Lo que podría llegar a ser el casi seguro retorno de Pedro Bordaberry como precandidato colorado tiene, claro, efectos electorales. Pero el impacto excede lo coyuntural y se relaciona con más peso por su significado en términos de las trayectorias partidarias.

Sobre lo propiamente electoral, su incidencia sería exclusivamente intra bloque multicolor y no en la competencia inter bloques. Claramente, los votos que llegado el caso puede disputar Bordaberry, están todos dentro de las fronteras de ese bloque. Es probable que entienda que en la próxima elección le sería posible competir en mejores condiciones por el voto tradicional, el que se trasvasa entre blancos y colorados sin mayores inconvenientes. Ya lo pensó para el 2014 cuando la derrota de Lacalle Herrera en la elección anterior (2009, en la que él también fue candidato) y el agotamiento de su liderazgo habían dejado al Herrerismo sin candidatos naturales. La aparición a último momento de Lacalle Pou en la elección de aquel año, con el peso de su tradición familiar y una buena campaña de imagen, contuvo la probable fuga de votos y la candidatura de Bordaberry hizo agua.
Que Lacalle Pou no sea candidato en la próxima elección lo induce a creer que ahora sí se le abre una ventana de oportunidad. Eventualmente también aspire a recuperar votos de la derecha extrema de raíz colorada que se fueron con Manini Rios. La apuesta, sin duda, es que su candidatura termine alterando a favor del Partido Colorado (PC) la correlación de fuerzas al interior de la coalición multicolor. Algo que podría suceder pero también al costo de una pérdida global de la coalición, porque sin duda el protagonismo de Pedro Bordaberry la correría aún más a la derecha. Habría que ver como maneja la lógica de cooperación-conflicto dentro de la coalición. Algunos indicios podemos tener pero todavía no son concluyentes. Sobre todo porque, desde mi punto de vista, el perfilismo que pueda tener para diferenciarse de sus socios coalicionistas no es suficiente para modificar lo fundamental en él: su completa consustanciación con lo que representa la coalición multicolor y el bloque de las derechas. La imagen de Pedro Bordaberry como una supuesta figura de renovación aún con sus particularidades, es cuestión pretérita. Con el agua que corrió desde aquel tiempo ha quedado claro quién es y qué representa. …el Partido Colorado ha cambiado definitivamente su fisonomía, con determinados fines últimos que ya no son los mismos que en otros momentos, con una línea política con apenas matices de diferenciación interna y jugando con las oportunidades que le brinda el espacio político en el que decidió ubicarse. Actualmente, sus jóvenes se sienten parte de lo que alguien llamó, la “generación de la coalición”. En gran medida, el ciclo de transformación terminó.
Razonando de modo parecido podría decirse que la oportunidad que aparentemente sentirían sus competidores en la interna colorada de mostrarse menos a la derecha en referencia a Bordaberry, si bien puede ser cierto, no altera lo que todo el mundo puede observar y es un PC jugado por completo y cada vez más al proyecto coalicionista, el “partido del futuro” como algún dirigente importante colorado lo definió. Por lo tanto, por encima de lo que vayan a ser sus números finales en la próxima elección, para el PC son situaciones que siguen definiendo y expresando cuál es su actual ubicación e identidad política. Por eso, como decía antes, la mirada tiene que ponerse más bien en lo que representaría una nueva candidatura de Pedro en clave de la trayectoria histórica colorada tanto reciente como de largo plazo y en clave de qué está pasando con la identidad colorada. Es desde este último punto de vista que la cuestión se vuelve aún más relevante.
Tengamos presente que Pedro aparece con perfil de figura de referencia sectorial y partidaria en el 2005 cuando es candidato a intendente de Montevideo. Había sido ministro en el período anterior pero es efectivamente ahí cuando comienza su derrotero de líder partidario. Estamos hablando, entonces, de un protagonismo para nada fugaz, sino que permanece en los primeros planos, en diferentes condiciones por supuesto, durante los últimos 20 años. Quizá la pregunta a formular sería, ¿cuál es el contexto con mirada larga que explica ese protagonismo extendido en el tiempo, su candidatura cuasi natural y, según todo indica, con altas probabilidades de ganar la interna? Para esto hay que repasar varios hechos.
Pedro surge en medio del desplome del PC, que cae a guarismos electorales del 10 % en el 2004, el derrumbe de los sectores tradicionales y el agotamiento de los liderazgos históricos de Sanguinetti y Jorge Batlle, aunque en el caso del primero con una reentré en los últimos años que también revela mucho, sobre todo por el rol que está jugando. Ahora, recordemos: ¿cuál es la genealogía de Pedro? El abuelo de Pedro fue Domingo Bordaberry, empresario y productor rural, latifundista, proveniente del riverismo, del coloradismo antibatllista, que apoya la dictadura terro-herrerista que comienza con el golpe de estado de 1933. En aquellos años fue director del diario terrista “El Pueblo”, desde donde pedía “mano de hierro” contra la oposición democrática. Domingo Bordaberry es, además, el padrino político de Benito Nardone, nacido en el batllismo pero convertido en furibundo antibatllista y golpista. Chicotazo funda el Ruralismo, organización gremial rural que se termina por transformar en movimiento político y en el que confluían corrientes coloradas y blancas. Para la elección de 1958 el Ruralismo acuerda con el Herrerismo su presentación conjunta dentro del lema Partido Nacional. Algunos de los miembros ruralistas de origen colorado no están de acuerdo con votar bajo el lema nacionalista y crean uno nuevo separado del colorado. Digamos de paso que uno de los referentes de ese lema nuevo es Alberto Manini Rios, padre de Guido, que en su discurso en el Parlamento durante el homenaje a Luis Alberto de Herrera por su fallecimiento dijo que “la tradición blanca y la tradición colorada se iban a unir en una amalgama gloriosa”. Entre los seguidores de Nardone está el núcleo de militares alrededor de los Tenientes de Artigas que éste promueve dentro de la estructura militar. Y está Juan María Bordaberry, padre de Pedro, quien se convierte en senador electo por el lema Partido Nacional. Juan María, católico ultramontano que siguió con el apoyo de los restos del ruralismo, en 1971 termina siendo electo presidente de la República por el pachequismo en el lema colorado y, como es sabido, es el presidente golpista junto a las Fuerzas Armadas en 1973. Juan María Bordaberry, de origen colorado, Ruralista, electo senador por los blancos y presidente por los colorados. Se lo ha tildado de un caso raro, pero para mí no es la mirada correcta. Tengo dicho que Juan María Bordaberry es un producto del ecosistema que interrelacionó y combinó de diversos modos, antes y después, a las corrientes conservadoras blanca y colorada. Es decir, con este linaje, un Bordaberry se convierte luego del 2004 en el líder hegemónico del coloradismo.
Para que esto sucediera no alcanza con la derrota estrepitosa. No hubiera sido posible sin haber estado precedida de una progresiva disolución de la identidad batllista asociada a lo colorado, por el abandono de la matriz originaria, por la fusión entre batllistas y no batllistas, por el permitir que se llamara batllista a casi cualquier cosa —a aquellos que representaban el antibatllismo histórico y a los defensores de dictaduras— y por la convergencia con el Partido Nacional. En síntesis, un PC que antes de reducirse numéricamente, redujo su diversidad, volviéndose más homogéneo bajo estándares más propios de las trayectorias coloradas conservadoras y, por lo tanto, de una ficción de continuidad batllista. Por eso podría decirse que Pedro, más que el responsable de la crisis del PC, es su consecuencia.

Ahora, lo que vino a partir de su hegemonía es clave también. Yo lo describiría como un impulso que hubo en tres áreas. En primer lugar, son los pasos que se dieron para ahora sí materializar en determinados formatos los entendimientos con el Partido Nacional. Es curioso, visto a la distancia, que uno de los caballitos de batalla de Pedro al principio fuera el “colorado vota colorado”, mostrándose con una aparente mayor autonomía respecto al otro partido tradicional. En circunstancias que varios dirigentes colorados estaban negociando acuerdos de distinto tipo, incluso personales, con los blancos, aquello aparecía como una muestra de dignidad colorada. Aunque el límite de ese intento quedó en evidencia con el famoso “vamos a hacer mi… a Tabaré Vázquez” del 2014. A partir del 2010 a influjos de Pedro es que se dispara la creación de un nuevo lema entre blancos y colorados para Montevideo. Como fue dicho en aquel momento, el Partido de la Concertación era el primer paso formal hacía las fórmulas de unificación en un mismo espacio con los blancos, que ese era el camino en que verdaderamente se estaba. El segundo impulso, fue dar por terminada cualquier simulación centrista, expresando cada vez más en forma evidente el vocacional conservadorismo innato en temas socioeconómicos y de agenda de derechos. Hoy suena ridículo pero Bordaberry aparentemente en algún momento dio a entender que aceptaba la creación bajo su liderazgo de una especie de “columna de izquierda”, pero eso no sucedió, y en cualquier caso no hubiera resultado creíble. En tercer lugar, los impulsos en un terreno más sutil como es el de las relecturas de la historia, menos sistematizado de lo que seguramente se hubiera querido pero visible igual. Se hizo, por un lado, con el cambio de gran parte de la iconografía de la Casa del Partido. No es tan conocido que la histórica casa fue originalmente exclusiva del Batllismo, no de todo el PC. Por eso tenía únicamente imágenes y esculturas de líderes y referentes del Batllismo, no de las fracciones históricas antibatllistas, por ejemplo, ninguna del Riverismo o del Terrismo. Ni siquiera se había tocado nada cuando en ocasión de la reforma que se hizo a la salida de la dictadura, la “Casa del Partido Colorado Batllismo” pasó a ser la “Casa del Partido” a secas, de todo el partido, cambiando la placa de la entrada por una sin la palabra “Batllismo”. Bueno, la mayoría de los cuadros voló, quedando solamente uno de Batlle y Ordóñez y otro, que en realidad se agregó porque no estaba antes, de Joaquín Suarez, personalidad relevante pero previa al batllismo. La explicación fue que eran las únicas referencias en las que todo el partido coincidía, lo que no es verdad. Casualmente, entre los cuadros que desaparecieron estuvo una gigantografía de un acto opositor del Batllismo contra la dictadura de Terra. Acuérdense lo que relaté sobre el pasado familiar de Pedro, punta del iceberg se podría decir del regreso junto con él de colorados con interpretaciones no batllistas de la historia del coloradismo. En esa línea estuvo el intento de reeditar los actos de evocación de la Hecatombe de Quinteros que se habían dejado de hacer hacía mucho. Era bastante increíble que se hiciera porque en realidad, bien leído, Quinteros es la matanza de colorados contrarios a la fusión por parte de otros colorados y blancos partidarios de la misma. En algún momento se deben haber percatado de lo poco apropiado que era recordar aquel episodio cuando fusión es una palabrita que siempre anda en la vuelta para describir la relación actual entre blancos y colorados y se dejó de hacer. Claramente, lo que se pretendía era recalar y enfatizar en las tradiciones más coloradas que batllista.
Politológicamente hablando, podría decirse que a partir del 2004 el PC comenzó un proceso de adaptación al nuevo contexto, mutando en el sentido que lo venía haciendo pero poniendo el pie en el acelerador. Cuando Bordaberry anuncia en el 2017 que no será candidato, vuelve a tomar la posta Julio María Sanguinetti que pone la semilla de la coalición multicolor, colocando al PC en el tren en esa dirección ya sin las ambigüedades que en otros momentos pudieron haberse tenido. En la última elección departamental en Montevideo se dio la situación inédita que el candidato colorado fue una blanca herrerista. Ahora están proponiendo votar bajo un mismo lema en todos los departamentos. Y también siguen construyendo la historia necesaria para terminar definitivamente de dar ese giro, lo que incluye procurar ubicar a Batlle como un capítulo más de una historia colorada más larga, depreciándolo como mojón ideológico que en realidad lo alteró todo para siempre.
En lo personal, tiendo a creer que el PC ha cambiado definitivamente su fisonomía, con determinados fines últimos que ya no son los mismos que en otros momentos, con una línea política con apenas matices de diferenciación interna y jugando con las oportunidades que le brinda el espacio político en el que decidió ubicarse. Actualmente, sus jóvenes se sienten parte de lo que alguien llamó, la “generación de la coalición”. En gran medida, el ciclo de transformación terminó. En este sentido, el virtual regreso de Pedro Bordaberry, cualquiera sea el lugar desde el que lo haga, tiene menos de novedad que antes y al mismo tiempo es confirmatorio de en qué terminó el PC de Batlle y Ordóñez.
Por el politólogo Carlos Fedele
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