Las cosas simples de Lula

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El aporte de Lula da Silva en el Movimiento Progresista Global realizado en Barcelona el sábado es de una singular importancia, según las apreciaciones escuchadas de personas que son referencia. Es que son palabras que son acciones, y no solo posibles sino necesarias.

«Me estoy cuidando. Aunque tenga aquí un discurso escrito, me dan ganas de hablar de forma improvisada. Pero tengo que hablar con mucha responsabilidad, porque estamos haciendo un movimiento muy serio que no puede terminar en nuestro discurso. Lo que estamos haciendo aquí es el inicio de un movimiento que tiene que actuar todos los días, durante todas las semanas, todos los meses y durante 365 días al año para que podamos restablecer lo más sagrado en el mundo, que es la democracia y el multilateralismo. Ya dice mucho cada una de estas tres palabras, Movimiento Progresista Global: cargan un programa de acción y es importante entender qué significan.

«Estoy ante 5.000 personas que se identifican como progresistas. Siempre, siempre la política se dividió en dos campos. De un lado, los que piensan que los individuos se sobrepone a la colectividad, y los otros, que creen que el bienestar de cada uno depende de la garantía de una vida digna y decente para todos. Esa división ya tuvo muchos nombres: derecha, izquierda; conservador y progresista. Pero el extremismo impone un nuevo desafío. El campo progresista logró avanzar en la agenda de los derechos. La situación de los trabajadores, de las mujeres, de las personas negras y muchas minorías es mejor hoy que lo que fue en el pasado.

«No es una coincidencia que la reacción vino de forma tan violenta, con la misoginía, el racismo, el discurso de odio. Y el progresismo no logró superar el pensamiento económico dominante. El proyecto neoliberal prometió prosperidad y entregó hambre, desigualdad e inseguridad. Provocó crisis tras crisis. Aún así, nosotros sucumbimos a ortodoxia.

«Hemos sido los gerentes de las miserias del neoliberalismo. Los gobiernos de izquierda ganan las elecciones con discursos de izquierda y creen en la austeridad. Desistimos de políticas públicas en nombre de la gobernabilidad, y nos transformamos en el sistema. Y nos sorprende ahora que el otro lado se presente como el antisistema. El primer mandamiento para los progresistas tiene que ser la coherencia.

«No podemos elegirnos con un programa e implementar otro. No podemos traicionar la confianza del pueblo; aunque buena parte de la población no se vea como progresista, ella quiere lo que nosotros proponemos. Ella quiere comer, quiere comer bien, vivir bien, con escuelas de calidad, con hospitales de calidad. Una política de calidad, una política climática responsable, una política de medio ambiente sana, querer un mundo libre y saludable. Un trabajo digno, con jornada laboral equilibrada y también con un salario que permita una vida cómoda.

«La extrema derecha supo aprovechar el malestar de las poblaciones. Se aprovechó de la frustración de las personas, inventando mentiras y mentiras. Hablando de las mujeres, de los negros, de la población lgtb, de los inmigrantes. Es decir: las personas que más necesitan sirven para el discurso de odio de esas personas. Nuestro rol es apuntar el dedo a los verdaderos culpables.

«Es un puñado de multimillonarios el que concentra la mayor parte de la riqueza mundial. Ellos quieren que las personas crean que cualquiera puede hacerlo. Alimentan falacias de la meritocracia, pero patean la escalera para que otros no tengan la misma oportunidad de subir. Ellos pagan menos impuestos, hasta nada, y explotan a los trabajadores, destruyen la natural la naturaleza y usan el algoritmo. Entonces, la desigualdad no es un hecho, es una elección política, y es ante eso que nosotros, los progresistas, debemos elegir la igualdad.

«Nuestro eslogan debe ser estar siempre del lado del pueblo, y esa lucha tiene que ser global; de nada sirve mantener mantener el orden en un mundo de desorden. Los señores de la guerra le tiran bombas a mujeres y niños, gastan miles de millones de dólares que se podrían usar para terminar con el hambre y resolver el problema energético y de la salud. El sur global paga la cuenta de las guerras que no provocó y del cambio climático que no provocó. Se le trata como un jardín trasero de las grandes potencias y lo sofocan con aranceles abusivos y deudas impagables. Y nuestra función es ser proveedores de materias primas.

«Ser progresista es defender el multilateralismo reformado, es defender que la paz prevalezca sobre la fuerza, es luchar contra el hambre y proteger el medio ambiente, es restablecer la credibilidad de la ONU, erosionada por la irresponsabilidad de los miembros permanentes. Hay que crear un sistema en el que las reglas valgan para todos y que los países desarrollados y en desarrollo estén en igualdad de condiciones en el Consejo de Seguridad, en el Banco Mundial, en el FMI y en la OMC.

«La Internet también ahora es un campo de batalla. Disfrutar de las redes virtuales es una tarea ineludible y la disputa tiene que ir más allá de las pantallas. Hay que llevarla a las universidades, a las iglesias, a los sindicatos, a las asociaciones, a los barrios y a la sociedad como un todo. La extrema derecha grita, miente y ataca. No podemos tener miedo de hablar más alto y con mucha responsabilidad.

«No debemos tener miedo de contraponer argumentos. El riesgo que la extrema derecha representa para la democracia no es retórico, es real. En Brasil planeó un golpe de Estado. El gole preveía el asesinato del presidente electo, del vicepresidente y del presidente de la justicia electoral. Y así, la democracia puede transformarse en una máscara para el dominio de las élites económicas y tecnológicas.

«Nuestro rol es desenmascarar esa fuerza, desenmascarar a aquellos que dicen que gobiernan para el pueblo pero viven del pueblo, que dice ser patriotas pero ponen la soberanía en venta y ahí imponen sanciones a su propio país. Que proclaman defender a la familia, pero cierran los ojos a la violencia contra las mujeres y el abuso sexual de niños y niñas. Se declaran dueños de la verdad, pero disparan mentiras y desinformación, que se consideran hombres de Dios pero no tienen amor al prójimo, que dicen de hablar en libertad pero persiguen. Como canta Joan Manuel Serrat, el camino se hace al andar. La democracia no es un destino. Es una construcción cotidiana.

«Hay que ir más allá de los votos y aportar beneficios concretos para la vida de las personas. No es democracia cuando un padre no sabe dónde puede ganar el próximo plato de comida. No hay democracia cuando el nieto pierde al abuelo en la fila del hospital o cuando la mamá pasa horas en un autobús y no puede darle un beso de buenas noches a sus hijos. No hay democracia cuando alguien sufre discriminación por el color de su piel, cuando la mujer muere solo por el hecho de ser mujer.

«Tenemos que reemplazar el desaliento por el sueño de una vida mejor, el odio por la esperanza. La movilización global progresista tiene una misión importante: recuperar la capacidad de las fuerzas progresistas y proyectar un futuro mejor, un futuro con justicia social, igualdad y democracia. Esos tres términos, movilización global y progresista tienen que andar juntos, no como palabras sino como consignas y como realidades vivas.

«Quería decirles una cosa ahora, y agrego un poquito nomás, discúlpeme compañero, es que yo estoy muy preocupado. Tengo 80 años de edad. Empecé a hacer política a los 30 años de edad. Trabajé en una fábrica 21 años de mi vida. Salí de una región muy pobre de mi país, como un millón de brasileños, para no morir de hambre. Comí pan la primera vez a los 7 años de edad.

«Y aprendí. Y aprendí a ser político muy tarde. Y cuando aprendí a hacer política, lo hice porque descubrí que dentro del congreso nacional no existía representantes del pueblo trabajador. Que que yo imaginaba era que era la razón por la cual existía la clase política. Y se logró gracias a la democracia en mi país, que nosotros implantamos después de derrumbar 23 años de régimen militar.

«A mí ya me pusieron en prisión dos veces como presidente del sindicato. Gracias a la democracia, Brasil fue el primer país que eligió a un obrero presidente de la República, a un presidente que no tenía título universitario. Yo solo tenía un curso técnico de obrero mecánico. Y yo quería que me eligieran para probar que la inteligencia no está conectada a la cantidad de años en una universidad. La inteligencia está conectada al conocimiento; la inteligencia es lo más sagrado que conquistamos en el aprendizaje dentro de una fábrica o en la sociedad brasileña.

«Todo lo que soy en la vida lo debo a mi mamá, que nació y murió analfabeta. Murió sin saber escribir una o. Pero lo que yo sé sobre carácter y comportamiento, lo aprendí con esa mujer. ¿Y por qué se los digo ahora? Porque aprendí en la vida política, admirando a la democracia americana.

«Yo creí muchas veces que Estados Unidos era el país de las oportunidades. ¿Cuántos millones de brasileños fueron a Estados Unidos? Yo nací en la política en el momento de la Guerra Fría y nosotros no queremos más Guerra Fría con nadie. No queremos guerra fría ni con China ni con Estados Unidos. Nosotros queremos libertad, queremos libre comercio; no queremos proteccionismo.

«La izquierda progresista fue víctima del discurso del consenso de Washington. Mucha gente, los jóvenes, no lo recuerdan. Pero quien tiene 80 años como yo se acuerda, porque ya tenía buenos años en los años 80, y ahora estoy analizando qué es lo que está pasando en el mundo, qué es lo que pasa en el mundo. Es que las Naciones Unidas, creada después de la Segunda Guerra Mundial, que creó un Consejo de Seguridad con cinco miembros permanentes para cuidar la paz, para cuidar la cordialidad, la fraternidad. Y esos cinco miembros permanentes se transformaron en cinco señores de la guerra, porque el Consejo de Seguridad no permite que las cosas sucedan. Cuando uno aprueba una cosa, el otra la veta.

«Y estamos viviendo en ese mundo. Hoy tenemos una cantidad de conflictos armados que es la mayor desde la Segunda Guerra Mundial. Hoy tenemos guerra. La invasión de Irak fue una mentira. ¿Dónde están las armas químicas de Saddam Hussein? Nunca las encontraron. ¿Qué mal hacía Saddam Hussein, en aquel momento de la humanidad? La invasión de Francia e Inglaterra a Libia fue otra mentira. Y ahora hay un genocidio hecho por Israel en Gaza. Es otra mentira muy grande. Y ahora, el bombardeo de de Líbano por parte de Israel, ¿con qué pretexto?

«Y aún más, la invasión de Estados Unidos a Irán. ¿Con qué pretexto? Yo querría que el gobernador de Minnesota1 me dijera una cosa. En 2010 yo fui a Irán. Fui a Irán junto con India, junto con Turquía. Para negociar un acuerdo para que Iran no pudiera enriquecer uranio por encima de lo que Brasil ya enriquecía para fines pacíficos. Porque en Brasil está en nuestra constitución. En Brasil está prohibido producir y fabricar armas nucleares. Eso está en la Constitución.

«Y nosotros fuimos a Irán para convencerlos, y después de dos días logramos un acuerdo. Un acuerdo que se hizo en base a una carta manuscrita que Obama me mandó. Después de dos días, Alí Jameneí ya aceptó hacer el acuerdo. Cuando publicamos el acuerdo, yo imaginé que nos iban a elogiar, porque Irán no iba a enriquecer más uranio. Y la parte de uranio que iba a enriquecer, la iba a mandar a Turquía, para que Turquía la guardara. ¿Y qué pasó? Compañero Pedro Sánchez. Unión Europea. La Unión Europea y los Estados Unidos no aceptaron el acuerdo. De acuerdo.

«Y ahora están aquí de nuevo. Sí, el de allá. Construir la idea de que Irán iba a construir una bomba atómica, pero ellos no iban a hacer eso. Nosotros tenemos que terminar con esta historia de contar mentiras para después destruir a las personas. América Latina se vende como si fuera el mundo del narcotráfico.

«Muy guay. El mundo árabe se vende como si fuera el mundo del terrorismo. Y que ya se hunde su mundo. ¿Y quién es bueno en este mundo entonces? ¿Quiénes son los buenos?

Tenemos que entender una cosa muy importante. Muchas veces somos víctimas. Y esto es muy importante: muchas veces somos víctimas de nuestra inocencia política. Cuántas veces, Pedro, ganamos una elección y después la prensa y el sistema financiero y los académicos y los conservadores escriben artículos en la prensa obligándonos a tratar de destruir lo que fue la razón de nuestra elección Y ahí tratamos de agradar al mercado, tratamos de agradar a los empresarios ¿Y qué es lo que pasa? Es que nos desmoralizamos. Entonces, pienso que de este encuentro yo quiero decir al presidente Trump, al presidente Xi Jinping y al presidente Putin y a Macron y al presidente de Inglaterra, que son los 5 miembros del Consejo de Seguridad: por amor de Dios, cumplan con sus obligaciones de garantizar la paz en el mundo, convoquen una reunión y paren con esa locura de guerras, porque el mundo no soporta más.

«Nosotros no queremos todo un mundo. El pueblo pobre no quiere mucho. El pueblo quiere tener derecho a un pueblo decente, quiere tener derecho a un trabajo decente, a vivir en una buena casa y a estudiar. Quiere tener derecho a que su hijo pueda ser doctor, igual que el hijo del patrón o de la patrona. Él quiere tener derecho a tener un sistema de salud decente. Es la única cosa que queremos y todo eso está en la Biblia. Todo está en la constitución de cada país. Todo eso está en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU. ¿Y por qué no se cumple?

«Yo iba a terminar diciendo una cosa. Yo tengo 80 años de edad, y la rotación de la tierra hará que tenga 81. Pero eso no es lo que envejece a las personas. Lo que envejece a las personas es perder la motivación. Si todos nosotros nos levantamos en la mañana con una causa y la defendemos, no envejecemos. Se lo digo porque yo hoy me siento igual a cuando tenía 50 años de edad, porque tengo una causa y mi causa es la democracia, y mi causa es la libertad, y mi causa es la igualdad, y mi causa es garantizarla para todas las personas. Sé que nadie se mide por su potencia tecnológica o económica o por los buques de guerra que tenga; yo no quiero guerra. Yo no quiero guerra guerra con Xi Jinping, con Putin o con Estados Unidos, yo no quiero guerra ni contigo. Yo quiero paz, amor, fraternidad y ver el mundo progresista para que el pueblo viva mejor mejor y de manera digna, eso es lo que yo quiero. Mi arma es el argumento, mi arma es el argumento, mi arma es la razón.

«Cuando el presidente Trump le puso aranceles a Brasil diciendo que tenía déficit, le mostré el documento: tenía 400 millones de dólares de superávit con Brasil. Y yo se lo dije; nadie me va a dejar mentir. Yo no tengo la riqueza que él tiene, yo no tengo la tecnología que él tiene y tampoco tengo los buques que él tiene. Yo no quiero guerra.

La única cosa que quiero es decirle que, aunque yo sea pobre hay una cosa que tenemos que tener, que es carácter, honestidad y decencia para poder respetar los derechos de todos. Gracias por hacer.»

1 La comunidad iraní en Minnesota y los residentes locales han reaccionado con intensas emociones y protestas tras los ataques militares de EE. UU. e Israel contra Irán iniciados en febrero de 2026. Las manifestaciones en Minneapolis rechazan la guerra y el temor a un conflicto mayor, mientras que el gobernador de Minnesota ha criticado las acciones de Trump.

 
 
 
 

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