New York Time/El indulto que se convirtió en una trampa internacional. Lo que Donald Trump imaginó como una demostración de poder imperial, se ha transformado en el ridículo diplomático más grande de la década. La firma del indulto al expresidente Juan Orlando Hernández (JOH) debía ser el broche de oro de una alianza oscura, pero terminó siendo el detonante de una humillación global que The New York Times ya califica como un «desastre de juicio político».
Tras el indulto de diciembre, hernández es ahora perseguido por cargos de lavado de dinero y fraude en su país. mientras los medios internacionales siguen el caso, en honduras la búsqueda del exmandatario por corrupción y su vinculación con el narcotráf1co sigue generando titulares. el escándalo ha tocado los cimientos de la política estadounidense y refleja cómo un perdón político puede volverse un boomerang que afecta directamente la imagen internacional de un presidente.
La imagen es devastadora para la narrativa de «Ley y Orden» del republicano: apenas horas después de que Trump, con su arrogancia habitual, limpiara el historial de JOH en suelo estadounidense, Honduras emitió una orden de captura letal.

El resultado es una paradoja vergonzosa. El hombre que el Presidente de los Estados Unidos acaba de «perdonar» es ahora un fugitivo internacional, buscado no por enemigos políticos, sino por el propio sistema judicial de su país que Trump despreció. Al intentar salvar a su antiguo aliado, Trump no solo expuso su propia erradicidad, sino que le colgó un cartel de «Se Busca» en la espalda.
Washington está acostumbrado a dictar, no a que le corrijan la plana. Pero esta vez, la justicia de Honduras ha dado un golpe sobre la mesa que resuena en todo el mundo. La orden de captura contra Hernández es un mensaje claro: la impunidad que Trump vende en el Norte, no tiene validez en el Sur.
Mientras Trump jugaba a ser el juez supremo, las instituciones hondureñas preparaban silenciosamente su jugada maestra. Han dejado al «líder del mundo libre» protegiendo a un hombre que su propia nación reclama por crímenes atroces. La soberanía hondureña acaba de darle una lección de dignidad a la Casa Blanca.
No es casualidad que los medios más influyentes del mundo, encabezados por el Times, hayan puesto este escándalo en primera plana. La narrativa se ha roto. Ya no se trata de la «lucha contra la corrupción» de EE. UU., sino de cómo la administración Trump se ha convertido en cómplice activa del caos para proteger sus intereses personales.
Trump ha quedado atrapado en su propia trampa. Quería mostrar lealtad a sus amigos, pero terminó demostrando al mundo que su brújula moral está rota y, peor aún para su ego, que políticamente ha sido burlado. El «Indulto a JOH» pasará a la historia no como un acto de gracia, sino como el monumento a la torpeza de un presidente que creyó estar por encima de la justicia, hasta que la realidad le estalló en la cara. ( fragmentos del New York Time)
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