20 De Mayo. La última trinchera

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   /Agencia uruguaya Uypress/ La manifestación de hoy, 20 de mayo de 2026, fue la más grande de todas las 30 que se han realizado. Esto es fácil escribirlo, pero hay que demostrarlo.

El cálculo es simple: el largo desde la Plaza Cagancha hasta Fernández Crespo de la avenida 18 de Julio es de 1.500 metros y el ancho de la calzada, es decir, de cordón a cordón -que es bastante uniforme- es de 18 metros, lo que da una superficie de 27.000 metros cuadrados. Multiplicado por 3 personas por metro cuadrado, permite calcular que había entre 80 mil y 84 mil personas, si se incluye a la gente de las veredas.

Una enormidad de gente, de todas las edades y condiciones. Además, nosotros con Selva lo sabemos perfectamente, porque el año pasado partimos de donde sale originalmente la manifestación, de la avenida Rivera y Jackson, y hoy partimos desde el Ministerio de Salud Pública. El año pasado y otros años, comenzaron a leer los nombres de los desaparecidos a la altura de la Intendencia de Montevideo; esta vez estábamos a dos cuadras antes de la Intendencia. No me queda ninguna duda y lo demuestro. Los servicios de inteligencia militar saben perfectamente estas cifras. Me consta.

Una de las razones del crecimiento en la participación es demográfica: se han muerto muchas madres, padres y algunas esposas, pero han sido sustituidos por muchos más hermanos menores de los desaparecidos, por sobrinos, por hijos y hasta por nietos. Pero las razones fundamentales son otras, mucho más importantes.

El 20 de mayo, para una parte muy grande de los uruguayos y uruguayas, que va mucho más allá de los participantes, si consideramos el interior del país y hasta a los uruguayos en el exterior, representa a una parte muy grande de la población. Y seguirá creciendo porque esa marcha, la más grande que se realiza en el Uruguay, cada año, es la última trinchera.

La última trinchera de la moral ciudadana, del humanismo, de la ética y de la épica, de la verdad y la justicia, a pesar de que algunos apuesten a su extinción. Sería la desaparición de valores fundamentales para una parte muy importante de los uruguayos. No de todos los orientales.

Por ejemplo, de los que se sienten representados por las palabras del actual Comandante en Jefe del Ejército, General Mario Rafael Stevenazzi Viñas, en su discurso del pasado 18 de mayo en Montevideo y en su carta del 18 de mayo de 2025, en Tacuarembó. Los que quieran leerlas pueden hacerlo en mi columna actual en UYPRESS. Me daría un terrible enojo reproducirlas nuevamente.

Esos discursos, cargados de la defensa de la impunidad, intentan pasar la página con una mano de barniz institucional. Pero la memoria no se decreta, señores. La memoria se milita y se respira en la calle. Por eso, ver ese río humano que desbordaba 18 de Julio no es solo un acto de presencia; es una declaración cívica y democrática de una potencia demoledora que los asusta. Los asusta porque rompe el relato del olvido que intentan tejer desde los despachos oficiales y los cuarteles.

¿Qué creen? ¿Que el dolor y la exigencia de verdad caducan con el paso de los años o con un relevo de mando? Ayer quedó demostrado, de forma incontestable, que están profundamente equivocados. Cada metro cuadrado de asfalto recuperado por la dignidad ciudadana es un bofetón a la impunidad. Es la respuesta indomable de un pueblo que se niega a ser domesticado, que no acepta la mentira y que exige, con el silencio más ensordecedor que se pueda concebir, saber dónde están.

Y no se equivoquen, esto no es un asunto del pasado ni una nostalgia sesentista, como les gusta repetir a los ideólogos de la amnesia colectiva. Esto es riguroso presente. Es el Uruguay del futuro que se planta firme ante la chatura moral.

Mientras haya un solo uruguayo que camine de cordón a cordón reclamando justicia, esa trinchera seguirá inexpugnable. Podrán retacear la información, podrán seguir amparando los pactos de silencio, pero la verdad histórica ya les ganó la batalla en la calle. La manifestación de hoy no fue un recuerdo; fue un mandato imperativo para los que gobiernan hoy y para los que vendrán mañana.

No hay vuelta atrás. Esa trinchera siempre estará abierta, no por odio, sino por amor a la verdad, a la justicia y a nuestros desaparecidos.

Sepan perdonar que comencé esta nota hablando de cifras, pero soy muy duro para el llanto… aunque no tanto.

Por Esteban Valenti*

*Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora (www.suplementobitacora.net) y Uypress (www.uypress.net), columnista en el portal de información Meer (www.meer.com/es)

 

 

 

 

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