/Pedro Bordaberry no tuvo una de sus mejores piezas oratorias al referirse en el ambulatorio al último proyecto de Carolina Cosse. La indignación lo aturullaba, le hacía repetir términos; buscó, sin encontrarlo, el calificativo preciso. En forma más modulada se expresaron otros legisladores de la oposición, casi como si fuera otra de las tantas ideas del FA a las que hay que oponerse por principio, pero una octava más arriba. En el Frente Amplio hubo un azorado silencio público, y si yo no pronuncio las dichas en reserva es porque no quiero que me laven la boca con jabón.
La hoy vicepresidenta ha cometido el peor de los pecados a su alcance: ignorar la politica al promover –y hacerlo mal, para peor–, algo demasiado visible, impropio de las cosas de Estado, o sea, de la polis. Es algo que no es necesario, que va contra el sentido de lo que viene inculcando el gobierno, de aunar fuerzas entre todas las fuerzas del Estado para lograr un fin superior. Se quiere salir de una
situación en la que los distintos brazos operativos del Estado están balcanizados, y se trata de aunarlos en varios trabajos complementarios que son planes, y que ojalá el Estado los acepte como políticas de Estado. Contra eso embiste el ensueño de Cosse.
El proyecto de Cosse es un elefante inútil que se sentará en un punto de la ciudad donde justamente, la rotonda del Legislativo hace que fluya y se diversifique el tránsito de tres avenidas importantes y hay una cuarta salida importante vía Magallanes que se puede mejorar, y también mejorar la vía hacia Tres Cruces. La obra planteada implica ponerle trabas al tránsito en momentos en que esfuerzos de intendencias con áreas metrololitanas y el gobierno nacional se embarcan en un plan de reordenamiento del tránsito que ya molestará a la población por el tiempo en que se instale y cree constumbre.
Para peor, crea problemas de tránsito ante el ramal que se dirige al Oeste, avenida Agraciada, que no pudo ser contemplado en este plan. Y restringir con una bella peatonal la avenida General Flores para unir universidades, traba el acceso nada menos que hacia ruta 5, que es la que atraviesa el país de Sur a Norte.
Se señaló que promovió mal esta idea, pues no fue en consulta con sus colegisladores sino a través de la opinión pública, tirando el gato sobre la mesa sin previo aviso. Otros medirán, pero no parece ser que la respuesta de la opinión pública recabada hasta ahora pueda considerarse un aval. La hoy vicepresidenta no ha sabido negociar votos que le faltan al gobierno pra proyectos (¿qué hizo desde la vicepresidencia?), y ha tenido que hacerlo el secretario de Presidencia, Pacha Sanchez. La científica Cosse llegó a vicepresidenta, pese a ser cuestionada por Antel Arena, reivindicada por la fibra óptica –que es lo suyo, seamos justos–, y se habla poco de Gas Sayago. Pero ahora llega a esto, de improbable redención.
El argumento que saca ahora la ingeniera es que de los 40 millones disponibles gasta solo 10, «con lo que ahorra 30 millones». Es improbable que, por más ingeniera que sea, zafe del argumento de que gasta 10 millones para los cuales habría aplicación inmediata en urgencias vitales por todos conocidas.
Alguien debería señalarle a Cosse que esa zona del Legislativo no es de las que tiene mayores problemas de seguridad, argumento que utilizó. Tras percibir la reacción a la primera andanada de dar a conocer su proyecto, Cosse se preocupó en señalar que es sólo un proyecto, y por lo tanto perfectibe. Me temo que la única medida para perfeccionarlo es no hacerlo. Caso contrario, será un gesto grandilocuente en momentos en que priman estrecheces y dificultosos avances en áreas centrales.
En política, las obras faraónicas son hechas en momentos de esplendor económico (como lo fueron el Legislativo y el BROU, por ejemplo) o cuando se quiere aparentar el esplendor con una acción faraónica. El paradojal Donald Trump actúa como si encabezara el imperio que EEUU dejó de ser, y dijo que en una semana liquidaba lo de Iran. Eso fue el 28 de febrero, y aún no sabe cómo salir con cara de triunfo, cómo evitar con su salida que Netanyahu se tiente con tirar la bomba atómica, cómo evitar la derrota electoral en las parciales del 3 de noviembre, que pueden ponerlo a merced del juicio político.
Este proyecto de Cosse es faraónico en tiempo de estrecheces, y aunque salga adelante en la votación de la respectiva comisión parlamentaria el día 14, me parece que el daño autoinflijido está hecho. No sé cuál es la ética de la convicción de Carolina Cosse. Sé que estuvo con tirios y troyanos de la izquierda uruguaya, y la pregunta que hoy deben estar haciéndose sus actuales aliados es si apoyarla o no hacerlo. En todo caso, la cuestión esencial es que de las muchas formas y enfoques de la política, proyectos como éste no son una de ellas.
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