Desde mucho antes del 7/10/2023 y la masacre perpetrada por Hamas así como el ataque a Gaza por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) que se produjo a continuación, los múltiples críticos de Israel en todo el mundo enfrentaban acusaciones de antisemitismo.
A jóvenes y humanistas, judíos y gentiles – muchos de los cuales habían sido criados bajo un amor incondicional por Israel y habían idealizado al país – se les decía que les motivaba el antisemitismo (y en el caso de aquellos que eran judíos se les decía que eran víctimas del odio a si mismos).
LA TRAMPA EN LA QUE CAYÓ URUGUAY /Veamos con mayor detenimiento la peligrosa definición de antisemitismo que promueve el IHRA. Esta institución multinacional, integrada por organizaciones de 35 países y adoptó dicha definición el 26 de mayo del 2016, en Bucarest. Además de los países miembros, hay ocho países observadores, entre ellos Uruguay que adoptó la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Recordación del Holocausto (IHRA) el 27 de enero de 2020, coincidiendo con el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto y el 75º aniversario de la liberación de Auschwitz. La decisión fue tomada por el Poder Ejecutivo, presidido por el Dr. Tabaré Vázquez, sin intervención directa del Parlamento (el Ministro de Relaciones Exteriores era Rodolfo Nin Novoa, el actual embajador en Brasil). Uruguay debería rechazar sin más demora esta adhesión y, en cambio, adoptar la definición de antisemitismo de la Declaración de Jerusalén (JDA) antes citada.
Como se ha dicho el problema no está en el texto de la definición de la IHRA sino en los ejemplos de actos antisemitas que se incluyen después. Esa es pura argumentación sionista destinada a acallar las críticas a las acciones criminales del Estado de Israel (genocidio en Gaza, apartheid y represión en los territorios ocupados de Palestina).
“El vínculo entre el rechazo a las décadas de ocupación de tierras y opresión de millones de palestinos y el supuesto antisemitismo se había construido en Israel y después había sido exportado a Europa y los Estados Unidos – dice Omer Bartov – envuelto en el alegato subyacente de que las naciones de todo el mundo, que se habían mantenido al margen mientras seis millones de judíos eran asesinados, no tenían derecho a criticar al Estado judío que luchaba puramente por su supervivencia”.
Se alegaba que los demás países del mundo tenían una obligación moral de apoyar a Israel. Cuanto más a la derecha se iba deslizando Israel más empeoraba la condición de los palestinos, más se endurecía la ocupación militar y la colonización mediante asentamientos ilegales en las tierras de los palestinos.
En la misma medida en que estos fenómenos se agudizaban, más vehementes se volvían las quejas de los gobiernos israelíes en el sentido de que las críticas que se les hacían no eran otra cosa que una escandalosa proyección de prejuicios antisemitas.
La mejor herramienta para confundir a los críticos y justificar los crímenes cometidos por la cruenta ocupación y la opresión de los palestinos por las FDI y los colonos, fue la definición de antisemitismo adoptada por la Alianza Internacional para la Remembranza del Holocausto (International Holocaust Remembrance Alliance – en adelante IHRA) en el año 2016.
Esa definición fue el resultado de un esfuerzo europeo para promover el recuerdo del Holocausto y la educación para prevenir “el crimen de los crímenes” pero originalmente no fue concebida para servir como fundamento para legislar y sancionar. “Sin embargo – dice Bartov – se ha metamorfoseado en un instrumento para encubrir las críticas mediante leyes y presiones. La memoria de las víctimas del nazismo se ha empleado cínicamente para representar a los críticos de las crecientes violaciones del Derecho Internacional por el Estado de Israel como antisemitas (…) (muchos de ellos son judíos y no pocos son israelíes)”.
Estudiosos del antisemitismo, el Holocausto y la historia de los judíos, han advertido desde hace tiempo acerca de la naturaleza problemática de la definición del IHRA. El problema no radica en la definición en si misma sino en los once ejemplos de antisemitismo que se presentan. Siete de esos ejemplos se refieren directamente al Estado de Israel y se convierten en un uso perverso de la definición para acallar y demonizar a quienes se atrevan a criticar sus acciones.
Esa definición distorsionada de antisemitismo ha servido para establecer leyes que penalizan la mera crítica hacia las acciones del gobierno Israelí, sus fuerzas armadas, sus operaciones de propaganda e incluso los crímenes que se les puede atribuir. De este modo, incluso la mera comparación de acciones israelíes con las de los nazis pueden ser consideradas antisemitismo.
Las críticas a Israel no son en sí mismas antisemitas. Muchos israelíes han señalado, desde hace tiempo, que Israel ha instrumentado políticamente al Holocausto. Los sionistas han sostenido que Israel es un faro entre las naciones y debe ser considerado como un estado superior. Muchos judíos, en todo el mundo, han rechazado al sionismo por razones teológicas e ideológicas y la comparación entre las acciones de Israel y las de los nazis no son desconocidas o infrecuentes.
Sin embargo,el 1º de mayo del 2024, la Cámara de Representantes de los Estados Unidos adoptó la definición del IHRA bajo la forma de una ley denominada Antisemitism Awareness Act. Esa norma amenaza con amordazar las críticas y protestas por los crímenes de lesa humanidad que comete Israel y Trump la utiliza para amedrentar a las universidades.
Hace dos años, el Presidente Biden denunció lo que él denominó como “un feroz resurgimiento del antisemitismo” en las universidades de su país y en todo el mundo desde el ataque de Hamas. En un discurso que dio en una ceremonia para recordar a las víctimas del Holocausto, Biden desarrolló la falsa analogía, que equipara a las críticas a Israel y su política de destrucción deliberada e indiscriminada de vidas humanas en Gaza, con el antisemitismo.
Hay que señalar que el gobierno de Biden jamás se librará de la responsabilidad de haber suministrado armas y municiones a Israel y una cobertura diplomática para que llevara a cabo el genocidio en la Franja de Gaza. Biden apareció respaldando el argumento construido por los políticos y israelíes y muchos de sus defensores de la extrema derecha, en el sentido que la oposición al sionismo – aún al sionismo racista, facista y destructivo representado por el Primer Ministro Benjamín Netanyahu y su gobierno extremista – era antisemitismo.
Ni que hablar que muchos judíos, en todo el mundo e incluso en Israel, se oponen al sionismo por diversas razones, teológicas, sociales o políticas (es el caso del mismo Omer Bartov), y naturalmente no se los puede calificar como antisemitas. Además hay muchos israelíes – “tal vez no tantos como uno querría” dice Bartov – que se consideran patriotas y sionistas y se oponen fuertemente a las políticas del gobierno, incluyendo la opresión de los palestinos y su expulsión de los territorios ocupados por Israel.
En su esfuerzo permanente por imponer la perversa definición del IHRA a otros gobiernos, Israel ha desarrollado desde hace décadas lo que el historiador denomina “la peligrosa predilección a colaborar con regímenes de derecha y a veces extremistas y partidos que no se preocupan por el antisemitismo o que tienen tendencias antisemistas ellos mismos”.
Desde el ex Premier Orban de Hungría pasando por los fascistas de Marine Le Pen en Francia, la filo nazi Alternativa por Alemania o los elementos extremistas de MAGA dentro del Partido Republicano de los Estados Unidos, o líderes como Putin en Rusia o Narendra Modi de la India o Donald Trump en su país.
Al definir a las críticas a Israel o al sionismo como antisemitismo se ayuda a la dirigencia israelí para practicar el racismo más violento. También sirve para “limpiar” la imagen de líderes y partidos racistas, extremistas y derechistas de todo el mundo para aparecer como puros y limpios dado que al describir las opiniones tolerantes o de izquierda, que se oponen a la opresión, que promueven la igualdad y la solidaridad, como antisemitas, contribuyen a legitimar a los que rechazan los derechos humanos, y se proponen practicar las políticas autoritarias o racistas para perseguir a sus propias minorías, a sus opositores y a sus críticos.
El 29 de enero del 2025, Trump produjo una nueva orden ejecutiva denominada “Medidas Adicionales para Combatir el Antisemitismo”, utiizadas para reprimir y atacar a las universidades y las organizaciones defensoras de los derechos humanos.
Ante el carácter perverso y represivo de la definición de antisemitismo del IHRA han aparecido otras definiciones de antisemitismo como la Declaración de Jerusalén sobre Antisemitismo (JDA) y el Documento Nexus que se toman el trabajo de establecer distinciones claras diferencias entre lo que es el antisemitismo y las críticas hacia el Estado de Israel.
“La Declaración de Jerusalén sobre el Antisemitismo por ejemplo – es una herramienta para identificar, confrontar y concienciar sobre el antisemitismo tal y como hoy en día se manifiesta en los países de todo el mundo. Incluye un preámbulo, una definición y un conjunto de 15 directrices que proporcionan una guía detallada a quienes tratan de identificar el antisemitismo para elaborar respuestas”.
La ha desarrollado un grupo de académicos especialistas en la historia del Holocausto, los estudios sobre el judaísmo y los estudios sobre Oriente Próximo, “con el fin de hacer frente a lo que se ha convertido en un reto cada vez mayor: proporcionar una orientación clara para identificar y combatir el antisemitismo y proteger a la vez a la vez la libertad de expresión”. Este documento es asequible en www.clacso.org/wp-content/uploads/2021/03/Declaración-de-Jerusalén antisemitismo.pdf
LA TRAMPA EN LA QUE CAYÓ URUGUAY
Veamos con mayor detenimiento la peligrosa definición de antisemitismo que promueve el IHRA. Esta institución multinacional, integrada por organizaciones de 35 países y adoptó dicha definición el 26 de mayo del 2016, en Bucarest. Además de los países miembros, hay ocho países observadores, entre ellos Uruguay que adoptó la definición de antisemitismo de la Alianza Internacional para la Recordación del Holocausto (IHRA) el 27 de enero de 2020, coincidiendo con el Día Internacional de Conmemoración del Holocausto y el 75º aniversario de la liberación de Auschwitz.
La decisión fue tomada por el Poder Ejecutivo, presidido por el Dr. Tabaré Vázquez, sin intervención directa del Parlamento (el Ministro de Relaciones Exteriores era Rodolfo Nin Novoa, el actual embajador en Brasil). Uruguay debería rechazar sin más demora esta adhesión y, en cambio, adoptar la definición de antisemitismo de la Declaración de Jerusalén (JDA) antes citada.
Como se ha dicho el problema no está en el texto de la definición de la IHRA sino en los ejemplos de actos antisemitas que se incluyen después. Esa es pura argumentación sionista destinada a acallar las críticas a las acciones criminales del Estado de Israel (genocidio en Gaza, apartheid y represión en los territorios ocupados de Palestina).
Veamos la definición en cuestión (en traducción libre del inglés) y después los “ejemplos” (como se dice, el diablo está en esos detalles que han de haber pasado desapercibidos para el gobierno de entonces). La intención era buena pero la trampa estaba oculta.
Definición: “El antismeitismo es cierta percepción de los judíos que puede expresarse como odio hacia los judíos. Las manifestaciones retóricas y físicas de antisemitismo están dirigidas contra individuos
judíos o no judíos y/o contra sus propiedades, contra instituciones de la comunidad judía e instalaciones religiosas”. “Las manifestaciones pueden incluir el señalamiento del Estado de Israel, concebido como una comunidad judía. Sin embargo, las críticas hacia Israel, similares a las dirigidas contra cualquier otro país, no pueden ser vistas como antisemitas”. Hasta aquí, todo bien.
Ahora los ejemplos. Ejemplos de antisemitismo en la vida pública, los medios, escuelas y lugares de trabajo, incluyen los siguientes aunque no se limitan a estos:
No hemos transcrito todos “los ejemplos” sino las más elocuentes acerca del uso perverso de la definición del IHRA que, si bien fue concebida en buena fe con fines de educación, está siendo usada en Europa y en Estados Unidos, para reprimir las protestas contra el genocidio cometido por Israel y para justificar sus crímenes.
– “Acusar a los judíos como pueblo o a Israel como Estado, de inventar o exagerar el Holocausto”.
– “Acusar a los judíos de más lealtad a Israel que a su propio país.” – Negar la autodeterminación del pueblo judío, por ejemplo al sostener que la existencia del Estado de Israel es una empresa racista”.
– Aplicación de dobles estándares al requerir conductas que no se esperan o no se le exigen a otras naciones.”
– Establecer comparaciones de la política contemporánea de Israel con la de los nazis.”
– Sostener que los judíos son colectivamente responsables por acciones del Estado de Israel”.
El IHRA surgió en 1998, en relación con la preocupación por el genocidio de los gitanos que efectuaron los nazis por parte del socialdemócrata sueco Göran Persson (ex Primer Ministro).
El IHRA tiene una Presidencia y una Secretaría General. La primera es rotativa y desde el primero de marzo del 2026 está en manos de la Argentina. Hasta el 28 de febrero del 2027, el Presidente del IHRA será el poderoso empresario argentino
Marcelo Mindlin, considerado como el zar del negocio energético en su país.
Mindlin coparticipa con el Presidente Javier Milei (“el más sionista de los presidentes del mundo”) en la secta jasídica Jabad Luvabitch, basada en Brooklyn, de la que se dice que “fue la que creó a Milei”. Marcelo Mindlin, es el presidente de Pampa Energía y mantiene una relación cercana con Milei basada en apoyo político y económico. Milei lo designó en cargos internacionales y Mindlin ha respaldado públicamente las políticas del gobierno libertario.
Por su parte Heba Morayef, Directora Regional de Amnesty International para Oriente Medio y el Norte de África, manifestó que
si la Organización de las Naciones Unidas adopta o respalda la definición de la IHRA, alentará a los gobiernos a restringir las críticas legítimas a las políticas del gobierno israelí y silenciará las peticiones cada vez más numerosas de que se ponga fin al sistema de ‘apartheid’ que Israel impone a la población palestina.
En suma, el gobierno israelí y el lobby sionista, a nivel mundial, promueve fuertemente la definición del IHRA, desde mucho antes del repudiable ataque de Hamás del 7/10/2023, para criminalizar y descalificar las críticas contra sus actos y para justificarlas como legítima defensa. La preocupación de los sionistas y de las derechas en Uruguay, respecto a un presunto “recrudecimiento del antisemitismo” buscan, en realidad, encubrir el genocidio y amedrentar a quienes reclaman su cese inmediato, equiparándolos con un apoyo a los actos terroristas cometidos por Hamas.
Un ejemplo clarísimo de las acciones de mala fe del lobby sionista en el Uruguay, fue expuesto recientemente y publicado en La Diaria. La Asociación de Funcionarios/as de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH) expresó mediante un comunicado su “preocupación ante la integración, metodología y conducción del grupo de trabajo sobre antisemitismo aprobado por el Consejo Directivo de la Institución (…) y por las recientes declaraciones del director Marcos Israel”.
A principios de abril, la INDDHH conformó un grupo de trabajo sobre antisemitismo en Uruguay por lo que evaluó como “un aumento sostenido de expresiones y acciones antisemitas desde octubre de 2023 a la actualidad”, según se indicó en la resolución de creación del grupo. Se le dio un plazo de seis meses a este ámbito para realizar un diagnóstico, intercambiar con actores sociales y formular recomendaciones.
Sin embargo, pocos días después el director de la INDDHH Marcos Israel, declaró que la probabilidad de que desde Gaza se difunda información falsa es “de 99%” porque hay un “gobierno terrorista”, mientras que “del otro lado no es así”, y acusó al periódico estadounidense The New York Times de ser “un gran generador de desinformación” sobre el conflicto.
Los trabajadores y trabajadoras también cuestionan las declaraciones de Israel al periodista Sarro en las que “desconoce el trabajo de Naciones Unidas” y “avala sin prueba ni matices toda la información oficial del gobierno de Israel”. Estas afirmaciones, sostienen, “vulneran la independencia y la imparcialidad impuestas en el artículo 46 de la Ley 18.446”, que creó la INDDHH.
Asimismo dijeron que al calificar a “medios de comunicación internacionales prestigiosos de desinformación deliberada”, Marcos Israel “desconoce los términos del artículo 9 de la Ley 18.446, que prohíbe a los miembros del Consejo emitir opiniones públicas a título personal sobre materias de competencia institucional”.
Remarcan que “no existe antecedente similar en la historia de la INDDHH” en el que haya sucedido algo parecido y solicitan que se releve a Marcos Israel de la coordinación del grupo, que se designe “otro/a director/a que pueda actuar de buena fe y de manera imparcial”, y que se amplíe la integración del grupo “con organizaciones inscriptas en el padrón de la INDDHH que garanticen la pluralidad de posiciones”.
Por Lic. Fernando Britos V
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