por la organización de un Mundialito en época de dictadura, hasta, por ejemplo, el Peñarol del Partido Colorado de la década de los 80, postdictadura, y su «carita amarilla». La política y el fútbol hoy también transitan entre piropos pero con distintos besos.
Llegado el año 2021, con el cambio de gobierno y un Maestro desgastado por el paso del tiempo tras 15 años de gestión como director técnico de la selección uruguaya, en la primera oportunidad que tuvieron, luego de algunos magros resultados, lo corrieron para el costado como a un recién llegado, sin respetar ni cuidar la esencia del proceso y la historia.

Las selecciones juveniles quedaron desconectadas de la selección principal, sin desarrollo de nuevos jugadores, y comenzaron a no clasificarse a los mundiales. De los jugadores de la sub-20 que venían con la inercia del proceso de Tabárez dirigidos por Marcelo Broli (al cual tampoco supieron cuidar) y campeones del mundo en Argentina 2023, no hay rastro en el plantel principal. Hoy en día, la selección está en fojas cero, sin perspectivas en su horizonte; solo hay componentes emocionales y alguna luz en los exjugadores del Mundial de Sudáfrica.
La AUF, plantada ante el nuevo escenario político de aquel momento, definió contratar a un técnico extranjero con un contrato millonario, con un costo obsceno e innecesario para la realidad uruguaya, y promesas de un «fútbol moderno». Contrataron a Marcelo Bielsa.
Ignacio Alonso y los dirigentes de la AUF tuvieron menos perspectiva que la propia mirada del entrenador, que solo mira el piso cuando el presente o el futuro le hablan. Tal es así que Bielsa nunca pudo dialogar con la cultura uruguaya. El resultado es la desconexión y la falta de entusiasmo o empatía por la selección, no solo de los jugadores sino también de la población.
La responsabilidad principal no es de Bielsa; el máximo responsable es la AUF, comandada por la presidencia de Ignacio Alonso, que no solo no guió a Bielsa, sino que lo dejó solo ante la opinión pública y el periodismo. El error más grande es que quedaron condicionados por el contrato, la falta de perspectiva y la carencia de liderazgo; tampoco tuvieron determinación para tomar resoluciones y fijar postura ante un barco que chocaba solo o una pirámide que se empezaba a desmoronar desde su propia cúpula, a la cual representan.
Uruguay es un país particular. Por más que nos jactemos de serviciales y amables, no somos fáciles; tenemos nuestras mañas, esas que no se identifican en las grandes urbes o ciudades cosmopolitas. Somos aquellas personas que miran con extrañeza al nuevo que ingresa a un bar. Le abrimos la puerta al extranjero, pero hay ciertos corazones o rincones a los que no los dejamos llegar. Es una actitud de un pueblo pequeño y reservado, como «de protección o cuidado ante lo nuevo». Si un extraterrestre desciende velozmente de su nave, a los 30 minutos está «pauseado» esperando a que caliente el mate; pero Bielsa va en piloto automático, solo, mirando el piso y sin luces largas.
Es importante, en caso de que el próximo técnico de la selección sea extranjero, que logre conciliar y entender la cultura uruguaya. Lo mejor sería que fuera un uruguayo con perspectiva, estabilidad y solvencia deportiva y humana, al mejor estilo del Maestro Óscar Washington Tabárez.
Tabárez casi siempre tuvo razón: es el que mejor interpreta la cultura y la cualidad de los jugadores uruguayos en la selección de los últimos 40 años. Repasen y no les quedará ninguna duda. De contragolpe competimos de igual a igual ante cualquier fútbol «moderno», ese que muere en el intento de un ideal apto para muy pocas selecciones con otras dinámicas y futbolistas. Nuestros jugadores brillan en ese mundo de manera individual, pero cuando nos juntamos entre uruguayos nuestro comportamiento es distinto. De contragolpe también sabemos jugar bien y lindo, además de ser campeones.
Lo digo: contraten a Mauricio Larriera y crezcamos todos juntos para el Mundial de 2030.
Lacalle Pou hoy no está en los planes del futuro. Ignacio Alonso y su círculo cercano de dirigentes, ¿hoy tienen para brindarle al futuro de la selección algo no tan malo o serán necesarios vientos democráticos de cambios en la AUF?
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