El 21 de abril del 2026 se presentó el último libro del historiador Omer Creado con Bartov titulado Israel What Went Wrong? que según el autor explora la trágica transformación del sionismo, desde un movimiento que procuraba emancipar a los judíos europeos de la opresión y la persecución en una ideología estatal de etno-nacionalismo crecientemente enfocado en la exclusión y la dominación violenta sobre los palestinos sometidos al poder israelí. Esta es la primera parte de una reseña de la obra que estamos efectuado para La ONDA digital.
El contenido está organizado en una extensa introducción, titulada De la liberación a la opresión y cinco capítulos y una coda: 1) La guerra para siempre de Israel; 2) Antisemitismo y sionismo; 3) El síndrome de “nunca otra vez”; 4) Sobre la matanza de niños; 5) La Constitución faltante y la coda titulada el Abismo y la Promesa.
El historiador, un testigo irrefutable
Bartov arranca con interrogantes centrales: ¿cómo es posible que un Estado creado inmediatamente después del Holocausto se encuentre hoy fundadamente acusado de perpetrar crímenes de guerra en gran escala, desplazamiento forzado de poblaciones civiles y crímenes de lesa humanidad? ¿Por qué amargo vericueto de la historia hemos llegado al punto en que ni siquiera ocho décadas después del establecimiento del Estado judío en 1948 – el mismo año en quelas Naciones Unidas adoptaron la Convención sobre Genocidio en respuesta al exterminio de los judíos europeos por los nazis – Israel se empeña en los últimos años en acciones genocidas con la casi total impunidad por parte del mismo régimen legal internacional que se estableció después de la Segunda Guerra Mundial para prevenir y castigar este crimen? Y ¿cómo nos manejaremos con el hecho de que la guerra de destrucción desarrollada por Israel ha contado con un amplio apoyo, mezclado con negación e indiferencia, por parte de la mayoría de su ciudadanía judía?
La voz de Bartov, aunque minoritaria actualmente, es de una enorme autoridad moral y de una gran perspicacia política
cuya mirada se extiende hacia el futuro. Dedica este libro a su padre, Hanoch Bartov(1926-2016) “el último sionista” y se refiere con sencillez a sus antecedentes familiares y personales.
Tanto su padre, como él nacieron en Israel (son sabrás) y su madre nació en Polonia pero llegó en 1935 con su padres y hermanos. Ambos progenitores perdieron a toda la familia que quedó en Europa a manos de los nazis. Sus padres eran estudiantes en la Universidad Hebreaysalieron de la clase para luchar en la guerra que se desató cuando la independencia de Israel, en 1948.
“Cuando crecí – dice Bartov – me di cuenta que aunque todas las familias son diferentes, la mayoría de las que yo conocí en Israel tenían una cosa en común: habían perdido virtualmente la totalidad de sus parientes que quedaron atrás en Europa (…) Vivíamos en familias mutiladas y el sentido de pérdida y duelo, compuesto por el trauma personal en estas familias que incluyeron a sobrevivientes del Holocausto, fue ubicuo aunque raramente articulado”.
En vista de que el autor y sus coetáneos eran la primera generación de “la resurrección de nuestro pueblo” nunca cuestionaron su presencia, existencia y futuro en Israel pero en la medida en que fueron aumentando los signos visibles de la destrucción de la cultura palestina que se producía a su alrededor, algunos de estos jóvenes empezaron a ser conscientes de que su resurrección se había producido al precio de la catástrofe para otro pueblo.
Esa contradicción – dice el historiador – produjo respuestas contrapuestas, culpa y lamentación o negación y rechazo; esperanza en una recomposición y reconciliación y una voluntad consciente o inconsciente para erradicar y borrar. “El panorama mental del Israel contemporáneo todavía está lleno de las huellas de estos sentimientos contradictorios, aunque por el momento la urgencia por destruir y borrar ha imperado por lejos”.
Bartov nació en un kibbutz decididamente izquierdista pero creció en Tel Aviv, en un barrio construido sobre las ruinas de poblaciones palestinas cuyos habitantes habían huido de las tropas israelíes. Al desarrollar los asuntos discutidos en este libro no ha hecho sino apoyarse en su experiencia personal y profesional. Sirvió en las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) durante cuatro años durante los cuales tuvo lugar la Guerra del Yom Kippur, en 1973. Estuvo en la Orilla Occidental, en el Sinaí yen Gaza y terminó como comandante de una compañía de infantería.

Cuando estuvo en Gaza vio directamente la pobreza y la desesperación de los refugiados palestinos que malvivían a duras penas en barrios congestionados y decrépitos. Patrullando las calles de un pueblo egipcio ocupado entendió, por primera vez, lo que significaba ocupar a otro pueblo.
En 1976, fue llamado a servir nuevamente como oficial, cuando estaba estudiando en la Universidad de Tel Aviv, y resultó gravemente herido en un accidente que se produjo durante el entrenamiento. El incidente, atribuible a negligencia de los responsables, fue ocultado por las FDI y Bartov pasó un semestre en el hospital. Finalmente en 1979 se graduó especializándose en historia.
Sus experiencias personales hicieron que le atrajera investigar las razones que motivaban a los soldados para combatir. Después de la Segunda Guerra Mundial, muchos sociólogos estadounidenses argumentaban que los soldados peleaban por sus compañeros más que por un objetivo ideológico mayor ii.
“Eso no era lo que yo había experimentado como soldado: nosotros creíamos que estábamos en ello por una causa mayor, que sobrepasaba el propio grupo de compañeros”. Después, a los 25años, empezó a interesarse en las razones que llevarían a los soldados a cometer actos atroces que de otro modo considerarían repudiables. En tal sentido escribió su tesis doctoral para Oxford sobre el adoctrinamiento nazi en el ejército alemán y los crímenes que la Wehrmacht perpetró en el Frente Oriental iii.
Sus hallazgos se contraponían a la forma en que los alemanes entendían su pasado en los años ochenta; preferían pensar que el ejército había luchado en forma decente y que las SS y la Gestapo habían cometido atrocidades a sus espaldas. A los alemanes les llevó muchos años más comprender cuan cómplices habían sido sus propios padres y abuelos en el Holocausto y los asesinatos masivos de muchos otros grupos en Europa del Este y la Unión Soviética.
Cuando la primera Intifada, a fines de 1987, Bartov era profesor en la Universidad de Tel Aviv y se asombró de la orden que el Ministro de Defensa, Yitzhak Rabin, había dado a las FDI, para romper los brazos y Creado con las piernas de los jóvenes palestinos que tiraban piedras a tropas fuertemente armadas.
El historiador dirigió una carta a Rabin, con base en sus estudios sobre el adoctrinamiento nazi, señalando que con esas órdenes temía que su liderazgo estuviese recorriendo un camino similar de brutalización.
Pocos días después recibió una respuesta breve retándole por atreverse a comparar a las FDI con la Wehrmacht.
En retrospectiva, Bartov considera que ese intercambio desvela algo relativo al recorrido intelectual de Rabin que se involucró en los Acuerdos de Paz de Oslo. Estos fracasaron pero implicaron que el dirigente había reconocido que Israel no sería capaz de sostener el costo militar, político y moral de la ocupación de tierras de Palestina.
Desde 1989, Bartov es profesor en los Estados Unidos iv. Escribió mucho sobre guerra, genocidio, nazismo, antisemitismo y el Holocausto,tratando de entender la relación entre la matanza industrial de soldados de la Primera Guerra Mundial y el exterminio de poblaciones civil es por el régimen de Hitler. v
En los meses transcurridos “desde el 7/10/2023 lo que aprendí en el curso de mi vida y mi carrera se volvió más dolorosamente relevante que antes – asegura Bartov – y como muchos otros encontré que esto era un periodo emocional e intelectualmente desafiante”. Como muchos vio a miembros de los suyos y sus amigos directamente afectados por la violencia.
El autor siempre mantuvo estrechos lazos con Israel; sus padres están enterrados en el kibbutz donde él nació; su hijo mayor vive en Tel Aviv con su familia y también la mayoría de sus mejores amigos. Hasta la guerra en Gaza visitaba el país tres veces al año permaneciendo aveces por largos periodos.
Ahora dice que, como le ocurrió a su padre, se siente crecientemente extrañado como si fuera un lugar diferente y amenazante, cuya gente, incluyendo a alguno de sus amigos ha sido transformada, “tal vez en forma irreversible” acota.
Se trata de un país atrapado en su propio sentido del shock y del Creado con trauma, en una profunda negación de los crímenes cometidos en su nombre, incluyendo a los hijos y nietos de quienes, en otros tiempos y en diferentes circunstancias, habrían sido capaces de percibir los horrores que ahora aceptan, refutan o procuran ignorar.
No hay forma de entender la situación actual en Israel sin considerar su pasado y el movimiento que condujo a un Estado judío. Mientras la mayor parte de esta historia es bien conocida, Bartov avanza en la introducción destacando ciertos temas.
Antecedentes ineludibles: el Holocausto y la Nakba
El sionismo fue el producto de una vasta transformación de la vida judía en la diáspora europea posterior a la Ilustración, a la Revolución Industrial y al ascenso del nacionalismo. Irónicamente, cuando los judíos se incorporaron a la corriente principal de la sociedad europea se encontraron asimismo crecientemente asociados con el conjunto de afecciones de la modernidad, la urbanización y la erosión de la sociedad tradicional.
En esas circunstancias el antisemitismo moderno se volvió la plataforma política para la movilización masiva de movimientos y partidos. La politización y la popularización del antisemitismo condujo a una búsqueda para resolver la emergente “Cuestión judía” a través de una variedad de movimientos políticos, uno de los cuales fue el sionismo.
El antisemitismo se intensificó después de la Primera Guerra Mundial en los nuevos Estados etno-nacionales creados en el Este de Europa donde vivía la mayoría de los judíos. El sionismo no solamente procuraba la liberación de los judíos de la persecución, exclusión y violencia sino también proporcionarles el mismo tipo de autodeterminación nacional que sus vecinos habían alcanzado. Al mismo tiempo, para los sionistas, la liberación nacional solo podría alcanzarse fuera de los territorios de masiva población judía donde eran considerados indeseables.
Esta resurrección adquirió forma en paralelo con el aumento de la persecución y eventualmente con el genocidio. En la medida en que la expansión de la comunidad judía en Palestina empezó a crear la Creado con infraestructura de un futuro Estado, bajo la égida del Mandato Británico, se empezó el familiar proceso de asentamientos y la toma colonial de tierras y recursos de la población indígena palestina. En tanto millones de judíos que permanecieron en Europa fueron primero discriminados y perseguidos y finalmente asesinados por los nazis y sus numerosos colaboradores europeos.
Después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, la Gran Bretaña estaba exhausta y procuró abandonar la carga creciente de la administración de Palestina mientras que la comunidad internacional se inclinó más que nunca por la creación de un Estado judío independiente.
Una amarga guerra se desató entre los judíos y los árabes palestinos-que rechazaron el Plan de Partición de Palestina de la Naciones Unidas por inequitativo e injusto – apoyados por varios ejércitos árabes. Esa guerra terminó con una victoria judía y la catástrofe palestina (laNakba).Para asegurar una sólida mayoría étnica, las fuerzas judías expulsaron, durante los combates, a la mayoría de la población palestina que hasta entonces constituía las dos terceras partes de los habitantes del país.
Esos dos acontecimientos, el Holocausto y la Nakba raramente son considerados en conjunto. Es más, hay quienes consideran que la mera invocación de ambos hechos en el mismo contexto es escandalosa. En ambos bandos esto se registra a causa de sus efectos traumáticos y gracias a la insistencia de cada grupo en considerar su condición de víctima en forma exclusiva, lo que da como resultado la resistencia a la comparación y la analogía.
De hecho, los dos acontecimientos están inseparablemente unidos histórica y personalmente, como parte de las políticas de la memoria y se han vuelto fundantes de las identidades nacionales, israelí y palestina.
Para entender la relación entre el Holocausto y la Nakba es preciso situarlos en el contexto más amplio del colonialismo, la limpieza étnica y el genocidio, todos los cuales entrañan una urgencia para homogeneizar, transferir o erradicar poblaciones.
El Holocausto fue parte del designio nazi por el espacio vital del cual era Creado con preciso erradicar a los judíos como pueblo sin raíces y sin tierra. La Nakba, por su parte, fue la culminación de la concepción colonial de Palestina como un espacio vacío donde los judíos sin tierra podrían arraigarse.
El 14 de mayo de 1948, cuando el Mandato Británico estaba por expirar, el Consejo del Pueblo Judío en Palestina promulgó la Declaración del Establecimiento del Estado de Israel, popularmente conocida como la Declaración de Independencia.
Irónicamente, mientras cientos de miles de palestinos eran expulsados violentamente para crear una abrumadora mayoría judía dentro de las fronteras del nuevo Estado, la declaración incluía una serie de afirmaciones rimbombantes acerca de la equidad y justicia para todos los ciudadanos independientemente de su etnicidad, género o credo.
La mencionada Declaración estableció un plazo (1/10/1948) para adoptar una Constitución que proporcionaría el marco legal paralas instituciones del Estado y la naturaleza del régimen pero esto nunca sucedió y el estatus legal actual es discutible. El sionismo se transformó en una ideología de Estado.
El sionismo y la transformación de la sociedad israelí
Antes de 1948, el sionismo presentaba dos caras, una de liberación de la opresión y la otra de colonialismo y etno-nacionalismo. Al establecerse como Estado, esta última caracterización llegó a predominar en la política israelí.
En forma no muy distinta a otras concepciones políticas y filosóficas, como el socialismo y el fascismo, que cambiaron dramáticamente cuando llegaron al poder, el sionismo empezó su transformación tan pronto como se convirtió en la ideología oficial de Israel.
Bartov opina que si se hubiera adoptado una Constitución asentada en los principios progresistas de la Declaratoria de la Independencia se habría podido contener los peores impulsos del sionismo. Una Constitución habría limitado, como mínimo, los alcances del dominio militar que se impuso a los árabes habitantes de Israel entre 1948y1966 y tal vez hubiera facilitado un proceso de retorno de la población Creado con palestina que huyó o fue expulsada.
En lugar de eso, en la medida en que pasaba el tiempo, la ideologíaestatal sionista determinó que en la confrontación entre ser judío y ser demócrata, el Estado se inclinara cada vez más hacia una entidad exclusivamente judía. Fue un proceso largo y en modo alguno inevitable opina el autor. Hubo muchas encrucijadas en las que el país pudo haber escogido uno u otro rumbo.
Un mecanismo importante en la transformación de Israel para convertirse en lo que es ahora radica en sus políticas de memoria y conmemoración. Después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto se proclamó un compromiso para que los actos inhumanos nunca volvieran a suceder. Sin embargo, no existía un consenso universal acerca de que era lo que no debía repetirse, en la medida en que el Holocausto como acontecimiento histórico ya había pasado.
Había quienes sostenían que nunca se debería permitir que se produjese un genocidio pero en Israel esta cuestión era interpretada en otra forma, es decir que nunca se debía permitir un genocidio judío. En los primeros años Israel se sentía incómoda con el legado de la Shoahporque se alegaba que millones se habían dejado llevar como ovejas al matadero.
Esto pronto cambió, empezando por el juicio a Adolf Eichmannen1960y especialmente en la década de los 80, cuando la política israelí fue inclinándose cada vez más a la derecha. Entonces el Holocausto sirvió como una especie de aglutinante para mantener unidos a los diversos sectores de la población israelí, a menudo hostiles entre si.
Con el tiempo, el genocidio desempeñó un papel creciente en la retórica y la política israelí. Ya no era visto como un acontecimiento del pasado sino como una amenaza futura, potencialmente inminente, lo cual contribuyó al desarrollo de una mentalidad que era, el mismo tiempo, frágil y agresiva.
Aunque fue creado como un refugio para proteger a los judíos de la violencia antisemita, cada vez más resultaba que Israel se percibía como permanentemente amenazado de extinción, aunque su Creado con superioridad militar regional nunca fuera desafiada.
Este temor a un nuevo Auschwitz siempre presente a la vuelta de la esquina – dice Bartov – proporcionó la justificación para ejercer una violencia desproporcionada contra cualquiera que fuera percibido como una amenaza para el Estado.
Al mismo tiempo, el argumento de que, durante el Holocausto, el mundo hubiera permanecido inactivo, sin socorrer a los judíos, fue utilizado para establecer que bajo amenaza Israel no estaba obligado a aceptar o cumplir normas internacionales, incluso aquellas que se establecieron como la lección más importante del exterminio de los judíos (como la Convención contra el Genocidio) o las disposiciones de las Naciones Unidas.
Otro factor crucial en la transformación de la sociedad israelí fue la ocupación de los territorios palestinos en la Orilla Occidental y la Franja de Gaza que se produjo desde la Guerra de 1967. En 59 de los78añostranscurridos desde 1948, Israel ha controlado territorios por fuera de las fronteras establecidas en el armisticio de 1949.
En conjunto, actualmente, siete millones de israelíes gobierna nasiete millones de palestinos de los cuales dos millones son ciudadanosisraelíes cuyo derechos están restringidos de mil formas, mientrasquetres millones de palestino en la Orilla Occidental y dos millonesenGazano tienen derecho alguno.
En tal sentido, se puede afirmar que Israel ha sido una democraciasolamente durante los seis meses que mediaron entre diciembrede1966, cuando el gobierno militar impuesto a los palestinos en1948cesóal levantarse el estado de guerra, y junio de 1967, cuando Israel ocupólos territorios a los cuales habían huido los palestinos en 1948.
La ocupación ha tenido numerosos efectos sobre la política, la mentalidad y las normas. Los palestinos en los territorios ocupados han sido sometidos a “la muerte social”, ocultados tras un complejo sistema de cercos, muros, portones, puestos de control y retenes carreteros. Cuando los ciudadanos judíos tienen contacto con palestinos ese en su carácter de soldados que imponen la ocupación.
En tal función, su papel es el de demostrar quien es el que manda, Creado con allanando las viviendas a cualquier hora de la noche, humillando a los palestinos que intentan llegar a sus cultivos o concurrir a su trabajo o para llegar a escuelas y hospitales. La ocupación ha deshumanizado tanto a los ocupados como a los ocupantes vi.
La ocupación israelí de territorios palestinos ha establecido un sistema de apartheid, segregación racial opresiva en que tres cuartas partes dela población vive sometida a un sistema militar arbitrario y la restantecuarta parte goza de todos los derechos y privilegios de los ciudadanos israelíes.
El ataque de Hamas del 7/10/2023 y el operativo israelí en Gazaquelosiguió no puede entenderse sin tomar en cuenta el prolongadocontextohistórico, dice el autor. Las razones profundas del ataque deHamasseencuentran, desde luego, en la creciente desesperación de lapoblacióngazatí que había vivido 16 años sitiada por Israel y cuya calidaddevida,su educación, su salud, tenían perspectivas cada vez peores.
El brutal ataque de Hamas humilló profundamente a las FDI (quefueronomisas y negligentes), instauró un sentimiento de profunda inseguridaden la población civil y expuso la incompetencia del gobierno. Tambiénenfureció a un público israelí que había llegado a creer que los palestinos podrían ser sometidos fácilmente a una fuerte subordinación.
La respuesta de Israel fue la misma que la que otros sistemas coloniales desarrollan cuando fueron confrontados por los pueblosindígenas: el deseo de pulverizar a los rebeldes y someterlos yademásla afirmación de que el salvajismo de la masacre era la pruebadequehabía que “exterminar a todos los brutos” vii.
La indiferencia de la mayoría de los israelíes ante el genocidio cometido en Gaza tiene que ver con lo que dijo el anterior ministro de defensa Yoav Gallant cuando expresó que los palestinos eran “animales humanos” . Eso reflejaba sentimientos supremacistas de la mayoría de la población normalizados por los largos años de ocupación militar colonial.
No puede haber dudas – asegura Bartov – en el sentido de queel ataquede Hamas, la masacre de cientos de civiles, incluyendo niños yancianos, así como las violaciones y otros tipos de abusos y latomadeCreado con
rehenes, es un crimen de guerra y de lesa humanidad.
Sin embargo, la resistencia a la opresión y la deshumanización, incluso por la fuerza de las armas, no solamente es comprensible sino que es legal bajo el derecho internacional, especialmente cuando forma parte de una lucha por la autodeterminación nacional. Podemos condenar la barbarie del ataque – dice el historiador – pero también reconocer el derecho a resistir a la ocupación, por lo menos cuando está dirigido contra blancos militares.
Bartov señala que más allá de las disposiciones del derechointernacional, hay que reconocer que la resistencia es una delasacciones humanas de autoafirmación por parte de los oprimidos. Citaal antiguo esclavo, escritor, abolicionista y reformador social afroestadounidense Frederick Douglass (1818-1895) que indicóquesuresistencia ante un amo que pretendía azotarlo fue el punto deinflexiónen su vida como esclavo: “cambié después de esa lucha, antesnoeranada, ahora soy un hombre”.
Por otra parte, Israel ha reclamado su derecho a defenderse paraatacarGaza. Su población quedó profundamente traumatizada por lamasacredel 7/10 y en general estaba de acuerdo con la necesidad decontragolpear como medio de autodefensa.
Sin embargo, según el derecho internacional la única guerra legítimaesla de autodefensa pero como Gaza es formalmente un territorioocupado el argumento de la autodefensa no es suficiente. Además, librar una guerra legítima no legitima las severas infracciones alaleyinternacional, de la misma manera que el derecho a resistirsenolegitima la masacre de civiles.
Pronto quedó claro que la respuesta israelí no era solamente un intento para destruir a Hamas y liberar a los rehenes. El gobierno no logró conseguir ambos objetivos militarmente. Desde un primer momento actuó de forma que no se ajustaba a esos objetivos, en parte porque estos eran contradictorios: la acción militar masiva solo condujo a la muerte de cantidad de rehenes mientras que las negociaciones con Hamas permitieron la liberación de otros varios.
Esto también se debió a que la extrema derecha que apoya a Creado con Nethanyahu y él mismo, vieron al 7/10 como una oportunidad para eliminar el tema palestino en Gaza bajo la justificación de la autodefensa.
La sistemática destrucción de Gaza y la privación de agua y alimentosa su población (en la que “no había inocentes”), así como el arrasamiento específico de escuelas, hospitales y centros culturales no era destruir a Hamas sino hacer que toda la franja se volviese inhabitable paradestruir al pueblo palestino lo cual determinó que se trataba degenocidio.
“Yo llegué a esa conclusión después de mucha deliberación entre octubre del 2023 y mayo del 2024 “- confiesa Bartov – y se refiere a todos los episodios del genocidio que se llevó a cabo (y se sigue llevando a cabo) con casi completa impunidad lo que afecta a todo el ordenamiento legal que se erigió después de la Segunda Guerra Mundial. El país más responsable por permitir la continuidad de este crimen fue y sigue siendo los Estados Unidos por el apoyo militar y político que ha brindado.
El autor desarrolla, en las últimas páginas de la extensa introducción, los detalles del proceso de los últimos años no sin dejar de señalar queHamas ha sido una especie de creación de la derecha israelí: Israel financió a Hamas con muchos millones de dólares, via Qatar.
Las opciones que se desprenden de la observación sobre el terreno, incluyendo en cierta medida, las agresiones de Estados UnidoseIsrael a Irán, de Israel al Líbano y a Siria, llegarán cuando reseñemosloscapítulos restantes en una próxima nota en la que ya estamos trabajando.
Por el Lic. Fernando Britos V.
NOTAS
i Omer Bartov (Ein HaHoresh, Israel, 1954) es profesor de historia europea y estudios alemanes enla Universidad Brown en Providence, Rhode Island (Estados Unidos). Actualmente está consideradocomo uno de los principales historiadores del mundo en investigación del genocidio y tambiénsobrela Segunda Guerra Mundial, donde ha investigado los crímenes de la Wehrmacht en el Frente Oriental y el adoctrinamiento político e ideológico de los combatientes.
ii La película “5 sangres” que Spike Lee creó en el 2020 puede verse hoy en Netflix y es una visiónCreado con
muy estadounidense pero aguda y revulsiva acerca del efecto catastrófico de la guerra sobre los soldados. En medio de las protestas contra el racismo y el abuso policial que desató el asesinato de George Floyd, Spike Lee produjo un impactante drama bélico que combina la crítica a la guerra de Vietnam con el racismo. Cuenta la historia de cuatro veteranos afro estadounidenses que regresan a Vietnam para buscar los restos del jefe de su pelotón, caído en combate, y para recuperar un tesoro escondido. Se enfrentan a obstáculos naturales y humanos, y se produce una multifacética constatación sobre los estragos causados por la inmoralidad de la guerra de Vietnam, del racismo, del colonialismo y de las guerras en general.
iii Esta tesis fue publicada como un libro que es considerado decisivo en la materia. The easternfront, 1941-45 : German troops and the barbarisation of warfare. Nueva York: Palgrave Macmillan, 1986.
iv Refiriéndose a su padre Omer dice que, como muchos miembros de su generación, él insistía enque aunque era un sabra – nativo del Eretz Israel – primero y antes que nada era judío y no israelí. Había abandonado la práctica religiosa de sus padres y siempre estuvo vinculado a la izquierda ensus diversas permutaciones. Combatió en la Segunda Guerra Mundial. “Nunca se reconcilió conmi partida hacia los Estados Unidos en mi juventud – dice Bartov – pero en la última década de sulargavida detectó claramente la dirección en que su querido país estaba siendo dirigido y en muchos sentidos ya no podía reconocerlo”. Por eso el autor considera a su padre como “el último sionista”.
v Pasó años investigando las transformaciones en el pueblo materno de su madre, Buczacz (actualmente en Ucrania), que de ser una comunidad de coexistencia interétnica se transformóenuna en la que los gentiles se volvieron contra sus vecinos judíos. La rapidez y eficiencia con quelos nazis los asesinaron fue resultado de la colaboración local basada en el ascenso del etno-nacionalismo en las décadas anteriores. No olvidar que el gobierno polaco de las décadas de1920 y 1930 era profundamente derechista y antisemita.
vi Bartov cita al poeta de Martinica Aimé Césaire quien en su Discurso sobre el colonialismo, de1950, profundiza en los efectos de des civilización y brutalización que lleva aparejado el colonialismo. Césaire sostenía que esos procesos eran como una gangrena, un centro de infección que se expande, de modo que todas esas expediciones punitivas que han sido toleradas, todos esos prisioneros que han sido atados e “interrogados”, todos los patriotas torturados, hacen que el veneno se introduzca en las venas del país que lenta pero seguramente conduce al salvajismo. Bartov dice que ese proceso se ha visto en Israel, especialmente en los asentamientos que han llevado a 700.000 colonos a establecerse en la orilla occidental y en Jerusalén Este. También toma del manifiesto del poeta el concepto de “el boomerang de la colonización”.
vii “Exterminar a todos los brutos” es una expresión que Bartov toma de Joseph Conrad quien en su novela de 1899, El corazón de las tinieblas, expone los horrores del dominio colonial europeo en el Congo.
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