Daniel Bolani por Daniel Feldman

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Agencia Uypress |No son fáciles las despedidas, más cuando se trata de arrebatos inconsultos.

Eran exactamente las 14.11 cuando me entró en el celular el mensaje de Crysol:

Lamentamos tener que informar que hoy, 23 de marzo de 2024, falleció el compañero Daniel Bolani Gerona a los 72 años de edad, en Montevideo.

Daniel Bolani (N° 2721 en el EMR N° 1) estuvo preso desde 1976 hasta 1980 en el Penal de Punta Carretas y en Libertad durante el terrorismo de Estado.

A él, nuestro sincero homenaje y reconocimiento. A sus familiares, amigos y compañeros nuestras sinceras condolencias.

¡Hasta siempre, Gordo!

Estaba en medio de una reunión familiar, fuera de Montevideo, pero fue imposible evitar la exclamación y expresar la bronca.

Con el «Gordo» nos conocimos allá por 1982, cuando desde diferentes ámbitos de la clandestinidad tratábamos de rearmar estructuras para tirar abajo de una vez por todas a la dictadura. En esos casi tres años donde fuimos ganando espacios de legalidad coincidimos en varias ocasiones, y recuperada la democracia ya abiertamente cultivamos cierta amistad.

Teníamos por ese entonces varias cosas en común: la primera, la militancia en la Juventud Comunista, algo que la vida demostró que era transitoria. Pero siempre mantuvimos nuestra «inclinación» por el violeta y lo que alguien por ahí definió como una cierta tendencia al humor corrosivo. Sí, el «Gordo» tenía un humor corrosivo, y nos identificábamos totalmente.

Permítanme contar una anécdota.

No recuerdo bien si fue en 1985 o 1986; ambos integrábamos el Comité Central de la UJC. En medio de la definición política de llevar a la organización a todos los rincones del país, se resolvió comenzar a hacer las sesiones del organismo en el Interior. La primera fue fijada en la ciudad de Florida. Llegamos a la cuna de la declaratoria de la Independencia, y llovía llovía, como dice la canción de Leonardo Favio. No caían solo pingüinos de punta; caía de todo, y un grupo de unos setenta jóvenes fuimos a cantar el himno a la plaza, ante la mirada atónita de unos policías que no sabían si éramos comunistas o extraterrestres.

Eso fue un sábado. El domingo era día de barriada, de salir a golpear las puertas de las casas y vender el diario La Hora Popular. Salíamos en parejas, cada una creo que con 20 diarios y varias manzanas asignadas para recorrer. Ya no caían pingüinos de punta, pero si una llovizna que calaba, y que hacía difícil la protección de los diarios, a lo que se agregaba la poca receptividad de los hogares floridenses.

En determinado momento el «Gordo» me dice:

– «Feldman (a pesar de ser los dos Danieles siempre mantuvimos ese respeto corrosivo de llamarnos por los apellidos), ¿tenés algo de guita?

– Tengo, sí.

– ¿Cómo para comprar 10 diarios?

– Afirmativo, respondí, adivinando por dónde venían sus intenciones.

Fue así que enfilamos nuestros pasos hacia un boliche que ya habíamos detectado que tenía un futbolito, donde permanecimos el tiempo que consideramos era el prudente y necesario para haber vendido veinte diarios en veinte hogares.

Al retomar las sesiones fuimos felicitados por nuestra ejemplar labor. Nunca nadie supo dónde fueron depositados los diarios.

Cada tanto, tiempo después, cuando ya nuestras identidades políticas habían tomado caminos diferentes – aunque siempre coincidimos en ciertos compromisos-, nos encontrábamos a tomar algo y luego de sacarle el cuero a muchas situaciones, solíamos recordar nuestra hazaña de vender veinte diarios La Hora Popular un domingo lluvioso en la ciudad de Florida.

¡Te vamos a extrañar, Gordo!

 

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