Manini se distancia del gobierno

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Cabildo Abierto bien puede concretar esta vez su alejamiento de la coalición de gobierno, con la que amagó en un collar de disensos a lo largo de esta administración sin llevarla a cabo.

Guido Manini Ríos dijo el jueves 2 que “hay elementos para pensar” que Lacalle Pou sí sabía de lo que estaba ocurriendo en Torre Ejecutiva, y que “no alcanza” con la renuncia del canciller Francisco Bustillo, anunciada ya la noche anterior. “Yo tengo todo para pensar que sí (sabía Lacalle); no tiene mucho sentido que el asesor en imagen del presidente convoque una reunión, a pocos metros del despacho del presidente sin que este lo sepa”. Además, dijo esperar “en las próximas horas” las renuncias de Luis Alberto Heber, Guillermo Maciel y Roberto Lafluf. Manini le pone un plazo al gobierno.

Sugerir la participación del presidente en este caso de corrupción es un cambio cualitativo respecto a las anteriores situaciones de corrupción en esta administración. Manini percibió la diferencia de la situación actual respecto a las anteriores, y lo hizo saber.

Desde EEUU, el presidente Luis Lacalle no cesó a Bustillo sino que le permitió que renunciara, avanzada la tarde del miércoles 1, y él lo hizo, dice su carta, “para disipar cualquier sospecha”. Si se disipaban, puede haber calibrado Lacalle, se disipaba el conflicto. Nones.

Es claro que Lacalle no comprendió el alcance de los hechos desatados por la ex vicecanciller Carolina Ache con sus declaraciones ante Fiscalía el miércoles antes del mediodía. No es un conflicto, es una crisis, y está dicho que él participó de la parte inicial de la reunión convocada por su asesor Roberto Lafluf y a la que asistieron, por la entrada del garage, los subsecretarios de Interior, Guillermo Maciel y Ache. El objetivo de la reunión, se ha dicho en Fiscalía, era non sancto.

Y este hecho, si efectivamente es así, es un elemento que permite inferir que debe dilucidarse el papel de Lacalle en todo esto. Otros han razonado en público sobre aspectos a considerar de esta situación; Manini lo hizo en privado, y consideró necesaria una conferencia de prensa para decirlo. Definitivamente, separó sus pies de este barro al ver realmente el panorama.

Porque la tesitura de Lacalle ante la crisis de gobierno fue definida ya el miércoles, cuando no cesó a Bustillo para poder aceptar su renuncia. Va de suyo que Bustillo habló con Lacalle antes de renunciar, ese miércoles ‘de miércoles’ para el gobierno. Lacalle eligió que la renuncia de Bustillo hablara por él, en vez de, por ejemplo, emitir ese mismo día una declaración en la que dijera que estaba en EEUU cumpliendo tareas de Estado que no le permitían adelantar su regreso. Y que ante las repercusiones generadas por las declaraciones esa mañana de la señora Carolina Ache, a su regreso el sábado se interiorizaría debidamente de la situación, haciéndose cargo de ella como le corresponde y supo prometer. Y adelantaba su confianza en la fortaleza de las instituciones del país.

Esto último fue dicho por Lacalle en una rueda de media docena de presidentes al día siguiente, y le tiene que haber parecido oportuno y suficiente dadas las repercusiones políticas que le fueron transmitidas.

No lo es, y la cabeza de Cabildo Abierto consideró necesario tomar distancia del costo político, creciente en materia de horas, de un tema en el que nadie de Cabildo está involucrado. Se dijo que podía ser revanchismo por cuentas pendientes entre el presidente Lacalle y Cabildo Abierto, pero es mucho más; es supervivencia.

La característica de esta coalición es que los socios ponen los votos pero no se nombran responsables de lo que pueden considerar logros de sus votos. Por lo tanto, ese beneficio recayó sólo en La Calle, en desmedro de sus aliados. Lo mismo querría Lacalle que suceda a la inversa, cuando hay que pagar peaje político.

Consecuentes con la expectativa presidencial, un sector del Partido Colorado declaró estar a la espera del regreso de Lacalle y lo que éste diga; el otro no habló como sector; sus dos precandidatos abrazaron el silencio. Es que desde 1985, el Partido Colorado fue imbricándose en la alianza con el Partido Nacional. Esa alianza es electoral, política y también ideológica, ahora que no hay ni batllismo ni wilsonismo reales que estorben el entendimiento entre el conservadurismo colorado y la naturaleza del herrerismo, que Lacalle ejerce en una nueva versión turbo.

En cambio, Cabildo Abierto no supo, por inexperiencia política seguramente, adjudicar mérito a los votos que prestaba y a su colaboración con el gobierno. El caso claro es el de la pandemia y la alabada labor del ministro Daniel Salinas, de la cual el rédito político se perdió para CA como agua en la arena.

La alianza del Partido Nacional con el Colorado es estratégica, mientras que la de Cabildo Abierto con el gobierno es táctica, en tanto es un acuerdo sobre objetivos. El balance que hoy pueda acerca de esos acuerdos debe ser insatisfactorio aunque tolerable para ellos hasta el último día de octubre. Pero no puede ser un objetivo compartir el desgaste político esperable de la que ya es nombrada como la peor crisis de la historia.

Por lo tanto, se entiende lógico que ahora CA se apreste a salir al llano a recomponer su perfil, su electorado, sus filas, sus propuestas, para lanzarse a las elecciones.

 

 

 

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