Europa ha empezado a organizarse para tener una defensa sin EEUU. Y, como siempre, lo primero es hacer una reunión. El fin de semana pasado, se juntaron en Madrid para lo que se calificó como «un interesante seminario a puertas cerradas organizado por el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores en cooperación con el Ministerio de Asuntos Exteriores español, en el cual han participado destacados representantes diplomáticos, militares y expertos del sector.»
Que sea reservado y que no haya una nómina de países presentes hace al secreto militar y más, así que es por eso. Y que haya dos alternativas contradictorias sugiere que esto va en serio. El encuentro fue, dice El País, «un retrato claro de los retos, las disyuntivas y las tensiones que marcan este proceso político de importancia existencial». Entre ellos destaca la discrepancia entre aquellos que abogan por avanzar en construir capacidades europeas sobre todo en el marco de la OTAN —bajo el lema de una OTAN más europea— y aquellos que ponen más el foco en la dimensión UE de la coordinación en defensa.»
Europeizar a la OTAN puede tropezar con una situación en la que EEUU no considere que se aplica el famoso artículo 5, por el cual un miembro atacado es defendido por todos los demás. La alternativa también tiene un pero. El tratado de la UE prevé “la definición progresiva de una política común de defensa de la Unión”, pero establece que aquella “conducirá a una defensa común una vez que el Consejo Europeo lo haya decidido por unanimidad”. Esto es un obstáculo grave, porque la unanimidad es altamente improbable hasta donde alcanza la vista, y sin ella es dudosa la legalidad en el marco de una verdadera defensa común.
Para peor, sin haber llegado a esa estratégica definición, la ejecución de planes en marcha en cada país están generando un problema grave: los países europeos se están rearmando, pero lo están haciendo sobre bases sustancialmente nacionales. Esto tiene consecuencias muy negativas.
Al no contar con EEUU, Europa necesita invertir más en defensa pues tiene que superar los efectos de desarrollos militares nacionales y no globales. Hay fragmentación, duplicación, falta de activos clave, como mando y control, inteligencia y reconocimiento, activos espaciales y de golpeo profundo de precisión, aerotransporte y bastante más que hoy tiene EEUU. Con estas carencias en materia de Inter operatividad, su real capacidad de combate resulta muy limitada. Y necesita hacerlo además porque durante décadas mantuvo una infra inversión que deterioró mucho su operatividad militar y sus stocks. El empuje de inversión revertirá en avances en muchos sentidos.
Si alguna conclusión sacaron en la reunión de Madrid, es si no hay una verdadera coordinación política y de planificación, esta inversión amenaza con reproducir al menos en cierta medida la fragmentación, las duplicidades, los ángulos ciegos y los problemas de interoperatividad. Europa tendrá más material y más moderno, y más efectivos, pero, aun así, un resultado de conjunto con una eficacia muy menor y un gasto superior de lo que sería posible con una plena coordinación.
Hoy hay gasto nacional que es útil, aunque no responda a una plena coordinación. Y hay iniciativas de coordinación, como por ejemplo para compras conjuntas que puedan producir economías de escala, e intentos de proyectos comunes, desde defensa antiaérea a futuros sistemas de combate aéreo o tanques. Pero todo se halla en fase incipiente, en estado de parálisis o con avances modestos.
Aumentar la eficacia del impulso inversor con una coordinación profunda y verdadera racionalización es por lo tanto uno de los problemas, que resulta más fácil enunciar que concretar.
Otro problema es la repercusión industrial de esta nueva política, que pone mucho más al centro los problemas nacionales. Alemania está haciendo un gran esfuerzo de inversión militar, lo que suscita inquietudes debido a su pasado, a su tamaño, y a su presente con una ultraderecha muy radical en evidente auge.
La política que puede evitar que este rearme sea un problema es que se desarrolle en el marco de una clara imbricación europea. Pero si no ocurre así, además de posibles inquietudes políticas de futuro, las hay en el tiempo presente en una dimensión industrial nacional que recibirá una poderosa inyección de inversión publica estatal que inevitablemente alterará, y mucho, los equilibrios del mercado interior.
Las carencias en materia de coordinación van a persistir en el tiempo hasta que se terminen de superar. En términos militares, no hay futuro sino presente, y por lo tanto hay una persistente falta de coordinación, que en la aplicación de IA a la dimensión militar resulta en un muy previsible desastre. La IA es, según resulta evidente, el paradigma crucial de toda capacidad disuasoria militar en este siglo. Ante ello, la realidad es no solo que Europa anda por detrás de EE UU y China en desarrollo de sistemas base de IA y en diseño de aplicaciones en ámbitos cruciales de seguridad, sino que ni siquiera está cerrando filas para tener la dimensión oportuna y tratar de recuperar terreno con inversiones en escala, masas de datos e interoperatividad. La legislación europea en la materia satisface a la UE, pero ese es sólo el marco para planificación, inversiones y puesta en práctica. El tiempo que eso puede demorar en concretarse es un tiempo a la intemperie,
Se maneja la posibilidad de que Ucrania sea un socio que ofrezca su conocimiento, logrado en su dramática experiencia de combate. Y esto vuelve a poner en escena la sensación es que no hay una cooperación coordinada, sino un mosaico de relaciones bilaterales.
Este no es el panorama completo de «lo que falta por hacer». Por ejemplo, no hay códigos comunes entre Francia y Gran Bretaña (hay un silencio piadoso sobre que Gran Bretaña ya no está en la UE) para las armas atómicas, y las armas atómicas que están alojadas en Alemania pertenecen a EEUU, y es Trump quien tiene los códigos para habilitarlas.
Sin haber entrado en la discusión de ese tema, ya hay dos posiciones entre quienes se reunieron en Madrid: apurar todo porque el tiempo se acaba, o hacer las cosas, cada una en su medida y armoniosamente. Sobre lo que sí hubo coincidencia es que Rusia quiere restaurar su imperio por la fuerza y no por la diplomacia. Cómo se atan esas moscas por el rabo no se ha dicho aún.
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