Como es obvio esperábamos una película sobre la guerra civil de los EE.UU. norte contra sur, y nos asomamos al abismo de un enfrentamiento actual, tremendamente actual donde dos estados occidentales California y Texas se enfrentan y derrotan al gobierno federal, tomando violentamente Washington D.C.
En otro momento podría ser pura ficción, hoy aunque nos refugiemos en la oscuridad del ambiente, la realidad actual en los EE.UU. nos atrapa, nos revuelca, nos multiplica todos los miedos. Porque esa es una guerra civil que involucraría a todo el planeta. No hay problema de distraernos.
La película Civil War es del 2024 dirigida por Alex Garland (conocido por Ex Machina y Aniquilación), es un thriller bélico distópico que genera mucha conversación por su crudo retrato de un conflicto interno en los Estados Unidos modernos.

Es “distópica», porque el gobierno asfixia a la población, es una exageración (¿???) de un problema actual (tecnología, política, ecología) y la protagonista, una periodista gráfica, fotógrafa empieza a ver las grietas del sistema e intenta luchar.
Originalmente la elección de dos estados como California y Texas, que han sido de diferente signo partidario, demócratas y republicanos que se unen contra el poder central pretende que no se alinee en ninguna dirección tradicional. Es imposible, con la realidad actual.
Incluso la elección de la bandera de los Estados Occidentales, con las mismas barras, pero solo con dos estrellas es también un mensaje lleno de simbologías.
La historia no se centra en acciones bélicas sino en un grupo de periodistas y fotógrafos de guerra que recorren un país en guerra, para hacerle un entrevista al presidente en funciones, antes de que caiga la Casa Blanca. Todo mientras el presidente lanza mensajes sin ningún sustento proclamando su victoria. Mensajes que son una enorme farsa…
Hay detalles muy expresivos, Sammy el gordo periodista del New York Times muere en una acción para salvar a sus colegas. El viejo y gordo New York Times, con la vestimenta, los breteles del viejo periodismo.
Lee Smith, es una fotoperiodista veterana y endurecida, que ha cubierto duras guerras y tiene la ilusión que con sus imágenes de barbarie y muerte lejanas iba evitar que eso sucediera en los EE.UU. Wagner Moura es un periodista, entusiasta y adicto a la adrenalina. Jessie, una joven, casi una niña, aspirante a fotógrafa que ve en Lee un referente.
Oro detalle muy sutil, es cuando la comitiva que va de Nueva York a Washington D.C. quiere cargar nafta, y un grupo de hombres armados y sin bando, solo aceptan el pago en dólares canadienses. El horror de la guerra está en un cobertizo donde tienen colgados, luego de feroces torturas a pobres personajes que trataban de sobrevivir.
Después hay trompadas, sin sutilezas, pinceladas del EE.UU. actual e imaginario, un pueblo que cree evadirse totalmente de la guerra, hasta sus tiendas funcionan y venden y en el otro extremo unos milicianos con uniforme, que descargan un camión lleno de cadáveres en un enorme foso común y nos recuerdan la guerra y las masacres en los Balcanes.
Las escenas de disparos tienen un sonido extremadamente realista y fuerte para incrementar el impacto, junto a escenas de guerra muy cruentas y bien filmadas. Los norteamericanos son los mayores expertos, no solo de las filmaciones bélicas…
Es una película cara, con grandes costos de producción. No tengo idea de cómo la recibió la crítica y el público norteamericano, seguramente la supuesta ambigüedad políticas, hoy en día no puede ni siquiera mencionarse.
Por Esteban Valenti
-Trabajador del vidrio, cooperativista, militante político, periodista, escritor, director de Bitácora y Uypress, columnista en el portal de información Meer y de Other News
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