La Rebelión de los “Algo”

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Cuando nos referimos a la democracia, últimamente da la sensación que la nombramos como un dato, algo estático y en estado perfecto, que no necesita cuidado ni atención, que se cura sola y nunca se enferma, donde todo vale, y en Uruguay lo que sucede en América Latina respecto a este tema siempre nos va a ser ajenos.

Como país lo bueno es que sabemos lo que queremos: Democracia.

Lo extraño es que sin darnos cuenta estamos tomando mañas y actitudes que la desgastan y degradan, así es el comienzo, una ventana para carroñas y oportunistas de siempre.

Como un trabajo minucioso y lento algo nos lleva al odio, a la falta de respeto, al fanatismo, a las envidias, a las mentiras, desinformación y oídos como ojos ciegos.

No es pleno pero en el ámbito del sistema político de Uruguay, la cultura de la intoxicación va llegando a las calles, la pelea intensa por los muros, redes, prensa y Parlamento. Como que todo tiene que convivir y exteriorizarse con una cuota de veneno y desentendimiento donde toda verdad solo está de un solo lado.

«Tu verdad no me importa y me molesta, no la escucho y no la respeto».

Hasta el actual Presidente está sumergido en una aureola de radiactividad, por más que con todo el esfuerzo ciego que dispongamos no queramos que sea así.

Nunca es bueno sospechar de un Presidente, menos si las sospechas son con graves fundamentos.

Esta cultura de la intoxicación política es un clúster de cultivo para «desquiciados soñadores», «élite conservadores», «falsos revolucionarios», «ejército de la fe» o «populistas hechiceros».

Han demostrado en este mundo de redes digitales que ya no son unos simples cerebros desatentos y trasnochados sino que se convierten en soldaditos adiestrados y peligrosos con muchos estímulos de daño a los derechos y libertades cuando no representan sus guetos, partido político, organización, creencias o grupo social.

En la vida sin libertad nada vale, por más que todo cueste y tengas que cumplir con todas las cuentas. Las constantes y caras cuentas.

Cuando hay libertad todo vale. Vale gratis la felicidad, el valor humano, el amor y la naturaleza, es decir la Vida en su plenitud.

La libertad es una construcción cultural por lo tanto colectiva, donde cada individuo debe tener el derecho de soñar y elegir la libertad que quiere, siempre respetando el derecho y la libertad de las otras personas.

En individuos humanos para construir una sociedad moderna y avanzada es primordial la libertad del libre pensamiento, sin casilleros dogmáticos ni amos.

En esta América Latina sufrida, estructurada por las injusticias, desigualdad, escases sobre riquezas, narcotráfico, fanatismos religiosos y violencia es un campo fértil para «líderes enceguecedores».

Si la razón no te guía, manuales o copias de los diferentes «evangelios» generan, construyen y llevan las ideas y el corazón a donde quieren, tus acciones finalmente son ellos o puramente ellos. Sos una simple herramienta de repetición y ejecución sin identidad ni creatividad propia.

La democracia no podemos entenderla como un sello rígido de un solo mensaje. Es mucho más amplia, linda, es libre y perfectible.

Es mejor verla y vivirla como un cuadro de Picasso, transitándola desde cualquier punto de vista se ve enmarcada en equilibrio y movimiento.

Cuidémonos de los despistes porque ese «algo» nos lleva al fanatismo, a las puertas del fascismo.

No es miedo pero sabemos que esa historia nunca es un buen cuento. No queremos que el futuro se escriba con tinta de opresión, terror y muertos.

Por Andrés Legnani

 

 

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