Venezuela es un dilema

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Las amenazas militares de EEUU a Venezuela vienen durando más que muchos matrimonios; tal vez ahora, con siete años y medio de amenaza militar desde el imperio, se imponga la ‘picazón del séptimo año’, y Washington se anime a serle infiel a la lógica geopolítica y tal vez realmente ataque. A esta altura, nada es seguro.

La amenazas empezaron en julio de 2017, el año en que Donald Trump comenzaba su primera presidencia, impuso sanciones económicas a Venezuela, luego calificó de «fraudulentas» las elecciones de 2018, rechazadas también por OEA, el Alto Comisionado de ONU para derechos Humanos y la Unión Europea. EEUU agregó ya entonces la declaración de que «no descarta» emprender acciones militares contra Venezuela.

Dos años después, Washington impuso más sanciones económicas y reconoció a Juan Guaidó (¿qué será de su vida?) como presidente. Y en el ultimo mes del año que terminó, desplegó lo más poderoso de su flota ante Venezuela y capturó dos barcos petroleros, nombrados en una lista de su exclusiva confección, por comerciar con países que están en la lista negra de Washington.

Se reiteró la declaración de que «no descarta» soluciones militares, se nombró a la CIA operando dentro de Venezuela, y hubo una explosión en un pequeño puerto, alegadamente usado por la guerrilla del ELN para embarcar droga.

Se complen entonces siete años y medio de amenazas de guerra que no se concreta, en la cual EEUU sí detonó lanchas en alta mar alegando que llevaban cocaína a EEUU, matando a un centenar de personas en total. Lo hizo sin prueba alguna sobre lo que alegó para hacerlo, y en violación flagrante de la legislación internacional, faltaba más.

Ésta está siendo la guerra más anunciada de la historia. En consecuencia, la situación busca cada vez con más ahínco una salida en la que Washington pueda salir de los amagues. La guerra abierta, la invasión de Venezuela, es por cierto una salida, auinque también es una puerta de entrada a un lío mucho mayor, que comprometerá fidelidades y conmocionará a todo el continente, potenciando las viejas banderas del antimperialismo. Washington parece saberlo, y por eso no pone ‘bota en tierra’ en este nuevo Vietnam, o Afganistán, por nombrar pasados aleccionadores.

Pero mientras se esperan los primeros disparos y a que la realidad bélica muestre sus alcances, el dilema se hace más denso e irrespirable, y hay cosas que pasan. Los adinerados de Venezuela se fueron ya del país, para evitar ser protagonistas. Brasil, que tratará de cerrar sus 2200 kilómetros de frontera, también puso hospitales en el área, pues lo que es seguro es que la inestabilidad en la región provocará oleadas migratorias.

El día 30, el secretario de Estado Marco Rubio salió en TV haciendo un balance de cómo ve la situación en el hemisferio occidental, y no nombró a Europa. El principal problema es el narcoterrorismo y delitos asociados, pero EEUU tiene aliados, ennumeró, como razón de ser de su listado. Nombró amigos muy amigos, solo amigos, y gobiernos en duda pero con fuertes instituciones que le son fieles, seguramente porque las financia. Sin argumentos, fue excluída Nicaragua. Y Venezuela fue entronizada como el cerno del mal. El listado no tiene lógica si se trata de drogas, que ante las fronteras no necesita pasaportes sino corrupción. Pero sí si se trata de guerra, la posición de los gobiernos es relevante, particularmente si son, llamémoslos, colaboratrices.

La relación de fuerzas que EEUU dice tener en esta América La pobre es parcial, pero el resto se deduce. La colaboración con Mexico tiene hoy una intensidad como nunca, dijo, y eso implica que tiene asegurada la retaguardia de un conflicto con Venezuela. Hay apoyo a EEUU en Centroamérica, dijo, a excepción de Nicaragua y en cierto grado de Honduras, donde sin embargo hay instituciones fuertes que respaldan a Washinton; ni nombró al presikdente que impusieron con gran dificultad. EEUU cuenta con gran cooperación de parte de Ecuador y El Salvador. También, de Guatemala, Costa Rica, Panamá, Trinidad,. Guyana y Jamaica. Aún en Colombia, «con su inusual gobierno» tiene instituciones con las que trabajan muy estrechamente». Y luego se despacha contra Venezuela y su relación con Hezbollah, y los territorios de Venezuela en los que campea el ELN sin control estatal alguno.

Se puede agregar que EEUU cuenta hoy con el apoyo de los gobiernos de Chile y Argentina, y no nombra al Uruguay. Éste último es un dato importante, porque si se llega al enfrentamiento armado, cualquiera sea su intensidad, las partes directamente afectadas no serán sólo Trump y Maduro, o los regímenes de EEUU y Venezuela. Ya ahora, antes de que se dispare una bala, hay que contar en la escena al pueblo venezolano. El sentido común hará emigrar a muchos, y adónde irán es un tema que no debería ser postergado.

En el mapa regional trazado por Marco Rubio, la ausencia del tema en la agenda uruguaya hace que justamente Uruguay sea un destino más que posible; los otros omitidos son Paraguay y Boliva. Marco Rubio dijo en esa aparición en TV que para 2014 habían emigrado 8 millones de venezolanos. y la relación entre la tasa de crecimiento poblacional y emigración permite inferir que en el país quedan 28,5 millones de habitantes; se sabe que los ricos en serio ya se fueron, y el desgarrador exilio asoma como alterntiva a la guerfrea, que puede venir, y al hambre, que ya está. Brasil (Lula es un gobernante que piensa en el día después) ya estableció que no quiere inmigración, aunque reconoce que es inevitable y por ello instaló hospitales en la zona de frontera. Paraguay, Bolivia y Uruguay son las opciones que le quedará el emigrante venezolano. Siendo muy conservadores, supongamos que un día aparecen en nuestras porosas fronteras solo 20.000 venezolanos queriendo vivir en Uruguay. Esa es la población de la ciudad de Canelones, la de La Paz, un 10% menos que la de Trinidad y 20% menos que las de Rocha y Fray Bentos.

La situación no está planteada, la previsión de que pueda suceder menos todavía. Lo peor del hecho, que implica posicionamiento internacional, recursos que hoy no aparecen para encarar prioridades y los ingredientes para tamaño plan de trabajo, Lo peor del hecho, se decía, es que sea una sorpresa

Una política internacional como se dice que se quiere, tal vez requiera considerar esta posibilidad para no ser sorprendido por ella, para actuar en política internacional de modo que lo que queremos, podemos y pensamos en materias como ésta, tengan gravitación. Venezuela es para Uruguay un tema muy importante y además, urgente.

 

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