La batalla política española

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Editorial El País/es

El Gobierno socialista atraviesa horas críticas. Los escándalos de corrupción y las denuncias por acoso dentro del PSOE han liquidado la leve mejoría registrada por el Ejecutivo tras el verano y han vuelto a situar al ciudadano ante un panorama político poco alentador. En principio, el presidente del Gobierno ha decidido continuar –“merece la pena gobernar, aunque sea en estas circunstancia”, dijo el domingo– y los socios de investidura, pese a sus críticas, no tienen intención de apoyar una moción de censura.  Con estos mimbres, la estabilidad, aunque precaria, debería estar garantizada, pero en el horizonte se advierten señales de tormenta.

 

En los próximos seis meses se sucederán cuatro elecciones autonómicas (Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía) que van a tensionar internamente a los dos principales partidos. En el PSOE, las encuestas alertan de una racha de malos resultados que dará munición a los enemigos de Sánchez, los llamados caníbales (muchos son los caídos después de siete años de gobierno) y a quienes desde el poder local quieren adelantar las elecciones generales ante el temor de que el deterioro del liderazgo socialista pueda afectarles en las municipales y autonómicas de 2027.

En el lado del PP, aunque sea el partido ganador de la próxima tanda autonómica, el crecimiento y la dependencia de Vox para formar gobiernos dará pábulo a aquellos que apuestan por la radicalización. Una vía extrema, defendida por Isabel Díaz Ayuso, para enfrentarse a la estrategia de Santiago Abascal de desgastar al PP poniendo el altavoz siempre más alto y con negociaciones humillantes.

El resultado de estas fricciones será un campo de batalla aún más polarizado, con fuertes presiones para el adelanto electoral, y donde los casos de corrupción, aparte de dañar al Gobierno socialista, van a alimentar, no al PP, sino directamente a la ultraderecha, cuyo discurso antisistema se ve refrendado por el descrédito político que traen consigo los escándalos.

La corrupción y el acoso noquean al Gobierno. Sánchez descarta una gran crisis de Gobierno o elecciones pese a la sucesión de escándalos. Los socios presionan para que dé un giro pero a nadie le conviene un adelanto. 

El “canibalismo interno” se extiende en el PSOE a la espera del día después de Sánchez. No hay un movimiento “estructurado” pero distintas fuentes socialistas ven que hay quienes se están posicionando para el futuro.

El PP mejora su resultado en Extremadura, pero seguirá necesitando a Vox, más fuerte que en 2023. El PSOE, ante el peligro de un desplome, según el sondeo de 40dB.: puede ceder un 11% de votantes al PP y un 14,5% a Unidas por Extremadura.

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